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UNION SOVIETICA EUROPEA


Actualizado: 03.05.2007· Año V
Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.
(U. S. E)

¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!


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ESTADO SOCIAL EN EUROPA

1. Modificación de conveniencias y alianzas de clase.

La concertación colectiva centralizada en un sistema macroeconómico basado en la oferta ha generado inflación y despidos. Para la categoría de empresarios, sin embargo, el sector servicios reporta beneficios a la sazón de costes laborales reducidos, y entonces se presta a crear empleo. Los gobiernos han propiciado en la mayoría de países (Francia o Suecia no hasta el momento), como respuesta a los nuevos procesos de liberalización financiera emprendidos por los EEUU y el Reino Unido en los años 70, el abaratamiento de la fuerza de trabajo en el sector servicios, sector no obstante poco productivo, y por tanto, inducido la división entre los sectores laborales mediante la creación de empleo improductivo, además de flexibilidad salarial, recortes y exenciones fiscales, privatizaciones, etc., desactivando la capacidad de presión para el incremento salarial unificado en la masa laboral. Estas iniciativas políticas liberalizadoras o al menos monetaristas, han podido ejercerse con el apoyo de segmentos sociales importantes de la clase trabajadora con participación en el alza de las exportaciones tecnológicas y por tanto en el crecimiento a través de su negociación sectorial, en primer lugar, pero también por su participación en el juego del mercado de capitales mediante acciones (a veces como parte de su retribución), y por la reducción de impuestos destinados a la igualdad intersectorial. Los trabajadores bien pagados del sector industrial y globalizador no han aceptado bien alternativas como la rémora de las subvenciones a los empleos improductivos pero beneficiosos para los empresarios de servicios, por lo que se han visto seducidos por sectorializar sus demandas; en este sentido lo mismo ha podido ocurrir en la industria respecto de los sectores laborales escasamente competitivos y expuestos a la concurrencia internacional. En Suecia se ensayó con la expansión del empleo público en el sector servicios para asegurar un mínimo de igualdad salarial hasta los años 90, a partir de los cuales el Partido Social Demócrata (PAS) se adentró por la senda del monetarismo descentralizador y la reducción del déficit público, además de aplicarse en la paralización de los planes públicos de empleo en servicios y en la reducción del estado de bienestar; de hecho, el gobierno de más de 10 años de Goran Persson ejecutó una redistribución que no sólo ha consistido en una redistribución endógena a la clase asalariada sino una transferencia de recursos al quintil demográfico más acaudalado (30% más en promedio que la media en crecimiento de la renta).

La sostenibilidad de sus propias rentas salariales se han reducido así a depender de los bajos impuestos tanto como de la negociación colectiva limitada al sector. Por otra parte, los partidos políticos, desde una perspectiva sea monetarista o neoliberal, han podido movilizar el malestar de la población desempleada (en especial si sus prestaciones son mínimas), la juventud, la inmigración, otros sectores mal retribuidos (mujeres, mayores), además de los trabajadores de “cuello blanco”, para sancionar la expansión del sector privado de servicios y de empleo precario, cuyos trabajadores inevitablemente por su parte aspiran a mejores condiciones laborales e igualdad redistributiva, solidaridad y asistencia pública una vez empleados, además de constituir un segmento laboral que obstaculiza aún más la unidad sindical al estar fuertemente presionados a someterse a condiciones de trabajo mucho más precarias en competencia dentro del mismo mercado de trabajo desprotegido; lo que les opone a los grupos salariales más privilegiados de la industria en el ámbito de la unidad sindical o de la fuerza de trabajo, presionando así a la descentralización y el debilitamiento del conjunto de los sectores en la concertación salarial, ya previamente reducida a sectores separados.

En conjunto, también los trabajadores “privilegiados”, los altamente cualificados y con altos salarios se ven socavados en sus intereses al perder respaldo laboral general, intersectorial, y protagonismo político en la conducción hacia el objetivo de régimen de pleno empleo social-demócrata (este es un grupo social esencial en el que se apoya el “keynesianismo” social-demócrata para alcanzar un apaciguamiento social sólido), pero difícilmente pueden ayudar a los demás sectores si no es con la reconstitución de la negociación centralizada y un alza nominal de salarios que provoca de nuevo paro y malestar social. Estos grupos cuyo modelo ha sido el social-demócrata evidentemente no han sido capaces de influir para el mantenimiento o reformulación (perturbador en las nuevas condiciones de globalización) de una política monetaria de demanda , ni tampoco ejercer una presión redistribuidora suficiente sobre los beneficios empresariales y un control suficiente sobre la autonomía inversora de los beneficios del capital, reforzados en sus intereses por la globalización y el monopolio de la exposición competitiva, a diferencia del sector público, empresarial y tecnológico (los mayores beneficios consecuentes al riesgo y mayor innovación), y la apertura del mercado de capitales y la preferencia por el sector servicios. Los grupos profesionales cualificados social-reformistas protagonizaron la orientación de la política y el régimen de producción y distribución sólo en las circunstancias en las que el capital era más vulnerable en mercados limitados. Así, la categoría profesional trascendental para la dirección de la clase trabajadora en la instauración de los regímenes social-demócratas del siglo XX, ha sido también la categoría social clave , dentro de la misma clase trabajadora tomada en términos generales, en la disolución del régimen social-demócrata, aunque bajo la condición de un moderado perjuicio para sí.

 

2. Ponderación somera de los argumentos neoliberales

El gobierno de Romano Prodi ha puesto en marcha un programa de reformas dentro de la línea actual: reducción del déficit y el presupuesto público, liberalización, reforma de la administración, “reforma” de las pensiones y de la seguridad social, reinversión en educación e investigación. Italia parece haber alcanzado en 2006 a Francia en su 2% de crecimiento. Reforma económica “antes que social”, “crecimiento frente a gasto”, “creación de riqueza” antes que redistribución,... En principio, en su forma más elemental, hay que insertar a más población activa en la producción y que además sean “más productivos”. La cuestión de la creación de empleo es básica en la perspectiva ideológica neoliberal vulgar, pero menos común es la indicación de la calidad del empleo y la productividad; la mera rebaja salarial no hace más productivos a los empleados, más bien al contrario, los desincentiva y se precisan mayores dosis de disciplina laboral, cosa esta última contraria a la función del precio al alza salarial en la retención de los trabajadores y en su aumento de productividad (Elliot, 1991).

Por otro lado, proliferan las recomendaciones para intensificar la desregularización y la flexibilización del mercado laboral en Europa, muchas veces mediante razonamientos poco transparentes. Hay argumentos con gran cobertura mediática que se ofuscan en la moderación salarial. Los trabajos de dos economistas que se han ocupado de extraer el balance de la ley Raffarin, en Francia, para la protección del pequeño comercio frente a las grandes superficies, P. Askenazy y K. Weindenfeld (2007), concluyen que este proteccionismo ha aumentado los precios en el pequeño comercio y, finalmente beneficiado a los grandes centros comerciales, que sin embargo no obtuvieron licencias para aumentar su número. Estas aseveraciones sirven de forma poco convincente para que el periodista económico Eric Le Boucher ( Le Monde , 25.02.07), entresaque una lección sobre el mercado laboral y la formación del precio y el salario: con las políticas de Prodi e inspiradas por la eficiencia del mercado libre, según refiere, se pretende compensar la renuncia a la presión salarial al alza por parte de la fuerza de trabajo, por medio de la flexibilización laboral, con la rebaja de precios al consumo que supone, en hipótesis, una mayor liberalización de la concurrencia mercantil, esto es, el aumento del salario real. Pero está extrapolando las consecuencias negativas de un proteccionismo que limita la competencia mercantil a un supuesto proteccionismo en el mercado laboral respecto a los salarios, sin atender a que planteando la flexibilidad y rebaja salarial como condición para la concurrencia, recae en los perjuicios que pretende sortear, precisamente porque preserva (soslayándolo) de la competencia al beneficio empresarial.

La posición es muy significativa de la ideología neoliberal vulgar comúnmente difundida en la palestra política. Hipotéticamente, en la opinión de dicho vulgarizador, el beneficio empresarial extra derivado de la rebaja de salarios, incentivaría la inversión y la creación de más empleo, crecimiento de la oferta de bienes y consecuente desaceleración inflacionista, lo que revierte “prioritariamente” (se entiende, por alguna razón extraña), pues en realidad no tiene porqué concentrarse el crecimiento en estos bienes y no en los de lujo) en surtir de bienes de consumo a los asalariados que así resarcidos en su salario real fueron en principio afectados por la rebaja de salarios.

Es cierto que en los mercados libres, perfectos o imperfectos, de concurrencia pura, el exceso de beneficio se puede procurar en el corto plazo, pero si se asume que hay libre entrada, estos beneficios no se extenderán al medio plazo, mucho menos en el largo plazo. De forma similar, las ganancias por debajo de lo normal pueden darse en mercados competitivos, en el corto plazo, con la condición de que los costes variables sean cubiertos . Por bajos que sean estos costes. Como se asume que hay libertad de salida del mercado, el beneficio normal se alcanzará en el largo plazo. Pero la salida significa insuficiencia de beneficio: por bajo que sea el coste salarial. Y esta es la consecuencia inevitable si entre rebaja salarial y rebaja de los precios no se genera un valor suficiente como para costear los factores de inversión, las rentas, los impuestos (por mucho que se reduzcan), los intereses crediticios en la situación de los mercados financieros, y la ganancia comercial del empresario, todos estos elementos componentes de la formación de los precios sobre el coste variable de producción.

En la inflación también concursan otros parámetros correlacionados estrechamente con la misma flexibilización del mercado laboral y que son parte insoluble de la competitividad, de la eficiencia productiva, como es el salario de eficiencia. Dejando aparte el poder de negociación de los trabajadores, las compañías, por sí mismas y bajo condiciones de estricta competitividad mercantil, probablemente desearán pagar más que el coste salarial de reserva (que está en función de la mera disponibilidad de mano de obra en el mercado): las firmas desean que sus trabajadores sean productivos, y los incentivos salariales (y la inversión en la mejora del entorno laboral) ayudan a este fin. La excesiva rotación en el empleo que se da en condiciones de flexibilidad laboral desequilibrada en contra de los asalariados es un obstáculo para la competitividad cuando se tiene que invertir en la formación de los trabajadores para tareas concretas; el patrón deseará que el trabajador formado permanezca y se sienta motivado para ello. Y esto es realmente competencia que se traduce en aumento de la competitividad y la producción, además de en volumen salarial ascendentes, junto con los precios. Este aumento es compensado no obstante por la mayor productividad.

Los mercados financieros y el dinero disponible en el circuito mercantil de que se trate influyen también en la tendencia inflacionista, pues buscan aumentar la parte neta de beneficios en el proceso productivo y de formación de precios y salarios. Un incremento en las existencias monetarias reales lleva a una decremento en los tipos de interés. Si los salarios no crecen el dinero real implicado en las transacciones cotidianas se reduce, por lo que aumentan los tipos de interés; esto, en primer lugar contiene la inversión y la producción, y así, la moderación de los precios al consumo y la subida (o mantenimiento) de los salarios reales, que se ven erosionados. Además, la subida de los tipos de interés fuerza a engrosar la parte de beneficio destinada al servicio de la deuda, tendiendo a elevar los precios, con lo que la capacidad de consumo de la fuerza de trabajo disminuye.

O. Blanchard señala que el crecimiento se puede generar de dos modos: añadiendo capital al sistema productivo, o, incorporando más tecnología. Que la disminución de los tipos de interés conduce a un incremento en la demanda de bienes, y un incremento de la producción (Blanchard, 2000). Pero cuando median estrategias de moderación salarial en tal situación favorable, la parte de consumo en expansión únicamente puede esperarse de los beneficios del capital obtenidos en el ciclo económico. Pero la demanda de los consumidores con gran solvencia sólo se puede sostener en el tiempo con la rebaja competitiva de los precios en los bienes de alto coste y creciente valor añadido. Esta concentración de la industria y de la competencia no revierte no obstante en el abaratamiento de los bienes de consumo considerados en la etapa contemporánea como básicos, con lo que los precios de estos bienes indispensables más cercanos al nivel de solvencia de salarios moderados, tienden a incrementarse, y el salario real a disminuir. La mayoría de los tratadistas e incluso los neoclásicos, en coherencia con los hechos empíricos, reconocen la necesidad inamovible de que el empresario productor de bienes y servicios genere capital a partir de una demanda favorable, independientemente de si esta proviene de las rentas del salario o del capital. El salario es un coste de producción fundamental que los capitalistas tienen interés manifiesto en reducir, para acrecentar los beneficios mercantiles. Pero por otro lado, los salarios constituyen un destino esencial que los empresarios tienen interés en aumentar, cuando se trata de economías relativamente cerradas, o de copar o acaparar mediante la competencia (en un mercado libre), si es que las rentas de la propiedad, el crédito y el capital no son suficientes para ello.

El guardián de la ortodoxia monetaria europea, Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, expresa una opinión más realista: la moderación en el crecimiento del coste del trabajo ha sido un factor clave para aumentar el empleo y reducir el paro en los últimos años... Su posición es coherente por tanto con la idea que se viene prefigurando en esta reflexión: la reducción del paro se ha hecho posible a expensas de la solidaridad dentro de la clase asalariada, a través de un monetarismo “no acomodaticio” unido a la descentralización de la negociación colectiva, como solución para adecuar la presión salarial a la productividad variable de cada sector. Las fuerzas sociales, de intereses y necesidades productivas se han asentado en esa coyuntura. Pero las circunstancias son dinámicas.

 

3. Integración productivista a través de las instituciones públicas

Para el BCE, que se apresta a continuar el ciclo de alzas de tipos de interés emprendido en 2006, un fallo en la moderación salarial podría alimentar las tensiones inflacionistas. En contradicción con esta postura los ministros de finanzas reunidos en el Eurogrupo en febrero, han expresado la eventualidad de alzas salariales. Según el presidente del Eurogrupo, Juncker, se asiste a una recuperación económica cuyos frutos se convertirán en el motivo de preocupación de los gobiernos, los agentes sociales y los ciudadanos. Participación de la ciudadanía en el crecimiento renovado que según el Eurogrupo debería realizarse no únicamente a través del aumento salarial sino también en cuanto a la participación de los beneficios de las empresas por parte de sus trabajadores. Los datos del crecimiento en la UE indican para los últimos años unos beneficios muy notables para las empresas e instituciones financieras; sin embargo, se anuncian despidos masivos como el de Airbus (10.000 empleos) o deslocalizaciones como la de Delphi en una Andalucía ya muy golpeada por la desindustrialización. Por tanto, se atisban elementos de gran beneficio de las políticas monetarias desarrolladas, y a la vez, síntomas de estancamiento de la demanda, consecuencias de fin de ciclo que pueden estar en consonancia con la disposición de los ministros europeos de finanzas para reforzar la demanda. Causa más que expectación en este sentido la recesión que podría estar en la causa de las políticas más neoliberales de EEUU, y que se han revelado con la actual crisis bolsística mundial.

A las valoraciones del Eurogrupo se ha sumado la Comisión Europea. Ambas instituciones mantienen que la progresión de los precios será inferior al 2% en 2007 y que la moderación salarial observada, particularmente en Alemania, ha permitido contener la inflación de manera estable. Pero lo más importante es su convicción de que “mientras los salarios evolucionen en línea con la productividad”, el alza prevista no planteará ningún problema, “ni en términos de inflación ni en términos de competitividad”. Lo cual no elimina la desigualdad entre sectores laborales, ni la precariedad de los bajos salarios reales, particularmente en la rama de los servicios donde los rendimientos son escasos. Aún así, como la mayoría de los observadores señalan, la solución al problema de la desigualdad salarial y de la precariedad laboral se apunta en parte en esta misma situación general, y pasa por el crecimiento y reproducción del sector más productivo de tecnología puntera. Lo que conlleva otros problemas, muchos de ellos políticos, de simple redistribución y ubicación de la inversión.

Así, Edmund Phelps, el Nóbel de economía, explica que si Europa está afectada por un crecimiento débil es por falta de innovación, algo que en sí todos los gobernantes de Europa prometen e intentan más o menos mediante sus programas de investigación. Para el laureado sin embargo falta paliar la rigidez de los mercados y de las estructuras de producción, permitir un mayor flujo de entradas y salidas para el esfuerzo innovador, lo que incluye acabar con el corporatismo, con las posiciones adquiridas por las grandes compañías, los grandes bancos y los asalariados (“Dynamic Capitalism”, The Wall Street Journal , 10 de octobre del 2006). Esta perspectiva no parece tomar en consideración que es precisamente y en todo caso la capacidad competitiva desarrollada a lo largo de muchos ciclos económicos lo que hace que unos grupos o entidades corporativas más competitivos dominen las relaciones de producción y los mercados, lo cual, a pesar de las descripciones comparativas del Nóbel acerca de la ausencia de obstáculos para la iniciativa empresarial en EEUU, también se reproduce en la superpotencia con las correspondientes proyecciones políticas. Es más, es la acumulación de iniciativas competitivas lo que ha impuesto el arbitraje de las instituciones públicas para asegurar un mínimo de estabilidad. La intervención pública se ha impuesto en el siglo XX y hasta ahora como solución competitiva más eficiente al libremercantilismo alternativo, por mucho que se anhelen tipos ideales perfectos.

El consenso parece ubicarse en la productividad y el avance tecnológico como modos para alcanzar un crecimiento que pueda sobrellevar las presiones salariales y morigerar el descontento social variable. En Europa la desindustrialización precaria contrasta con la productividad tecnológica en grandes sectores competitivos dentro del mercado globalizado. El problema es quizá la manera de trasvasar la fuerza de trabajo a los sectores productivos tecnológicos, o, aumentar de manera contundente el rendimiento del sector servicios. El primer obstáculo que existe es la marginación que una gran parte del capital encuentra para competir con las grandes industrias altamente desarrolladas, cuyos medios son para-monopolísticos, por lo que tienen obligatoriamente que desviar sus perspectivas de ganancia al sector servicios, donde las inversiones no son tan onerosas, el cual, además, aporta altos beneficios, siempre bajo la condición de precariedad salarial y elevadas cotas de desempleo (apoyado por contingentes de inmigración). Los sindicatos suecos intentaron mantener los beneficios del seguro de desempleo que G. Persson minó en la última legislatura con el fin primordial de propiciar la creación de empleo de calidad (J. Clyne, 2006). No obstante, los países escandinavos y Finlandia son los únicos que pueden emular en productividad, innovación y crecimiento a la superpotencia norteamericana, a la vez que mantener un alto grado de solidaridad e igualdad social. Los elementos de base para esta emulación exitosa se suelen atribuir, como es conocido, a sus máximas tasas mundiales de inversión pública y planificación en el desarrollo científico y tecnológico, con niveles inigualados en todo el mundo, por añadidura extendidos a la población general. El estado sirve de intercambiador activo de recursos e información para la catalización de la producción y el aprovechamiento de los avances de las grandes empresas en escalones más modestos del empresariado potencial.

La estrategia está recogida en las recomendaciones de actuación del Consejo de la UE en las Líneas Generales de Política Económica (en sus siglas en inglés BEPGs, 28.06.2005). Particularmente la iniciativa nº 10, relativa al “reforzamiento de las ventajas competitivas de la industria de base”:

Guideline No.10. To strengthen the competitive advantages of its industrial base, Europe needs a solid industrial fabric throughout its territory. The necessary pursuit of a modern and active industrial policy means strengthening the competitive advantages of the industrial base, including by contributing to attractive framework conditions for both manufacturing and services, while ensuring the complementarity of the action at national, transnational and European level. Member States should: 1. start by identifying the added value and competitiveness factors in key industrial sectors, and addressing the challenges of globalisation. 2. also focus on the development of new technologies and markets. a) This implies in particular commitment to promote new technological initiatives based on public-private partnerships and cooperation between Member States, that help tackle genuine market failures. b) This also implies the creation and development of networks of regional or local clusters across the EU with greater involvement of SMEs. See also integrated guideline “Improve matching of labour market needs” (No.20).

No se trata de segmentar el tejido productivo sino desarrollarlo, articular e imbricar las partes, integrar las pequeñas inversiones en el campo tecnológico, incluyendo la expansión cooperativa entre los estados miembros para afrontar los imperativos de la globalización. Subrayar el papel que se atribuye a los poderes públicos no sólo en la forma de regulador monetarista, no sólo como pilar de la seguridad social, sino como co-partícipe en la generación de tecnología dentro de un sistema de vinculación con la empresa privada (PYME)... y con las necesidades del mercado laboral en un tenor muy proclive a facilitar las bases para una mayor participación del asalariado en el producto de su trabajo ( Integrated Guidelines for Growth and Jobs [2005-2008], in BEPG's) :

Implement employment policies intended to achieve full employment, improve quality and productivity at work, and strengthen social and territorial cohesion (Integrated Guideline No 16).

El diseño de esta implicación copartícipe de las instituciones públicas en la producción activa incluye el reconocimiento, que muchos se niegan a asimilar, de que el mercado tiene “fallos genuinos” ( supra : 2.a.). La integración del mercado laboral en estos esquemas de producción semi-“planificados”, de estar generalizados y consolidados en clave de expansión competitiva podría conllevar la reorientación de la inversión privada, apoyada por el sistema público-privado, a la economía de alto rendimiento ante el escaso margen para la contratación en términos desventajosos para la renta salarial por vaciado del mercado laboral. Ulteriores estudios y observaciones empíricas centrados en la naturaleza de las sociedades europeas, de sus expectativas y potencialidades, y su relación con el resto del mundo podrán, quizá, confirmar hasta qué punto las fuerzas políticas y corporativas de Europa están condicionadas a mantener equilibrios favorables a la neoliberalización, imposible de mantener sin crisis cada vez más complejas y difusas, sin descartar las agudas; o si las insuficiencias del monetarismo y del liberalismo reforzarán inercias “originales” de estructuración de la producción, que encuadren paulatinamente el beneficio capitalista en el crecimiento competitivo “superior” y en la inclusión progresiva de todos los sectores sociales en la producción de alto rendimiento y regeneración del estado de bienestar social.

 

Bibliografía

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____[Portada.]

Reflexiones acerca de las políticas de innovación 
productiva y laboral para el desarrollo social en Europa