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Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo. |
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UNION SOVIETICA EUROPEA |
(U. S. E) |
Actualizado: 17.09.2008· Año VI | |
| A LOS 125 AÑOS DE SU MUERTE |
Karl Marx ha inaugurado una nueva era |
A los 125 años de su desaparición, el fundador del comunismo no utópico y materialista, racionalmente planificado, el martillo de la ruindad y las patologías sociales de la especie humana, brilla como jamás. Tras la derrota de las diversas revoluciones socialistas vaticinadas y acaecidas en Europa, décadas tras su defunción, entre 1917 y 1923, y después de la desaparición de la URSS, engullida por el capitalismo en una lucha de clases monumental e inaudita en los anales de la humanidad a lo largo del siglo XX, el comunismo marxista, la teoría del materialismo histórico, la evolución social moderna y revolucionaria, no dejan ningún lugar a dudas: la naturaleza accidental de los obstáculos en el curso de la inevitable emergencia y construcción del comunismo y hegemonía del proletariado, es una obviedad más verosímil que en cualquier otro momento. Las aparentes derrotas del marxismo no traslucen más que una fascinante validez. El método dialéctico de los comunistas científicos genuina y honestamente marxistas es de una extraña infalibilidad, sin duda debido a su naturaleza combinada dialéctica y materialista, así como su esfuerzo heroico por alzarse contra la opresión por medio de las fuerzas más eficaces de la realidad. Las indicaciones de Marx están más vigentes hoy que en su tiempo; sus previsiones, por abstractas que fueran, revienen cada vez con mayor fuerza y hondura. Sus soluciones propuestas están asumidas en gran parte hasta por los estados y movimientos ideológicos más reaccionarios, incluida la Iglesia vaticana o el integrismo islámico o neocon, sin cuyo reconocimiento parcial no podrían retener adeptos en masa. Sus prescripciones más audaces, en cambio, aquellas que pasan por la conversión del proletariado en clase hegemónica exclusiva son las que más resistencias han suscitado por las fuerzas reaccionarias, hasta el punto de movilizar con urgencia y desesperación parte letal de las mayores energías de la humanidad por parte de aquellos amenazados, provocando los desastres del nazismo y la restauración del liberalismo desde los años 70. Pero la vida se abre paso a cualquier precio (frase de Lenin ante la represión anticomunista) y, en la actualidad, los esfuerzos ingentes de la burguesía por sobrevivir al advenimiento del comunismo están pasando una factura que ya no se puede pagar ni siquiera con la industrialización competitiva del Tercer Mundo, que comienza a contagiarse de las contradicciones fatales del capitalismo. El mismísimo Greenspan barrunta un colapso próximo de la economía china, lo que significaría un nuevo empujón al abismo capitalista. China no se salvará de las consecuencias de los ciclos terribles de una economía industrial liberal: deberán volver a formas adaptadas de socialismo. Pero en los mismos países de capitalismo maduro se está en una crisis de calado, la cual trae aromas putrefactos de violencias cataclísmicas y, con las penurias insoportables que inflige el capital a la mayoría, la promesa pendiente de la revolución socialista. Una revolución de la que quizá no hayamos salido. Esta es la ley que no desean reconocer los burgueses y sus voceros. Pero las soluciones a las que llegó Marx son, probablemente, las que la naturaleza hará comprender con elocuencia a la clase que sobreviva. Una nueva era se ha inaugurado, el combate durará siglos, los procesos sociales son largos; pero el capitalismo se ha generalizado hasta sus límites mientras envejecía, está en fase de crecimiento agónico, canceroso; apenas su madurez le sirve para aprender de sí mismo, de sus errores, tan perverso es el ánimo de lucro desenfrenado. Tiempos muy graves parecen entreverse en el futuro de un planeta maltratado; probablemente, el capital se reorganice en movimientos y regímenes anticomunistas más rancios y genocidas aún que el nazismo. Pero el fantasma del comunismo parece más decidido que nunca a encarnarse. Es algo patente cómo, en el inconsciente humano contemporáneo, permanece muy anclada la noción de la vuelta del comunismo, como si de un hecho anómalamente expresado, pendiente y por revelar en su integridad se tratara. En el ambiente psicosocial late la idea de la reconstitución de la URSS, como si su desaparición hubiera sido un hecho imaginario, en falso, inconsistente con la realidad presentida. En contraste, las actitudes contemporáneas de todo tipo, desde económicas a artísticas, se caracterizan con frecuencia, incluso voluntariamente, como endebles, insípidas, sin contenido, caóticas, superfluas, lo que implica un desapego a la cultura que ha sucedido al proyecto de civilización comunista por los mismos que la promueven. Los anticomunistas de siempre se resisten a prescindir del apoyo moral que les supone una actitud anacrónica hacia el “fracaso” del comunismo que se fraguó desde el año de la disolución por la fuerza (golpes de estado de 1991 contra el referéndum de continuidad de la URSS a favor votado por el 70%, disolución violenta de la Duma en 1993) y a reactualizar sus datos acerca de la penuria desastrosa que el neoliberalismo produjo en los sucesivos 20 años, y que apenas una nacionalización del capitalismo regulado de Putin ha podido paliar. El comunismo se refuerza en Rusia y Putin brega duro para contenerlo. La reciente recuperación por Rusia de Osetia del Sur y Abjazia, y el arrostramiento de la infiltración imperialista de Occidente, han llevado a bastantes comentaristas y políticos a estremecerse ante la idea del retorno de la URSS, y a muchos, como el presidente georgiano, a la perplejidad más absoluta, pues era de la opinión, con muchos en Occidente, que los plutócratas de Moscú estaban entregados al capital internacional como mejor seguro contra el, al menos, “sovietismo”... Siempre, siempre, el comunismo. Los periodistas cometen lapsus linguae refiriéndose a la Unión Soviética en lugar de la Federación Rusa, los reporteros gráficos quieren captar señales “rojas”, símbolos del comunismo, con que vincular la realidad actual con esa idea de retorno. Y el silencio tenso rodea la lenta recuperación de símbolos y lemas, denominaciones, normas, etc. del comunismo, aún no siendo más que una comedia, como es el caso de la mitomanía relativa al Che Guevara. Tolo lo cual, sin embargo, dice mucho sobre los conflictos ideológicos y las intuiciones que no se quieren o pueden abordar directamente, esto es, la más que probable verdad de que el marxismo no esté muerto, sino escondido, acechando en la sombra y en los abismos de una sociedad opaca, dispuesto a venir y a tomar revancha, a separar el bien del mal y a hacer arrepentir al felón y al malo. El comunismo se está convirtiendo en una pulsión milenaria que permanecerá como aliento y objetivo durante “eones”. Muchos nostálgicos del comunismo sueñan despiertos con ver alzarse el comunismo y la URSS tras la figura intrigante del espía Putin, de sus maniobras militares en el Caribe, o en el socialismo populista del siglo XXI en América. Cabe imaginar a las oligarquías cubanas y chinas sudando entre pesadillas la vuelta del “zoombie” o fantasma del comunismo para juzgar su revisionismo, debilidades y falsedades. Pero no hace falta soñar despierto. Quienes conocen los textos de Marx, saben que “esto” está finiquitado, que la prolongación del capitalismo es cuestión de inercia, que se perderán más batallas para aniquilar su existencia precaria, que dichas batallas, cuando se implante de nuevo la carrera por el socialismo, se trasladarán a su seno, hasta que después de siglos de elaboración, el comunismo se perpetúe definitivamente entre una humanidad desarrollada y coordinada con la agilidad de la mano de un cirujano o un prestidigitador: el fin de la historia habrá comenzado... Los que pensamos así, con esta certidumbre, gozamos de la satisfacción de estar aportando los ladrillos de un edificio de dimensiones casi cósmicas, aunque no estemos invitados a la culminación de la obra. No nos dejamos desviar por incidencias “anecdóticas” coyunturales como la desaparición o resurgimiento de la URSS, y mucho menos por socialismos bananeros en remotas patrias burguesas aún en fase de composición nacionalista. El viaje está resultando molesto –el capitalismo es molesto– pero no exento de satisfacciones; lo más gozoso es el viaje, como indicó el poeta Kavafis. Los que compartimos la certidumbre de los hallazgos del marxismo desde muy temprano, sólo tenemos que esperar a la puerta de casa para ver pasar el cadáver de nuestro enemigo, según el flemático adagio atribuido a los árabes. Aunque “el socialismo no cae del cielo”, como le gustaba repetir a Rosa Luxemburgo, y, antes, uno se hace enemigo del capitalismo combatiéndolo activamente, lo cual no es del todo fácil para la mayoría. Con Marx, hoy sólo a 125 años de su gesta intelectual, la humanidad pasa a un estado superior de conciencia, se abre un camino cuyas consecuencias en los siglos venideros sólo podemos percibir con la ayuda de las orientaciones de su obra aún no barrida de los estantes. Carlos Marx, el maestro de maestros, el prócer, está ahí con todas las consecuencias de su obra y millones de esfuerzos humanos convergentes; presente para mucho tiempo, en nuestra conciencia colectiva, respaldándonos contra el capital. ____[Portada.] |
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