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UNION SOVIETICA EUROPEA


COMUNISTICA

Detectamos entre los visitantes a la página USE el fenómeno de "bola de nieve" con exigua intensidad. Es un fenómeno corriente de expansión que se origina desde el público de las páginas que gozan con un alto número de visitas, como es esta misma página. Se trata de que los visitantes recomiendan a otros conocidos los contenidos, usuarios que así suelen tener algo en común por esa razón, al tiempo que aumenta "geométricamente" el número de visitas. En USE esa recomendación o transmisión de persona a persona, no tiene lugar en tan alto grado como es norma debido, opinamos, al temor de tipo externo que los partidarios del comunismo en diverso grado experimentan cuando pueden ser identificados por sus conductas en el entorno ideológico hostil contemporáneo...

Los que descubren la página se alegran del hallazgo y vuelven en un alto porcentaje, sin embargo no se deciden a comunicar la existencia de la página o su ubicación a los allegados o amigos y mucho menos a simples conocidos, pues temen ser categorizados negativamente de extremistas, sectarios, radicales, anacrónicos, individuos dudosos y muchos epítetos más bastante desconsiderados en especial y concretamente cuando se trata del comunismo. Por tanto, la actitud de identificación o asociación con la página USE y otras por el estilo (pero más USE en tanto que muy transparente en su doctrina) permanece en la esfera del círculo privado, casi de lo íntimo, lo oculto, y para algunos incluso y desafortunadamente, cual vergonzoso secreto.

No hay que pensar en general que se trata de un sentimiento de culpa por el hecho de ser comunista, de un temor interno que provoca angustia: estamos seguros que la estructura psíquica e ideológica del comunista es esencialmente más potente y afianzada, más elaborada e invulnerable, que otras psicologías y estructuras mentales contemporáneas. Esto viene ocurriendo así desde el socialismo científico y del marxismo en el XIX, y, a pesar de todos los contrapesos y represiones, y desde hace unas décadas los embates reaccionarios de la revolución thacheriana y neoliberal y la desaparición de la URSS como estado, se puede decir que aquellos que fueron realmente comunistas han salido incluso más reforzados de la agresión ideológica, véase económica y física en ocasiones. Por cierto, esto demuestra que el movimiento comunista es más que una anomalía de la capitalista, es un auténtico producto social sustitutivo y consecutivo de la civilización capitalista. La cuestión del temor que aparece en el horizonte de la audiencia de nuestra actividad ciberespacial nos conduce más bien a ése tipo de perfil sociológico de sujetos que sienten una irrefrenable tendencia a reconocerse en los principios y esquemas mentales y experiencias del comunismo, pero que aún encuentran obstáculos e inquietudes superficiales, conflictos menores con su ideología profunda, quizá principalmente por el control de los agentes sociales de la dominación capitalista (patrón, compañeros de trabajo oportunistas, familiares aburguesados, profesores fascistas, caciques locales, policías, curas, rufianes sicarios y un largo etc.) al que se ven sometidos. Por supuesto los asalariados o proletarios cuyas dudas sobre la conveniencia del comunismo para sus vidas son generalizadas y pequeñas no son recuperables para nuestra causa, y es más, suelen constituirse en motivo de riesgo y desestabilización cuando disimulan su ideología en tiempos de hegemonía proletaria y socialista consecuente instalados en el poder. Aún así son sinceramente bienvenidos a nuestra página para moderar su insensatez.

En cuanto al radicalismo (acepción extremismo) o al extremismo, hoy se evidencia que en la marea del régimen mercantil y de la ideología formal del mundo global, repleto de anomias, competitividad dislocada y destructiva, abuso y dominación, así como reforzamiento de minorías excluyentes para la confrontación, se ha instalado una perspectiva dualista respecto del extremismo: es bueno y es malo a la vez dependiendo en qué línea de las relaciones sociales que afectan a los individuos se trate. El radicalismo en el fútbol o en la defensa de la nacionalidad, en la religión, la democracia o los derechos humanos, o en la representación de la Pasión de Cristo, o en el apoyo al régimen neoliberal y la globalización, o en la flexibilidad en el mercado laboral es en muchos e importantes círculos un maximalismo benéfico, una virtud de quien lo defiende. El extremismo, rasgo que se suele tener por todavía más exagerado, sirve menos para describir una cualidad fanática y excéntrica aunque sea benéfica, que para vilipendiar al que no cuadra con el esquema actitudinal generalizado o modélico de una sociedad o de un sistema político extendido ya más allá de las sociedades nacionales: se observa con banalidad el ser extremadamente partidario de una vida burguesa, de la buena mesa, de la comida o la televisión basura, de tal o cual danza o arte, de la propiedad privada y la iniciativa personal en los negocios, de un santo, o del surf. Está bien visto incluso en política tener una ideología extremadamente centrista, socialdemócrata, religiosa (en EEUU), "neoconservadora" o "desencantada", o "comprometida". Hasta en la acepción benigna aquí relatada el concepto describe comportamientos nada o poco discriminatorios...

Pero un extremista no puede ser bien visto por numerosísimos grupos y ámbitos sociales si lo es en relación a la derecha, la izquierda, al socialismo, al comunismo. Entonces es cuando vuelve a aparecer el sentido nefasto del prejuicio y con él su sentido más elemental y expresivo: la excentricidad, la marginalidad. De aquí que por ejemplo, un imbécil pueda estar perdida, radical y extremadamente entusiasmado por la obra del poeta Bertolt Brech, y que a su vez sea extremadamente (extremista) impermeable al fin de construir una cultura integral comunista como la que indubitablemente animaba el prócer germánico. Pues la obra del poeta ha sido mutilada y reinterpretada por percepciones selectivas muy sesgadas y edulcoradas listas para su uso inofensivo en el sistema dominante contemporáneo. Y esta brutal y radical re-adaptación contra-natura es la que hace al apego extremista por el dramaturgo permisible y tolerable, no-excéntrica en el sentido genérico del extremismo.Fue el sociólogo Nisbet (cita memorística) quien hizo notar que el fascismo y el nazismo eran extremismo de centro. Este mismo extremismo que con tanta benevolencia se tolera hoy como inofensivo. Por muy intenso que sea el sentimiento o la emocionalidad, la congruencia y convergencia de los valores y comportamientos respecto de un sistema ideológico o cultural, este puede ser tan extremista y excéntrico como cualquier otro con respecto a diferentes posiciones menos volcadas en la misma u otras ideologías y valores más o menos extrañas.

Por tanto, el problema está no en considerar o sentirse angustiado por el participar del radicalismo o del extremismo en sí mismos. Todos somos extremistas como seres humanos insertos en una situación particular; aunque tan sólo fuera para defender nuestra supervivencia personal o de nuestros seres queridos. El formar parte de una minoría o de una mayoría de opinión o ideas, tampoco nos dice nada sobre la bondad o malignidad de una opción extremista, pues el ser más o menos sólo hace añadir la fuerza del número de personas con razón o equivocadas. El principio de excentricidad, de estar marginado del eje del sistema de valores dado siempre se dará mientras esté presente un referente opuesto, distinto y distante, independientemente del número de miembros y de la racionalidad o inteligencia de cada grupo polar. Y el hecho de que este referente dialéctico tenga lugar con independencia de lo que se cree razón, o poder o número, es prueba de la ausencia de veleidad o voluntarismo, locura, o incluso casualidad.

El problema está en qué posición invertimos esos esfuerzos a veces desaforados por enfrentarnos a unos condiciones naturales o, y, sociales que van a exigir muchos recursos de la psicología y las funciones intelectuales humanas por muy mermadas y ofuscadas que estén. Los comunistas debemos presentarnos lo más honestamente posible ante el público, tal y como somos, siempre que exista cobertura. Incluso tenemos que presionar prudentemente para reabrir los espacios de cobertura, lo que exige esfuerzo y riesgo. Debemos empezar para ello por erradicar nuestros propios temores y prejuicios irracionales y cobardes, en ocasiones indecentes y humillantes, respecto a la recriminación por extremismo o radicalismo. Tan radicales son los que consideran que esta página es extremista como nosotros nos sentimos moderados y firmes, preclaros, en nuestras posiciones y anhelos, así como en la limpieza y bondad de nuestros principios y necesidades. Tan radicales son los que se alejan de un punto como los que se acercan a él. Y puestos a hablar de verdades naturales y absolutas, el eje histórico desde hace siglos, con altibajos, no es otro que el del cambio revolucionario y evolutivo, hacia la civilización comunista: los que se apartan de esta senda obvia y no lo hacen para preservar el mayor tiempo posible sus privilegios y granjeos, son unos necios o lacayos alienados de los poderosos que están fuera del mandato de la realidad. Nuestros detractores serán arrastrados por la historia por mucho que sus esfuerzos por cambiar su marcha abrumadora les haga auténticos merecedores del calificativo de radicales extremistas de la ideología anti-histórica, cual sea su número o poder siempre inferior al de los determinismos históricos. Pero esta calificación no es nuestra preocupación ni siquiera en grado secundario, sino la de cómo ayudar a la humanidad y a nosotros mismos a avanzar en coherencia con la Historia y la Naturaleza con nuestros recursos disponibles, y el comunismo es nuestro más eficaz y honorable instrumento.____ [Viene de Portada.]

Actualizado: 03.05.2004· Año II
Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.
(U. S. E)

¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!


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"Radicalidad, extremismo"
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