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UNION SOVIETICA EUROPEA


Actualizado: 13.04.2006· Año IV
Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.
(U. S. E)

¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!


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use@useuropea.org
COMUNISTICA

Mientras algunos "comunistas" se acogen entusiastas en estos últimos años a la pretensión de "ser comunista sin complejos", de mostrarse sin arrepentimiento como militante comunista (verbigracia en el impulso militante que retoma el PCF), nosotros (USE) por otra parte buscamos la manera de serlo más. Nunca dejamos de ser comunistas ni nuestra condición se debilitó, ni en los peores momentos de la propaganda y la coacción anticomunistas más furibundas en los años que siguieron a la caída del Muro. (No vamos a "cambiar el mundo" con nuestro celo comunista; el mundo nos está cambiando a nosotros para tener más ímpetu comunista.) Es más, los sucesos relativos a la disolución de la URSS no constituyeron más que un acicate formidable para reforzar la identidad comunista, en oposición frontal a la iniquidad y el oportunismo vil de tantos como aprovecharon las épocas de prestigio del movimiento comunista para sus fines carroñeros y traidores, huyendo pusilánimes como sólo el género más bajo de la condición humana puede alcanzar en vicio e indecencia. Cuanto más resonaban acusadores los alaridos histéricos anticomunistas y se reprochaban las presuntas culpas del comunismo y los comunistas, más se nos hacía evidente la inocencia y licitud, el valor supremo del comunismo, así como la perversión y responsabilidad del capitalismo y su reaccionarismo que dura desde hace más de siglo y medio hasta hoy. Los tan afamados "hechos obvios" de fines de los 80, "rigurosamente e incontestablemente demostrativos", se remachaba una y otra vez sin pausa (cada vez menos), del fracaso fatal del socialismo revolucionario, el marxismo y el comunismo, que entre espumarajos rabiosos se pronunciaban a modo de prueba definitiva sin tregua, con obsesiva discreción y orgiástica satisfacción, entre engreimientos vehementes de neoliberales y beatos y depravados ventajistas,cobardes linchadores de todo tipo, ya entonces no resistían un análisis mínimamente inteligente y cabal de unos hechos que estaban falseados en lo más elemental de su significado por toda una maquinaria internacional de predicadores y activistas procapitalistas sin ningún escrúpulo ni respeto al prójimo y mucho menos a la veracidad, y que incluia a los partidos socialdemócratas y socialistas en pos de su parte de botín, aunque su agresión suicida a la vanguardia de la clase trabajadora les supusiera a ellos mismos un perjuicio propio inmenso como consecuencia inesperada (aún así finalmente el movimiento comunista resurge).

Los hechos que condujeron a la disolución de la URSS no expresaban más que un proyecto internacional planificado en detalle por los sectores reaccionarios más poderosos de la tierra, que contaba con la aportación directa del mismísimo Vaticano y neofascistas anglosajones como R. Reagan y M. Thatcher, liderando a unas naciones tradicionalmente comprometidas con la destrucción del comunismo desde el día mismo en que este movimiento irrumpió como movimiento político internacional determinante hace más de un siglo (en particular comenzando en el Reino Unido y Francia), y con la plena colaboración de una burguesía lenta e inexorablemente gestada en el seno de los países del bloque socialista, países subyugados por repetidas devastaciones de su fuerza industrial por parte de los aliados externos del capital ruso y de los países liberados por el comunismo: desde las potencias imperialistas en la guerra civil de 1918, pasando por el asesinato masivo de la vanguardia comunista (5-10 millones) por parte del partido "social-chovinista" (socialistas agrarios reconvertidos a "comunistas", liderados por J. Stalin, ese pernicioso y camaleónico "camarada", fascistas rusos de hecho o "social-chovinistas" como Lenin describía a Stalin y sus colegas); allá por los años 30, el aplastamiento final de la resistencia comunista imprescindiblemente democrática, urbana y económica con el asesinato de (ya van hoy contabilizados) 30 millones de soviéticos en la invasión exterminadora anticomunista y racista germano-nazi, el inmediatamente posterior desgaste suplementario de la guerra fría y la puntilla final de una competencia mercantil globalizada conducida por las potencias imperialistas que no ha dudado en la puesta de la fuerza de trabajo de miles de millones de seres humanos reducidos a la miseria al servicio del objetivo del abaratamiento de la producción por debajo de los salarios de subsistencia imprescindible, competir así con cualquier intento por desarrollar el bienestar de los trabajadores del bloque socialista y derribar cualquier estado con aspiraciones comunistas con el señuelo del esplendor universalmente alcanzable (el demencial "sueño americano") de convertirse a una burguesía enriquecida sobre los huesos del proletariado del tercer mundo en la era globalizada. A esto por supuesto se deben añadir las represiones de las revoluciones comunistas democráticas de centroeuropa (200,000 represaliados hasta la muerte), la devastación industrial de Alemania por parte Francia, EEUU y Reino Unido a partir de 1919 para erradicar una industria competitiva en rápida expansión y su proletariado revolucionario, evitando así su conversión al socialismo eficaz y modélico, y una miríada de crímenes de lesa humanidad llevados a cabo por las potencias capitalistas contra todo régimen redentor democrático y socialista, como por ejemplo la operación Cóndor en Latinoamérica o la guerra de Vietnam, o el blindaje del régimen feudal en los países musulmanes con la exaltación y financiación de la ultraderecha integrista a comenzar desde el asesinato de Ali Butto y la destrucción de la experiencia socialista en Pakistán, y paralelamente en la carnicería de Indonesia. No, para un observador honesto, racional, prudente, era poco probable el convencerse con los argumentos de los eufóricos ricachos y siervos neoliberales, con sus desvaríos lunáticos de vanidosos ignorantes interpretando la desaparición de la URSS como "la muerte del comunismo", y mucho menos con las aserciones de los alegres conversos "ex-comunistas" que brotaban como setas liberados al fin de su pesada losa o disfraz solidario, socializante, reivindicativo, justiciero humanitario, democrático, planificador, ateo y racionalista, eufóricos arrepentidos despertando a su nuevo Sangrilá al alcance de la mano, pues con el triunfo del capital se podía prescindir de esos lastres ideológicos y conductuales de benignidad para, con el resto de lacayos y aspirantes a burgueses, darse sin refreno a la obediencia servil recompensada por el amo empresario capitalista, al lucro más abominable y depravado (¡se podían comportar como salvajes y demonios: por eso abundan tanto en estos días las sectas satánicas y cultos esotéricos!): al fin podían dedicarse a "mandar" como déspotas trepas, utilizar la violencia y la coacción contra los más vulnerables en recursos, sin más impunidad que la representada por unas leyes interpretables y debilitadas a su favor; se les otorgaba la posibilidad de remitirse a sus instintos más básicos y pasionales como forma de fácil y perezosa autosatisfacción, para ejercer la fuerza contra un semejante convertido en presa potencial, ya fuera un gato callejero, un vagabundo alcohólico al que quemar en una esquina, un viejo, un enfermo agónico o un subnormal al que administrar eutanasia sin consentimiento o aplicar eugenesia, una joven maquiladora mejicana a la que torturar y violar y descuartizar sin castigo ni siquiera moral, ... el proletariado dislocado sin más táctica defensiva comunista ya (es más, muchos trabajadores comenzaron a aceptar el juego sadomasoquista), prostituir su ano en la empresa al patrón recibiendo unos céntimos más que su compañero, o montar su destartalado tenderete de cambalaches roñosos o el negocio pequeñoburgués anodino con el que fantasear en el rol psicótico de triunfador capitalista, fanfarroneando de sus conocimientos empresariales y abogando escandalizado por la eliminación de impuestos.

Pero es que, además y para triste desgracia de estos psicópatas neoliberales y retrógrados y demás morraña, y regocijo sin límites de quien redacta, estos últimos 15 años han demostrado la podredumbre hedionda, la envergadura de lo que no puede ser calificado de otro modo que de estafa a escala cósmica (los prosoviéticos se refirieron al desastre de la caída de su Estado como "catástrofe de dimensiones cósmicas"... cuando es una catástrofe también para el capital mundial, también benéfica para el comunismo mundial a no tan largo plazo) como, la mayor de la historia de la humanidad: esa que pretendía defecarse en el comunismo para exaltación del capitalismo definitivamente imperante con la tesis del "fin de la historia". La más megalómana inversión en opio en forma de odio al comunismo y de neoliberalismo radical religioso (como no podía ser de otra manera) de la historia ha envenenado como nunca las psicologías colectivas de muchas sociedades del mundo, pero, felizmente, la realidad está haciendo despertar del delirio estupefaciente a millones de proletarios que más que nunca desbordan todos los rincones del mercantilmente vapuleado planeta a la búsqueda de los últimos resquicios del estado de bienestar que, los movimientos comunistas en medio del desorden ineficiente del capital obligaron a edificar, y los estados capitalistas desarrollados toleraron y también fueron obligados a aceptar para sus poblaciones, con el fin de evitar la avalancha a sistemas socializados de corte marxista en sus propios países. Tras tres lustros de experiencia, el capital ha conducido a los diversos estados surgidos después de la tragedia de la disolución de la URSS a la era de las cavernas, cavernas ribeteadas de algunos motivos ornamentales como Macdonalds, más neón y coches de lujo (las grandes villas las construyen los ricachuelos ex-soviéticos en lugares tan patrióticos como Marbella o California). La que fuera segunda potencia mundial, surgida por la tenacidad creadora del proletariado más libre del mundo, ha quedado reducida a hez, a un paraje desolado en el que amenaza la hambruna, la falta de energía a decenas de grados bajo cero, guerras etnonacionales y genocidios como el de Chechenia, reducción de la tasa de fertilidad con aumento de la mortandad, estanflación, y páramos desindustrializados y sin infraestructuras públicas en donde los alcohólicos ingieren lavavajillas como sustituto del vodka en medio de un estercolero infinito. Una de las potencias espaciales vanguardistas de antaño, hoy se dedica a la venta a saldo de sus reservas petroleras y sus bosques cuyas divisas acaban en bancos occidentales, como sus mujeres prostituidas en las calles de Occidente u Oriente, exportadas por las mafias; sus ingenieros y artistas, sus técnicos y administradores, subsisten con salarios de miseria como personal doméstico en las casas de nuevos ricos occidentales y norteamericanos.

Cuando llegan noticias de la reducción de la pobreza en esos devastados países por la saña alevosa capitalista mundial e interna, les es difícil escamotear de sus propios análisis a los redactores al servicio de las reaccionarias agencias internacionales las razones por las que tiene lugar esa mejora siempre insuficiente y distante de los niveles de 1991, a saber, que se debe a la sola acción desesperada de supervivencia de una clase trabajadora desbaratada, sobornada, derruida en todos los sentidos pero resistente e insurrecta en sus ser ante la ignominia a la que la burguesía emergida a la luz del día y los desposeedores de lo público adueñados del estado soviético les han conducido de la mano de la canalla occidental. No es necesario extenderse en relatar en qué han acabado las gloriosas promesas imbéciles de lo que el capital realizaría de la ex-URSS, de ese inexistente vergel de prosperidad, de la inevitabilidad de que ese capitalismo colocaría a Rusia en el "cuarto o quinto" lugar de riqueza mundial... Ni siquiera la "Nueva Europa", ese aborto político sostenido por EEUU, Alemania, el Vaticano, Reino Unido y demás estados sanguijuela que utilizan a los nuevos regímenes en esos países ex-socialistas (oficialmente) como "gulag" y campo de ensayos de sociología nazifascista, no consigue atajar la sangría de población que huye de la miseria negra y de la injusticia social a pesar de una macroeconomía saneada y un crecimiento que engorda las haciendas de los piratas que se han apropiado de los bienes del procomún o los han vendido a saldo sin contar con los derechos de la ciudadanía trabajadora. Estos países, sobornados hasta la médula por el dinero yanqui, se han convertido en los mercenarios de las aventuras imperialistas de EEUU y de su política de minado de la independencia de la UE y los restos de su estado de bienestar. En Polonia, la opresión ideológica y política es insoportable, hasta el punto que los intentos de los partidos pro-soviéticos o más favorables a los intereses de la clase asalariada han desaparecido artificialmente bajo una intensiva operación de corrupción que ha dado al traste con la confianza del electorado proletario y campesino socialista en los líderes que ya no considera representantes del socialismo, y con todos los intentos de recomposición institucional del socialismo: el gobierno surgido de las últimas elecciones, una coalición fascista e integrista católica, obtuvo mayoría absoluta de un censo con un mezquino 40% de participación de una población hastiada y progresista privada de estructura organizada sin embargo por la especulación y el soborno demoledor de la Santa Alianza contemporánea. Es por ello que no es raro que el capital se extienda sin roces, en medio de la miseria y la evasión emigrante, que subsecuentemente explica que los polacos no sean infrecuentes clientes de los cubos de la basura de las calles de Madrid, por poner un ejemplo, en busca de restos de alimentos, o rateros en los autoservicios de barrio de las periferias obreras de España, país con una gran comunidad polaca. Ello no obsta para que todos los burguesitos pedantuelos y becarios doctrinos de las instituciones mediáticas y de estudios de conyuntura nos relaten el "milagro" de la "Nueva Europa": ahora se dedican a solapar los horrores que ellos han provocado dirigiendo sus miradas a variables selectivas y difícilmente representativas de su utopía degradante neoliberal.

¿Para qué cebarse con los neoliberales y los nazifascistas? O mejor, ¿por qué no? Estas ratas, abrumadas por los acontecimientos, atragantados por sus esputos ruines de reaccionarios segregados con fervor durante casi una década, ahora están mudos, estupefactos y huidizos ante el espectáculo de su obra. Si la URSS se recompusiera, o su heredera, estas hordas de expoliadores deberían ser juzgados y ejecutados. Da lástima ver a estos valientes exaltados defensores en su momento de la perestroika haciéndose los distraídos, sin argumentos para defenderse tan siquiera con una mínima dignidad, en la actualidad, particularmente cuando un comunista informado les ataca sin piedad. Ahora todos estos depravados silentes, al menos los que se han enterado algo del impacto de su capitalismo en Rusia y los países del Pacto de Varsovia, se dedican a predicar el "choque de civilizaciones" para confundir sobre las razones del gripaje de su proyecto hipermercantil, pues el "fin de la historia" no les ha servido para colar su disforme patraña, aunque sí es posible constatar que continúan aplatanados en su pueril bulo teórico del "caos", en especial en lo relativo a sus capacidades intelectuales más elementales (esto explicaría por qué se ciñen a la disciplina del positivismo como paliativo a tamaña estolidez epistemológica mantenida), o abogan pesimistas por la maldad ingénita del "ser humano", acostando siempre en el dogma del pecado original bíblico como explicación. Qué poca vergüenza.

Por supuesto, en medio de todo este tinglado de supercherías y abuso explotador que en ocasiones se expresa con el eufemismo sociológico del "riesgo creciente" contemporáneo, se encuentran los nazis y liberales característicos de siempre, los que participan y son conscientes de que mentir, estafar y rapiñar, oprimir en un acto de clasismo irrefrenable, medrar despilfarrando si se puede siempre a costa del prójimo, es su fuente nutricia vital, y que con ese anhelo impenitente no sólo destruirán a los demás con todo lo que les sirva para respirar o con todo el sistema ecológico si es preciso, sino que se comerán a sus propios hijos de ser preciso: ¿No recordamos a los capitalistas que forzaron al "corralito" de todo el pueblo de Argentina desvalijando los caudales de la nación entera mientras que la infancia del país llegaba a morir por inanición, hace pocos años? ¿recordamos cómo los propagandistas de los países desarrollados trataban de explicar al público cómo se trataba de la "mala gestión", al igual que en la Rusia neoliberal, y no del fallo del capitalismo? De cómo incluso se llegó a apuntar a un estado excesivamente "generoso" en dádivas con su población general reducida a la mendicidad... Tras las reformas desreguladoras salvajes y privatizadoras, tan "fascinantes", bendecidas por el FMI y el BM y ejecutadas por ese hatajo de ladrones con Menem liderando, que puso en bandeja a don Capital, doña Empresa Privada y doña Oligarquía hasta el último céntimo del país, y luego continuó arrebatando el trigo de la boca a las críos de su misma patria. Los clasistas feudales y burgueses, los neonazis y fascistas, los imperialistas y todos los antropófagos incapaces de vivir sin explotar a los demás están en la base de todo este plan de ataque al comunismo desde siempre, desde el mismo día en que se proclamó la Revolución soviética de 1917 y pretéritamente, desacreditando el comunismo antes incluso de que apareciese el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels (como éste último señala), aplicándose preventivamente coléricos a la degradación del comunismo desde que dejó de ser un "fantasma" en la Comuna de París en 1871, aunque esta durase pocos meses y sus mal armados comuneros fueran brutalmente asesinados y hasta enterrados moribundos, a toda prisa, a dos palmos de profundidad, lo que hacía en ocasiones que los agónicos se arrastraran fuera de sus improvisadas tumbas ante la mofa inmoral de los nefastos homicidas. Lo más cínico y repugnante es que estos bestias de la burguesía internacional enviaban a sus observadores, periodistas, políticos y hasta a filósofos a "comprobar" la marcha de tal o cual revolución proletaria unos días después de su florecimiento para sistemáticamente y sin falla, advertir acto seguido de la "perversidad" del comunismo y augurar su fatal destino. Esto fue paradigmático con el primer régimen socialista en 1917. Pero el caso es que ni tan siquiera se trataba de echar las manos al cuello del recién nacido para estrangularlo mientras se aullaba con soberbia el "poco" halagüeño futuro de la víctima neonata. Desde antes de la aparición de la URSS, desde las aberraciones premonitorias de Gustave Le Bon y otras gentuallas protonazis, el comunismo y los comunistas habían sido designados como objetivo principal al que elevar al patíbulo independientemente de su viabilidad. Esta es la tragedia del comunismo, la obsesiva y planificada persecución sistemática a que ha sido sometido sin escatimar recursos ni sangre desde su etapa germinal; lo cual no está mal para tratarse de lo que muchos reaccionarios e ignorantes describen con mofa de "fantasma" de la Historia. Ciertamente, para ser un ente ectoplasmático, el comunismo sigue dando de comer (de lo cual le deberían estar agradecidos al comunismo) a muchos de sus enemigos jurados, hoy en día y bajo los más potentes focos propagandísticos del Occidente cristiano desarrollado y del Oriente islamizado. Pasara lo que pasara, fuera popular o eficaz o no lo fuera, económicamente factible o no, eficiente compitiendo con el capital o no, la reacción mundial sólo tenía en mente y por ocupación la erradicación de todo aquello que sugiriese comunismo. Toda su existencia y su neurosis elevada al nivel de civilización burguesa se orientaba (se sigue destinando) a ese fin trascendente, para ellos sublime, místico y ciertamente prioritario; los anticomunistas emplean aún hoy sin cesar, sus vidas y sus caudales en disuadir y reprimir el resurgimiento del comunismo, a pesar de que éste se ha detenido formalmente en la potencia de hace sólo unas décadas... para desgracia de estos vigilantes. Se puede afirmar que, en lo relativo al comunismo, la prevención de las clases hostiles a él consistió en una "pre-reacción" preventiva: hasta tal grado la confrontación es colosal e irreconciliable desde siempre y por siempre.

Mientras muchos grupos sociales de pequeñoburgueses y proletarios o asalariados actúan conscientemente o no en las trincheras del capital y de la reacción convencidos de la "maldad" del comunismo, estos no son irrecuperables del todo para el comunismo o el socialismo revolucionario o marxista, por la razón de que son caros de mantener por sus amos en esa paz dócil, en razón de que en su propia acción mercenaria servil sufren un desgaste inexorable de sus intereses frente a las jerarquías que los dominan, un conflicto interno inextirpable. Los más rigurosos enemigos del comunismo, los que componen el núcleo genérico del modo de producción capitalista o clasista burgués, las categorías de individuos que sí son una amenaza de irrecuperables como categoría y que constituyen la piedra maestra del sistema anticomunista mundial, son todas aquellas clases que directamente comprenden o participan sobre la premisa de que su prosperidad y privilegios no sólo dependen de la sumisión y extorsión de una parte de la población a la que expoliar, sino de la represión de cualquier noción de autonomía de la población sometida. La idea o circunstancia por mezquina que sea de independencia de los productores respecto de una clase o categoría dominante equivale para las clases dominantes, en términos objetivos, a la subversión absoluta; y sin embargo es una idea y un tipo de relación social, indisociables para el progreso del comunismo. La derivada de esta contradicción es la violencia destructiva en muchas ocasiones en las que la relación de fuerzas es equiparable entre los dos bandos o relativamente deficitaria para los comunistas. Las situaciones de lucha pacífica entre clases sociales en Europa son cada vez más previsibles según se han ido sucediendo las épocas en el siglo XX y la violencia interna competitiva del capital, y de este contra el comunismo o el socialismo le han debilitado lo suficiente; sin embargo, desgraciadamente para los anhelos de ascenso pacífico del comunismo, el capital se desarrolla con fuerza en regiones atrasadas en términos de maduración del sistema capitalista, con lo que el capital se acumula a altas tasas y toma impulso, induciendo externamente al reforzamiento del capital y la burguesía decadente en regiones con más etapas recorridas de evolución del modo de producción capitalista, lo que genera nuevos desequilibrios y choques agudos. Es el caso de EEUU con respecto a Europa desde hace más de un siglo, y es posible que el caso de Europa y EEUU respecto de la URSS a partir del los años 30.

En consecuencia, los comunistas no son los únicos que reconocen la lucha de clases. Los más o menos conscientes burgueses, feudales y reaccionarios de todo tipo, convencidos del deber natural de fortalecer el orden social jerárquico y expoliador de unos privilegiados sobre otros desposeídos pero mejor formados y más productivos, por los medios que sean incluyendo el terror más protervo e inicuo, también creen entusiásticamente en la lucha de clases; y si no confiesan abiertamente la existencia de un fenómeno de lucha de clases en el mundo industrial es para confundir a los trabajadores y dificultar que también impulsen y perfeccionen su conciencia y sus organizaciones también clasistas proletarias. Pero los burgueses, capitalistas y neoliberales, toda esa canalla, es más, llevan siglos disfrutando de la lucha de clases en la forma de razzias, rentas forzosas, derechos de pernada, castigos sádicos arbitrarios, patíbulos, apropiaciones, dilapidación de caudales públicos y recursos naturales, demostraciones perversas de virilidad militar, racista y patriotera sobre gentes desarmadas y humildes trabajadores, regocijándose en las cacerías de guerrilleros y rebeldes incapaces de soportar más las exacciones de los amos, cobrando impuestos o especulando con jocosa avaricia en épocas de hambre y otras necesidades, organizando festines en medio de la privación del pueblo, robando jornales, regocijándose de la muerte de los operarios en los tajos peligrosos, armando batallones de la muerte, y un largo etcétera. No basta con admitir sin avergonzarse la "lucha de clases" como factor de autoreafirmación en la condición de comunista porque la "lucha de clases" también es admitida con más descaro cada día por los amos y burguesotes, al estilo manchesteriano, según van percibiendo que su posición dominante está amenazada y precisa de refuerzo activo, no bastando ya la intermediación moderadora de los traidores socialdemócratas y su propaganda utópica de colaboracionismo de clases sociales (es decir de fascismo encubierto).

Como ansiamos ser más comunistas, impregnarnos más del comunismo, es esencial reconocer la lucha de clases y la primacía clasista del proletariado sobre la burguesía y capitalistas, con igual o mayor natural convencimiento y garboso talante; pero además, lo es también dirigir nuestros intentos denodados de redención y progreso como seres humanos a combatir activamente a esa categoría de individuos o grupos, que están en el núcleo sostenedor de la estructura capitalista y de apropiación del trabajo de los asalariados (y cada vez más literalmente esclavos en este mundo contemporáneo: EEUU mismo confirma el resurgimiento masivo de esta categoría social fijándola en la actualidad en 30 millones en el planeta). Esto es, ser más comunista, separarnos más de los fines y concepciones burgueses, no pasa por renunciar a lo que tenemos en común ambas clases en la sociedad industrial capitalista que es la confrontación de clases y el clasismo, sino que significa recomponer los elementos comunes para fines propios, esto es, subrayar la necesidad de aniquilar a estas clases parásitas, por la violencia si es menester y no declinan en su actitud despótica de sabotaje de la iniciativa democrática de los asalariados organizados y conscientes dispuestos a recuperar por derecho el poder público para fines socializadores cuando así lo decidan, y no para fines que están sacados o inspirados de la realidad propia que es precisamente la de dominación burguesa y reaccionaria: la desvirtuación reaccionaria del sentido del socialismo y del comunismo con ejemplos de experiencias espurias que son la descripción en los hechos de su nefasto régimen de producción. La introducción del capitalismo en Rusia está ahí para ilustrar lo que verdaderamente se escondía tras el fraude del capital disimulado en el poco de socialismo que los oprimidos asalariados bregaron por mantener. Mientras los capitalistas son capaces de las mayores monstruosidades con tal de perpetuar su sistema clasista de desmanes, los asalariados no necesitan, por su parte, de la existencia de una clase a la que atropellar y exprimir; la clase antagonista a la proletaria es prescindible en absoluto.

La inversión de la violencia y el despotismo con que las clases burguesas y parásitas, los fascistas y neonazis ejercen su rapiña bien organizada, se llama dictadura del proletariado. Se comprende que la sola alusión indirecta a este concepto llene de pánico y horror a los reaccionarios; incluso hemos podido detectar lapsus de memoria cuando el discurso se refería a este concepto, cual palabras inefables y pecaminosas de otros tiempos severamente reprimidas por todos los medios psíquicos y físicos. Puesto que el proletariado en muy diversas formas (empleados, funcionarios de carrera sin privilegios de entrada, obreros manuales, soldados, cooperativistas, técnicos y profesores asalariados y científicos, desempleados y estudiantes de familias asalariadas, y los pocos laboreros campesinos que quedan en Europa particularmente) somos mayoría, no es entonces necesaria la definición completa, la cual se trascribe como: dictadura democrática del proletariado. No se explicará la evolución que tuvo este concepto porque es accesible para quien lo desee en especial desde los grandes debates sobre la democracia en la inflexión de los siglos XIX y XX. Sólo se reincidirá que hace menos de 70 años la "dictadura del proletariado" era ( y sigue siendo para los conscientes que se resisten a la basura ideológica neoliberal y conservadora o social-demócrata), para millones de líderes políticos, intelectuales y trabajadores, exactamente lo contrario de lo que la ideología y la "historiografía" y la propaganda política burguesas contemporáneas afirman con ruin embuste. Es evidente que la noción de "dictadura del proletariado" ha sido tergiversada y desacreditada abusivamente hasta la extenuación por los enemigos del comunismo. Se sobreexplotan los seres humanos, se sobreexplotan los conceptos. En primer lugar no significa necesariamente violencia, sino imposición por cualquier vía, legal, pacífica, influyente, persuasiva, pero siempre con el respaldo del poder público de la población mayoritaria como clase consciente y autónoma de explotadores terceros, que ejerce el monopolio de la violencia necesaria en caso de agresión por parte de minorías armadas y ejércitos privados al servicio de un padrino mafioso o tirano burgués o lumpen a cuenta de ricachos que se hace con el poder del eventual Estado popular de los trabajadores, obligados a vender en cualquier grado su fuerza de trabajo física o intelectual para la subsistencia. Esta dictadura del proletariado no debe cejar nunca en utilizar la violencia militar y el terror siempre democrático contra aquellos elementos que no dudarán en utilizar la tortura, el genocidio, el esclavismo y las muy diversas formas de sujeción, atemorización civil y de despojo de la clase productora de plusvalías; estos elementos son principalmente los grupos neonazis, fascistas, falangistas, integristas religiosos de todas las doctrinas y cultos satánicos, empresarios sin escrúpulos y sátrapas burócratas carniceros, mafiosos, monarcas absolutos, emperadores, maltratadores sádicos y violadores y tratantes de órganos, seres humanos y mujeres; la dictadura del proletariado en su forma más beligerante debe recaer sobre estos elementos sin piedad, y sin reparar en igualar o superar la crueldad con la que actúan con sus víctimas.

Hay que redundar en que el comunismo execra el terrorismo individualista o sectario. De otra forma no podría consistir en comunismo, en el gobierno bien de los comunes del grupo o sociedad. Abomina de los ataques traidores contra población indiscriminada por razones políticas y éticas, y muchos farsantes o ignaros con despropósitos han querido achacar a V. I. Lenin lo que precisamente repudiaba razonadamente con la máxima energía: la renuncia a los métodos terroristas de lucha política, por ejemplo, cuando denunciaba y desechaba las iniciativas crueles y siniestras del anarquismo ruso o del nacionalismo... No obstante, ha sido más cómodo y beneficioso para la propaganda anticomunista el atribuir algo tan impopular como el terrorismo de minorías iluminadas y psicópatas a los comunistas contra toda razón y en medio de la confusión. Esto no significa que los comunistas deban poner la otra mejilla, ni transigir con los tradicionales abusos de quien detenta el dinero, los postillones y las armas. El "terrorismo" democrático sin embargo es legítimo porque está sancionado por el pueblo, por las urnas y las instituciones legitimadas, por la clase social mayoritaria, por la mayoría de los individios y la opinión pública, como método de autodefensa frente a tiranos sanguinarios, y no se distingue más que técnicamente de la acción militar rigurosa, pues toda confrontación militar es terrorífica. Los comunistas no deben caer en la confusión de que el terrorismo es igual a la dictadura del proletariado: sólo las instituciones públicas democráticas pueden decidir lícitamente la táctica militar autodefensiva con la aquiescencia general y legal. La dictadura del proletariado se ejerció como terrorismo por el glorioso pueblo español durante la invasión napoleónica en defensa de la soberanía legítima de España y en coordinación con su ejército regular. El terrorismo democrático se ejerció por la Resistencia del pueblo francés ciudadano contra la invasión hitleriana, etc. (Esto no obsta para que los comunistas deban ejercer la violencia en legítima defensa en cualquier momento o circunstancia, como cualquier otra persona humana o grupo social por el medio a su alcance.) Por tanto, aparte de la cuestión del terrorismo como componente marginal de la dictadura democrática del proletariado, se trata de concentrase en la operatividad de la autonomía de clase bajo un régimen ultrademocrático, que es radicalmente democrático porque prescinde de lacras como la clase privilegiada y parásita capitalista como gestora de los destinos de un conjunto autónomo, e impone sin complejos la socialización de los medios de producción contra las acciones saboteadoras de la reacción y el imperialismo. Es imprescindible ratificar estas premisas de salvaguarda del comunismo real de nuestro tiempo para avanzar en la reafirmación e intensificación de la condición pragmática, eficiente, de comunista, contra todo el discurso deleznable que a pesar de su constancia sofisticada no acaba de calar entre la clase asalariada del mundo, para frustración de anticomunistas de toda catadura.

Entre esas premisas que tanto definen el curso de la identidad comunista se imbrica íntimamente la confrontación trabajo-capital. Cuando se comprende que la colisión entre trabajo y capital en la sociedad industrial mercantil capitalista es irreductible, insoslayable de cualquier manera que no sea el socialismo en su progresión al comunismo, se puede avanzar más rápidamente y con más firmeza en la autorrealización comunista. Y es fácil comprender esta irreductibilidad. Con ocasión de las protestas masivas de la población francesa asalariada contra el decreto de precarización del empleo juvenil (CPE), un periodista sueco invitado a comentar los eventos en una emisora española, confesó que él nunca había conocido una movilización popular de protesta obrera o de asalariados en su país. La primera impresión y la zafia conclusión irracional que sacaría un reaccionario y un nazifascista racista podría ser que un país tan avanzado y civilizado como Suecia, incluso poblado por una "raza" superior a la de los mediterráneos, suscribe el capitalismo, las reglas del juego mercantil y la "ética protestante" sin más resistencias, sólo atribuibles al carácter "perezoso" de los empleados y los jóvenes latinos franceses, españoles o italianos. El discurso proseguiría alabando la responsabilidad productiva sueca, su prudencia cívica, respeto de la "propiedad privada" y consagración al trabajo para el enriquecimiento y la paz social observada en tan desarrollado país, en vez de la tendencia a la rebelión con que los sureños, concluyéndose sofísticamente que la confrontación entre trabajo y capital no es real ni mucho menos inevitable. Sin embargo, es precisamente la veneración por la propiedad privada e incluso, relativamente con los países del sur de Europa (ver Eurostat) al trabajo lo que "se echa de menos" en Suecia. Es sabido que el PNB de Suecia está socializado en un 60%, que es uno de los países con mayor cuota fiscal y progresividad, que las últimas desrregulaciones han provocado malestar entre sindicatos y partidos obreros de Suecia y, por si cupiese duda, que en 1985 los círculos empresariales, tras una gran campaña pública de descrédito, fueron el contexto para que radicales derechistas y la CIA se implicasen en el asesinato de Olof Palme, el presidente del gobierno socialdemócrata, acusado de llevar al país al comunismo... La realidad se expresa por sí misma: el conflicto trabajo-capital en Suecia es mucho menor porque es notablemente menor la influencia perniciosa de la propiedad privada y el capital en la relación económica del país. Una combinación de estado de bienestar, valorización del trabajo, con un control de la inversión pública y privada bajo planificación centralizada y vías ágiles democráticas y de negociación social, además de las tradicionales de soborno y coacción del capital, han evitado confrontaciones mayores. Es decir, el conflicto entre clases no se recrudece hasta la violencia cardinal generalizada (aunque recuérdese a Olof Palme) y paradójicamente por la misma circunstancia de la presión antagonista inmensa entre trabajo y capital en Suecia, que al contrario, demanda un gran esfuerzo generalizado y constante para el consenso social. Pero claro, la burguesía y el capital no son tan poderosos como en otros estados. En el conflicto trabajo-capital, es el capital el instala las condiciones para la violencia en su afán de demasía y exceso.

En la mayoría de los países industriales desarrollados (dejemos aparte los que están en vías de desarrollo) la relación entre trabajo y capital es mucho más desequilibrada e irregular. El capital también es más poderoso frente al proletariado, los recursos disponibles de los asalariados menores y sus instrumentos de imposición democrática de sus intereses más reducidos. Esta debilidad implica mayores exacciones y abusos del capital y una respuesta defensiva más brusca entre los asalariados, aunque menos sostenida en el tiempo y amplia en estructura. Esta debilidad relativa y las eclosiones más agudas que fomenta es lo que perfila con más espectacularidad la impresión de que las contradicciones trabajo-capital son más abruptas y estructurales en los países más pobres, siendo al contrario en muchos casos en los que la condición básica es trabajo asalariado-capital con independencia de la riqueza. Así, la oligarquía capitalista sueca estará mucho más incapacitada que la francesa para enfrentarse al 70 % de su población con una ley de precarización laboral (Villepin es completamente renuente a la retirada del proyecto CPE e incluso se dice que espera que la violencia civil acabe con el movimiento por su misma fragmentación interna...). Y en España, el capital nacional aún tendrá menos vacilaciones que en Francia para acometer un tramo mayor de explotación del trabajo, debido siempre a la debilidad comparativa de la organización del trabajo, independientemente de la violencia explosiva coyuntural que será menos eficiente que la presión del proletariado sueco o francés en sus términos relativos. La enorme oposición trabajo-capital en el país escandinavo no ha acabado con el capitalismo en ese estado ni mucho menos, pero muestra que el ligero predominio del factor trabajo y político de la clase asalariada favorecen vías preferentemente pacíficas y planificadas para el encauzamiento real (y no sólo nominal ni reformista) de las enormes diferencias de interés, mientras que el capital no.

¿Qué significa todo este análisis por lo que se refiere a la decisión de profundizar en la condición de comunistas? Significa que, una oposición irreductibles e incompatible en sus fundamentos obligará a cada una de las partes a encauzar sus intereses hasta el final. Los asalariados no superarán su condición forzosa de asalariados explotados jerárquicamente hasta que erradiquen el capital y la propiedad privada, de manera apacible o convulsa; viceversa, el capital no podrá respirar ni competir en su sistema sin obtener ganancias de una u otra forma a través de la opresión y extorsión de los trabajadores, para apropiarse de los excedentes productivos para la competición mercantil. Hasta tal extremo llega la incompatibilidad trabajo-capital, que la totalidad del prestigio que se atribuye y hace valer sin cesar ante las masas trabajadoras de las naciones para que se impliquen en la defensa del capital y el sistema burgués, sólo es achacable a la resistencia que dentro de este modo de producción capitalista ha ejercido la fuerza del trabajo para defenderse del capital mismo desde lo más íntimo de las relaciones sociales cotidianas hasta los efectos perdurables que lega en una sociedad el desencadenamiento de una revolución "total". Y hasta tal punto el capital precisa de la conversión de la fuerza de trabajo en beneficio que, durante el III Reich, los ingenieros de recursos humanos del nazismo obtuvieron el punto de maximización del valor-trabajo de un ser humano promedio, fijándolo en 9 meses de trabajos forzados hasta su extenuación biológica absoluta. No contentos con matar de sobreexplotación estudiaron el maximizar utilidades mediante el procesamiento de los despojos de los forzados aniquilados para la obtención de sosa para jabón, pergaminos de piel, fósforo, etc. Versiones de la misma radicalización de la explotación capitalista se han dado también de manera exorbitante durante las guerras mundiales y coloniales en las que el imperialismo capitalista ha embarcado a millones de seres humanos en la búsqueda de beneficio a través de la explotación del trabajo: la devastación de industrias del enemigo, con la eliminación de millones de vidas humanas en los campos de batalla, en las ciudades bombardeadas o en hambrunas y epidemias resultantes (40 millones de víctimas sólo por la "gripe española" originada por la mutación del virus de la gripe en las deplorables condiciones de las trincheras y de la población debilitada en una Europa devastada), significaban un pingüe negocio para los poderes financieros al permitir la salida de los productos manufacturados a nuevos mercados sin competencia monopolizando a la baja, con optimismo renovado, la oferta de salarios en mercados laborales de millones de desempleados supervivientes acampados en medio de los escombros de las industrias desbaratadas.

La inevitable incompatibilidad del trabajo y el capital justifica que la clase trabajadora se defienda en todo momento y que no se avergüence o no se confunda en su táctica lógica motivada por razones profundas, simples y automáticamente recurrentes. Por muchas desviaciones, equivocaciones o engaños a los que se vea sometida, siempre se retorna, en calidad de asalariado, a la rivalidad con el capital. Y en su misma condición de asalariado encuentra antagonismo entre los mismos asalariados en competencia por reducirle a un estrato jerárquico menor y retirar del subalterno beneficios, en todos los niveles y sectores, casi siempre en connivencia con el patrón que alienta la segmentación interna de la clase trabajadora complaciente. Por eso ser comunista, más comunista, no sólo es "ser un buen chekista", sino serlo cada día más, desconfiar de todos los comunistas mismos (sic), de todos los que bajo su piel de "camarada" son depredadores: es el caso de Stalin y los burócratas que se hacen con el poder en la URSS para convertirla en su coto privado de tendencias latentes capitalistas pintado, muy pintado, de rojo. Y ser más comunista es estar dispuestos a sobrevivir inteligentemente a la masacre siempre pendiente del capital sobre el asalariado, incluso cuando se participa en algo del capital, porque es ahí cuando más se puede invertir ese capital en la supervivencia contra el mismo capital. Esta es la razón por la cual el comunista no debe verse afectado por los intentos de desmoralización que, en batería noche y día, hacen repicar los reaccionarios que intentan desmoralizar a pobres diablos ignorantes con culpas y arrepentimientos, identificando a los comunistas con Pol Pot (¡si supieran los neoliberales ardientes defensores de la propiedad privada y la competitividad darvinista a ultranza que son muy parecidos a dicho energúmeno, derrocado gracias a los comunistas!), los crímenes de Stalin, los crímenes de la URSS, de Mao y el maoísmo, del chekista (traidor) Santiago Carrillo, de Negrín, del albañil de la esquina y del jornalero andaluz que cobra el PER; con los millones y cientos de millones de víctimas inocentes asesinados pérfidamente por la "ignominia materialista" del comunismo... La última tergiversación anticomunista ha provenido de la camarilla liderada por Aznar-Berlusconi: la fábula de que los comunistas se comen a los niños no es del todo exacta para Berlusconi, ya que es más cierto según él que los comunistas de Mao hervían a los niños antes de utilizarlos como fertilizantes; a lo que uno de sus ex-ministros, Calderoli de la Liga Norte (el de las camisetas con las caricaturas de Mahoma) añadió que también se los comían hervidos.

Por su parte Aznar, no tan esperpéntico, sugería una idea más sutil: equiparaba nacionalismo radical con socialismo (incluido comunismo) y a estos con radicalismo islámico, en la línea clásica de los conservadores por asimilar nazismo y comunismo, a lo que ahora se añade el terrorismo actual. Esto es, Aznar hace converger todos los males anejos al capital y al abuso de unas clases sociales sobre otras, cualesquiera que sean esos males sociales, ya sean nazismo, fascismo, terrorismo integrista religioso (musulmán únicamente claro), nacionalismo (el que no profesa él, por supuesto), imperialismo o recesión y desempleo y demás lacras del capitalismo, al solo fenómeno de resistencia de los explotados del mundo para no serlo. Aznar intenta matar dos pájaros de un tiro. Exculpando al capitalismo arremete contra toda alternativa de autodefensa asalariada y antiimperialista. En estas fechas electorales en Italia, el discurso de Aznar se centraba en culpabilizar sobre todo a los socialistas, la alternativa a un Berlusconi corrupto que cuenta en su alianza de partidos con dos organizaciones racistas, una de las cuales es abiertamente neo-fascista y mussoliniana, inspirada en un régimen aliado de Hitler que no dudó en perseguir a los judíos y enviarlos junto a los comunistas a los campos de exterminio nazis para ser convertidos en objetos de consumo para los habitantes del Eje. Lo más dilucidador de la sugerencia de Aznar es que no puede prescindir de la premisa o implicación de que cualquier opositor al capitalismo y al sistema de despojo clasista hoy dominante se convierta en culpable directo de las mayores atrocidades del sistema de expoliación capitalista y, de esta manera, se construya una doctrina fundamentada en la inculpación de los crímenes propios a los sujetos más marginales en el sostenimiento del sistema, que además son víctimas de él. Debe tratarse de una doctrina ideológica inspirada en la compasión cristiana de Aznar. Pero el caso es que ello apunta a la integridad física y no sólo ideológica de los paganos del sistema capitalista, los cuales serán perseguidos cualquiera que sea su esfuerzo nimio por reivindicar su parte justa en la producción de bienes y servicios bajo el látigo usurpador del capitalismo. Ahora están acosando a los socialistas reformistas (fatuos de la ausencia de comunistas), después vendrán otros más ingenuos...

La cuestión es que lejos de arrepentirnos, hubiésemos vitoreado que hirviesen a los feudales chinos de manera generalizada y los convirtieran en materia regeneradora agrícola, cosa que, desgraciadamente, sólo ocurrió en casos de déspotas impopulares con abusos antisociales aberrantes, para ejemplificar las bondades del nuevo régimen "comunista" (Malraux divulgó la manera en que los anti-comunistas chinos incineraban vivos a los prisioneros comunistas en las calderas de locomotoras para acelerar su disolución). En consecuencia, no es posible retroceder, sino avanzar en una confrontación que, de ser evitada, se reproducirá con más virulencia de la mano de un capital crecido, envalentonado. No es posible replegarse, ni aún gozando de un buen nivel de vida como asalariado cualificado. Por lo tanto: lástima que la mayoría de los crímenes masivos que se han cometido falsamente en nombre del comunismo hayan tenido como víctimas reales a los mismos comunistas genuinos, como parte de los esfuerzos de la reacción infiltrada y oportunista por paliar el avance arrollador de la Revolución; porque no pueden mover a arrepentimiento los millones de tiranos, oligarcas, feudales y nazifascistas que debieran haber ocupado el lugar de los valiosos camaradas muertos infaustamente a causa de las luchas de clase y el intento de coherencia redentora dentro de los partidos comunistas y en las guerras civiles y nacionalistas de las repúblicas socialistas, sin remitirse ya al basto número de comunistas masacrados por el capital a cara descubierta. El número de reos anti-comunistas hubiera debido ser mucho mayor de haberse tenido que hacer verdadera justicia de tantas aberraciones como el capital ha cometido con su irrefrenable necesidad de destruir las vidas de los asalariados y cualquier intento de constitución de estados socialistas. Los comunistas no se pueden permitir el lujo de abdicar de sus intereses, de su doctrina y de su derecho a la supervivencia y a la justicia, en especial cuando se trata de impedir la proliferación de una ralea tan infame como la burguesía y el nacional-socialismo que cada vez vuelven a empapar más las sociedades "modernas" en su envestida reaccionaria decrépita; y esto significa ensalzar concretamente lo que los nazifascistas llaman "crímenes" del comunismo cuando estos se han ejercido contra su clase social, y aún más, reivindicar las ejecuciones y aniquilaciones que hubiesen debido tener lugar y no se llevaron a cabo con más acierto en épocas de agresividad máxima anticomunista, por debilidad "rousseauniana" y por haber padecido en sus filas, ciertamente, el desfallecimiento de matanzas masivas, estas las cuales, las más relevantes por no decir la inmensa mayoría, sí deben ser atribuídas a los reaccionarios anticomunistas, aun bajo cobertura de falso radicalismo comunista. Se trata de realizar una operación intelectual de lealtad a la verdad: destapar el nominalismo con el que el reaccionarismo burgués y feudal ha escamoteado su autoría criminal, una operación de fiel atribución identificadora más allá de las apariencias y las imputaciones propagandistas calumniosas. Es decir, no hay implicación del movimiento comunista en ninguna masacre masiva relevante, y mucho menos sistemática, de principio, de la clase abrumadoramente mayoritaria, la clase asalariada en tanto que tal, ni de militancia comunista; la hay, aunque despreciable e insuficiente, en la agresión autodefensiva hacia las clases dominantes poseedoras y sus esbirros. Aun más, si estos crímenes se hubiesen cometido en nombre del "comunismo", inmediatamente se desvincularian del comunismo mismo puesto que, es la clase proletaria y los comunistas, los que encarnan el germen y el objetivo del comunismo como medio para la disolución de las barreras de clase y privilegio particular sobre el bien y la autodefensa común de los oprimidos.

En la malversación del comunismo, los burgueses y nazifascistas han incluido demasiados rubros de sangre, la casi totalidad reatribuíbles a su factura que pretenden no pagar. No hay que dejarse embaucar en grado alguno, nada, por la ramplona coartada de los crímenes del estalinismo o del maoísmo, de los millones de víctimas de sus políticas fácticamente contrarrevolucionarias, que tanto se cuidan los mismos reaccionarios en exponer como ejemplo de la "maldad" visceral del "comunismo", y a los que por cierto, siempre debemos agradecer su gran procupación por el destino de tantos millones de represaliados comunistas en regímenes mal llamados "socialistas" que no escondían más que la lenta y subrepticia restauración del capital y las oligarquías tradicionales... Si por casualidad se refieren a los escasos cientos de miles de propietarios feudales, de capitalistas y de sus lacayos y matones que las revoluciones comunistas se vieron obligadas a enviar a la fosa en legítima defensa, sólo podremos añadir nuestra condolencia, nuestra intensa contrariedad porque no hubiesen sido muchísimas más las bajas de esos indeseables nuestros enemigos y, la esperanza de que algún día las formidables multitudes de comunistas y proletarios caídos bajo la sevicia y el yugo de los vampiros del capital y sus verdugos, se vean relevados por estos últimos en el lugar especial que les corresponde: en los cementerios como pago a su desenfreno represor, donde recomendamos que se erijan monumentos para indicar claramente dónde acaban semejante estirpe de degenerados.

Una lástima que la Revolución en Asturias de 1934 no hubiese arrastrado a toda la España sedienta de justicia y nos hubiere librado, a fuerza de paredones, de muchos de los facinerosos que gobernaban el país como cortijo con látigo en la mano y patíbulo en la plaza, y de sus descendientes fascistas que hoy espolean su rabia siniestra contra los proletarios, mineros y pobres campesinos abocados a la emigración, deslomados hacia los años 30 de tanta explotación, los cuales nos regalaron generosamente con algo de oxígeno vital (justicia social) a una tierra sometida al feudalismo desde siempre; demasiada indulgencia con lo que debiera haber sido convertido en cenizas fertilizantes. Lástima que las "checas" que tanto se denuncian por los gánsters nazifascistas españoles actuales en su contraofensiva propagandística contra la rehabilitación de los republicanos en España, no hubiesen sido más eficaces y letales, imitando la eficacia del exterminio del bando fascista franquista, el cual obtuvo la victoria en parte por su inmisericordia criminal y sus torturas, y diligentes matanzas extendidas por décadas, y en razón de la ayuda activa y masiva de las potencias nazifascistas, y durante y después, por la complicidad de las potencias capitalistas vencedoras en la segunda contienda mundial. Gracias a las checas, la II República española perduró más tiempo, pero, desgraciadamente cayeron, en parte, en manos de arribistas e ignorantes estalinistas, poco conscientes de la situación social, de la relación de fuerzas geoestratégicas internacionales (el desdén de Stalin por España) y de las persecuciones hacia comunistas honestos de la URSS. Las "checas", los chequistas, deberían (ingenuidad inútil respecto al pasado, pero advertencia de eventual táctica futura) haber comenzado por purgar de agentes estalinistas reaccionarios sus propias filas, deshaciéndose de oportunistas en busca de poder burocrático y velada admiración por el capitalista y el reformismo, y subsiguientemente, lanzarse ampliamente a la aniquilación planificada y detallada del monstruo retrógrado que amenazaba feroz con arramblar con sus vidas y las de toda una población humilde que no levantaba cabeza desde la Edad Media para más obsceno regocijo de terratenientes, falangistas y curas parásitos todos carroñeros rufianes, como finalmente acaeció. Vae vinci. Los vencidos han tenido que soportar el resultado de su postración, de su indeterminación ideológica y de su vacilación frente a la figura sublimada durante siglos del amo y sus pestilentes galones y símbolos de poder, como nosotros sus descendientes. Si encuadrados en las checas, de una forma u otra, todos los asalariados y laboreros conscientes hubiesen aportado su esfuerzo unido en el ajusticiamiento por cualquier medio y la decapitación de las grandes familias y líderes fascistas españoles, hubiesen alcanzado una fase superior de comunistas en su redención victoriosa, y hubiesen heroicamente contribuido en algo a retener esa locomotora de diablos capitalistas que avanzaba a toda máquina hacia la beligerancia y el holocausto mundial de decenas de millones de trabajadores en pos del reparto de bienes y beneficios ajenos que condujo a una II Guerra Mundial... Conflagración provocada por un capitalismo ciego de odio, cuyo objetivo simultáneo, y condición sine qua non de la perpetración de su expolio mundial organizado y usurpación inaudita en consecuencia, fue el dejar exhaustos a los últimos focos de resistencia genuinamente comunistas del proletariado industrial urbano en la URSS en lucha contra el fascismo disfrazado de estalinismo, anegar en sangre gran parte de la resistencia comunista en el continente europeo y permitir finalmente la emergencia de la potencia reaccionaria más perniciosa para la humanidad (al menos asalariada) que se haya visto en estas últimas décadas: los EEUU. La lección está aprendida.____[Comunística.][Portada.]

Cómo ser más comunista