¿Quién no ha escuchado la opinión o, mejor la letanía, del anacronismo y de lo pasado de moda de la condición de comunista o del comunismo? ¿Quién no ha contemplado o incluso experimentado el reproche de pertenecer a una condición que se anatematiza con el argumento principal del atraso retrógrado y el estancamiento histórico? La ofensiva contra el comunismo es feroz y altitonante sin descanso alguno, y en particular bajo el cínico prontuario enarbolado como estandarte, de acusar a esta condición de algo "obsoleto"; y a los que participan de esta condición, se les rechaza con la obstancia poco conveniente al pragmatismo, de vivir y soñar un mundo decadente en vías de extinción y destinado a ilusos poco inteligentes, en ocasiones con zoila ironía y sorna en grado sólo igual a la estultez procaz de quien esgrime esta sentencia chulesca y matonil. Vemos de entrada que la filosofía de la praxis y los principios del determinismo materialista se utilizan para censurar a los adeptos del comunismo, lo cual es sumamente estrambótico.
Si nos detenemos en analizar con algún cuidado el tipo de majaderos que se arriman a las ascuas del poderoso y se impregnan anhelantes de su sórdida estructura actitudinal y conducta, el "memo" fascistoide o capitalistoide del Opus, que recibe una recompensa en tanto que esbirro o simple postulante a sirviente obediente, no acabaríamos en varios capítulos: tal sería la variedad y la ruindad vil de estas gentes corruptas y sobornadas que viven una vida para dilapidación y disfrute de sus amos ( y estos para su disipación morbosa por fortuna para los comunistas) y perjuicio propio y ajeno; y jocosas las numerosas anécdotas y detalles de estos pervertidos en su afán impotente por denigrar al comunismo. Sin embargo otros esfuerzos más urgentes y placenteros atraen la atención de la capacidad sintetizadora del comunista. Y así me limitaré tan sólo, en estos párrafos, a denotar el carácter señaladamente sempiterno y trascendente del comunismo para la Humanidad toda en cada época y condición, de manera genérica. Soy consciente de que esto provocará la reacción en las mentes anticomunistas y en algunas comunistas. Pero es momento de reflexionar sobre el desenvolvimiento y la acción de los comunistas, al igual que ha sido menester hacerlo desde la publicación del Manifiesto del Partido Comunista o tantas, incontables veces antes...
Hoy en día, principios del siglo XXI, el que denosta al comunismo como hecho pasado, fracasado e indeseado, suele a su vez ser tenido (y laureado), o considerarse, un puntero vanguardista, genuino progresista de facto, e innovador rompeolas de la Historia, en oposición a los "antiguos" "progres" fracasados y olvidados; y considerarse así también en virtud de una ideología o de unas actitudes paradójica y eminentemente originarias de tiempos y formaciones sociales precedentes al comunismo científico, al socialismo, al liberalismo (lo que tuvo de avance social para unos), a la ilustración, al nacionalismo, al modernismo, al humanismo y a todos los movimientos que comportaron al menos parcialmente algún avance para el grueso de la sociedad en situaciones históricas dignas de subrayar. Estos denostadores del comunismo que se afirman en su condición ultramoderna, o posmoderna, y selecta en tanto que "punta de lanza" del avance de los tiempos, anteponen ideas, nociones y expectativas que la humanidad había lanzado al cubo de la basura histórico en innumerables ocasiones. La pútrida Iglesia Católica, el cristianismo y sus demenciales sectas evangélicas, el islam, el judaísmo y el hinduismo, o las religiones alienantes del Extremo Oriente importadas por los altos ejecutivos y los reformistas de Occidente, los cultos satánicos y demás ideologías y sistemas religiosos, son la madeja, la médula, de donde los formadores de opinión y los propagandistas del capitalismo sacan argumentos "nuevos" y pretendidamente acordes con las necesidades aparentemente prácticas de nuestros tiempos más actuales. De estas vergonzosas fuentes milenarias sacan material y basura para recomponer sus sistemas morales y sus estrategias, sus argumentos y modelos de organización, con el fin de difamarse, imponerse y condicionar la psicología colectiva de los subgrupos clasistas de la sociedad capitalista en competencia y, para explotar y dominar las vidas y pensamientos, para confundir las mentes y las conciencias de clase del proletariado a su vez dividido y sin un objetivo fijo que es y debe ser la destrucción del modo de producción capitalista y la clase burguesa que lo disfruta. En esta última función básicamente, es donde los argumentos aludidos, obscurantistas y reaccionarios en lo más profundo de su esencia, se conforman cuidadosamente y sin ahorrar en recursos, para contrarrestar la enorme, sutilísima e históricamente imparable emergencia del comunismo en el mundo.
La más elocuente prueba de que el comunismo gana terreno es la ingente proletarización y precarización de la humanidad como parte de un mundo trastornado por la expansión brutal de los modos capitalistas de orden social. Y esta ingencia masiva de poder en manos del proletariado se traduce de forma casi directa en la necesidad abrumadora de democracia. No hay prácticamente ningún movimiento social mundial de importancia que abogue públicamente por la negación de la democracia; no hay ningún estado del mundo que promueva abierta y públicamente valores contrarios a la democracia: ni el movimiento islamista más retrógrado, ni las monarquías del Golfo más radicalmente tradicionalistas, ni el Vaticano monárquico, ni el Ejército de Liberación del Señor, o los matarifes de los batallones de la muerte o los Estados Unidos como sociedad fanática orweliana y teocracia disfrazada, son capaces de mantener un discurso honesto y coherente sobre sus verdaderos fines, es decir, contra la democracia, y ello por una razón fundamental: porque todos ellos, hoy en día, cada vez más, precisan de unas actitudes al menos en su comparecencia en el ágora y ante los trabajadores del mundo, democráticas. Este elemento democrático es de hecho combatido y falsificado a cada instante por motivaciones contrarias a los intereses de las mayorías asalariadas del mundo (las "oligarquías" como bien dice la palabra son minoritarias, aunque no les quepa a algunos esto en la cabeza). Y engañifas como los datos sobre la "desaparición del proletariado", o del "fin de la clase obrera", o el fin de los asalariados absorbidos por el tipo trabajador cualificado, son parte de ese esfuerzo mayúsculo (junto a la corrupción, el soborno, el chantaje, la coacción y la violencia aplicada) por detener el afianzamiento progresivo de la democracia. Y en este esfuerzo denodado de los propietarios de los medios de lucro y sus adeptos lacayunos a sueldo también, es objetivo fundamental el difundir sin vergüenza alguna la extravagante nueva del fin del comunismo, y de su superación histórica...
Porque el comunismo es, frente a todas esas ideas milenarias, viejas, decrépitas y en el basurero de la historia más pujante, viva y objetivamente vanguardista, la que más define el sentido de la democracia siempre que los explotados sean mayoría en sociedad. Y esto ocurre hoy como en la Antigüedad. Hace más de 2400 años, la democracia ya existía en la Grecia arcaica y clásica, pero no hay burgués o fascista "posmoderno" que se atreva a tachar de trasnochado este concepto político porque es imposible luchar con la energía de miles de millones de trabajadores (y pequeños empresarios agobiados) que precisan la democracia para resistir el embate del capitalismo. El capitalismo, incapaz, intenta salvar lo que puede de la situación mediante diversos medios opresivos, pero se tiene que conformar con frenar las aspiraciones y prioridades más avanzadas y racionales así como peligrosas para su sistema, pero las más apreciadas y benéficas para el proletariado: las que toman cuerpo en la doctrina comunista; pues el capitalismo aún respira y evoluciona refrenando al comunismo y a sus expensas, en virtud de su capacidad aún activa para ello.
Es entonces esto lo que explica la gran movilización global contra el comunismo aún después de disuelta la URSS. El espectro sigue campante por entre las mentes y los estratos más íntimos de la sociedad y exige la reacción opresora del capitalismo para amortiguar su evolución. A causa de este sobreesfuerzo que se recarga sobre la cuenta y presupuestos sociales de los estados y las industrias capitalistas del mundo contra los intereses de los mismos contribuyentes en su mayoría proletarios ingenuos del fraude, podemos observar estupefactos los maravillosos fuegos artificiales que en los medios de publicidad y propaganda tienen hoy en día lugar con más ahínco que jamás: las ideologías retrógradas, religiosas, el espiritualismo, las "ciencias" paranormales, los actos criminales o no relacionados con la magia y la superstición, las actitudes abusivas y esclavistas, la dominación y la perversión sexual, la promoción alienante de la homosexualidad y la prostitución, el subjetivismo idealista hasta en la ciencia matemática y física, las teorías del caos, el antievolucionismo, y una larga lista enervante, llegan al grado de convertirse en objetos de ensalzamiento en los medios públicos privatizados de comunicación, y, cuando se critican estos por la conciencia proletaria aún autónoma, se tacha a los detractores como de trasnochados, apegados a creencias obsoletas y sospechosos de ser compañeros de viaje de los comunistas. "Reaccionarios", se ha llegado finalmente a concluir que los comunistas resultan ser. Y así, los neoliberales toman una vez más, o roban para su enfermiza y débil doctrina, un concepto del socialismo revolucinario de siempre. Esta es la ideología dominante hoy, en nuestros tiempos; la ideología que impulsa y promueve la burguesía, la oligarquía mundial y sus mentes obtusas. Esta es la modernidad, a la que también califican de "post-modernidad", para recalcar su excelencia en la novedad de la época que les identifica como antinomia de la pasada civilización u orden de cosas, o la "vieja" modernidad, la que se anclaba en conflictos que tenían como referente y parte tan denostada por ellos al comunismo. Su salida, diferencialidad, distinción y desentendimiento de esa "vieja" modernidad es tal además que no tiene consecuencia futura ni etapa posterior: no tiene Historia, es la culminación de todos los procesos humanos, el fin de toda evolución esencial ("el fin de la Historia" de la psicosis neo-liberal). Y en esta nueva etapa, las religiones y las formas de explotación y vileza que siempre existieron, forman ya la quintaesencia inmutable e intocable. Por supuesto es un buen momento para aclamar el futuro ahora que una capa superficial pero densa de mierda ha sido esparcida por encima de la realidad. Por mi parte, también lo sería si el comunismo llegase a resplandecer tan nítidamente: entonces quizá hasta los comunistas nos turbaríamos por el deseo de perenne permanencia de nuestras aspiraciones materializadas, aunque lo fueran de manera torticera y espúrea.
Pero esta es precisamente la primera cuestión que ya se ha sugerido: no es inevitable para la conciencia humana llegar a un estado similar al de los neoliberales impacientes y frustrados por ver que el comunismo desaparece de los focos más cegadores de la escena mundial contemporánea. Pues el comunismo ya estuvo desde la Prehistoria con los hombres, y nunca nos abandonó durante la Historia porque tácitamente se irguiera en segundo plano. Y por ello, alcanzamos la segunda intención de esta reflexión: si los neoliberales y fascistas son la acción, las fuerzas vivas de la modernidad, los comunistas somos y debemos ser los más reaccionarios, mucho más que los "reaccionarios" que pretenden estar a la moda y en auge en estos tiempos. Si ellos se arrogan el título de auténticos progresistas y última novedad en las generaciones habidas, nosotros somos por tanto y en congruencia exacta los más retrógrados. Si la burguesía tiene vocación de inventar y construir un mundo totalmente nuevo y original, los comunistas nos ufanaremos de constituir el enganche, la unión inextinguible con el pasado, con lo viejo y lo decrépito, con lo muerto si es necesario, para revivirlo. Pues, en arrogándonos la posición de "ultra-reaccionarios", de estorbo y obstáculo anti-vanguardista de la burguesía y todo su anodino tinglado, estaremos apoyando y creando el instrumento no sólo de resistencia para el avance y socavamiento de la civilización burguesa, que campa ignorante del destino aniquilatorio que de buen grado le aplicaríamos los comunistas, sino también nos convertiríamos en acción independiente y emancipadora sólo sujeta a nuestros intereses y designios, a nuestro destino absolutamente opuesto al de los que sólo buscan nuestro perjuicio y el de la clase asalariada.
¿Quién o qué es por tanto la reacción? Ellos, la burguesía, la clase capitalista y sus servidores, con su visión miope y mezquina de una historia idealmente estancada, anticomunista, que resucita la basura de los tiempos en una macabra exhumación de despojos históricos hoy son la modernidad, lo último. Nosotros, los comunistas, "dos pasos atrás uno hacia adelante" según la fórmula, nos definimos con entusiasmo anticuados, obsoletos, porque no aceptamos las intenciones de los adeptos al capitalismo, ni las relaciones sociales que buscan mantener los burgueses en el nuevo y renqueante régimen social y mundial; aún en el seno de este régimen del que la clase proletaria es parte esencial y clave, nos desviamos de él, esperamos otra cosa de él y esperamos hacer cosas diferentes con él; ni queremos ni podemos acompañarlo bajo la fusta de los privilegiados y, por ello y con dicha, debemos despreciar en público, orgullosos, los ofrecimientos y las falsas ventajas de esta falaz y grotesca modernidad "posmoderna". Y asumiendo esta posición "anti-modernista", "ultra-retrógrada", combatimos y compensamos frontalmente la insidia del capital y su sistema pervertido. Y así y por tanto, en una segunda fase crítica, nos convertimos en los genuinos progresistas, en el alfa y el omega del avance de la humanidad en tanto que clase asalariada en vías de alcanzar su independencia, en piedra maestra de toda toma de iniciativa trascendente y relevante para el mundo, a costa del freno y destrucción si posible, del sistema dominante o del régimen capitalista en expansión y decadencia simutánea. Reaccionarios contra la reacción convertida en modernidad. De este modo es como la línea sempiterna de evolución y pauta objetiva y realista de la estrategia del comunismo en la humanidad y en la sociedad futura se refuerza y se reconduce. Fuera de esta línea de evolución sólo hay bandazos y teoría del caos, mentiras e invasión oportunista de la explotación y comedia de repetición.
Una nota final: si los reaccionarios pro-capitalistas, expoliadores en auge de la modernidad, rescatan materiales de épocas superadas y lo hacen con relativo gran éxito, los comunistas ¿no hacen lo mismo con sus materiales históricos recurriendo a épocas pasadas y obsoletas? Pero no hay que temer el recurrir a esta operación: el rehabilitar las fuentes pasadas del comunismo desde Espartaco o antes, a Mandela (perteneció a una facción comunista del Congreso Nacional Africano y nunca se arrepintió), no sólo supone ejercer una contrabalanza reaccionaria contra la mismísima reacción dominante, sino la superación de todas las reacciones, un esfuerzo por perfeccionar lo sublime a través del refinamiento de esos materiales legados, en sí mismos trascendentes. Superar el comunismo eterno llevará a una forma superior y más avanzada de comunismo (o algo incluso mejor y más próximo al sentido de la naturaleza eterna) y a nuestra propia mejora o la de las generaciones en la brecha creativa. Los instrumentos para llegar al comunismo variarán también necesariamente según las circunstancias, pero lo que se impone en estos tiempos es hacerlo a través de los conceptos legados por los constructores y experimentadores del comunismo, realidad fáctica cada vez más presente, aprendiendo de sus errores, traiciones, aciertos y ventajas; y sobre todo mantenerlos junto con otros aportados, en su forma inmutable, tanto como adaptable y, netamente fortalecidos hasta la anulación de la faz planetaria de las fuerzas capitalistas en oposición, de los amos y señores, de los curas y fascistas, de los burgueses y los reyes que igual de inmutables perduran. Y por ahora el método más eficaz consiste en profundizar, perfeccionar y mejorar los mismos conceptos y estrategias, perfeccionados y refinados en lo posible, que los comunistas científicos nos han transmitido, para que sirvan de apoyo y lanzadera por nuestro propio bien contrastado, y mientras no se descubran medios aún más poderosos y honestos; pero en particular por lo ya dicho: la trascendentalidad que hace que sigan poseyendo el ímpetu revolucionario que generan para innumerables circunstancias que se pergeñan aún por venir, la utilidad y el valor eficiente que hace que en todo momento se vean atacados y desvirtuados por los enemigos o por los listillos revisionistas que sólo persiguen fama y poder. Los capitalistas, plagiadores atemorizados, lo saben bien, lo cual los hace métodos más pragmáticos.____ [Volver.]
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