La feliz culpa del comunismo
Son los comunistas y el comunismo los culpables de todos los errores hoy y en la Historia. Hay que aclarar que esta oración sirve para aquellos que reconocen su existencia, pues como es bien sabido, para otros tantos sólo se trata de una delirante utopía. Aunque claro está no ahorren esfuerzos para erradicar todo reflejo de su existencia, en el pensamiento y en la acción, mediante el dinero y la violencia y por el medio que sea, incluyendo su entrega exaltada a cualquier idolatría y a supersticiones por más ruines que sean, con tal de exorcizar la amenaza siempre existente del comunismo o de la imagen psicótica que de esta cosa conciban.
El comunismo es, en la neurosis de los conservadores, de los enemigos de nuestra clase proletaria, y entre los mismos renegados de nuestra clase entregados a nuestros opositores, un Mal absoluto, un error básico de la Historia, algo que nunca debió suceder, y que incluso, demuestra la culpa bíblica, el pecado original de Adán y Eva en tiempos modernos y la necesidad de la religión rectora tal y como en Occidente, la cuna del comunismo industrial, se entiende. En la faceta más reaccionaria de la religión musulmana, que también recoge el más infame sector del cristianismo e incluso del judaísmo, se disparan estas concepciones en la forma extrema de desviación social de la norma marcada por dios: los comunistas y el comunismo son deformaciones, expresiones dementes del ser humano; pero aún peor, son patologías con un fin y una inteligencia perversa que pretenden anular activamente la jerarquía de extorsión y dominación sostenida por el sistema de clientelismo o de opresión del estado, la nación y la casta. De ahí que el musulmán anticomunista siempre enfatice la maldad mentirosa y contraria a las enseñanzas coránicas por esa vía, sin la parábola del pecado original. En mayor o menor medida estas son las bases que justifican en sus diferentes grados de virulencia la culpabilización de la cosa comunista, y la agresión mortífera contra sus partidarios, cuando estos no pueden defenderse... Los demas críticos y difamadores se intercambian estas nociones bajo otras indumentarias simbólicas o laicas, quizá tan solo con menos ingenuidad y más brutalidad. Los neoliberales anatematizan en función del gran error económico y contra la lógica del mercado libre para el burgués; los nazis, en función de la incapacidad de adaptación al amo y a la resistencia patológica, de nuevo, de los comunistas al orden impuesto y "natural". Recordemos la matanza megalómana de un millón de comunistas en Indonesia en 1965 para contener "preventivamente" la rebelión contra un régimen de imperialistas y oligarquías intermediarias carniceras, donde siglos antes los coloniales holandeses desarrollaran un método aún más degradante que la esclavitud... Ese armazón cognitivo resumido aquí, es lo que a todos estos actores sociales contra el comunismo les sirve de carta blanca para torturar, matar, oprimir, robar y explotar a los miembros de la clase proletaria y a su vanguardia, así como para extender su represión interesada y paranoide al resto de las sociedades aún indefensas ante el totalitarismo ingénito del capital, u otros sistemas como el esclavista (hoy, según los mismisimos Estados Unidos, en auge nunca visto, con 29 millones de afectados).
Al comunismo se le achaca todo: el hambre en Etiopía, la desmembración de España, la opresión de los lituanos, el maltrato a la mujer, el tráfico estupefacientes, el de armas atómicas, el de órganos; la perfidia de los judíos, la decadencia de las buenas costumbres, la pobreza de latinoamérica, la teoría de la evolución, la pederastia, el déficit público, la emigración y el racismo, el aborto libre, la contaminación atmosférica, la muerte de millones y millones de inocentes en gulags, la trata de blancas, la guerra de Vietnam, las de Irak, Jimmy Carter y hasta el deshielo de los casquetes polares o la capa de ozono, o lo "decadente" del cine de Eiseinstein, ¡o incluso de Hollywood!.
Ante esta situación, que sólo ha cejado en intensidad gracias a la desaparición de gran parte de los recursos invertidos en la defensa de los comunistas del mundo con la desaparición del estado soviético en 1991 (por mucho que pesare a la misma nomeclatura dirigente forzada a hacerlo por la inercia democrática del sistema) y la aparente borrachera perceptual con que los burgueses y retrógrados de todo el mundo han creído ganar la guerra cósmica contra el comunismo, se impone de por sí la reactivación del combate desde las posiciones favorables que los nuevos tiempos aportan en favor del comunismo.
En primer lugar constatar que, a pesar de que aparentemente la victoria sobre el comunismo está siendo celebrada como si fuese cierta, con un triunfalismo fanfarrón que especialmente puede afectar a sus promotores por lo que de autoengaño lleva, la realidad cada vez hace más patente el hecho de los grandes esfuerzos, en muchos casos agotadores, que el poder establecido pone en pie para ocultar y aplastar la tendencia neta y potentísima de la clase proletaria a organizarse en torno a objetivos con frecuencia puramente comunistas. El sistema burgués, capitalista, mercantil, y en muchos países feudal también, se enfrenta a contradicciones surgidas de su propio y más íntimo seno que les están llevando a un despilfarro de recursos que, por la parte que respecta al comunismo, nos complace en calificar de satisfactoria. Desgraciadamente, la agresión contra los recursos de la naturaleza está haciendo insoportable esta guerra desde el punto de vista de la ecología humana y de la ecología planetaria. Este despilfarro capitalista irracional amenaza con dejarnos en un mundo comunista pero, a su vez sumidos en la miseria pelada. (Entonces será una necesidad absoluta reorganizar la civilización con lo poco que haya y con cuidado para evitar que el monstruo capitalista despierte, no será el fin tampoco.)
En segundo lugar, a los comunistas nos hace feliz, intensamente feliz, nuestra condición. Los comunistas genuinos creemos estar en el centro de las cuestiones humanas desde el principio de los tiempos. Eso nos hace más humanos, suponemos sin dudar que, más fuertes. Felicidad comunista, pues, frente a "culpa" de los comunistas, que tanto abunda hoy entre aquellas almas que se baten en la ambigüedad izquierdista. Nosotros contrariamente a la propaganda jacobina y socialdemócrata lo desdeñamos, vamos más allá del izquierdismo: el izquierdismo se ha nutrido del comunismo, y, hoy como en origen, del capitalismo. Pero, ¿por qué ninguna culpa tras la gravedad de lo que ha ocurrido en el siglo XX?
De hecho, hay que subrayar muy conscientemente que nos alegramos de las muertes de todos nuestros enemigos de clase: fascistas, nazis, y todas sus escuelas y facciones reaccionarias encontraron en el movimiento comunista militarizado la respuesta, la lección que diría Allende, que estaban buscando desde hacía milenios; por éso, el hecho de haber vivido en el siglo en que la confrontación fue de magnitud tan vasta, nos reconforta con la certidumbre de la proximidad de un mundo ya finalmente dominado por el comunismo. Por supuesto no nos alegramos del sufrimiento de los seres humanos en tanto que tales, ni de aquellos pobres reclutas a los que arrastraron contra sus hermanos de clase con las mentiras, la coacción y el dinero del nacionalismo en la I y II Guerras Mundiales u otras; nos alegramos de su sino en tanto su condición de matarifes y verdugos al servicio de los rusos blancos, los camisas negras italianos, los ton-ton macuts haitianos, o los imperialistas ingleses (los chulos de la reina) y americanos que mordieron el polvo en los cientos de intervenciones mortíferas de los que son culpables para restablecer a los tiranos más despreciables de la diversidad humana. Nos referimos también a esos asesores de los yanquis que con mirada sádica y tecnócrata estaban (y están) presentes en las cámaras de tortura de los regímenes de los cinco continentes para extirpar la lucha de los trabajadores por su autonomía vital: seguro que Mandela o Serfati saben de quienes hablo. De aquellos chinos terratenientes y de sus vasallos feudales criminales que mantenían muertos de hambre a cientos de millones de sus esclavos compatriotas de la china nacionalista, que murieron aplastados por la Revolución Cultural (aunque fuera por motivos indirectos de luchas de poder intestinas) no tenemos ni un ínfimo pensamiento lastimero. Y no es situarse del lado de Stalin o del maoismo: es defender lo bueno que estos órdenes realizaron a pesar de las felonías y traiciones arteras y bien planificadas de esas muchas gentes que pusieron a funcionar su perversión masiva incluso en regímenes comunistas. Pero, por ejemplo: ¿cabe satisfacerse de las muertes del régimen de Pol Pot? Claro que no: cabe satisfacerse únicamente de que aquellas muertes y sufrimientos sin fin de los camboyanos sobrevinieron con el fin de liberarse de aquellos que bajo cubierta de comunismo impusieron un régimen de privilegiados de traje Mao y satelitar de China. La resistencia de los camboyanos contra el genocidio en Kampuchea es la muestra de la vitalidad del comunismo, y, como no podía ser de otra manera, fueron los vietnamitas (un régimen algo más honestamente comunista o socialista) y no los franceses o los yanquis, quienes liberaron a ese país de la represión, por lo demás fraudulenta. Por tanto, donde tantas gentes solamente derraman lágrimas y reproches por la aniquilación injusta ciertamente de los camboyanos, nosotros además honramos el sacrifico y la resistencia indómita e implacable de los camboyanos que intentaron detener con sus vidas a la tiranía anticomunista de Pol Pot y al imperialismo chino antivietnamita.
Es preciso satisfacerse pues, de las muertes de Pol Pot y socios. Hay que lamentar las del pueblo camboyano en lucha desesperada contra la dominación que, como se ha visto hoy en China, no era más que la tapadera del capitalismo bajo esmalte rojo. Pero no hay que desdeñar nunca la energía y arrojo de esos camboyanos comunistas o civiles honestos y asalariados por resistir a la infamia de la tergiversación y de la explotacíón porque eso es la acción del comunismo. Este es el mundo al que nos enfrentamos, un mundo donde la vívora capitalista cambia su piel para engañar si es preciso hasta sumirnos en un laberinto (del que la teoría moderna del comunismo no tarda en sacarnos...) Un mundo de superviviencia donde la tiranía capitalista o feudal muere matando envuelta en fraude, y en el que los que se escandalizan de la sinceridad de lo que aquí se dice, muy seguramente no lo harán sobre los numerosos cadáveres de los ciudadanos civiles iraquíes que la militarucha yanqui tiene en su haber, con depreocupación absoluta de EEUU y amigos, cada día que pasa; como no lo hicieron del millón aproximado de niños que el asedio medieval anglosajón causó a ese mismo país. Nos solidarizamos con el ejército y las familias de los soldados italianos (nos consideramos hijos de Roma) muertos en Irak en un atentado; pero sólo podemos honrar a estos hermanos en su calidad de mártires convencidos de su finalidad humanitaria, o en su posible condición de asalariados llevados por sus obligaciones profesionales neutrales a Iraq a defender los intereses injustos de un gobierno oligárquico. Nunca podremos compadecernos de los que invaden otros pueblos para el pillaje, y menos en nombre de otro condotiero más poderoso.
Los comunistas estamos al frente de los cambios y del afianzamiento de la Civilización. Es tiempo de recordar esto a los que pretenden nuestra desaparición física o imaginaria. Sean sus paladines musulmanes o católicos, o hindúes, estamos enfrentados al capitalismo de manera frontal, y todos los medios democráticos y comunistas a nuestro alcance deben ser utilizados contra esta forma de explotación y abuso contemporánea, por mucho que el capitalismo signifique bajo ciertas condiciones un avance social: los comunistas nos declaramos herederos del capitalismo. Cuando nuestros enemigos no existan los comunistas seguiremos aquí en la tierra, como al principio de la Humanidad, inextinguibles. No nos interesa la culpa sino su eliminación y aquello que lo produce injustamente. Los que osan enfrentarse al Movimiento comunista deben acarrear con las consecuencias de tratar con seres humanos de alto potencial, con entidades que surgen incesantes de lo más intrínsecamente vital de la Naturaleza.____ [Volver.]
¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!