¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!
Destacado crítico literario, musicólogo,activista político
de primera línea, publicista y agudo analista de las relaciones de
Occidente con el Mundo Arabe, E. W. Said, estadounidense de origen palestino,
nos dejó anteayer a los 67 años de edad al no poder superar
una larga enfermedad que no le arrumbó en su tarea por alcanzar la
concordia y la justicia en el conflicto israelo-palestino, que es un conflicto
entre el imperialismo mundial y los pueblos sojuzgados por él. Los
buenos parecen tener más dificultades para alcanzar una edad avanzada
que los indeseables que pueblan este mundo con tanta profusión. Said
incluso había fundado una gran orquesta de jóvenes israelitas
y palestinos para demostrar que la convivencia era posible. Sus ímprobos
esfuerzos por mantener un equilibrio racional de comprensión y cooperación
entre los intereses y las actitudes muchas veces reaccionarias de la sociedad
general de EEUU (país del que era nacional) y los de los árabes
y palestinos en Oriente Medio eran dignos admiración y en ocasiones
enternecedores por lo desesperado. Escribió sin descanso y difundió
su mensaje en numerosísimas conferencias en vivo para difundir su racionalidad
y su formación de auténtico experto y hombre de compromiso por
la solución práctica de un problema ingente como el que puede
que desencadene una mayor desgracia mundial en el futuro. Era un hombre de
terreno, que hacía uso del método etnográfico, que gustaba
de estar entre las gentes que más sufrían de Palestina, en medio
de las manifestaciones de las Intifadas, en los dramáticos entierros
de los mártires de la represión, en las chabolas de los campos
de refugiados, pero también en los más prestigiosos foros y
universidades del mundo, dando la cara con ideas muy sofisticadas y bienintencionadas
sin por ello dejar de ser realistas y molestas para los explotadores y los
cerebros cómodos. Recibió el Premio Príncipe de Asturias
recientemente y se presentó en persona a recogerlo, a pesar de su leucemia,
para aprovechar una vez más una tribuna donde fomentar la atención
hacia un proceso que está matando a la humanidad contemporánea
poco a poco. Pero E. W. Said nos deja algo más que la pasión
incansable por la justicia y el progreso de la civilización. Desde
la publicación de su obra fundamental o más influyente, Orientalism
(1978), las cosas empezaron a cambiar en la ciencia social y el sempiterno
pecado y la estupidez etnocentrista de los occidentales sufrió otro
afortunado duro golpe: favorable tanto para las civilizaciones orientales
como para nosotros los occidentales preocupados por la eficiencia científica
y los hechos genuinos. En efecto, el respeto por la verosimilitud científica
se vio beneficiado por las posiciones críticas radicales, exageradas
e incluso dudosas, pero necesarias para la reflexión y la reordenación
de los paradigmas de representación de las relaciones Occidente-Oriente.
Gracias a Said se comprende un poco mejor por qué unos pueblos, lejos
de ser incapaces de progreso, no pueden superar las relaciones de dependencia
a pesar de un esfuerzo letal por ello, y por qué los países
árabes están en una situación especialmente subrayable
al respecto. Said es imprescindible en el estudio de los fenómenos
del orientalismo y de los problemas de Oriente Medio (los nuestros), y en
la antropología social avanzada, y así lo demuestran las infinitas
citaciones de sus trabajos en la prensa científica. Sin bien nosotros
no estamos tan predispuestos a la condescendencia con las posiciones de la
sociedad norteamericana respecto al conflicto de Oriente Medio como E. W.
Said, nos reconocemos plenamente en ese objetivo que al final del camino no
puede ser más que la auténtica solución: la integración
de los pueblos para crear una armonía superior, como en su gran orquesta.____
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