s
¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!
![]()
Concepto de la URSS en Adolf Hitler. Bien es conocida la actitud ideológica genérica de la burguesía y los regímenes hegemónicos de las máximas potencias industrializadas del mundo contemporáneo. Se trata de la burda actitud que asimila el orden implantado en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) con el estado hitleriano del nazismo, particularmente aquella actitud engañosa que vincula estrechamente URSS y comunismo, y estos dos conceptos con nazismo. Pero ni siquiera la insidia de la resistencia capitalista rusa de las primeras etapas post-revolucionarias, ni mucho más tarde de M. Gorbachov, ni la reacción parafascista del estalinismo, ni la irresponsabilidad de los grupúsculos izquierdistas autoproclamados trotskistas, han sido capaces de deformar completamente los socavados remanentes del comunismo como fundamento de la URSS. Estos rescoldos a duras penas mantenidos por el empeño heróico de los comunistas honestos y por la vanguardia de la clase asalariada en todo el mundo incluyendo los países del "socialismo real", han sido la diana preferente de los ataques hacia la URSS desde su fundación, pasando por el líder máximo de la contrarrevolución europea y mundial, A. Hitler, hasta la actitud de los asimilacionistas encuadrados en el sistema ideológico imperante de siempre.
Mientras que la influyente facción más integrista de la ideología capitalista y de las oligarquías que dominan los países más ricos de la Tierra experimenta dificultades cada vez más obvias para evitar desnudar por completo su preferencia y glorificación del nazismo y justificación del régimen hitleriano, o dificultades para no romper esa “correcta” y consensual homologación con el “comunismo” exponiendo abiertamente su apego por el nazifascismo, los burgueses, buracracias y aparatos propagandistas moderados aún son capaces de mantener un respeto jurídico e ideológico hacia el movimiento comunista actual, obligados primeramente por su temor a caer bajo la égida de su facción más decrépitamente conservadora, y, segundo, en razón de la fuerza que ejerce la clase obrera o asalariada en general con sus votos y opiniones por la permanencia libre de la ideología y el activismo comunistas. Ideología que, no se debe olvidar, en su fiel configuración científica y marxista, proclama aún imperturbablemente a pesar de todos sus detractores y obstáculos, dicho sea de paso en comunión absoluta con esta publicación electrónica digital a día de hoy (14 de diciembre de 2005), lo siguiente: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. (...)” Karl Marx, Federico Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Han sido insumos aunque hueros los intentos de prohibir el pensamiento, la actividad comunista en las repúblicas más liberales, por muy auténtico peligro de carácter democrático que resulte para el orden capitalista desde los siglos XIX, XX y ahora en este milenio. Los últimos detractores han surgido en el Parlamento Europeo por parte de mezquinos eurodiputados de los fascistizados nuevos países de la Unión Europea; pero se recordarán igual de ridículas iniciativas en la Asamblea francesa durante los años noventa, campañas como las del “Libro negro del comunismo”. Todas estas iniciativas no hacen más que denigrar a sus autores, y se asemejan a esos intentos siniestros y fracasados de las leyes ultrarreaccionarias que enajenaban de su nacionalidad a los partícipes de las Brigadas Internacionales españolas en Holanda o Suiza hasta hace poco, o la prohibición del Partido Comunista de Alemania (1956) hasta que el pueblo mismo lo llevó a la legalidad y fue reconstituido (1968), sin hablar de la persecución homicida durante el mismo nazismo y también durante la República social-demócrata de Weimar, o la represión anticomunista centroeuropea de los años 20 con cientos de miles de ejecuciones y asesinatos, etc. Lógicamente, el neofascismo de la “Nueva Europa” no comprende su propia historia, mucho menos la de Europa occidental, si bien esos estados perviven atemorizados por la inmensa y tácita amenaza para su endeble poder que resulta de un conflicto social irreductible que acaba retornando incesantemente al ámbito del comunismo; estados atenazados por la contradictoria exigencia de más capitalismo y explotación para salvar el crecimiento de unas economías mercantiles caóticas y profundamente injustas, que no tienen más remedio que reproducir la necesidad de políticas sociales y de comunismo. Estas burocracias y sus sirvientes y cualquiera que meramente asimila el comunismo con el nazismo y el fascismo evidentemente pretenden la erradicación del comunismo, y no consiguen otra cosa que calzar las mismas hormas que el nacional-socialismo, introyectar la ideología del fascismo y perpetuar los anhelos y coordenadas cognitivas de A. Hitler y sus aliados y adláteres. De hecho no aspiran a un eventual “social-liberalismo” o a la perpetuación del orden cardinal actual más que como mal menor y concesión al socialismo y al comunismo; no esperan el desarrollo del "estado social de derecho", sino a la salvación precaria de su status quo actual acosado por el socialismo; en sus expectativas reales, los menos ingenuos aspiran a la recta imposición de algo encaminado al nazismo, incluso cuando se definen como centristas: alguien sugirió muy acertadamente que el nazismo es el radicalismo de centro. Los que igualan comunismo y nazismo hoy en día y en todas las épocas desde la aparición de estas doctrinas como reacción a la democracia popular y social crecientes a finales del XIX, tienen por designio emplearse a fondo y quemar parte de sus bienes en una cruda rivalidad social para la opresión de las mayorías (e incluso de sí mismos en pos del beneficio), con tal de que esta inversión concluya en la desaparición de la tentativa de los asalariados y subyugados por emanciparse del parasitismo de las clases dominantes; con tal de que tenga por consecuencia el derrumbe del sistema inmune de los trabajadores para con sus lastres jerárquicos. “¿Por qué permitir el comunismo si no se transige con el nazismo?”, plantean constantemente los burgueses más conservadores y los neoliberales y acólitos. Ciertamente, si el comunismo no existiera, los parásitos capitalistas vivirían en una Utopía fantástica reaccionaria, en el Reino de Jauja capitalista, no precisarían de esfuerzo, pena ni coste alguno que destinar a la aparatosa y molesta lucha de clases, al apaciguamiento de los trabajadores, a desmontar sus motines o sus planes racionales, organizados y efectivos de emancipación; en el paraíso estrambótico de los capitalistas, los asalariados ni tan siquiera exigirían salario, aceptarían de buena gana cualquier exacción, sonreirían bajo el látigo, sus órganos corporales y su sexo se pondrían a la disposición de la salud y del gozo del superior y sus vástagos en rango sin rechistar, sin protesta ni renuencia; y quizá en las épocas de crisis productiva y de catástrofe natural acrecentadas por el despotismo colérico de unos amos de inteligencia mermada por su incapacidad para sustituir el libre genio de la clase trabajadora, acabarían implantando la antropofagia. Sin embargo y dado que el comunismo existe, late y se presiente omnímodamente (comprendo la paranoia de los enemigos del comunismo), es categórica la urgencia por erradicarlo del mundo, entre otras maneras, a) alcanzando el acuerdo democrático de los diversos partidos y la aquiescencia servil y masoquista de las clases laboriosas de la UE, en forma pareja a como ocurrió en la Alemania de los años 20-30, b) mediante la imposición autoritaria de la burguesía y parte de la ciudadanía sobornada (EEUU), y c) mediante la violencia fanática dictatorial e hiper-explotadora del nazismo en una alianza de clases burguesas, pequeñoburguesas, lumpenproletariado y burócratas. Estas circunstancias parecen ilusas y muy lejanas en la UE, pero, parafraseando a los fundadores de la URSS, los comunistas debemos estar dispuestos a trabajar en la clandestinidad, en especial en los momentos en los que la democracia está más desarrollada y su curso se acelera, más justos resultan los valores sociales que impone y, más genera problemas serios a la continuidad del régimen mercantil y al parásito burgués. Con la intención de ayudar a demostrar la verdadera identidad de quienes asimilan comunismo y la URSS con el nazismo, más lo que se ha argumentado arriba, y para más descrédito de los que se reconocen en esa ecuación, se transcriben estas frases literales de Adolf Hitler: “Alemania tendrá que ser considerada, como siempre, el centro de la lucha del mundo occidental frente a los ataques del comunismo”; En relación a los dirigentes de la URSS: “(...) una banda internacional de criminales judeobolcheviques inciviles”; En cuanto a la URSS: “(...) el mayor peligro a que se hayan enfrentado la cultura y la civilización de la humanidad desde el derrumbamiento de los Estados del mundo antiguo”. Extraído de la obra de Laurence Rees, 2005, Una guerra de exterminio. El autor del estudio añade que junto al odio ideológico abrumador que el lider nazi profesaba hacia la URSS, también pretendía el genocida el exterminio de los eslavos, con una mayor tasa de natalidad, por su temor a verse superados en número y absorbidos; los eslavos eran para Hitler “una raza inferior que se reproduce como las sabandijas” (L. Rees). No obstante, estas aspiraciones están más interconectadas de lo que aparentan; sólo hay que recordar que Alemania estuvo a punto de ser un aliado trascendental de la URSS a raíz de la Revolución soviética de Alemania entre 1918-23, que fue la clave de la posible revolución socialista o comunista en Europa, la clave de la unificación de Europa bajo las fuerzas revolucionarias del comunismo triunfante en Rusia. Tampoco hay que olvidar, como hacen muchos "historiadores" que el período revolucionario no acaba con la formación del Gobierno de coalición de Scheidemann en Waimar ni con el aplastamiento de la República Soviética de Baviera en 1919, sino con la represión de la insurrección de Hamburgo, la invasión de la Cuenca del Ruhr por tropas aliadas, la supresión de los gobiernos socialistas-comunistas de Sajonia y Turingia, y finalmente, el "putch de Hitler" en 1923. Así que en el trasfondo del odio racial seguía patente la aversión trascendental al comunismo, al que Hitler había combatido en persona en primera línea (en 1920 Hitler anuncia el programa de su partido). La revolución comunista era la cuestión clave por la que se temía entre la reacción europea una fusión de las repúblicas soviéticas eslavas y germanas, y ulteriormente de Occidente bajo el régimen triunfante del proletariado. De ahí la alusión de Hitler a Alemania como “centro de la lucha del mundo occidental”, el vértice, la clave del combate contra el comunismo. El nazismo (junto con el social-chovinismo traidor del SPD en la República de Weimar) constituyó ciertamente un monumental instrumento para aplacar el avance del comunismo, un perfecto instrumento para la salvación de las potencias occidentales capitalistas europeas; y sus aspiraciones y métodos aún continúan disponibles en la reserva del capital liberal y “avanzado” de Europa y las potencias capitalistas para servirse ante cualquier amenaza de comunismo genuino. Ni tan siquiera el estalinismo y todas sus distorsiones tergiversadoras y violentas han constituido un instrumento tan eficaz y rápido en el desbaratamiento del comunismo genuino.
Los cripto-nazifascistas que se disfrazan de centristas, moderados y modernos pro-sistema esperan exactamente lo mismo que el feudal ministro de Hitler, Rosemberg: "la idea misma de la Unión Soviética debe quedar borrada del mapa" (ver L. Rees). Los que asimilan comunismo y nazismo son los que imponen el claro e indecente chantaje político del nazismo como solución al comunismo, coacción sofismática y tautológica, sin solución real para los oprimidos ni matiz final distintivo para los privilegiados que reclaman la prohibición y extinción del comunismo, puesto que el capital tiende siempre al régimen más tiránico y totalitario de explotación social si no se halla el contrapeso, antídoto y ofensiva que es el comunismo llevado honestamente hasta sus últimas consecuencias.___ [Tesauro.] [Portada.]
____________