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¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!
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"Tribuna anticomunista". Algunos analistas o "historiadores" han criticado severamente desde el principio, y todavía lo hacen, al Gobierno surgido de la la Revolución soviética de 1917 por su decisión de reimplantar la pena de muerte poco después de haberla derogado (quizás el primer estado moderno del mundo en hacerlo), lo que han denunciado como una prueba de la verdadera naturaleza "totalitaria" del comunismo. Estos detractores no explican cómo una Revolución acosada de modo violento en todos los frentes y por las mayores potencias del mundo (una docena: EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, etc.), un país que acumula, en el momento de la Revolución, un desgaste de cuatro años de guerra mundial imperialista, y al que se fuerza a dos años largos adicionales por el la alianza del capital internacional más poderoso del momento, las legiones extranjeras reaccionarias y la aristocracia interna, enloquecida por la pérdida de sus propiedades y privilegios y armada con los equipos tecnológicamente más avanzados de la industria bélica de la época, cómo un país y su estado en estas desesperadas circunstancias, pueden hacer frente a una agresión tamaña sin causar mortandad al feroz enemigo en su autodefensa. Sería extraño que una guerra que causó entre los revolucionarios 900.000 vícitimas, hubiera podido "ganarse" sin las 500.000 bajas que el nuevo estado infligió al rival. Como mínimo, mantener en estas condiciones de abierta beligenrancia la abolición de la pena de muerte, sería una hipocresía típica de la mentalidad política burguesa. La guerra civil fue declarada por la oposición zarista a los bolcheviques en los primeros meses de 1918. El "terror blanco" se aplicó sin piedad contra los bolcheviques: una forma frencuente de aniquilar a los soviéticos, jóvenes obreros y campesinos enrolados en el Ejército Rojo, era la muerte en la hoguera, quizá queriendo imitar las prácticas ejecutorias y terroristas habitualmente practicadas a gran escala por la Iglesia Ortodoxa Rusa, en el zarismo, contra los endemoniados "sectarios" (herejes). Lenin en persona no escapó al terrorismo y sufrió un serio atentado en agosto de 1918, a manos de una militante eserista partidaria de la beligerancia de Rusia - en la Gran Guerra imperialista y carnicera que el nuevo régimen se negaba a continuar porque costó millones de muertes al pueblo ruso. En septiembre, el Gobierno revolucionario declaraba en respuesta el "terror rojo". Lenin, en algún lugar dice que, si la oposición burguesa hubiera querido negociar en su momento con el poder surgido en los soviets, hubiera obtenido muchísimo más que con la guerra civil, pero que, si su estrategia era la guerra y el terror, respondería con más terror aún. Los enemigos del comunismo, desde entonces (y aún antes de que los bolcheviques llegaran al poder, como lo demuestra las matanzas de comunistas en el verano del 17 por el Gobierno Kerensky) no han hecho más que exaltar la actitud defensiva de la Revolución para afearla grotesca y falazmente. Las cifras arriba expuestas son las que ofrecen los historiadores "oficiales", los que se tienen por más autorizados; cifras que aclaran que, a pesar de las amenazas disuasorias del Gobierno legítimo revolucionario, la sevicia carnicera de los blancos y ocupantes reaccionarios o anticomunistas en general fue extraordinariamente mayor, doblando la represión soviética. El detalle de la disuasión no es baladí: con motivo del asesinato del embajador alemán por una facción de social revolucionarios, el Gobierno germano conminó a que se ejecutaran en masa a los culpables con la amenaza de pasar a mayores si no obtenían satisfacción. Entonces, parte de Rusia estaba bajo su ocupación. El Gobierno bolchevique ejecutó a los pocos perpetradores directos del crimen, fingiendo haber fusilado a cientos más, que en realidad fueron perdonados. Léase la famosa orden que Lenin expide a las autoridades encargadas de la represión de la contrarrevolución, con la que el anticomunismo pretende exaltar los sentimientos de compasión hacia las vítimas del comunismo, y desmostrar la malignidad del excepcional líder marxista. Su conocimiento y divulgación ha de llenar, sin embargo, de honor a los comunistas, porque muestra fehacientemente que el régimen socialista perseguía la justicia, así como la necesidad inexcusable de la lucha activa y honesta en legítima defensa contra los poderosos (y no sólo como teoría utópica y cínica con que engañar a las gentes humildes), y como medio de protección de las clases sociales subyugadas hasta la Revolución. En ella está meridianamente claro qué fines busca y cuáles son los enemigos a aniquilar. Ninguno de ellos es pobre, indefenso, paria o persona vulnerable o marginada, ni oprimida de ninguna manera. Por el contrario, son terratenientes influyentes y potentados contrarrevolucionarios que se niegan a desistir en sus prácticas abusivas y reconocer la voluntad democrática: "11 VIII 1918 Send to Penza To Comrades Kuraev, Bosh, Minkin and other Penza communists Comrades! The revolt by the five kulak volosts must be suppressed without mercy. The interest of the entire revolution demands this, because we have now before us our final decisive battle "with the kulaks." We need to set an example. 1) You need to hang (hang without fail, so that the public sees) at least 100 notorious kulaks, the rich, and the bloodsuckers. This needs to be accomplished in such a way, that people for hundreds of miles around will see, tremble, know and scream out: let's choke and strangle those blood-sucking kulaks. Telegraph us acknowledging receipt and execution of this. Yours, Lenin P.S. Use your toughest people for this." ¿Quién teme el contenido de esta carta? Quien se identifica con el orden de opresión y parasitismo de los poseedores contra los desposeídos. Quien defiende un orden de abuso y extorsión contra los campesinos y trabajadores, quien cree en las guerras imperialistas, y en que el pueblo mayoritario no puede prescindir de amos esclavistas y tomar las riendas de su destino. Aquel que se horroriza con el contenido de esta carta lo puede hacer por la crueldad de la realidad de la guerra y la lucha de clases. No puede escandalizarse por mirar de frente un acto de justicia y supervivencia contra quienes hasta ese momento se han conducido, durante siglos, cual ogro despótico e inmisericorde. Lenin demuestra inteligencia y compasión incluso en la guerra y la retorsión contra los poderosos y enriquecidos déspotas del viejo régimen que aún se resisten con las armas en la mano; nótese cómo incide en la función disuasora y publicitaria de la ejecución con que evitar más conflictos y muertes. Los burgueses y explotadores varios horrorizados por esta carta, no comprenden que ellos se defienden por lo usual de manera más vil, asesinando marginados y aprovechándose de los desvalidos y empobrecidos para guardar e inflar sus haciendas. Cuando lanzan esta carta a los cuatro vientos con la idea de convencer a las clases trabajadoras de que los comunistas son perniciosos, no comprenden que los asalariados más conscientes y racionales, acabarán desternillándose de su propósito de tiranos fatuos e ingenuos y dándole la razón a Lenin. ¿Llegará el día en que los anticomunistas se muestren abatidos por los crímenes que han comentido el capitalismo y los demás órdenes sociales jerárquicos en la historia? ¿Dejará algún día el sistema convencional de valores de tomarse a sorna y como un hecho natural, y hasta normal, el que los déspotas de todos los tiempos y latitudes hayan torturado y masacrado sin recato para lucrarse al igual que lo hace respecto al comunismo? ¿Por qué la violencia del comunismo provoca tanta ofensa y los asesinatos de los demás sujetos de la historia no? Parece que la sangre y el sufrimiento de los explotados vale menos que la de monarcas y magnates. A los soviéticos, en toda su historia, se les suele atribuir, por los más furibundos anticomunistas y lerdos, ¡hasta 100 millones de muertes!... Pero en el censo imperial de 1895 los habitantes de Rusia no alcanzan los 100 millones. Y 21 años después rondan los 110. Las mantanzas zaristas de 1905-8, la mortandad de la Gran Guerra, la Guerra Civil e intervención extranjera (1918-1920), el Holodomor (1932), las purgas anticomunistas de Stalin (1932-38) y la Invasión nazifascista de las potencias del Eje (25 millones de muertes registradas hasta la fecha) todas sumadas, suponen un número tan elevado de muertes que es matemáticamente imposible sostener la cifra de 100 millones de víctimas sólo achacables al comunismo soviético. Si, imaginariamente, los comunistas, hasta la II Guerra mundial hubieran exterminado sólo a 50 millones de habitantes, sumados a los 25 millones de los nazis, en 1953, año de la muerte de Stalin, el número de habitantes de la URSS hubiera arrojado el resultado de, como mucho, 50 millones de habitantes. Pero en 1961 las gráficas arrojan unos 218 millones de habitantes en la URSS... Si entre 1953 (ó incluso 1945) y 1989 se hubiera eliminado al resto de los 100 millones que el anticomunismo zafio atribuye al comunismo, en la década de los noventa hubiera sobrevivido, a lo sumo, una veintena de millones de habitantes, en un país de más de 22 millones de km2 (equivaldría a menos de medio millón de habitantes por cada unidad de superficie del tamaño de Francia, país que cuenta con unos 70). Pero en realidad, hacia el fin de la URSS en 1991, la población de la superpotencia era del orden de 300 millones de habitantes, casi el triple que en 1917. Es sin embargo, y muy al contrario, la depresión capitalista impuesta fraudulentamente desde 1991, la que está socavando alarmantemente la demografía rusa postsoviética, con unas pérdidas de más de 700.000 habitantes por año. Stalin luchó (aunque mal) contra la invasión del nazismo y venció; pero no pudo ahogar del todo la todavía potente inercia popular procomunista en sus tiempos, la cual no le toleró una vuelta brusca al capitalismo o al fascismo, tan en auge en los años 30. Hubo víctimas con ideas y actividades anticomunistas o no comunistas durante el estalinismo, no obstante, fueron muchas menos que las infligidas a los millones de comunistas conscientes y más prominentes aniquilados para lastrar el socialismo en la URSS (incluso incluyendo el Holodomor, en el que bastantes víctimas fueron represaliados comunistas ucranios). La mayoría de las víctimas anticomunistas y, o antisoviéticas, fueron nazis, cosacos, ucranios, diversos grupos caucáseos, tártaros y demás grupos étnicos específicos en alto grado colaboradores con la invasión germana y deseosos de restablecer los privilegios del feudalismo. Por otra parte, Stalin llegó a incorporar a bastantes oficiales zaristas en el Ejército Rojo tras sus purgas, y a muchos anticomunistas zaristas e intelligentsia tradicional en el PCUS en sustitución de los proletarios exterminados. Los religiosos y trabajadores, y los “vagos” que ejecutó el estalinismo, lo fueron más bien por su cercanía a los grupos de resistencia comunista contra la reacción contrarrevolucionaria del estado en manos del carnicero estalin. Pero los vencidos, como todo el mundo sabe, no tienen derecho a explicarse, y menos cuando se utiliza su sufrimiento vilmente para arremeter contra la realización objetiva de aquéllo por lo que murieron, el comunismo. Se suele identificar a Mao con la autoría de 40 ó 50 millones de muertes violentas o intencionales. Pero en tragedias como el "Gran Salto Adelante" confluyen multitud de causas, reconocidas hasta por organismos internacionales, que no están vinculadas básicamente con la violencia política, sino a la mala gestión y planificación, la climatología adversa y las consecuentes malas cosechas, la escasez de infraestructuras y, el peso de la concepción particular del comunismo por parte del sector campesino mayoritario en China, en detrimento del comunismo urbano e industrial: el primero convertía en una obsesión el avance inmediato del mundo agrario, omitiendo los pasos intermedios, es decir, sin disponer antes de los recursos técnicos industriales indispensables. Matanzas posteriores como las de Pol Pot, tienen mucho más que ver con el nacionalismo antivietnamita camboyano, y el anticomunismo de la burguesía camboyana, que se hizo con el timón de la revolución para sobrevivir al socialismo que, en avalancha popular, se cernía sobre todo Asia. Pero también los EEUU y otras potencias occidentales ayudaron en la faena anticomunista y antivietnamita alimentando al régimen oligarca del Angkar. Las masacres de Pol Pot comenzaron precisamente con la aniquilación de los comunistas camboyanos provietnamitas del este del país, que intentaron demostrar el fraude de la facción de jemer roja en el primer momento, antes de la toma de Phnom Penh en 1975. También China respaldó a éste último genocida de comunistas, asalariados urbanos, técnicos y campesinos convertidos por los jemer rojos en menos que parias, con el fin principal de perjudicar a Vietnam y, algo menos, promocionar su paradigma estaliniano, bastante anticomunista y retrógrado, o el proyecto del "comunismo" campesino autárquico (es (decir, aislamiento productivo, genéricamente, lo contrario de comunismo), ideado por el régimen de Mao con el objetivo de marginar a la oposición que, curiosamente, tenía su vanguardia en el comunismo urbano e industrial de metrópolis cosmopolitas como Shangai. Enfáticamente, EEUU y potencias aliadas, además de China, fueron los últimos aliados de Pol Pot, pues el comunismo provietnamita era mucho más popular y genuino en Camboya, incluso a pesar de que los crímenes masivos atribuidos al comunismo ya habían sido aireados con profusión en el mundo: los filmes de Rambo de la época tienen como enemigo a Vietnam, y significativamente, no a Pol Pot, a pesar de que fueron los vietnamitas los que liberaron Camboya del sanguinario déspota sólo cuatro años después de su toma de poder, en 1979. No fueron los EEUU los que redimieron al pueblo camboyano, superpotencia que se limitó a explotar hasta el delirio anticomunista las masacres del régimen genocida, con el único interés de hacerlas inherentes al marxismo, de desacreditar el "comunismo"... mientras que la Administración Reagan con su programa de "ayuda no letal" sostenía al maníaco impostor al frente de los jemer rojos; un tipo, Pol Pot, que afirmaba ser la reencarnación de Stalin, Hitler y Pinochet... Los EEUU tilizaron a este maníaco aliado como un títere unos lustros más, manteniéndole como amo de la oposición armada al Gobierno reconocido de Camboya, hasta bien entrados los años 90, es decir, como jefe de la guerrilla antivietnamita, hasta que sus mismos colegas de armas debieron ejecutarle, colmados por sus arbitrariedades sanguinarias, bastante después de que fuera conocida la hecatombe de mediados de los años 70. La República Socialista de Vietnam, apoyada por la URSS y por el Frente Unido de Kampuchea (comunistas camboyanos), no sólo derrocó y descubrió al mundo los desmanes del Angkar y los "khemers rojos", sino que impidió militarmente y con ayuda de todo tipo, durante 10 años (1989), que Pol Pot retornase al poder, el cual seguía activo parapetado en las selvas de un íntimo aliado de EEUU... Tailandia. Ello a pesar del alto coste para Vietnam en las tres invasiones de su territorio por parte de China en 1979, 1981, 1984: decenas de miles de víctimas fue la consecuencia de tal acoso a Vietnam por su decisión de acabar con el verdugo Pol. El programa del "amigo" Pot, en los hechos, fue el de un capitalista neoliberal: adaptar todo el país al monocultivo arrocero para competir mejor en un mercado globalizado, sin trabas sindicales ni resistencia de la fuerza de trabajo, exprimida sin límites -hasta la muerte- en el interior por un estado al servicio de la empresa. Esto no es comunismo; estas prácticas tienen el nombre de "acumulación capitalista", liberada de impedimentos y animada por el estado... y el nombre de "división internacional del trabajo". Los economistas convencionales lo saben bien. Hay que regocijarse de que en su derecho y afán autodefensivo, el comunismo internacional, indefectiblemente perseguido ubicuamente, tanto por manifestar sus fines, o en cuanto alcanzaba democráticamente el poder o estaba cercano a él, y también allí donde no existía democracia ni derechos políticos, haya procurado a la humanidad el respiro que significa la aniquilación de algunos millones no sólo de anticomunistas, sino de reaccionarios, feudales, esclavistas, nazis, religiosos fanáticos e inquisidores, aristócratas, caciques, verdugos, racistas, sicarios, espías de la clase asalariada, serviles, esquiroles, terratenientes, magnates, tiranos, autócratas, sultanes, zares y monarcas, carniceros militaristas, patrones sanguijuelas, especuladores, sádicos, nepotes, capitalistas y comerciantes sin escrúpulos, tratantes de droga y seres humanos, proxenetas, zorras, pederastas, ultraliberales darvinistas, fascio-izquierdistas, chovinistas, saqueadores imperialistas, satánicos, mafiosos y tanta otra basura deshumanizada. Desde que unos cuantos millones de estos perecieron bajo el sable de la Justicia del comunismo el mundo no puede ser otra cosa que un poco mejor, incluso para los capitalistas cuya perversidad se ha domesticado con tanto esfuerzo, para así no atraerse excesiva animadversión de una sociedad planetaria mucho más sensible a la locura de la explotación del hombre por el hombre. Lo más llamativo es que los comunistas siempre repelieron, cuando pudieron y en defensa propia, a sus insidiosos agresores, por lo que éstos, en su avaricia y saña infinitas, encontraron un castigo proverbial. Muchos verdugos se han vuelto histéricos al no soportar la "insolencia" de los comunistas que no imitaban a Cristo y ponían la otra mejilla o que excitaban su más inmoral resignación con el opio evasor y anestesiante de la religión.... Pero, lo único que hay que lamentar es que, para derrotar a cada déspota, se hayan sacrificado tantos buenos comunistas y gentes modestas, mucho más valiosas que toda esa zurrapa burguesa y anticomunista en general. Las revoluciones cuestan mucho, demasiado, pero son inevitables porque si no, el género humano se hubiera estancado en la antropofagia desde eones atrás, y los explotados, igualmente y de todos modos, hubieran fenecido en el estercolero de la historia, para mayor gloria de los amos. USE introduce en su Glosario la referencia a “Tribuna anticomunista” o “Memoria”, porque es un buen pretexto para que los comunistas y cuantos se acercan con curiosidad al comunismo y al marxismo entiendan, primero, que los comunistas deben enorgullecerse de que, al menos algunos de sus camaradas, así que eran perseguidos por sus realizaciones justicieras, hayan extirpado en la medida de lo posible a semejante hez del planeta; y segundo, que la mayoría de los muertos que en esa página se mencionan son víctimas del anticomunismo, que gran parte de ellos son comunistas o simpatizantes caídos por defender sus vidas como honrados productores que quisieron zafarse del régimen asalariado y realizar el ínclito proyecto del socialismo (no el del traidor nacional-socialista del catedrático J. Droz) o el comunismo. Y que, por mucho que pinten de rojo a sus verdugos, es decir, a sus espías e infiltrados, mercenarios y pérfidos colaboradores y oportunistas, realmente autores de la mayoría de los cadáveres que exhiben ahí ufanos; o a pesar de que intenten convertir a los muertos en píos anticomunistas o en inocentes "individuos libres" o "mártires de la libertad", arroyados después por la “maldad opresora" del "comunismo", no conseguirán destruir la verdad en sí, para sí, la que conocemos los que tenemos que luchar cada día desde las trincheras de los oprimidos contra las bestias opresoras desde hace generaciones: que esos muertos y torturados, en Rusia, China o en Latinoamérica son las víctimas, el resultado asesino de la furibunda desesperación de los reaccionarios por acabar con el comunismo y los comunistas. Ni siquiera adoptar el disfraz de comunista fanático les servirá a los burgueses para aniquilar la inercia imparable del comunismo. El comunismo científico emergió en el siglo XIX para quedarse, en unos periodos con más protagonismo, en otros con más discreción, pero sobrevivirá miles de años más. Los burgueses y sus esbirros a sueldo tendrán que apurar mucho el fraude, y cada vez justificarse más ceñidamente imitando y falsificando los principios del socialismo, para alcazar a introducir confusión y desvío del fin de una sociedad sin clases sociales privilegiadas. La página que se refiere aquí es parte de la comedia, de aquella opereta maquiavélica que inventara Stalin a gran escala en lo que respecta al comunismo, cuya fórmula es: volver contra los demás las acusaciones que le son achacadas a uno mismo. Los anticomunistas no pueden evitar, tras la eficacia mostrada por estrategia del estalinismo, tergiversar de esa manera el comunismo, y éste debe representarse atroz, porque cuanto más ignominiosamente exornado, más espanto y persuasión anticomunista inducen a los estólidos. De igual modo que más paranoia, impele más sensación de amenaza comunista en el ambiente y, por consiguiente, más negocio preventivo, y más motivos para agarrotar el torno del parasitismo de los tiranos y despojadores. Por lo demás, la atrocidad que se desplaza al comunismo sólo es localizable en las propias filas de los detractores del comunismo. Una atrocidad necesariamente abundante en su máximo horror en el propio sistema capitalista, un sistema de expolio del prójimo, explotación inmisericorde, competencia ciega y destrucción banal, todo por beneficio y dominación, por avaricia mercantil. Para socavar el comunismo no hay mejor astucia que dividir las fuerzas de la misma clase burguesa: una parte ocupada en torturar y matar en nombre del anti-comunismo, y otra disfrazada para aniquilar en nombre del "comunismo"... y atribuir los efectos horripilantes de este mismo mecanismo binario de represión anticomunista en esencia... ¡al comunismo mismo! El fin es perfecto en teoría, ya que siempre pierden los comunistas genuinos y, en la ejecución de la maniobra, los burgueses dan rienda suelta a su sadismo criminal a la vez que expolian. Esta táctica también tiene sus fracasos, como cuando se atestiguan charadas estrambóticas del tipo exhibido por "Memoria". El comunismo como sumidero de las maldades del mundo actual dominado por el capital y el neoliberalismo; ésta es la idea de publicaciones y propaganda como "Memoria". Un mundo en el que el comunismo es la causa del sufrimiento de los mortales, pero en el que, sin embargo, son los capitalistas (vestidos de rojo o con frac) los que disfrutan de los valores, bienes y ventajas, y los que para conseguir o mantener sus prebendas y arbitrariedades, tienen que sembrar aberración y tropelías sin fin. ¿Culpas de este orden de iniquidades? Para eso está el comunismo, al que han comprado con su dinero estafado a los asalariados y otros desgraciados, para lavar sus específicas culpas -así es como intrigan estos atormentados psicópatas. Ciertamente, los contenidos de la "Tribuna anticomunista" son tan fatuos y sandios que sugieren la autoría de perspicaces activistas comunistas, encubiertos y empeñados en provocar el efecto contrario al que literalmente aspira el sitio web. En definitiva, la visita a esta burda página tiene la sana virtud de reafirmar a sus visitantes (yo diría que a cualquiera por ignorante que sea) en el comunismo. CR. ___ [Volver.] |
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