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El mito común de la descendencia
En el “mito común de descendencia”, Anthony D. Smith (1995) trata de alcanzar un significado sustancial y genérico que dé cuenta de todas las situaciones en las que opera el mecanismo o concepto del “mito común de descendencia” en los grupos humanos y en la constitución de la etnicidad sobre bases racionales. Sin embargo, el reproche que cabe hacer de su síntesis es doble: por un lado su empeño en dejar fuera del mecanismo motivos “clasistas” o jerárquicos, de dominación entre categorías sociales en el seno del grupo étnico sin razón aparente, y por otro e incongruentemente, su contradicción cuando racionaliza en términos materialistas, o al menos utilitaristas, el fenómeno del mito común de descendencia, habiendo excluido ya previamente la posibilidad de que este mecanismo se afiance sobre elementos de división y conflicto de intereses sociales.
La “descendencia (común)” en la génesis de la etnicidad y en relación a las importantes funciones que la confiere, es para Smith lo que para muchos antropólogos y estudiosos del fenómeno resulta ser: un elemento activo e importante en la organización social, una poderosa fuente de cohesión social e interés común (I. M. Lewis, 2003). Un medio de autodefinición y guía de la acción colectiva, que llama “mitomotor” (“mythomoteur” ), i. e., la elaboración de mitos representativos del grupo étnico, a partir de motivos basados en interpretación y atribución de sentido, comunicación y movilización colectiva, así como de aspiraciones satisfactorias (1995: 24-25). A partir de una necesidad, la de obtener valor y recursos de la ordenación de la organización del grupo, podemos coincidir plenamente con Smith en esta noción de descendencia común y de “mitomotor", pues es coherente con una visión materialista, e incluso dialéctica, pues incluye de manera manifiesta el autor la frecuente posibilidad de que los productos del fenómeno mitomotor sean conflictivos entre sí (id.: 25). Esto último hace pensar de nuevo en la incoherencia de Smith al mostrar interés por excluir las relaciones de clase y de estratificación de entre las experiencias de las sucesivas generaciones de un grupo étnico. Más aún cuando parece que Smith hace alusión a las relaciones de clase (junto con el regionalismo) como realidades más alejadas de la generación de la etnicidad que la emocionalidad o la “conciencia”; se podría pensar que Smith considera accidentes muy obvios para la percepción de la experiencia de los hombres las relaciones de clase o el regionalismo; pero también se podría pensar que en la concepción smithiana de la etnicidad, experiencias tan fácticas como las relaciones de clase no son obvias. Es más adecuado remitirse a este respecto pues Smith apunta claramente a la oposición entre la experiencia cognitiva de tipo objetivo y, por otro lado, la experiencia emocional y estética, mítica, de la formación de la identidad étnica y del mito de la descendencia común.
Por tanto, no queda aclarado en Smith cuál es la razón de que las experiencias surgidas de las relaciones de clase (directamente percibidas o derivadas del conocimento racional) se tengan que excluir del instrumento mitomotor. Pues es notorio, como nos demuestra la historia por ejemplo del siglo XX, que las experiencias de clase social y sus conflictos pueden ser una experiencia tan abrumadora e irracional, emotiva, estética, directa y mítica como cualquier otra que sirva de “mito-motivo” en la formación de la etnicidad, y no sólo un derivado del análisis científico o racional: la experiencia de la estratificación social reúne todos los requisitos para convertirse en objeto de mitificación identitaria. En todo caso si Smith sugiere la opción de categorizar a las experiencias de clase social como resultantes de una elaboración científica o cognitiva, etc., tampoco explicaría consecuentemente la razón para esta categorización.
En el materialismo marxista no hay siquiera contradicción en concebir el instrumento mitomotor como categoría clave de la infra-estructura social del grupo étnico, además de como factor clave superestructural con importantes repercusiones en la estructura social, con tal de que forme un recurso o entidad integrada en las relaciones sociales más relevantes e implicadas en la reproducción de un sistema social. Así, la ciencia contemporánea en cuanto que un mito potente y resultado de la acumulación generacional que conforma un ingente “accidente” o entidad en el equilibrio de fuerzas de las relaciones humanas tanto desde su dimensión infraestructural como superestructural. Sin embargo, nunca será un factor estructural con autonomía de acción y relación, y nunca puede de por sí tomar iniciativa de transformación ni adaptación, lo cual está reservado al equilibrio de fuerzas y al régimen que tiene lugar y se constituye entre los hombres. Además, hay que recordar que el marxismo se arroga intereses analíticos importantes en las cuestiones de la “falsa ideología”, la “alienación”, el nacionalismo como acción política “interclasista”, es decir, aspectos de la psicología colectiva más coherentes con las nociones estéticas y emocionales, subjetivas, que dan contenido a la identidad y al mito basado en la descendencia según el autor.
Finalmente, los marxistas más ínclitos (el mismo Lenin, cuando argumenta sobre la posibilidad de revolución proletaria en una sociedad como la rusa, frente a lo que muchos piensan prejuiciosamente) reconocen que no todas las formaciones y modos de producción habidos en la historia de la humanidad se han caracterizado por la confrontación de clases sociales y ni siquiera por la existencia de estratificación digna de tal nombre. ¿Si reconocían esto, por qué no van a reconocer que los símbolos, sistemas ideológicos y creencias de esos pueblos, estaban orientados a otros objetos y mito-motivos que no fuesen los clasistas? La cuestión fundamental de los marxistas inteligentes y coherentes no ha consistido nunca en anteponer con su método científico el “dogma” del conflicto de clases en la comprensión y análisis de la sociedad por mucho que en las sociedades del siglo XIX, XX y XXI sea y cada vez más lo sea el factor clave, sino de describir la sociedad en términos instrumentales, deterministas (sic.), dialécticos y materialistas. Por ello mismo, y en contra de Smith, la experiencia del conflicto de clase social en la etnicidad debe considerarse central para las sociedades adecuadas a esta realidad, independientemente de que dicha realidad no denote una coordenada genérica del concepto de “mito común de descendencia”. [Antropología-sumario.]
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