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UNION SOVIETICA EUROPEA


Actualizado: 11.07.2005· Año III
Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.
(U. S. E)

¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!


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La farsa filojudía del antisemitismo occidental

JUDAISMO

(Madrid, lunes/11.07.05) Una argucia pérfida se esconde en la aproximación radicalmente simbólica del nuevo racismo antisemita occidental que apuesta y alaba al sionismo más recalcitrante y al Estado de Israel en sus formas más hostiles y despóticas. Los racistas hoy como ayer impregnados de un profundo menosprecio por el pueblo hebreo, han mutado sofisticadamente su actitud para hacerla opaca y aparecer como admisible a la opinión pública contemporánea antirracista y ante las críticas exigentes que en Europa y Occidente desde la post-guerra se han constituido en referente supremo de la política y las ideologías triunfantes sobre el nazismo que tanto perjuicio causó al pueblo semita. También persiguen su desesperado intento por perpetuarse en el poder con sus valores y esquemas doctrinales conservadores y retrógrados, aprovechando el interés que los EEUU y el RU mantienen vivo desde principios del siglo XX por mantener un Estado aliado, de la religión que fuera pero fiable, en la zona cercana a los pozos petrolíferos, antes también cercanos al área de influencia del "monstruo" más denostado, la URSS.

El racismo, hoy escondido en las intrincadas anomalías cognitivas del pensamiento simbólico, de la ambigüedad calculada del discurso ético y político, al contrario de lo que se podría pensar en una primera consideración lógica, sublima fanáticamente el derecho del Estado de Israel a su existencia e incluso a su expansión sin límites; adora y ensalza cualquier manifestación social o cultural del judaísmo, como tal e independientemente del mérito, como un don universal comparativamente más valioso que el de ningún otro grupo étnico. No hay que olvidar que grandes hombres, de gran mérito y valía, pertenecieron al grupo étnico judío, que destacaron en las ciencias y en la política, que algunos de ellos fueron ínclitos filósofos que nos iluminaron con su agnosticismo o su materialismo, que contribuyeron al progreso de la humanidad y en la construcción del socialismo. Por ello, esta publicación no tiene más que palabras de agradecimiento al pueblo judío y a ese grupo de notables adelantados que en mayor número relativo a otros grupos étnicos, aportaron al progreso del conjunto de la humanidad. Sin embargo, este valor acumulado está siendo utilizado, precisamente, como excusa para la adulación de cualquier maniobra que se imponga en nombre del pueblo judío. Es dicho valor acumulado la tapadera perfecta para camuflar el odio que el antisemitismo occidental cultiva hacia los hebreos desde hace siglos. Al ensalzar el judaísmo, los culpables y racistas, los nacionalistas y chovinistas de siempre en la faz de la tierra, y en particular en Occidente, pretenden desdibujar su odio ruin y traidor hacia los judíos.

Las razones son varias; entre otras: su religión, la católica o la cristiana en general, permanece como fundamento de sus normas y no pueden negar que sus evangelios condenan abierta, absurda e injustamente a los hebreos; los ultranacionalistas detestan el universalismo del pueblo judío y su dispersión mundial, así como el comercio global que han ayudado a desarrollar; los nazis culpan a los judíos de la decadencia de su (repugnante e inexistente modelo) de raza aria; y los fascistas y supersticiosos de todo el mundo señalan a las cabezas más despejadas y librepensantes del judaísmo de la transformación del mundo, de la revolución y del comunismo. El nuevo adulador de los judíos acalla estos objetivos en su conciencia y en su expresión, y en vez de reafirmarlos como una adquisición positiva, prefiere relegarlos e inclinar su atención a las grandeza abstracta de los judíos como pueblo renombrado, al sufrimiento mártir de su experiencia en el holocausto nazi, o a la fuerza militar y nacional del Estado de Israel. De esta manera, lo que más significan los pseudo-admiradores de los judíos en nuestros días, es una proyección tosca de sus valores más íntimos en tanto que conservadores sobre un pueblo tercero que, en definitiva sólo les sirve, funcionalmente, como aliado y guardián de la zona estratégica del petróleo y como policía opresora de otros pueblos, los árabes, a los que, de paso, se los separa artificiosamente como pueblo NO-semita con el fin evidente de separar y debilitar más a la categoría de pueblos que consideran inferiores y molestos, incluidos, bajo la mentirosa cáscara adulatoria, los judíos.

La mutación de los antisemitas hoy es también, contradictoriamente y hasta cierto grado conveniente, la de reconocer la vinculación con Occidente, la modernidad y el progresismo de los judíos, su cercanía a los valores y costumbres occidentales. Se celebra por estos traidores la similaridad y al mismo tiempo la particularidad llena de interés y exotismo de los hebreos. Si al árabe se le reprocha su estólido empecinamiento prejuicioso en evitar el cerdo como alimento, al judío no se le tiene en cuenta. Si el ramadán se denota como costumbre feudal antiproductiva impropia de la modernidad, al judío no se le hace comentario alguno porque observe el sabbat de manera rigurosa y a escala nacional todo el año. La lista es enorme. Pero, lo más importante a subrayar es que, el modernismo que se le atribuye al judío se hace general a todos los judíos, sin pensar en su escuela religiosa o sub-étnica, el sector o la historia; y en especial, no se indaga, se excluye por completo, la indicación del tipo de modernidad en la cual los judíos han destacado: hay que repetir que es la ciencia, la filosofía racional, el socialismo, y ello, para muchísimos de los retrógrados convertidos al filo-judaísmo a la moda dictada por EEUU, es un tabú pecaminoso de primer orden.

Los judíos deberían permanecer alerta al margen de las coyunturas, puesto que hay sospechas de que la tendencia actual a estrechar las amistades entre el conservadurismo europeo y occidental y la cultura judía, incluido el Estado de Israel, cuya existencia defendemos, podría tratarse de una alianza engañosa y provisional, sólo destinada a destruir en un plazo histórico más amplio, las raíces del mundo semita. Una vez separados y debilitados los pueblos semitas más relevantes (árabes y hebreos), la alianza con las potencias occidentales se diluiría sin más.

En España, un país con una triste experiencia histórica antisemita, los sectores más reaccionarios y ultraconservadores siempre han retenido en sus doctrinas un anti-judaísmo radical de lo más indigno y vergonzoso. Líderes como el ex-presidente Aznar (falangista en su juventud) o propagandistas de una miscelánea de neoliberalismo, de nazismo y de otras causas parejas ultraderechistas, como Jiménez los Santos o Eduardo Serrano, se han transformado a la islamofobia y al anti-arabismo, a la vez que han abrazado la causa del sionismo (sin tener mucho que ver con el asunto), y son extremistas en su exaltación del Estado de Israel en su versión más reaccionaria. Estos sujetos fueron en su día, y según se sostiene en esta reflexión también hoy continúan siéndolo, anti-judíos convencidos y temerarios negacionistas del holocausto nazi. Se sostiene en este texto que desde el auge del neoliberalismo en el mundo y la entrada de España en contacto con la internacional conservadora liderada por EEUU, la mutación hacia el filo-judaísmo se ha convertido en la estrategia dominante; una conversión que es absolutamente superficial y engañosa, y que tiene un claro sentido táctico de apoyo provisional a la "infantería de choque" que es Israel en la lucha o explotación más urgente contra el mundo árabe por parte de Occidente. El anti-judaísmo de estos personajes y de sus seguidores continúa latente y bien anclado en su reverso ideológico, por el motivo más elemental: siguen siendo predadores clasistas del peor género, los racistas. Para que despierte y se desvele el verdadero fin de estos nazi-fascistas de Europa o EEUU, será suficiente con la circunstancia propicia por la cual una crisis económica de grandes dimensiones junto con un Estado racista haga prioritaria la exacción de la comunidad hebrea o la categoría de judíos para obtener fondos con que pagar sus despilfarros y mala gestión. Si los otros semitas, los árabes, no pudieren pagar con sus recursos, la torva mirada de los nazis occidentales se dirigiría hacia el judaísmo internacional. Los judíos deberían estar alerta en su frente interno también.

Los judíos más genuinos y preocupados por su bienestar son los que habrían de barruntar con más astucia y empeño el movimiento social que en Occidente se está fraguando a través de la mismisima trabazón de amistades y lealtades con la reacción europea y norteamericana. No entran en esta categoría de hebreos aquellos oportunistas que, sirviéndose de la cruzada anti-árabe actual, se infiltran en las filas de las familias, comunidades y diásporas migrantes hebreas para obtener una recompensa en forma de poder político, o ya sea en forma de parcelas de terreno allanado a los habitantes de Israel o Palestina ocupada. Estos no merecen el calificativo de "judíos", pues no son más que parásitos de las circunstancias, anglosajones conversos al hebraismo para a costa de pobres campesinos expulsados medrar y perpetuar negocios imperialistas de las grandes potencias occidentales y de grupos de privilegiados judíos sin escrúpulos que inconscientemente son receptores del odio violento de los desheredados. Estos pseudo-judíos, a la menor oportunidad, cambiarán sus expectativas y obediencias en detrimento de la nación o la comunidad judía.

El Estado de Israel como consecuencia a este ponzoñoso proceso de burla pérfida e infiltración, nos haría un favor a todos los antifascistas si mantuviese intactas y operativas, e incluso potenciase, sus instituciones secretas y armadas, sus fundaciones y centros de seguimiento e investigación sobre las actitudes y movimientos de los grupos y criminales antisemitas, sean del origen que sean, pero, en particular, aquellos que se vinculan a ideologías racistas y nazi-fascistas con grandes caudales o medios, sean caucásicos o semitas mismos, o musulmanes o católicos o evangelistas. Debe denunciarse el peligro que amenaza con cada vez más probabilidad y evidencia a la población semita mundial, cuando las organizaciones y las ideologías colectivas de Occidente y asimismo dentro del igualmente confundido mundo musulmán, están acusando y agrediendo a gentes cuya condición pretendidamente "biogenética" es la de semita. Israel, sus instituciones públicas, erigidas sobre la promesa solemne de que el Holocausto no se repetiría jamás, son las más comprometidas en la lucha activa contra el racismo antisemita; su legado no debe desfallecer y debilitarse en razón de la estabilidad que su Estado ha alcanzado o por la lejanía histórica de un régimen que no está claro no pueda volver a resurgir de una manera más virulenta aún.

Nosotros pedimos al Estado de Israel que mantenga la vigilancia y la protección de los semitas frente a las alimañas que predican la esclavización y aniquilación de millones de personas cuyos ancestros común son Abraham, Sem y Cam. Reconocemos que el Estado de Israel está equivocado gravemente en aquello que no es esencial a su legitimidad: la opresión de otros pueblos, la defensa de los intereses de las potencias imperialistas o el abandono de los ideales directores del socialismo que otrora fuesen cruciales en la edificación de la nación judía, hoy secuestrada por el mercantilismo neoliberal. Sin embargo, y aunque insuficientemente, el Estado de Israel es útil y ejerce de faro luminoso para la humanidad, pues aunque solamente sea en nombre de la memoria de los abominaciones inefables que se perpetraron a causa de la proliferación del nazismo y el fascismo en el mundo durante el siglo XX y de los pogroms del XIX y desde mucho antes, los judíos han obrado prudentemente al salvaguardar su celo y medios de combate contra aquellos que osan siquiera incorporar una idea antisemita en su proyecto político en dondequiera que sea por todo el orbe.

Hay que rogar por ello al Estado de Israel para que se digne a excluir de su camino otras tentaciones políticas que les aparte de invertir sus energías en combatir rigurosa y eficazmente a la canalla racista que en el mundo contemporáneo está atreviéndose a levantar cabeza. Los hebreos pueden traspasar las dos barras azules, las líneas fluviales de su confinamiento que de hecho sufre dentro de sus mezquinas fronteras ganadas con la represión expoliadora y la vergüenza de muchos de sus ciudadanos; su presencia tradicional y notable se ha extendido durante siglos más allá del Neguev, hasta Marruecos por el Occidente, hasta la India en Oriente y no deberían renunciar a vivir en paz fraternal con los otros pueblos semitas con los que ya compartieron sociedad y territorio por derecho desde hace siglos. Si Israel o la comunidad judía mundial, esta última mucho más consciente y comprensiva, continúan transigiendo con la guerra intestina que les devora, los árabes en su decadencia arrastrarán a los mismos hebreos y estos desaparecerán entre la violencia impasible de sus enemigos jurados occidentales supremacistas. Si en vez de infligir daño a cuenta de los poderosos estados, cenáculos y fariseos del mundo occidental el Estado de Israel pudiera redimirse de su culpa y malvada concusión, tomar posesión de su auténtica autonomía, si se atreviese a liderar la lucha contra el odio hacia la condición y la sublime civilización semitas, no cabe duda de que una gran parte de los que hoy desesperan ante tanta injusticia entre pueblos hermanos percibirían un renacimiento en Oriente, y sin compulsión de terceros, ganarían la recompensa del favor hondamente agradecido de la deuda para quien se considera el salvador, la encarnación de un nuevo mesías.____[Portada.]

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