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UNION SOVIETICA EUROPEA


Actualizado: 20.03.2004· Año II
Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.
(U. S. E)

¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!


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use@useuropea.org
PAGINA MOHAMED T. B.

Despotismo ofuscado, conciencia de clase reforzada

Los reaccionarios derechistas del Partido Popular, perdedor de las elecciones españolas del 14 de marzo, han digerido muy mal su derrota. Más allá de la posición oficial impecable de la posición formal de este partido político frente a los vencedores, la maquinaria de reacción está puesta en marcha y la propaganda es ideológicamente muy compacta entre todos los que secundan a este partido. Se acusa de cobardía a los españoles por haber sido amedrentados por la masacre de Madrid: de hecho la cobardía sólo proviene de los que se doblegan ante la superpotencia mundial de Estados Unidos y su frente anglosajón; las presiones de Australia, Reino Unido, EEUU y otros aliados se están sucediendo para que el Partido Socialista triunfador de las elecciones, retire su promesa fundamental de retirada de un escenario caótico en Iraq. Vemos de nuevo que aún bajo estas presiones, el pueblo trabajador de España no claudica, como sí tienden a hacer todo el sector social parafascista del país. Los reaccionarios acusan a los votantes progresistas de obedecer a terroristas como los que se han entrometido con sus atentados masivos en el proceso político y electoral interno de España. Se dice que quien ha votado influido por el atentado del 11 de marzo le hace el juego a Bin Laden y que por tanto son sus colaboradores indirectos o incluso conscientes.

Sin embargo, los únicos culpables de colaboración con el terrorismo, son los oligarcas, gentes acomodadas y afines al Partido Popular, los habitantes de los barrios privilegiados y seguros de España, los cuales han rendido estultamente sus flancos más vulnerables (los de la masa trabajadora) a la perfidia de las potencias aliadas de EEUU convirtiendo a los más desprotegidos en la diana de la violencia extranjera. Los ricachos y sus lacayos votantes del PP, los patrones derechistas y sus empleados traidores de clase que con sus rentas y recompensas se apartan de los transportes públicos de la gente modesta y de las urbanizaciones obreras de la capital, no son los que han recibido el castigo correlativo a su activa voluntad por arrastrar a la guerra a las gentes más desfavorecidas del país. Los auténticos colaboradores del terrorismo no son los que votan a un partido que propone decidir democráticamente cuáles son nuestros enemigos y las formas de combatirlos. Los genuinos colaboradores del terrorismo de Al-Quaeda son los políticos del mundo y de las potencias occidentales que mantienen regímenes y despotismos orientales, pagan, informan y forman a los dictadores y energúmenos políticos que anegando a sus pueblos en sangre arrancan toda posibilidad de socialismo y democracia y después se vuelven contra sus progenitores para redimirse de la dominación (pues ellos tampoco pueden escapar de su propia condición miserable dentro del sistema capitalista que apoyan); son aquellos que como EEUU dirigieron, instruyeron y armaron a Bin Laden, son los gobiernos como los del PP en España que traficaron hasta hace pocos años con Saddam Hussein. Los auténticos colaboradores del terrorismo son los estados occidentales y sus políticos, familias, oligarquías y empresarios que erigen camarillas para mantener estados aliados sobre la voluntad democrática de sus pueblos sobre sus recursos; y que tras imponer sin escrúpulo alguno su interés y negocio, solventan sus diferencias mediante el terrorismo clandestino o la agresión imperialista (terrorismo de estado) sobre las cabezas de los asalariados de todos los países. El terrorismo tiene su origen básico siempre en los contenciosos entre los estados y gobiernos, o dentro de los estados y sus facciones: el terrorismo es ajeno a la clase proletaria. Ni siquiera el terrorismo romántico nacionalista o anarquista de los siglos XIX y XX está desvinculado totalmente del estado y sus más siniestras conjuras. Por consiguiente, el único voto favorable a Bin Laden es el que se otorga a los partidos favorables a la intervención en Oriente Medio; el terrorismo es su producto automático, la consecuencia inevitable, pero además, es el pretexto que blanden estos partidos para ilustrar insidiosamente su régimen de intervención extranjera continuada y de control de la ciudadanía y de imposición del nacionalismo sobre la clase trabajadora como instrumento de agresión imperialista (externa) y de perpetuación y autoprotección oligárquica en el estado (opresión interna). Los partidos imperialistas y nacionalistas como el del Partido Popular precisan constantemente de la amenaza terrorista y del circuito infernal de la retorsión para gobernar a su favor. Si mañana Bin Laden desapareciese físicamente, una nueva estrella del terrorismo les sería imprescindible para continuar su infinita cruzada y su función vengativa. Quien rompe este circuito se libera de su dominación fraudulenta.

Los fascistas españoles, frustrados por el masivo apoyo de la ciudadanía mayoritariamente asalariada de España por cuanto pierden sus objetivos de convertir el poder en un instrumento al servicio de su clase social privilegiada para explotar y acaparar más la riqueza que ellos no producen, expresan su ruindad ideológica intentando deslegitimar a millones de votantes que ante una situación de vida o muerte, prefirieron no abstenerse por más tiempo. Más de 2 millones de votos fueron obtenidos así por el PSOE victorioso, relativo a más del 9% de reducción de la abstención. Esto demuestra que la mayoría del voto de abstención y del nulo pertenecen a la clase proletaria más consciente de la imposibilidad de que los partidos de izquierda puedan obrar políticamente en defensa sustancial de sus intereses de clase. La izquierda tradicional sólo puede atraer el voto de los trabajadores más condescendientes con la propaganda engañosa de los grandes partidos y sobre todo por el temor a que el poder sea ocupado por partidos más reaccionarios (el "peor de los males"). Esta vez, la amenaza de la victoria reaccionaria del PP era tan terrible que muchos votantes socialistas que se abstenían decidieron apoyar la democracia y la salida del Gobierno beligerante pro-yanqui de Aznar. Con ello se está operando en España una concienciación muy intensa de la clase asalariada del país, pues se advierte la capacidad de acción política y benéfica que la unidad de clase trae a favor de los mismos trabajadores. Se ha convertido en usual la consigna que mucha gente repite cuando se dirige a los líderes socialistas votados: "no nos defraudéis", que remite a la desconfianza que un PSOE en anteriores legislaturas causó por su traidor sometimiento al capital. Una concienciación de clase como la que se observa hoy en España va a traer consecuencias, pues la oposición deja asomar su disgusto y resentimiento, así como las bases ideológicas de su estrategia y actitud ante el movimiento obrero que ha propiciado que el PSOE gane las elecciones y lo mantenga bajo observación. Un indiscreto ejemplo el de la ministra en funciones Pilar del Castillo, que se refirió a la victoria de los socialistas como desprovista de legitimidad, al haberse obtenido con los votos de un sector de la población que normalmente no ejercía su derecho. El argumento, con independencia de su absurdo talante anticonstitucional, conduce a presupuestos ideológicos fascistas centrados en el voto censitario y en la república de los notables. Los trabajadores asalariados no útiles ni encuadrados en organizaciones corporativas adeptas al estado oligárquico no entran dotados de credencial participativa en el esquema cognitivo de estos políticos y sectores sociales reaccionarios. Toda prudencia política nos lleva a barruntar que los círculos más inteligentes del sector reaccionario de España están tramando una línea de represalia ante el desbordamiento de la participación e influencia política de la clase trabajadora sobre el estado. Los círculos fascistas y los propagandistas afectos al PP ahora plantean argumentos revisionistas muy sospechosos para deslegitimar y devaluar el resultado de las elecciones del 14: pretenden que los resultados de las votaciones no son válidos por haberse verificado a tres días del sangriento atentado y que la conmoción social, emotividad y la sobreabundancia de información han ofuscado y obnubilado el raciocinio de los votantes, con lo que la repetición de las elecciones en unos meses sería lo justo y recomendable para elegir con más "libertad" y templanza... Pero estos propagandistas fascistas y oportunistas no recuerdan que fue el mismo Partido Popular el que recomendó fervientemente la participación masiva en las urnas como respuesta democrática al terrorismo; tampoco nos recuerdan que las propuestas del primer día para aplazar las elecciones, a las que se sumó esta página, no estaban motivadas por la imposición del estado de excepción y el aplazamiento indefinido o de meses de las elecciones hasta asegurar la victoria del PP; sólo tenían la intención de clarificar lo ocurrido, es decir, de dar más tiempo a las investigaciones que debían indicar la autoría del atentado que todo el Madrid asalariado y modesto exigía conocer: "¿quién ha sido?" fue la consigna repetida una y mil veces al Gobierno por los manifestantes y víctimas para obrar en consecuencia. El Gobierno ahora en funciones se negó a aplazar las elecciones previsiblemente, además de por el temor de convertirse en inductor de un estado de excepción antipopular (recordemos los antecedentes en España del golpismo), por el temor quizá a que un período de tiempo mayor de polémica sirviera para desvelar responsabilidades y concentrar más las acusaciones sobre su gestión belicista de la alianza con G. Bush, y por tanto obtener peores resultados en un proceso electoral que se hubiese degradado aún más.

En las actuales circunstancias, el mayor peligro vendrá del tácito sabotaje de la economía española: mediante el sistema empresarial y la clase burguesa intentarán organizar la resistencia en el tejido productivo del país hasta hacer insoportable los parámetros económicos españoles. Un medio particularmente efectivo y ya operado es la corrupción de la casta dirigente socialista por las fuerzas financieras del país. Este es un mecanismo inevitable e íntimamente ligado a la dinámica estructural de los estados en los que se enfrentan intereses de clase opuestos, y en especial como los que ha desatado una agresión contra la clase trabajadora española por parte de los nacionalismos de la Alianza y el islamismo belicoso.

Finalmente queremos en USE subrayar el renovado ímpetu alienante con que la derecha en general está intentando presentar la confrontación entre el terrorismo islámico y las potencias occidentales. La hipótesis de la "confrontación entre civilizaciones" se quiere diseminar como explicación de los conflictos y la amenaza que pende sobre las poblaciones del mundo. Desde este lado "cristiano", el mundo oriental e islámico es el enemigo irreconciliable por motivos de estilos y creencias. En Oriente, la reacción islamista pretende hacer creer que los occidentales son enemigos por el mero hecho de su forma de vida, religión o ateísmo. En USE opinamos que la única confrontación estructural con más alcance transversal, diferencialidad identitaria trascendental es... la cultura del proletariado, el socialismo y el comunismo. El choque de civilizaciones según lo estipulado por Huntington desde la era de Reagan y Thacher, recuérdese, no es más que un ardite para confundir a los trabajadores de cada nación o alianza de naciones para enfrentarse entre sí y hacerlos gravitar férreamente sobre el eje de cada estado-nación contra los otros por algo que iguala a todas estas sociedades: la confrontación por la apropiación de capital y los medios de producción en un estricto sistema capitalista. Sin embargo nosotros, a diferencia de los capitalistas y nacionalistas islámicos o cristianos, pretendemos el derrumbe del capitalismo: por éllo ambos entes equiparables son fieros e inmisericordes enemigos nuestros, del socialismo, del comunismo y de la clase obrera organizada, como nosotros deberíamos serlo aún más de ellos (de contar con los medios).

Una vez desaparecida la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el mundo ha ido degenerando hasta convertir zonas relativamente muy pacíficas de la Tierra en un campo de batalla para la agresión, el temor y el abuso. Esta es la gran aportación de los que festejaron la disolución de la URSS y aún hoy (aunque menos) siguen justificando el perverso status quo mundial actual frente a cualquier ventaja que el régimen soviético pudiese aportar. Los neofascistas, con un cinismo repugnante y dañino, aún ante la evidencia del caos y la miseria que han provocado no cejan en su obcecación y llegan al extremo de cohonestar abiertamente (sic) el terrorismo islámico y el odio contra Occidente que ellos alentaron y promovieron y financiaron y armaron en terceros aliados ultraconservadores, como un mal necesario ante un "mal" aún más perverso: el comunismo de la URSS. No es preciso especular apenas por lo tanto para plantear las tesis que aquí ventilamos sobre la conexión sutil y velada (a veces en cambio descarada) entre terrorismo islámico e internacional y partidos y gobiernos de corte parafascista. Sólo hay que recordar las poco aireadas relaciones entre la familia de Bin Laden y los Bush. Tras haber contribuido en la dislocación y depresión de la URSS, cuya existencia era la clave de la estabilidad y el recato del capital al abuso extremo en la esfera global, ahora observamos primeramente la Rusia de hoy que en el pasado fuera inspiración civilizadora y de progreso máximo, convertida en fuente de exportación de prostitución y mano de obra científica cualificada para el servicio doméstico de las burguesías occidentales; desindustrialización, desigualdad social, crimen organizado, guerras y terrorismo se abaten sobre Rusia y el antiguo campo de los países del Este. Oriente Medio está intervenido directamente por los anglosajones en una operación de recolonización que parece obra de dementes, y hoy, a un año del falso fin de la guerra, 600 marines han perdido la vida, otros cientos de británicos, españoles, italianos, etc., y más de 10,000 civiles iraquíes se amontonan en la pirámide de inmolación al dios del capital; esto a sumar a las infraestructuras pulverizadas, cientos de miles de desempleados, terrorismo etc., mientras los virreyes déspotas militares extranjeros que ofrecen ruedas de prensa hablan de la "mejora de la calidad de vida" de aquellos a los que fanfarronamente dicen haber "liberado" y que vemos en las televisiones morir en explosiones terroristas como nosotros el 14 de marzo. No es necesario seguir con ejemplos que afectan a todo el mundo como consecuencia de esta "liberación" de los cuatro jinetes del Apocalipsis que desde la caída de la URSS estamos sufriendo, y que ya el mismo imperio soviético había ido internalizando durante décadas. En esta nueva ocasión la perjudicada ha sido la clase trabajadora de Madrid, mientras que la oligarquía y el sector fascista español no han pagado tan caro su ignominia beligerante a costa de terceros y por algunas de sus protervas mentes se urde algo inconfesable y antidemocrático.

Si por algo se definen los fascistas es por su morosidad: se resisten a pagar lo que usufructúan y se escudan en la masa popular que marginan en urbanizaciones obreras como la de El Pozo, auténtico "pozo" en el que el sistema capitalista hace recaer toda su podredumbre y maldad sañuda, esta vez en forma de terrorismo del que tampoco es autor "directo", faltaría más, pues las indumentarias de gala del déspota siempre se muestran inmaculadas. Pero sí es conveniente advertir que España particularmente (pues su confrontación dura siglos), y cualquier nación o sociedad que se alía con compañías tan arriesgadas como los EEUU o el RU va a pagar un alto precio. Estas son naciones y estados implicadas casi al 100% en la competencia con cualquier otra entidad nacional o humana por los recursos del planeta, y nunca permitirán nuevos socios en pie de igualdad en el reparto del pastel mundial, que no estén sometidos en la escala jerárquica en tanto que inferiores y tributarios. Estos países anglosajones en cerrado frente comandado por la primera superpotencia mundial han diseñado sus maquinarias nacionales para la dominación mundial beligerante, y la capacidad de maniobra de sus clases proletarias está muy disminuida. Y no es un secreto para ningún observador que la cosmovisión ideológica dominante y extendida en estas naciones es la de un supremacismo acusado, simple y rudo (cuando no está bien articulado por sus famosas universidades, pensadores y propagandistas para consumo de exquisitos y extranjeros) de la civilización anglosajona sobre el resto de la humanidad, a la que conciben como objeto a su servicio. Por ello en USE predicamos la absoluta necesidad de un contrapeso a este agregado de naciones imperialistas que únicamente hoy puede venir con máxima eficacia de la Unión Europea y, en especial, si esta UE refuerza sus fundamentos históricos más eficaces que están en la órbita del socialismo.

USE sigue manteniéndose favorable a la guerra en Oriente Medio: no se puede estar en contra de que los poderosos se autodestruyan entre sí. Y que las gentes que han optado por desarrollar las hostilidades en el mundo perezcan bajo las consecuencias de sus propias obras. Pero USE nunca respaldará ninguna guerra a costa del proletariado no beligerante de ningún país. El atentado terrorista de Madrid es horrendo y atroz por haberse fijado como diana al proletariado solidario de Madrid con las causas justas. Y esta no es la concepción del sentido de la guerra que los comunistas tenemos. Trasladar la guerra a aquellos que las promueven por motivos venales y avariciosos es una forma de autodefensa justa, de supervivencia de los desfavorecidos frente a los poderosos. Pero la guerra de los nacionalistas, reaccionarios y capitalistas ofuscados ha traspasado una frontera intolerable. Estamos en peligro mortal y sería muy prudente movilizar nuestras fuerzas como proletarios para excluir de nuestro seno unos contenciosos en los que se nos quiere comprometer y explotar.

Los españoles proletarios, junto con los obreros de Europa y Latinoamérica, nos vemos obligados para sobrevivir a cohesionarnos progresivamente para establecer un puente con las únicas fuerzas que pueden contribuir a regenerar Oriente Medio: el proletariado, los asalariados del mundo árabe. Estos han tenido que sucumbir a la opresión de los teócratas y nacionalistas (muchas veces fascistas) del islam. Muchos, lo sabemos bien, se resisten a la opresión del movimiento islamista, pero otros han tenido que vincularse a ellos para sobrevivir y llevarse un jornal a casa: rendidos inevitablemente ya sea ante el empresario islamo-nacionalista, ante el líder religioso local con influencias, ante el señor feudal que no fue despojado por los intentos de reforma agraria abortados por la alianza de terratenientes y neocolonialistas; masas claudicantes ante la caridad islámica única capaz de conceder ayuda tolerada a las muchas gentes humildes a las que la ultraliberalización tan promovida por EEUU y patrones locales ha dejado en la la miseria, o ante el gerifalte o el cacique militar que establece relaciones de clientelismo con la tortura, o la aniquilación física siendo la alternativa a la obediencia. Los partidos socialistas y comunistas, nasseristas, baazistas-socialistas genuinos, los partidos regeneracionistas y demócratas o los republicanos y laicos, están hoy más prohibidos y perseguidos que nunca debido al apoyo que las potencias anglosajonas, y Francia ejercen desde décadas sobre el mundo árabe. Todos ellos se encuentran camuflados y silenciosos entre la masa de trabajadores infiltrada por las brutales fuerzas de seguridad de los estados árabes aliados de Occidente, y por los movimiento radicales islamistas que han corrompido la organización y las mentes frustradas de activistas con deseos de prosperar desde la impotencia y la miseria de la liberalización contemporánea. O se encuentran exiliados. USE pretende comprometerse en el reflotamiento de la conciencia de clase y de la organización del proletariado de Oriente Próximo, ese que ha sucumbido a la alianza fascista de anglosajones y monarquías árabes en Yemen, del movimiento comunista que fue aplastado por la guerra secreta de los británicos en Omán, de la república comunista que fue sustituida en Sudán por un régimen islamista radical con ayuda extranjera y que permite la esclavitud, del movimiento socialista en Marruecos socavado con la ayuda de Francia, del movimiento obrero demócrata ejemplarmente reivindicativo de Baharein, y tantos otros... El substrato social ya existe, bajo la superficie ramplona que los reaccionarios cristianos y musulmanes nos quieren hacer tragar; sólo precisamos los socialistas y comunistas aprovechar y organizar eficientemente la conciencia de clase que en Europa resurge con más fuerza y con más medios. Los árabes están invitados, es más, son miembros necesarios, de esta civilización que terminará por emerger por fuerza y derecho propio, la ecumene del socialismo, la Patria final de los trabajadores. ____ [Portada.]

ORIENTE, OCCIDENTE, NACIONALISMO Y SOCIALISMO

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