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UNION SOVIETICA EUROPEA


ACULTURACION EUROPEA Y DESPOTISMO NEOLIBERAL
Actualizado: 12.11.2006· Año IV
Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.
(U. S. E)

¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!


 

 

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Por qué el gobierno “socialista” español promueve el racismo

El IEA desvela datos sobre la eugenesia y el genocidio indirecto planificados por la casta política contra la sociedad civil española hasta 2020: exogamia impuesta o “mestizaje ineludible”; "supresión" de 1,2 millones de ciudadanos españoles por ascendencia, importación antidemocrática de 4 millones de extranjeros. El Banco de España reconoce la pauperización de los asalariados y la baja productividad a causa de la inmigración masiva. El PSOE intenta la secesión del PP con la instigación de un partido ultraderechista racista. El neoliberalismo de socialistas y conservadores en Europa en fase de transferencia del poder a la extrema derecha racista.

Cada vez es más común oír a ciudadanos en conversaciones privadas o en participaciones anónimas en los media, o al socaire de los foros de Internet, afirmarse como “racistas” convencidos. En el caso de España, azotada por una creciente avalancha de población foránea, resultante de las “política migratoria de puertas abiertas” del izquierdismo socialista y neoliberal, así como del también neoliberalismo conservador, las encuestas desfavorables a la inmigración y delatoras de un imparable aumento de actitudes racistas y xenófobas son abrumadoramente elocuentes a pesar del empeño de la clase política en manipular y falsear unos datos irreductibles. En pocos años se ha cuadruplicado (32%) la ciudadanía contraria a la inmigración, según las mismas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, institución bajo manipulación gubernamental, para desgracia de la ciencia sociológica. Entre los adolescentes, el racismo manifiesto alcanza cotas del 30%. Si ya en 2005 la cuestión migratoria ocupó el segundo mayor problema para la sociedad española, significativamente tras la preocupación por el desempleo, en 2006 es el primer asunto que más inquieta. En estos resultados de las encuestas, la cuestión migratoria siempre está vinculada a las primeras preocupaciones de tipo grave: escasez de vivienda, dificultades económicas, seguridad ciudadana, sanidad, desempleo. Y es que las interconexiones no son irrelevantes.

Cada vez más groseras son las evidencias de que el Gobierno de España actúa en contra de la voluntad democrática y la soberanía ciudadana del país, en pos de la destrucción del nimio estado de bienestar logrado, de los avances sociales y los intereses de los asalariados para más beneficio de patrones y capitalistas; y también son crecientemente más chocantes los perjuicios de la importación descarnada de población foránea con la que quebrantar la resistencia de la masa trabajadora encuadrada con un mínimo de decencia en el sistema productivo: desde la reaparición de enfermedades asociadas al subdesarrollo, hasta la delincuencia más elemental y violenta, pasando por el desplazamiento de la población ciudadana de sus puestos de trabajo y de la creación y participación en las labores activas de producción de riqueza. El ministro de Asuntos sociales, Sr. Jesús Caldera, quizá se aproximaba a la verdad cuando, en su vehemente defensa de la inmigración, recientemente aseguró con desvergüenza que el aumento de PIB, “de riqueza”, en los últimos años se debía a la nueva mano de obra extranjera, sin mayor matiz, aunque no advirtió de que los ciudadanos y demás residentes con arraigo del estado estaban siendo marginados de múltiples maneras del proceso productivo. Así, hoy en España, el español en general con cualificación técnica lograda en las últimas décadas, está siendo relegado al desempleo, la precariedad o la emigración en favor de unos recursos humanos alógenos, descualificados en su mayoría (aunque no se hacen ascos a los expertos y por consiguiente a la expoliación de valor en los países a los que se intenta oficialmente ayudar) y sin derechos laborales, que tienen plena preferencia para “cubrir los huecos productivos” en una nueva y privilegiada economía anacrónica perteneciente al sector primario, la construcción (y el turismo), donde sólo los españoles relacionados con el sector encuentran desarrollo profesional y lucro a costa de la devastación de la ciencia y la tecnología, de la educación superior eficaz y de las demás ramas de la producción modernizadora, por limitarse al ámbito de los recursos humanos. Se está ante una situación grave que sólo puede paliarse con la movilización y resistencia de la población asalariada, organizada o no, frente a un nuevo régimen social supeditado a especuladores expoliantes poco eficientes para los intereses sustanciales de la mayoría y fatales para el desarrollo competitivo y sostenible más a largo plazo, régimen en manos de unos burócratas afectos al despotismo neoliberal radical que conforma el contenido medular del socialismo y el izquierdismo contemporáneos.

Hace un año. Cuando el director del CIS, F. Vallespín, compareció ante los medios de comunicación pro-gubernamentales (por ejemplo en El País, 30.12.2005), lo hizo para contrariar estrambóticamente a todo el resto de medios alertados por los datos de la encuesta del CIS de 2005, los cuales avalaban una proliferación extraordinaria de las actitudes contrarias a la inmigración; el director afirmaba que los niveles de xenofobia en España eran “bajos”, cuando poco menos del 70% de los cuestionados declaraba "excesivo" el número de inmigrantes en España, y otro más del 20% respondía que eran "suficientes" los ya radicados en el territorio. La encuesta y las consideraciones que suscitó son paradigmáticos en la descripción de la situación hace un año y su desenvolvimiento hasta la fecha actual. Inauditamente, los medios de comunicación pro-gubernamentales sólo retenían el primer porcentaje y desautorizaban la encuesta con pretendidos argumentos técnicos que no eran más que burdos desideratas ideológicos. En las declaraciones de Vallespín a El País, no se citaban esos datos sumados contrarios a la inmigración, aunque en abstracto los atribuía a la resonancia social provocada entonces por los incidentes en las vallas de Ceuta y Melilla y hasta por “los altercados en la periferia de París”. Pero resulta extraño en boca de un supuesto “científico” la pretensión de que, en ausencia de problema o aun de causa se verifique un efecto o consecuencia, a pesar de que hoy domina la filosofía neoliberal del “caos” que los deterministas sólo encontramos en la perversión ideológica y la estulticia de los analistas. Y así, el director del CIS indica seguidamente en sus declaraciones en el mismo artículo (fecha supra ) que la percepción de la población española sobre la inmigración “está inflada”, pues a pesar de que la masa inmigrante en el país “es muy inferior al 10%” (dato erróneo pues un año después el INE contabiliza un 10%), la “percepción” de los encuestados la sitúa en el “20%”. De cuyo silogismo no se extrae de ninguna manera racional aparente ni simple (la ciencia sirve para eso entre otras cosas, para diluir las apariencias y las complejidades absurdas) la respuesta a la principal aseveración de este “sociólogo”, a retener, que “los niveles de xenofobia son bajos en España”. En todo caso apuntan a que la población, en ausencia de motivo real para inhibir el desdoble subjetivo de la proporción de inmigrantes, se encuentra más bien neurotizada y altamente sensibilizada, amenazada por la posibilidad o fantasía de la abundancia migratoria. Y a eso se le llama un "alto nivel de xenofobia". Por otra parte, como se ha indicado, si la población se equivoca en su percepción grosera de la frecuencia migratoria, su error es excusable atendiendo a su falta de medios para el sondeo de la realidad sociológica con los que sí cuenta el Sr. Director del CIS, el cual también se equivoca al alejarse mucho del casi 10% de población inmigrante que oficialmente da como válida el INE. Pero es que por si fuera poco, la población española descrita en la encuesta del Sr. Vallespín tampoco se equivoca excesivamente para no disponer con los sofisticados instrumentos precisos y el peritaje que experto y su equipo funcionario debieran poseer: aparte de que hay lugares como Cataluña, globalmente con 12,2%, y Gerona con un 17%, de población inmigrante; o ciudadaes periféricas de Madrid con hasta el 18% en Vallecas o Parla, donde cualquier visitante que reciben estas zonas densamente pobladas y próximas a grandes capitales lo puede percibir .

Pero sobre todo, los mismos datos del INE no son fiables respecto a las estimaciones de población inmigrante irregular, estipulada bastante más de 1.000,000, y que para cuya contabilización el Gobierno se niega a incorporar el medio millón más de inmigrantes que no han renovado su inscripción en los padrones municipales aduciendo que son sujetos que nunca existieron o han salido del país... Tampoco se debe olvidar que el Gobierno español socialista está acelerando las concesiones de nacionalidad o ciudadanía (más de 80,000 en 2005) a pesar de que no se trate de población asimilada ni arraigada, lo que justifica una razonable percepción de frecuencia alógena al alza entre la población autóctona. Y, finalmente, si el porcentaje percibido se multiplica para la población encuestada, no es obligatoria ni única la hipótesis explicativa por la cual se identifica la causa en el capricho o la alucinación, en el absurdo o en la sobreimpresión solilopsista de los españoles y residentes encuestados.

También es muy posible que la presunta sobreproporción atribuida a la inmigración se genere en estrecha conexión con la mayor conflictividad a que dicha minoría da lugar o concita entre la población mayoritaria. Destaca el que los inmigrantes provean con cuatro veces más población reclusa que los ciudadanos comunes; pero sus interacciones sociales necesariamente deben ser doblemente perceptibles en comparación con la mayoría civil española porque su incorporación social se está ejecutando de manera forzosa en una sociedad que se pretende desestructurar artificialmente con políticas de hechos consumados, de políticas de libre admisión de inmigrantes que no encuentran fácilmente su lugar: formas llamativas, ilegales, anacrónicas de ocupación y demanda surgen, sea el comercio ambulante, la prostitución más sórdida, la especulación alimentaria y textil en la que despunta la comunidad china, la infravivienda, la competencia salarial y por la asignación de los servicios sociales, la enorme mendicidad, así como las pautas de conducta, los diferentes tipos de educación cívica cuando existe, la reaparición de patrones agrarios en los inmigrantes de cultura campesina, la dislocación de normas de conducta pública en rituales, festividades, ocio, o la simple superpoblación de servicios públicos, la aparición de comunidades hostiles y distantes, impermeables, la expansión de cultos religiosos integristas tanto cristianos como orientales. Demasiados detalles relevantes para no pasar desapercibidos y no contribuir a inflar proporciones en la conciencia de una ciudadanía a la que se le impone en alto grado la convivencia forzosa.

El Sr.Vallespín considera “bajo” el nivel de xenofobia en España en razón del 23% de españoles que son favorables a la concesión de iguales derechos a los inmigrantes, “incluso el derecho de sufragio”. Puesto que los españoles no parecen muy disconformes con que sus hijos compartan centro educativo con hijos de inmigrantes, la xenofobia es “baja”; pero con esta aseveración el director del CIS demuestra no comprender la diferencia entre “racismo” y “xenofobia”, y lo que es aún peor no muestra poseer un concepto mínimamente elemental de “variable”... provoca la sospecha de no haber profundizado, como debiera ser su obligación antes de pontificar, en la naturaleza de ambos fenómenos, sobre los que hay extensísima obra analítica experta, y cuya confusión es parte de una actitud perversora del lenguaje que delata intenciones poco honestas como más adelante se aduce. En cuanto a la cifra, es ridícula, un zafio y tópico intento por resaltar la “mitad llena” de la botella, con el defecto argumental y analógico de que la botella ni siquiera llega a un cuarto de litro. Pero por si fuera poco, el “sociólogo” no parece aprehender las causas (este “científico” tenía serios problemas con el principio de causalidad) por las que la inmensa mayoría de la población española, incluidos algunos inmigrantes radicados en el país, rechaza una inmigración insostenible, a saber, la experimentación directa de la reducción del nivel de vida con la llegada de más población, salvo claro está para los burócratas y empresarios que se resarcen del caos desestructurador en marcha. Cualquier ser humano común, como el muy común Sr.Villaespín, estaría a disgusto con la idea o el hecho de que su hogar se abarrotase de moradores, aunque estos le reportaran algún beneficio e incluso fueran de su propia familia, razón por la que no se le podría tachar de “racista”, ni siquiera “xenófobo”.

Un individuo consciente opuesto a la inmigración estará discurriendo muy racionalmente si además de desear revocar la política de puertas abiertas estuviera de acuerdo en que se adscriba a los inmigrantes importados en el mismo sistema de derecho, con los mismos derechos y deberes fundamentales, laborales, ciudadanos, penales, mercantiles, etc. y no que se marginen de las leyes regulares para beneficio de los traficantes de mano de obra a bajísimo coste y de los patrones, así como de los acaparadores y trapicheros extranjeros, o para más interés de la industria de la caridad “ong”. Hasta la defensa al sufragio inmigrante puede entrar en los cálculos actitudinales de un xenófobo radical que pretendiera así atizar la movilización política de las minorías para defender su salario y bienestar social de la competencia de nuevos inmigrantes sin derechos ni protección ante la explotación del patrón caníbal, cuya elección está siempre en la distrofia de un mercado laboral indigente y dócil.

Pero este tipo de sicarios del poder tiene su mente anodina estancada en la vulgata teórica de los estereotipos del racismo biológico “neonazi” decimonónico, que es el punto ideológico culminante de un proceso psicosocial con muchas facetas iniciado en el siglo XIX; estancada en los estereotipos del racismo yanqui de serie “Kunta Kinte”; y en el esquema panfletario y tergiversado por el izquierdismo anacrónico, descontextualizado y poco ilustrado que insiste, en su molicie ideológica, en aprovechar el modelo explicativo de personalidad autoritaria , que se originó y tuvo su sentido pleno en los turbulentos años de la consagración del nazismo, y soslaya vehementemente el prestar atención al racismo neoliberal rampante, del cual el director del CIS mismo (y los muchos acólitos), permite entrever y explicitar con sus aclaraciones, racismo neoliberal cuya fase evolucionada es el nazismo, ambos urdidos por el liberalismo radical y la extrema derecha, esta última hoy minoritaria, pero que tras ser prodigada, inoculada con sobornos, propaganda y coacciones de todo tipo a la gran masa poblacional, según la estrategia reaccionaria burguesa de cada momento, se corre el riesgo muy probable de verla emerger como mayoritaria y ampliamente dominante en unas condiciones sociales favorecedoras que las relaciones de subsistencia que el capital neoliberal se encarga en acrisolar. Se trata de una posición “epistemológica” que no concibe las causas racionales de la xenofobia, y por tanto tampoco de la “xenofilia” y la solución justa, ni tan siquiera en lo que a su ruin avaricia se reporta cuando se trata de vivir de la defensa de la importación de masas pasivas de oportunistas o esquiroles de facto que sacrificar a la explotación de sus amos a costa de hundir a la clase trabajadora precedente, esta última la que le procura vía impuestos su holgada retribución con las que adquirir sus fincas privadas a buen recaudo de invasión cualquiera de extraños con deseo de hacer fortuna rápida y fácil.

Así entonces, excusándose en que el 71% de la población según la encuesta concede preferencia al modelo multicultural en menoscabo del francés asimilacionista (el anteriormente preferido), el “insigne” “experto” lo interpreta como “bajos niveles de xenofobia”, sin reparar en el dato más que sospechoso de que también en la Suráfrica racista o en las regiones sureñas más racistas de los EEUU el modelo imperante ha sido el multiculturalista en su expresión más rigurosa, el “apartheid”, también norma en el Reino Unido, con menos furia segmentadora y más paliativos igualitaristas y socializantes (cohesionadores, es decir, asimilacionistas), pero aún así repleto de conflictos hostiles entre comunidades aisladas y enfrentadas por ese mismo específico multiculturalismo , o instrumento defensivo postrero de los grupos humanos obligados a convivir de cualquier manera en el estado libremercantil, ante la imposición forzosa de la concurrencia altérica. Es precisamente la xenofobia organizada y negada lo que destila multiculturalismo para una sociedad. Al igual que la xenofobia es el resultado político cívico ante el fracaso de la democracia y la imposición de los intereses de la clase burguesa frente a la mayoría. Contrariamente, el triunfo de la democracia está asociado a la “xenofilia” o, y, a la amalgama renovadora del “melting pot”, estado de la sociedad en interacción interétnica arruinado en los EEUU y Europa por la contrarreforma neoliberal iniciada en los años 60-70. No hay que buscar mucho en el Reino Unido para darse cuenta de que su afamado “multiculturalismo” está cayendo en barrena en una situación crecientemente más insoportable de descohesión y agudización de las desigualdades y el oprobio de una sociedad organizada en castas ultra-clasistas que sólo tolera algún grado de integración al precio del canibalismo sobre la propia comunidad. La comunidad de base hindú o la china saben muy bien cuál es el precio que se han visto obligados a costear para que la sociedad anglosajona se transigiera con su oligarquía de privilegiados sin escrúpulos. Y aún así la tensión latente derivada de la opresión está constantemente pendiente de movilización en esas comunidades, tanto si el Reino Unido hace colisionar sus intereses con los de la burguesía interna hindú establecida, o en el plano internacional con los de India.

 

Confusión izquierdista liberal y resurgencia del socialismo burgués. Un año después en España, cada vez con mayor insolencia se quiere convencer de una noción ya conocida hace más de un siglo. La “tercera vía blairita” y teorías afines que pretenden sincretizar lo mejor de liberalismo y de la socialdemocracia no son algo nuevo, son algo que precede al marxismo y que ya fue analizado en el Manifiesto del Partido Comunista de C. Marx y F. Engels, en 1848. Estas teorías se basan en el fraude al afirmar como irrenunciable el estado de bienestar que minan a cada instante, así como la negación de su estrecha equivalencia doctrinal histórica con objetivos manidos del capital; estas teorías socialistas dicen responder a una nueva era en la que el comunismo y el capitalismo están superados. Y por tanto la mentira se convierte en estas actitudes centristas en un instrumento primordial e inevitable con que equilibrar el conflicto básico que porta en su seno íntimo la dicotomía trabajo-capital , conflicto hoy en agravamiento acelerado entre otras razones a causa del ejercicio del poder según patrones ideológicos centristas, intermedios, eclécticos y supuestamente “originalistas”. Estas ideologías políticas, si bien se ocupan obsesivamente en persuadir de su renuncia a objetivos que no sean inmediatamente pragmáticos, localizados y de alcance limitado, resultan al contrario intentos hiperbólicos de integración ideológica y de síntesis exagerada e inoperante de otras actitudes estructurales y genuinas que son el fiel reflejo de las contradicciones estructurales profundas existentes. En el esfuerzo por superar artificiosamente estas ideologías en la base del conflicto contemporáneo, el neoliberalismo sincretizador e hiperintegrador no delata más que un acto fallido de reformismo impuesto, de voluntarismo que debe recurrir al engaño sistemático. En la dimensión objetiva de las relaciones productivas, estas ideologías hiperintegradoras obran en el sentido de manipular la redistribución de equilibrios sociales que hagan posible los avances del capital sobre los sectores con rentas del trabajo, mediante dos tácticas preferenciales: a) la fragmentación cada vez más sofisticada de los grupos sociales explotados por el capital mediante la introducción de recompensas diferenciales y divergentes, b) la apertura progresiva de dominios sociales a la gestión y apropiación por el capital y el mercado libre, desplazando a las anteriores formas más socializadas o estatalizadas, o alternativamente sometiendo a la ciudadanía a la pasividad y alejamiento competitivo ante la iniciativa privada en sectores industriales y necesidades sociales emergentes. Como siempre, estas doctrinas “neo-retrógradas” del reformismo burgués, aportan los peores males a las clases asalariadas “ por su propio bien” .

Las consecuencias cognitivas de tanta falsedad ineludible en el proyecto social-reformista, vehementemente dispuesto a tergiversar y falsear los objetivos y conceptos, de los valores y motivaciones de los estratos asalariados de la sociedad, es el descrédito mayúsculo y el desprestigio de gran parte de la población afectada respecto a la racionalidad y coherencia ideológico-políticas de sí mismo como categoría concreto distinta, y a la huída de sí mismo y de su capacidad de modelar una estrategia política que no sea la del liberalismo mercantil, que no sea la de sus antagonistas políticos. No es posible saber cuándo esta “híper-ideología” reformista y neoliberal alcanzará su cenit, pero los ejemplos de la Europa oriental, donde las doctrinas y patrones socialistas de gestión pública se vieron marginados por los modelos capitalistas en los hechos , bajo una cubierta ideológica cohonestadora, condujeron a graves daños para el prestigio no ya solo del socialismo marxista y el comunismo, sino para los más elementales valores y expectativas de muchos explotados que tras el cambio oficial de regímenes (muchos neofascistas), además pasaron a estar fuertemente alienados por discursos e ideologías ajenas a sus intereses como clase social autónoma. El mismo proceso dentro de sus parámetros particulares, hay que suponer, se está observando en los países más desarrollados industrial y socialmente de la UE. El PSOE, sin hablar de las metodologías ultraliberales y pro-yanquis del conservadurismo también reformista y centrista del PP y otros partidos conservadores, está comprometido a fondo en esa estrategia de desprestigio, acoso y derribo desde la izquierda, del legado en los valores y las actitudes de la psicología popular del socialismo revolucionario y las doctrinas colectivistas generadas en el seno exclusivo de las clases trabajadoras, y por supuesto, del sistema cognitivo más simple y primario que hace posible a los explotados por el capital comprender su situación y actuar. Para este fin nada mejor que confundir las diferentes nociones de socialismo y sus significados troquelados a lo largo el siglo XIX y singularmente del XX, con el neoliberalismo capitalista radical y, como alternativa, la dictadura nacional-socialista.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero miente de modo sistemático. Sus “esfuerzos” por negociar con los países africanos de exportación de emigrantes a las Islas Canarias son un fraude destinado a apaciguar a una población nacional inquieta y adversa a la acogida destructiva de ingentes cantidades de mano de obra a saldo, bolsa de desempleados y delincuentes al servicio de las oligarquías con participación en negocios ilegales. El primer acuerdo fruto del “esfuerzo diplomático” con Senegal sólo tardó un día en quebrantarse. Pero, en su afán propagandístico por revestir a la inmigración masiva de un hecho positivo para la mayoría de trabajadores españoles, caen en flagrantes contradicciones que destapan su alevoso proceder frente a la inmigración del continente africano, un continente con más de 600 millones de habitantes en su mayoría sumidos en la indigencia a resultas de las políticas neoliberales de las últimas décadas promovidas abiertamente por estos mismos “socialistas” burgueses, algunos al frente de instituciones homicidas como el FMI o el BM, y desde luego por parte de los reaccionarios más a la derecha, entusiastas del revisionismo constante desde el izquierdismo europeo. Informaciones ribeteadas de euforia como la creación de programas de integración de subsaharianos por cientos y miles trasladados a Madrid, para su posterior readaptación en las zonas urbanas deprimidas del país, contrastan con las redundantes declaraciones de hace unos meses, y las de su reciente visita a Canarias acerca de los “esfuerzos diplomáticos” del Gobierno para frenar la oleada imparable de inmigrantes con la ayuda de una UE, que advirtió escéptica de los desmanes en política migratoria del gobierno del PSOE, partido que regularizó en España indiscriminadamente sin más medidas preventivas de fraude empresarial , un fraude empresarial que resulta un factor nunca mencionado por los gobiernos socialistas o conservadores de la UE.

Los subsaharianos vuelven a estar en las alambradas de Melilla para allanar el territorio y la sociedad del otro lado de la frontera por la fuerza si es necesario, lo que revela la permisividad del Gobierno ante el delito, y de forma pasiva, para que Marruecos baje la guardia ante el problema y permita la reinstauración del flujo de “savia” a los mercados laborales peninsulares con los que liberalizar y deteriorar más las condiciones legales e incrementar la presión mercantil sobre la fuerza de trabajo ya radicada en España. Entretanto, los medios de comunicación manejados por el poder promocionan hasta la saciedad orgiástica, patológica, la necesidad de más inmigrantes, multiplicando los llamamientos a la población para que tolere las consecuencias de la progresiva disolución de los escasos servicios sociales o públicos, de las infraestructuras anacrónicas que no se renuevan y que en muchos casos están en manos de especuladores rabiosos, de una delincuencia organizada fruto de una bien planificada intención de hacer que sea el saqueo y el atraco a la población trabajadora la que mantenga una bolsa de parados y marginados que encuentran difícil su inserción por un salario miserable que sólo reconduce, paradójicamente, a los inmigrantes también a su situación tercermundista de origen. Tanto a Marruecos como a Gambia o Guinea-Conakry se les estipendia con “donaciones” de millones de euros para que moderen la salida de emigrantes hacia España. Sin embargo, ese chorreo incesante de recursos financieros unidos a los costes de la diplomacia estatal, tienen origen en la dilapidación de la Hacienda pública, mientras que las fuerzas de orden público, también asalariadas a cargo del erario público, se aprestan más a la asistencia o el arrastre de embarcaciones negreras, y a urgir la entrada de nuevos inmigrantes por todos los canales que a detener la avalancha, por órdenes del Gobierno.

No obstante, los beneficiarios de la llegada de inmigrantes no son los que mayoritariamente cotizan con sus impuestos a la Hacienda pública, sino los empresarios, capitalistas y patrones, así como políticos, semi-funcionarios y trabajadores sociales, cooperantes del sector caritativo al servicio de ONG políticamente polarizadas a favor del Gobierno, y patrocinadas por el estado en manos del PSOE y sus oligarquías de respaldo; en último término, la inmigración beneficia a los burgueses de todo grado extranjeros que exprimen las plusvalías de sus compatriotas y a las mafias traficantes españolas e internacionales. Al contrario, la mayoría de los que pagan toda esta fiesta caritativa y de importación de seres humanos para reventar los mercados laborales son los asalariados mismos. Con su dinero común se les procura su menoscabo desde la mismísima administración pública. Ni siquiera los trabajadores asalariados de España, con su nivel de vida más digno comparativamente con los inmigrantes, nivel arrancado a sangre y fuego al capital armado durante siglos, los españoles asalariados que cotizan ese baile de disfraces pseudoprogresista que tiene lugar sobre las espaldas de los que crean de verdad riqueza, son para nada los culpables de la ignominia en la que 2/3 de la población del mundo malvive. Son por el contrario los saqueadores de las empresas multinacionales y los empresarios en general de Occidente, apoyados por sus estados y castas políticas, los que se han dedicado a organizar y ejecutar la opresión sobre el Tercer Mundo, y los que se han apoderado del botín en exclusiva. La pobreza de los lugares de origen de la inmigración es la responsabilidad de una sección muy concreta de las sociedades occidentales, de la Europa “opulenta”, de la “España va bien... y mejor” de Aznar y Zapatero respectivamente, la culpa reside en una oligarquía, en una categoría de negociantes avariciosos y de magnates despojadores; es su problema, generado por ellos como clase social y actividad mercantil; son ellos , junto con sus ex-colonos, sus funcionarios-sanguijuelas, sus mercenarios y sus satrapías, cipayos y burguesías locales , que por si fuera poco estos últimos sectores son los usufructuarios y autores de la deuda del Tercer Mundo, quienes deben pagar los dramas resultantes, y no los trabajadores europeos que han propuesto la abolición de la propiedad privada y el imperialismo o se han mantenido al margen por temor ante la ambición de sus oligarquías expoliadoras; las clases trabajadoras han propuesto y erigido en gran parte el socialismo por todos los medios incluidas revoluciones y guerras para procurar relaciones de paz y progreso desde hace más de un siglo con los países en vías de desarrollo, a los que se intentó hacer llegar la necesidad de un nuevo orden socialista, el cual ha sido arruinado por los que hoy se apiadan de sus desventuras y claman la piedad y la culpa de las clases modestas de Europa.

Antes del movimiento obrero y del socialismo revolucionario Europa no podía ni soñar con estas aspiraciones de justicia social, y sus mayorías asalariadas debían doblegarse al látigo y a la abyección belicosa esclavista de sus amos por el Viejo continente y por el resto del mundo: los trabajadores europeos, desde el momento en que carecían del paliativo de su resistencia obstinada y espontánea, eran tratados como cualquier paria del Tercer mundo. Bien es verdad que el capital ha arrastrado a masas de población empobrecida de Europa a la fervorosa colonización y explotación imperialista de otros pueblos, como también es cierto que el capital occidental se ha procurado para sus fines expoliadores la adhesión de comunidades, grupos étnicos, tribus enteras, caciques, mandarines y rajás locales, hasta naciones de las regiones menos desarrolladas del planeta que implicar de lleno en el pillaje del negocio imperialista, en el despojo de sí mismos, hoy en situación lamentable. Todo para el engorde y mayor gloria de las aristocracias, burocracias y burguesías tanto del Tercer Mundo como sobre todo, de los países desarrollados. Y hoy esta misma horda de amos y poseedores con sus mesnadas de mercenarios y militantes “progres” e “izquierdistas”, “multiculturalistas”, los sectores más atrasados y alienados de la sociedad, ociosos, pijos, vástagos de ex-gañanes desertores del arado y drogadictos, auténticos rufianes cercanos o pertenecientes al lumpenproletariado, irrumpen soberbios en la sociedad exigiendo a los españoles y europeos, es decir (pues estos lacayos gregarios y caóticos no gozan de la conciencia de lucha de clases) a la mayoría, a la clase asalariada , la restitución de una presunta “deuda histórica” con los pueblos sometidos por el colonialismo y el imperialismo de Europa. Tamaña insolencia subleva. Sin duda, se trata de un nuevo imperialismo interno, uno fundado en la dominación más brutal de clase dentro de un mismo estado, y animado por la expectativa oportunista de intentar despojar a Europa de los últimos resortes del sistema de bienestar social y la dignidad de los asalariados, cotas de justicia social alcanzadas tras siglos de luchas. Pero todos estos ciudadanos que apoyan y votan a socialistas, a “social-patriotas” como el Señor Zapatero u otros en Europa deben advertir que, como todos los sicarios movilizados por el capital para usurpar a los asalariados y demás trabajadores explotados de todo el mundo, sea en el primer mundo o en el tercero, no obtendrán más recompensa que más opresión, al igual que los que se adhirieron a la “aventura” de la colonización y subyugación del Tercer mundo no han obtenido de sus tratos con los capitalistas ni mucho menos más recompensa de la que hubieran obtenido permaneciendo leales al proletariado.

La siembra de la emotividad frente a la razón es la consigna de las autoridades y la clase burocrática, que recibe órdenes directas de la oligarquía, dirigida en España por plutócratas y magnates de la comunicación como el Sr. Polanco (este muñidor de partidos reaccionarios), Cebrián y otros. Los medios machacan las conciencias de la población con el argumento de la compasión más acrítica y la culpabilización de la clase asalariada por un supuesto “tren de vida” que se exagera y escruta para matizar su carácter despilfarrador por la pseudoprogresía multiculturalista la cual, por su parte, no desdeña el consumismo más ampuloso, ni siquiera en sus filas de acólitos con menos acceso a la tarta de las regalías que ofrece el poder en cuanto está a su alcance. Véase una prueba de ello en los informes o “estudios” que encarga, “para el uso del delfín”, el Ministerio de Trabajo a sus académicos y catedráticos reaccionarios y lacayunos con el fin de justificar el complejo tinglado ideológico neoliberal que sustenta la política migratoria de usurpación y discriminación genocida que lleva el Gobierno actual a cabo: En “La ocupabilidad de los parados registrados”, sus autores, C. Prudencio, Toharia y Pérez Infante, no tienen el más mínimo empacho en afirmar que del 44% de los desempleados del INEM con pocas o muy pocas posibilidades de trabajar tras más de un año en esa situación es debido a que “restringen en exceso el ámbito de búsqueda de trabajo, eligen menos de tres categorías de empleo para ocupar, detallan poco dichos puestos o cobran determinadas prestaciones, y que “algunas personas inscritas en el paro sencillamente tienen una intención de trabajar "nula", pero están registradas porque pueden obtener algún beneficio, como cursos o rentas por desempleo” ( Toharia, EFE, 19.06.2006).

El Sr. Toharia no aclara por qué las personas están condenadas a buscar empleo en su localidad en una situación social de saqueo especulativo inmobiliario que lleva a las industrias a alejar a los lugares más recónditos, deficientemente comunicados para la población trabajadora, pero más asequibles en el mercado del suelo para sus instalaciones; y tampoco nos comenta que los salarios y contratos cada vez más precarios convierten en insolventes a los candidatos a trabajadores para procurarse una vivienda ni tan siquiera en alquiler para una nueva y costosísima reubicación; y tampoco que las rentas del trabajo precario cada vez son más incapaces de amortizar el mantenimiento de vehículos privados (los salarios están congelados desde 1997). Tampoco nos aclara ese supuesto experto que, a pesar de que un millón estimado de universitarios están empleados en otras actividades productivas que no son sus especialidades académicas, la industria está obsesivamente concentrada en la construcción, por los que casi todas las demás ramas de la producción en este país están relegadas, así como sus trabajadores en ellas cualificados. Tampoco nos explica Toharia que los obreros de la construcción de nacionalidad española han sufrido el desplazamiento por la iniciativa discriminatoria de contratación de los inmigrantes sin papeles ni derechos, transigentes con horarios inhumanos y salarios de hambre y hacinamiento (lo que está forzando crecientemente a su vez el hacinamiento de la población española), víctimas preferentes de accidentes in itinere , en larguísimas distancias con vehículos averiados atestados y conducidos por trabajadores agotados, sujetos al chantaje y al látigo empresarial, escasamente formados y víctimas de la siniestralidad laboral, iniciativas patronales y dejación del estado que ha convertido el sector de la construcción en una actividad con peligro inminente de muerte en el tajo, muerte a la que los potenciales empleados se negarán salvo que no sean conscientes de los riesgos, cual es el caso de los extranjeros más ingenuos, inconscientes de la realidad laboral del país y predispuestos a la sumisión y al silencio. De aquí que el sector de la construcción en España resulte un instrumento de discriminación a escala estatal que filtra y aparta al personal preparado o cualificado y con derechos ciudadanos enviándolos al paro laboral, y absorbe por otra parte los recursos humanos inmigrantes más coaccionables. Esta elección empresarial y política por la improductividad industrial y el enriquecimiento inaudito de unos magnates y sectores sociales implicados en el negocio inmobiliario se ha verificado al precio de mantener en un paro irreversible a otra gran banda de población asalariada. Hay otros más factores que se indicarán aquí que explican que muchas personas estén condenadas a la marginación del mercado laboral bajo las políticas de preferencia por la mano de obra inmigrante; pero los profesorcillos de universidad, esa casta de serviles funcionarios propagandistas al servicio del mejor postor, o partido político, de la fundación privada y de cada gobierno instalado en la poltrona, utilizan su escaso prestigio “técnico” para recalcar con fuertes implicaciones e indicaciones explícitas que los desempleados son unos “perezosos”, unos parasitarios oportunistas a los que hay que sacudirse del sistema de registro (ni siquiera tenerlos en mente) y que dejar de ofrecer empleo y buscar otra solución (¿la “solución final”?, ¿acaso el “panem et circensis”?). Estos verdugos pastel sugieren probablemente que aquel que no se lanza con gusto a la apisonadora empresarial deben ser castigados, o quizá que no se sacrifican tirando del carro de la diosa Cibeles porque, hipócritas, no necesitan realmente trabajar y asalariarse para sobrevivir, pues en el maravilloso mundo que procura el PSOE “quien quiere trabajar lo hace”, y quien no, es en razón del también fascinante, obvio y munífico “estado de bienestar” que el régimen imperante, rayano en el “comunismo” más utópico, les ha procurado; o también porque, astutos, se encuentran muy bien empleados en algún sector de la espléndida economía libre que les resarce de sus necesidades de sobra, pero querrían mantenerse registrados como desempleados para además adquirir esas estupendas subvenciones con que el estado redistribuye generoso y preocupadísmo por el bienestar de los trabajadores, la inmensa y sobresaliente “productividad” de un país empantanado en la especulación constructora catalogada en el sector primario y más “competitivo” conocido y el de la hostelería, para mayor gloria de progreso y felicidad “socialista”, y para mayor reputación excelsa del ejército de banqueros y especuladores desdeñosos de sus ganancias.

¿Pudiera ser que esos hipócritas desempleados se hayan registrado con el afán perverso por desacreditar al mercado libre y al sistema capitalista que les rige a pesar de que este les está manteniendo en la más ampulosa de la “doce vita”? ¿Será que los registrados lo son con la malvada aspiración de deslucir la perfección eficientísima de las políticas de inmigración masiva y caótica del Ejecutivo socialista? Los muy profesionales académicos a sueldo del gobierno sugieren con sus comentarios estas diatribas, pero ciertamente delatan un talante ideológico cercano a la alucinación ideológica más alienante y opresora. Por el contrario, esos desempleados heroicos registrados durante más de un año, y ese abrumador 44% suponen seguramente, cosa que el Sr. Toharia no mienta, una triste calamidad social tan lamentable como los “estudios” con que una universidad española enferma (ver el II Congreso de la Corrupción en la Universidad Española, octubre, 2006) y podrida nos regala a cuenta del erario de los asalariados. Suponen esos desempleados marginados muy probablemente la flor y nata de las fuerzas productivas de un estado cuya economía está en caída libre hacia su ruina (A. Smith ya en su tiempo de auge ultraliberal advertía sobre el final catastrófico de las economías con crecimiento eufórico) y empeñada en desviarse de toda senda innovadora, modernizadora y competitiva. La economía española está creciendo, aunque no tanto como se piensa (ver infra), a costa de dilapidar sus últimos activos, como son la mejor tierra y su ecología para la edificación y el turismo. Pero esta avaricia inmensa, y la destrucción de la inversión histórica en los mejores recursos humanos ahora marginados, se está disfrazando del tópico clásico del liberalismo más rancio al culpabilizar a la víctima expoliada de su incapacidad y renuencia al trabajo para triunfar en el sistema de mercado, excusa que persuada a la sociedad española de su maldad e inutilidad connatural, y para servir de referente a las siniestras actuaciones del Ministerio de Trabajo. Se trata de darvinismo social, en efecto, una de las teorías que fundamentan al liberalismo, pero también al fascismo y al nacional-socialismo, y cuya componente en las tácticas e ideología sustancial del PSOE es el motivo de este análisis. Y el objetivo, aniquilar impunemente a la clase asalariada española y a los trabajadores con derechos y con un nivel de vida más digno aunque sean extranjeros, hasta donde alcance la guadaña. El socialismo neoliberal goza en su psicosis de la virtualidad de trastocar así a la clase asalariada en clase aristócrata opulenta, la lucha de clases en una lucha de los asalariados contra sí mismos, la escasa conciencia de clase proletaria de los proletarios de España en conciencia ociosa de privilegiados “nobles” y “explotadores”. Todo un ejercicio de manipulación obscena de un socialismo anti-obrero y radicalmente anti-marxista del PSOE, hurgando como carroñeros en la sociedad para devorar con más ahínco a los trabajadores.

¿Qué políticas se reservan para estos españoles o desempleados registrados en el INEM y que se caracterizan por su vagancia y parasitismo según el Sr. Toharia? Sugiere probablemente que habrá que retirarles los jugosos subsidios del 60% del salario, a los que se tiene derecho tras cotizar el cuádruplo de meses trabajados respecto a los subsidiados, y rebajar más las prestaciones por desempleo que están sufragadas por los trabajadores mismos y que ya fueron el objetivo de las reformas laborales reaccionarias de la anterior etapa de gobierno socialista con Felipe González; de hecho es de los pocos conceptos de los que se puede escatimar prestaciones porque los simples parados inscritos en el INEM y sin tiempo de trabajo acumulado no tienen muchas más ventajas que las de la exoneración del pago de las tasas para las oposiciones del Estado, y en bastantes de las oposiciones ni siquiera eso. Sr. Toharia, si quieren mantener la tasa de desempleo para beneficio de los empresarios, paguen por ello. Al igual que las administraciones públicas y los sindicatos traidores a la clase trabajadora y afectos al Gobierno socialista contribuyen con el dinero de todos a sostener una mano de obra excedentaria importada desde el extranjero para inducir una almoneda salarial y para subvencionar el capital circulante de los empresarios: ¿quizá estas son las políticas que pretenden recomendar los autores del “estudio” sufragado por el Ministerio de Trabajo? ¿Van a recomendar que el 44% de los trabajadores desempleados y los de más de un año de desempleo reciban gratificaciones, subvenciones y ayudas de todo tipo como sí se les ofrece a la categoría de trabajadores o desempleados específicamente inmigrantes por otros canales distintos al INEM? ¿Quizá se trata de una discriminación contra los españoles e incluso a los desempleados extranjeros bien cualificados y fuera del circuito de protección y sostenimiento del mercado de inmigrantes a saldo? UGT, el sindicato socialista próximo al PSOE y al Gobierno, se destaca sobre los demás en sus políticas de trasvase de fondos públicos y privados a la población inmigrante con la que costear la importación infiltración de mano de obra barata y de esquiroles en el mercado laboral español; lejos de defender la cohesión de la clase asalariada se dedica a socavarla con sus programas de “integración” de esquiroles y competitividad desleal, y además lo hacen de la manera más canallesca: promoviendo tanto financieramente como ideológicamente el neoliberalismo libremercantil a través de la incentivación y asesoramiento a la creación de pequeñas empresas, esto es, de pequeña burguesía. Partidas financieras multimillonarias de “microcréditos” para “microempresas” (de nuevo, “el neoliberalismo ama lo pequeño ”), “créditos blandos” a diestro y siniestro, a ecuatorianos y rumanos como el caso de UGT de Aragón, entre otras, ayudas generosas al pago de alquileres mientras la juventud española brega como puede intentando formar matrimonios insostenibles (dos salarios, modo de costear la vivienda, pero 50% de divorcios al alza), o en su soltería y esterilidad porque el jocoso Gobierno socialista sólo les ha administrado , como mucho, unas zapatillas deportivas de diseño con las que aconsejan recorrer la ciudad en busca de alquiler... “España va mejor”, solía declarar ampuloso el presidente Zapatero, parafraseando al “España va bien” del reaccionario predecesor, Aznar. Definitivamente Sr. Toharia, el 44% de los desempleados del INEM necesitan urgentemente otras políticas más parecidas a esas tan generosas y comprensivas que hacen recaer los préstamos y ayudas al mantenimiento de población laboral alternativa y a esquiroles, discriminando a los ciudadanos y asalariados regulares.

Lo que se ha dado en nominar como “integración de inmigrantes” sería aplicable de buen seguro al resto de desempleados para su integración. Pero se sabe la respuesta: “estos no lo necesitan, los otros sí”, son, en su facinerosa y estulta ideología, “desempleados rentistas” o están “bien empleados” por lo que realmente no necesitan semejantes ayudas a la integración. Sin embargo sí lo necesitan , de acogerse a la condición del sector de inmigración amancebada a costa de los impuestos de la clase asalariada, de la marginación de los desempleados cualificados y de la prevaricación que hacen sindicatos amarillos e iglesia sobre los recursos sociales: muchos querrían ser menos explotados en los tajos peligrosos, reducir su jornada laboral interminable, llegar a fin de mes, alimentarse mejor, que sus hijos se redimieran del albergue familiar y que su desgaste y privaciones se vieran recompensados por una subvención o una gratificación suplementaria como la que se les expropia para mantener en la reserva inactiva a potencial mano de obra inmigrante con la que sustituir la “pereza”, esto es, el agotamiento, el malestar y la protesta de los ya empleados. En definitiva, no ya ni siquiera los desempleados del INEM, sino también los empleados en activo necesitan las subvenciones; pero se les explica autoritariamente que no las “necesitan”, porque manifiestamente se les imponen arbitrariamente otras condiciones distintas de necesidad, y se les impide el ser partícipes de los fondos y las condiciones preferentes “de necesidad” que discriminatoriamente se reservan para muchos de los inmigrantes que no encuentran empleo, pero que los maniobreros del capital intentan comprimir en el atestado mercado laboral español cumpliendo la función de recambio con el que aplastar el conflicto social latente en España. Sí, puede que sea inevitable la “discriminación positiva”, ante todo aquella que preserva las plusvalías producidas por el asalariado activo en su haber.

Mientras los asalariados, por lo común y en un país con 8 millones de pobres contabilizados por Cáritas , alcanzan un paupérrimo nivel de vida adquirido a fuerza de luchas incesantes por aumentar el jornal y los derechos laborales desde hace mucho tiempo atrás y sin salir de Europa o España. Estos izquierdistas progubernamentales optan por ignorar las diferencias abruptas de clase social en España, como buenos doctrinos neoliberales; una treta con la que escamotean de sus aspiraciones caritativas y de sus mezquinos reproches al pueblo trabajador del estado español los tesoros capitalistas y los indecentes beneficios de la clase empresarial y las instituciones financieras, y sobre todo sus intereses perversos en relación con la importación de mano de obra “esclavizable” a buen precio; incluso costean la creación de auténticas modas, hábitos y vestimentas multiculturales y también, de una fuerza de choque fanatizada con tendencias a la violencia entre la juventud marginal española para defender a toda costa, y a contracorriente de la opinión e intereses reales de la clase trabajadora (incluso la inmigrante), la necesidad indomeñable de importar el Tercer Mundo a España y Europa; este movimiento ideológico de la juventud española es la expresión del poder del neoliberalismo de la izquierda pequeñoburguesa y de la alta burguesía neoliberal española dueña del PSOE y el estado, y se reclutan en medio de un panorama libremercantil de pusilanimidad ante el poder y competencia feroz por las migajas de los poseedores con la promesa de acceder a puestos de trabajo en el sector de la caridad inmigrante y el movimiento ONG, cuyo negocio es la trata y radicación de progresivos contingentes de inmigrantes, un sector dispuestos para la mismísima autodestrucción de la clase social asalariada.

Socialismo burgués con ensoñaciones cosmopolitas y solidarias fraudulentas. Hiperideología y refuerzo ideológico. El presidente Zapatero, rodeado de sus aduladores admiradores subsaharianos arribados a decenas de miles a las reducidas islas Canarias en lo que va de año, no ha hecho más que recordar enfáticamente las causas de la inmigración africana: violencia, pobreza, desastres ecológicos. Su estrategia política para la solución de un problema que angustia a la gran mayoría de la población española no ha sido otro que plantear la solución de las lacras de todo un continente, con cientos de millones de habitantes... Una solución de rango planetario para un estado con recursos muy limitados, circunscrito a un área específica y mínima de la geografía mundial. Afortunadamente no ha planteado la solución de los problemas de los miles de millones de habitantes de Asia, cuyos inmigrantes comienzan a constituir un flujo muy denso hacia España. Su estrategia bienintencionada y generosísima, pagada con los recursos escasos de la hacienda pública, a la que contribuyen casi en exclusiva los asalariados y trabajadores más modestos de un estado con varios millones de pobres nacionales, equivale a supeditar la intervención en el problema concreto a la solución de otro mayor multilateral y cuasi -infinitamente más intrincado y dependiente de factores inasequibles al control de las capacidades del estado español para influir en la escena internacional y a escala continental, equivale a no aportar nada a la solución de la pauperización creciente de las clases trabajadoras en el estado español a causa de la inmigración y el capitalismo predador interno. De ahí que la idea delirante e irrealizable de intervención a escala planetaria se haga depender para este Ejecutivo de la participación de la UE, y que el argumento de esta intervención multilateral sirva de parapeto irracional a los reproches de la población irritada por la dejación de funciones en el nivel local del estado español para solucionar el problema de la invasión migratoria. El Ejecutivo socialista pretexta la irresolubilidad de un problema local con uno de dimensión paneuropea, y este último lo asocia a la resolución de un problema en una escala aún mayor, la planetaria. Si estas escalas superiores fueran fácilmente administrables para evitar la inmigración abusiva a España, cabe esperar que por la misma lógica, el Gobierno se arrogaría el pretexto de un condicionante aún más universal como el del supuesto orden “caótico” del mundo subatómico.

La huída metafísica de Rodríguez Zapatero es un fraude de base para la ciudadanía que espera que simplemente, tan sólo, se respeten las fronteras con recursos de sobra disponibles (como los que se han invertido en el cuidado de las fronteras y el orden público en países tan cruentos como Haití, Afganistán o Líbano) y que se gestione un intercambio racional en el plano internacional respecto a la inmigración. El presidente del Gobierno vuelve a reincidir en una solución que no ha sido eficaz en los últimos cinco meses de “esfuerzos diplomáticos”, un mero lavado de imagen, que en teoría incluían la ayuda para programas humanitarios e industriales para disuadir a la emigración potencial de los estados africanos implicados. Pretende incrementar en el próximo ejercicio presupuestario la ayuda internacional de España al desarrollo, pero la verdad es que nunca alcanza el 0,7 recomendado por las organizaciones internacionales de cooperación al desarrollo; muchos estados europeos superan la aportación de España a la cooperación para el desarrollo y ello no ha impedido la actual tasa en aumento neto de la emigración en el continente africano. La actitud del presidente ha sido reafirmarse en la farsa y en el equívoco, en la ambigüedad de entelequias de prosperidad a escala continental no se sabe bien a cuánto plazo. Su táctica argumental de reafirmarse en esta causa como fundamento de solución del problema de la emigración tras varios meses de dejación de funciones e inhibición es una burla que sólo puede ser cometida por un sujeto consciente de su impunidad y con propósitos más bien inconfesables.

Otra de sus iniciativas consabidas y reiteradas en Canarias, más concreta esta vez, se centra en la negociación directa con los países de emisión. El baile de máscaras del Gobierno español se ha desarrollado en las cancillerías de medio Africa y menos de la UE: la cumbre euroafricana de Rabat, los contactos multilaterales con los gobiernos de Senegal, Mauritania, Guinea, Malí, Nigeria, Gambia, etc. no han conducido más que al dispendio adicional de la hacienda pública en banquetes suntuarios, recepciones con ornamento floral y mucha vida social, vuelos intercontinentales, dietas a funcionarios, nuevas sedes consulares, más burocracia y comedia, y como no, al envío del dinero público español a los bolsillos de mandatarios de estados africanos a los que se les ha impuesto por la doctrina neoliberal de la UE las coordenadas del modelo de “gobernanza”, para menor intervención pública y mayor gloria de la iniciativa privada tan implicada en la trata de mano de obra barata para Europa. Estas soluciones neoliberales que tanto gustan a las burocracias cooperativistas de la UE no inciden sin embargo en la cuestión de la deuda externa, del levantamiento de aranceles para los productos agrícolas, un trato menos abusivo en la OMC, una política comercial menos agresiva y subvencionada que evite la ruina competitiva de los países africanos, disolución del monopolio tecnológico de los países desarrollados, limitación de la exportación de paro al Tercer Mundo, contención del contrabando, etc., etc., cuestiones que ni mucho menos pueden constar en una agenda socialista neoliberal, pues los verdaderos amos de Europa precisan ardientemente expulsar y absorber a millones de sustitutos inmigrantes del Tercer mundo con que coaccionar y chantajear a los molestos y reivindicativos asalariados de Occidente. A eso, o mejor a nada de esto último, se han reducido los tan publicitados “esfuerzos diplomáticos” del Gobierno español, para impedir la llegada de inmigrantes por cientos (a veces miles) cada día por la frontera sur de su territorio. Todos estos increíbles “esfuerzos”, que se han reforzado con la misión del ministro del interior a Senegal y la repatriación de algunos contingentes de desafortunados africanos (1 de cada 3 aviones, repatría a 60 africanos, mientras que los otros 2 los desembarca en la península, según la triunfal comparecencia del responsable de Interior, el cual añadió: “se dice pronto”...) a países del continente vecino, se verifican mientras con total desvergüenza una integrante (ver infra) del Ejecutivo Zapatero declaraba la necesidad española de inmigración para “al menos” los “más de diez años” por venir, o se presionaba y denigraba (por los medios progubernamentales de prensa) al pequeño estado insular de Malta por no recoger a decenas de inmigrantes rescatados por un pesquero español, inmigrantes cuya mayoría fueron asentados en España por sus mismas autoridades empeñadas en ofrecer la imagen a su opinión pública de los manidos “grandes esfuerzos diplomáticos” por devolver a dichos emigrantes ilegales a sus países de origen o de repartirlos por varios países de acogida.

Otro de sus planes de solución pasa por implicar más a la Unión Europea en la vigilancia de las fronteras, pero es un verso de la misma estrofa con que describía el Ejecutivo sus intenciones hace tres meses que han terminado en un exagerado empeoramiento de la crisis migratoria. La UE, contrariada en sus recomendaciones sobre la política migratoria, no ha mostrado apenas interés por apuntalar la política de puertas abiertas a la migración emprendida por el PSOE. El proyecto FRONTEX ni tan siquiera ha sido dotado para más de un mes de actividad de protección de fronteras en Canarias y cada prórroga requiere semanas de negociación en Bruselas, para escándalo contrastado de la población civil canaria, el oficial de las autoridades canarias (indignación fingida en gran parte por tratarse de un gobierno pro-inmigración y neoliberal) y los observadores políticos. El mismo ejecutivo ha actuado irresponsablemente desdeñando las iniciativas europeas de negociación al no enviar a representantes de alto rango a las reuniones de la Comisión sobre el problema. Tan igualmente hueca parece como la promesa, arriba señalada, del presidente por implicar a la UE en un megaproyecto de cooperación euroafricana que no sirve más que para suavizar entre los más ignorantes la naturaleza predadora del capital europeo en el Tercer mundo a la vez que los crudos proyectos neoliberalizadores del Ejecutivo español para con su propia población soberana en la letra de la ley.

El lavado de imagen, el embrollo doctrinal del socialismo, la mentira sistemática, los efugios sobre la realidad de la actividad política y la gestión pública fáctica, son parte de la inevitable metodología de ocultación de las incompatibilidades de fundamentos, que se refleja en la actitud contradictoria de los responsables del Gobierno cuando se contradicen mutuamente sobre la conveniencia o no de la inmigración sin limitación. Véanse los acontecimientos al respecto de la moratoria de dos años para la libre circulación de inmigrantes rumanos y búlgaros, cuyos estados ingresan en 2007 en la Unión; el Sr. Moratinos, Ministro de Exteriores, postula la vigencia del período, mientras que el Sr. Caldera, Ministro de Asuntos Sociales y entusiasta adalid de la productividad y del aumento del nivel de vida y los derechos de los trabajadores (quizá no de los que trabajan en España), desautoriza abiertamente al primero, colega del mismo Ejecutivo, al abogar por la eliminación de la moratoria, y en cualquier caso, por la introducción de salvedades en pro de la flexibilidad del mercado de trabajo, esto es, de la libre almoneda esclavista. “¡Qué pluralidad de pareceres en tan tolerante y liberal Gobierno!”, exclamarán los fanáticos partidarios de dicho Gobierno: ¡en efecto, qué liberal y rastrera camarilla de gobernantes!, asentimos los comunistas. En boca de altos cargos, simultáneamente, unos mensajes van encaminados a apaciguar a una población civil inmensamente mayoritaria inquieta con la deterioración constante de las condicionas de subsistencia, y otros van encaminados a ensalzar las bondades y ventajas de la inmigración para los próximos lustros. Intereses de población civil mayoritaria colisionan con los de una oligarquía dueña del estado, trabajo contra capital, de manera insuperable, intereses ni siquiera harmonizables en las entelequias quiméricas de la “hiperideología” y la propaganda obsesiva del socialismo burgués. En esta falla para cuya resolución no basta ya ni el fraude, pues en un régimen supuestamente democrático la población pide cuentas; se hace irremediable el recurso a la doble personalidad, a la ambigüedad y la pura contradicción como facetas de una misma entidad; dialogía y dilogía discursivas propias de la naturaleza psicótica de la sociopsicología del neoliberalismo: toda fantasía es válida y verdadera si es sancionada por el estado y quien detenta el poder, como medio de perpetuación en el poder e imposición de un proyecto político oscuro pero real . La verdad es tal porque está ungida por la autoridad del poder, y el poder político es en sí la piedra maestra que da sentido certero y licitud a cuanto se explique. Entonces se confunde sin tapujos verdad, valor y poder. Muy curiosamente, el neoliberalismo de la derecha en la última legislatura del PP, puso en marcha los mismos procedimientos de composición ideológica. Es el epílogo de las ideologías que quieren acaparar en su seno a las ideologías naturales y genuinas que están en contradicción irremediable, para su desactivación y para intentar la pacificación propagandística de la sociedad. A este refuerzo ideológico se le ha llamado por muchos neoliberales exaltados la “muerte de las ideologías”.

 

Estigmatización despótica y según el binomio “racismo y xenofobia”. La avalancha migratoria y la política de libre admisión de inmigrantes propiciadas por el socialismo burgués español y por toda la clase política española con el discreto regodeo de la burocracia de la Unión están llevando a miles de indigentes a vagar por las calles y campos del país sin apenas sustento básico. Para forzar el acogimiento de estas masas inmigrantes transfiriendo el coste a la clase social española y europea más vulnerable y humilde, los paganos del liberalismo, se instauran y toleran diversos mecanismos propagandistas, presupuestarios y mercantiles por ilegales que sean (v. gr. la subcontratación). Que la población autóctona más explotada se pliegue a los designios de la burocracia requiere entre otras acciones criminalizar como “racistas y xenófobos”, sin distinción real entre los dos términos que se equiparan en un manido binomio retórico, a aquellos que se niegan a ser despojados y empobrecerse más a resultas de la transferencia a terceros irregulares o no de bienes y servicios públicos que se mantienen estancados o se recortan crecientemente y, especialmente a financiar la implantación de mano de obra competidora con las propias rentas del trabajo de los directamente afectados por esta importación de competencia en favor de la misma burocracia y la clase empresarial. Por un extremo se aumentan las dotaciones del estado central a las autonomías para inmigración en más de un 50%; por otro se manipula la opinión pública con declaraciones de antirracismo y con la empatía con los no siempre (ver infra ) “desafortunados” inmigrantes, actitudes de la población honrada española, que se vuelven contra ellos por estos izquierdistas y burócratas social-liberales, para confundir y desactivar las protestas de ciudadanos del estado o de los canarios (moción contra el racismo y la xenofobia en el parlamento canario en octubre en el momento de la convocatoria de protestas ciudadanas contra las políticas de inmigración neoliberales) y para tergiversar la ideología socialista de la sociedad civil en favor del neoliberalismo libremercantil y explotador, en vez de impulsar políticas de producción socialistas de protección de los trabajadores españoles y para la exportación de modelos de crecimiento económico justos y democráticos, genuinamente socialistas, en los países de origen de la inmigración.

La criminalización implica identificación y castigo, estigmatización, automática propensión a la marginación y aislamiento social cuando aparece la desviación ideológica, efectos sólo moderados en la actualidad por una opinión pública mayoritariamente adversa a las políticas del gobierno en materia de inmigración. Puede implicar desde la intervención policial-judicial, pasando por la mera campaña de desprestigio y confusión dirigidas a enfrentar a la población civil, hasta la expulsión del empleo, en ocasiones la amenaza de linchamiento por grupos afines a la ideología neoliberal radical (las “tropas de asalto” en gestación del PSOE), o por las minorías acosadas y en actitud agresiva que motivan las relaciones racistas de superexplotación y competencia destructiva fomentadas por el orden neoliberal izquierdista o derechista.

El racismo es prodigado por el socialismo reformista y burgués, y por el izquierdismo en general, mediante a) la perversión cognitiva y del lenguaje, identificando espúriamente la resistencia al expolio y degradación que impone el flujo forzado de la inmigración y la preferencia selectiva de trabajadores sumisos y superexplotados en el sistema libremercantil sobre la población asalariada autóctona con el racismo , y b) sobre la base de la coacción ejercida por la imposición de la competencia de abundante población extranjera más afín a los intereses de los empresarios y extraña a los derechos y recursos de los asalariados ya autóctonos: la población que es perjudicada en sus derechos y nivel de vida se ve obligada , coaccionada, inducida desde el poder y las relaciones económicas dirigidas por los propietarios de los medios de producción a optar por el racismo para muchos la única alternativa política y de cohesión ideológica con el fin de conformar uno de las pocos modos posibles de autodefensa frente a la opción de su sustitución y aniquilación, dicotomía que apoya de manera fáctica el gobierno y el poder, la clase política (incluidos los socialistas reformistas), la ideología oficialista y dominante, el modo de producción y las clases sociales afectas al poder político y las clases burguesas o propietarias de los recursos productivos con los que adquieren filiaciones actitudinales. En posterior fase, la derecha conservadora ultramontana se encarga de vender políticas positivamente racistas que recojan la pavorosa cosecha sembrada por todos, socialistas y reaccionarios. El efecto que buscan conservadores, reaccionarios, socialistas reformistas y liberales es efectivo porque hay una condición de fuerza de la que se aprovechan: la población común prefiere y no puede evitar combatir el sistema categorizador del poder, y encuadrarse en el movimiento racista pre-organizado desde las distintas ramas y objetivos del mismo poder como receptor unívoco al descontento y la necesidad social, cuya única alternativa es en muchos casos la probabilidad certera de perecer en un entorno de inseguridad física y laboral creciente promovido también por el poder. El poder político y productivo en sus diversas expresiones y objetivos impulsa políticas de terror y de nacionalismo intolerante, todo con el fin último de erradicar el sistema de bienestar social remanente en España y Europa. En este sentido, es sugerente el ponderar la hipótesis de si no se está ante una reacción calculada de las burocracias y poderes económicos de la Unión europea para alcanzar los principios de una constitución europea impopular y los postulados de T. Blair que se han rechazado abrumadoramente mediante sufragio en varios países a lo largo de 2005. La estrategia se basará entonces en la perfidia y la alevosía, la divisa: “erradicación de las estructuras de bienestar asalariado en Europa volens nolens ” a través de la acción tácita política en el plano de la “baja política”, de las relaciones industriales.

 

Tácticas propagandísticas concretas e ideales de sociedad radical neoliberal clasista. El último estrambote al respecto lo constituye el “Proyecto No-Guetto”, encuadrado en el “Instituto Cultura del Sur” presentado a la UNESCO para su difusión por toda Europa como modelo de integración y superación de la “exclusión y lucha contra la xenofobia”, producto de la invectiva perversa de los alcaldes de las zonas más deprimidas del cinturón obrero de Madrid, las zonas más castigadas por la severa desestructuración social que ha provocado el amontonamiento, perversamente organizado por el orden dominante, de los inmigrantes en las zonas urbanas donde ya se agolpaban básicamente con mezquinos servicios y asistencia social en constante menoscabo, el grueso de los que contribuyen con su trabajo a engordar el Madrid aristocrático, exento de emigrantes (y los graves problemas asociados de aglomeración y choque de conductas y valores) salvo para los servicios domésticos y otros trabajadores no residentes. En el otro polo, distritos como el de Vallecas Pueblo reciben 1 euro por cada 100 de barrios como Chamberí en la zona “noble” capitalina; su empobrecida población autóctona no ha recibido un trato compasivo ni digno o rehabilitador siquiera en decenios, su juventud carne de prisiones, sumida en el alcoholismo y la droga desde siempre y en la actualidad en mayor proporción en medio de la preferencia por los inmigrantes, vaga por los estercoleros donde se reproducen aceleradamente las condiciones de los países subdesarrollados con la llegada de los inmigrantes de todo el mundo desheredado en avalancha.

Los alcaldes de municipios como el de Alcorcón, Leganés, Fuenlabrada, Parla, Móstoles (con gobierno conservador) y otros gobernados por el PSOE e IU, donde la población extranjera inmigrante censada alcanza el promedio del 16%, propugnan en su proyecto unas consignas alucinantes y carpetovetónicas, tan estrambóticas y surrealistas que más parecen destinadas a provocar la reactancia de la población general y forzar su encuadramiento político en la oportunista extrema derecha, a saber: la “causa romántica contemporánea” consistente en la reivindicación de la “riqueza cultural” que aportan los inmigrantes, la noción de “rebeldía del mestizaje” y otras perlas retóricas, pomposas y psicóticas por el estilo que sólo esconden el pánico y la perversidad alevosa de una casta política corrupta y caciquil imposible de aniquilar por la opresión existente sobre la clase trabajadora sin partido propio genuino. Estos aspirantes a “ingenieros sociales” de última hora, que no están lo suficientemente educados como para saber de la mera existencia de las ciencias sociales, incapaces de concebir que el exotismo y el orientalismo ya formaban parte de los románticos decimonónicos y de las grandes modas de la Europa corriente de hace casi dos siglos y también en los ilustrados revolucionarios del XVIII, que mucho menos entienden que el exotismo está siendo barrido por la globalización contemporánea, cortada por el patrón anglosajón portador de doctrinas interétnicas comunitaristas y orientadas al multiculturalismo “apartheid” indisoluble del neoliberalismo, al que se atenazan estos socialistas burgueses reformistas con mechas rosas social-demócratas, han lanzado un grito de triunfalismo que no descubre más que la huída adelante de un proceso que no pueden parar dada la descomunal fuente de lucro que significa la inmigración y la reproducción de barrios chabolísticos, favelas, suburbios y demás “guettos” en definitiva, para las actividades de los empresarios y propietarios de negocios necesitados de exprimir los jornales de sus víctimas a la vez que se apropian de sus aportaciones al fisco (a través de la gestión pública) y aun de sus cotizaciones en el empleo clandestino, acaparando los servicios públicos y las subvenciones a los fines de sus granjeos, cercenando cualquier excedente para el bienestar social que merecen sus productores auténticos. Además del lucro, hay una consigna del poder del estado en manos de Ejecutivo socialista que tiene como finalidad de máxima urgencia la fragmentación de la oposición conservadora mediante la catalización de un movimiento de extrema derecha racista (ver infra).

Los sátrapas de la burguesía en la periferia obrera de Madrid, mucho más próximos a las amenazantes desestructuraciones sobre el terreno y los vecindarios que administran en comparación con el poder supremo del estado, temerosos ante un agravamiento de la criminalidad, cuyos índices se interpretan sesgadamente para convencer a los habitantes de estos municipios que la delincuencia no aumenta y que la población marginal extranjera no está cuatro veces más involucrada en ella que la nacional (ni los propagandistas a sueldo del PSOE son capaces de disimular los datos estadísticos terminantes, ver: Juan Avilés, 2001), inquietos ante un panorama de reproducción de guetos y sus conflictos arrolladores como el caso de Francia en 2005, incapaces de estirar unos presupuestos de atención social en el entorno de aligerar la carga impositiva a los ricos que, por si fuera poca la necesidad, son destinados a propiciar las actividades de la burguesía y su economía localmente implantada, conscientes del malestar abrumador de la población que ve sus salarios difuminarse sin que falte surtido de empleados dóciles irregulares o no para ocupar por menos retribución puestos de más esfuerzo, tiemblan ante la posibilidad de que la ciudadanía se amotine y se constituyan en las dianas inmediatas del resentimiento del proletariado y la ciudadanía en general del área metropolitana periférica.

Es por ello que estos mezquinos sátrapas defensores del orden de los patrones y del neoliberalismo rampante, sin nada que ofrecer a la clase trabajadora a pesar que se presentan como sus adalides de máxima proximidad, se lanzan a lo que mezquinos pueden hacer para intentar prevenir los riesgos que se perfilan, esto es, una campaña de propaganda destinada exclusivamente a alienar a las gentes humildes para que acepten por que sí , en razón de la misma naturaleza benéfica “cultural” que se supone que son, las supuestas lisonjas del “enriquecimiento” que conferiría la asunción de la cultura extrajera de los inmigrantes físicamente presentes: puesto que lo extraño es bueno quizá, pero sobre todo porque sí... y sin aliviar el proceso de importación de población excedente y sus problemas lógicos de subsistencia que lógicamente implican. Y para ello pretenden incidir con su propaganda en el esquema mental de lo que en su percepción deben ser súbditos obedientes a los que aleccionar sin más acerca del bien y del mal, sobre la cultura que valorar o practicar o no. La cultura, para estos “románticos” espontáneos tan modernos o románticos pancistas, nuevos ricos y futboleros, ya no resulta del fruto más íntimo y espontáneo del genio creador y libre de un pueblo según las enseñanzas de los románticos genuinos más insignes del XIX, sino de la anodina consecuencia de un bando estipulado por las mentes borrachas y domingueras de cuatro incultos caciques del ladrillo venidos a más, de los jefecillos de partidos en manos de los poderes financieros de España, extremistas en su juramento de traición a la causa del socialismo revolucionario y de la clase trabajadora. Estos padrinos mastuerzos proponen una “rebelión” que haga olvidar quién se lleva los réditos de una pauperización de la clase trabajadora en su integralidad, incluyendo el comercio y corrosión arbitraria de su ideología y sus valores culturales más folclóricos, con la implantación a fuerza de embudo de remesas inacabables de seres humanos desahuciados y que deben convertirse en siervos a saldo de estos grandes y pequeños patrones de avaricia insufrible.

Proponen una “rebelión” para que los trabajadores y ciudadanos locales aporten para mantener a sus siervos y marginados, a los que contra su voluntad y espoleados por su hambre o engañados por su propaganda del triunfo y el principio del “pelotazo” tan connatural a la doctrina liberal, han convertido al papel de esquiroles a los que se pretende dar carta blanca para que obtengan, por el libre albedrío persuadido de los ciudadanos de base, aquellos bienes elementales de subsistencia y todo lo que puedan extraer, o por la caridad, o por la expropiación de los bienes comunales de trabajadores ya establecidos o por la violencia con la indulgencia comprensiva de los jefes locales. ¡Qué rebelión más espectacular y "subversiva"! Muerta ya la revolución contra la burguesía y demás clases opresoras, la rebelión eufórica pasa ahora por convertirnos en mamporreros de estos jerifaltes de medio pelo y de la clase de fulleros mercantiles y negreros que representan. Qué barata saldrá esta “rebelión” “cultural” que no puede ser más que “cultural” como todo el programa de legislación del Sr. Zapatero y sus esbirros, a cuya rebelión de seguro que se unirán con fruición los fascistas “neocon” de la thacheriana presidenta de la Comunidad de Madrid, Aguirre, que alcanzó su liderazgo mediante la corrupción inmobiliaria y el soborno político. Si acaso fueren materialistas, se podría alguien solazar pergeñando que quizá esta “rebelión” “cultural” alcanzaría incluiría a algo más que las cantidades de las arcas públicas que despilfarrarán en engatusar sin piedad a toda la población contribuyente contra sí mismo y que se cambiarían algunas condiciones de producción de la cultura para ponerlos en manos, o tan siquiera acercarlos, al genio libre y creador del pueblo soberano del cinturón “rojo” de Madrid. Pero es igual, no hay solución, pues se puede adivinar dónde revertirían semejantes partidas “culturales” ante el absoluto boicot y negativa a simplemente reconocer la existencia de clase asalariada en estos zafios de casta gobernante: a la degenerada clase pequeño burguesa y notables liberales de estas ciudades-repúblicas bananeras.

Estos gobernantes locales envanecidos e improvisados “revolucionarios románticos” no se detienen ahí. Puesto que antes de erigir puestos de trabajo suficientes, dignos y de derecho, antes de desarrollar una economía pública de la vivienda auténticamente popular para que los autóctonos y ya radicados trabajadores extranjeros puedan erigir una cultura por ellos mismos libremente creada a su gusto en el tiempo que les sobrase así, sin estar explotados con excesivas horas de trabajo extraordinario; antes que impulsar seriamente la creación de trabajo productivo y desarrollo de los recursos humanos; antes que construir más bibliotecas para evitar que sigan atestadas las actuales y negarse a aceptar las exigencias de la sociedad de autores de hacer pagar a los prestatarios de libros en bibliotecas públicas, estos dictadores de aldea serían capaces... de desenterrar a Cervantes y quemarle en sus propios libros. Puesto que se negarán a estas y muchas más necesidades, por cualquier medio, ni se dude, prefieren comenzar su tarea maligna tanteando nociones muy arriesgadas: el mestizaje.

Los poderosos acosados son como alimañas, y en el siglo veinte ya exprimieron el concepto de “raza” de mil maneras para alcanzar fines inconfesables, para en los años veinte y treinta, destruir el ascenso de la revolución socialista en Europa. Entonces A. Hitler y su movimiento político también modernista, vagneriano y romántico-popular lo llamó “revolución racial”. Hoy terminologías cacofónicas de este tipo se vuelven a inyectar como una maldición atávica en las venas de la sociedad civil contemporánea que forcejea por redimirse de semejantes complejos racistas. Hoy se trata de una “rebelión del mestizaje” (sic, “Proyecto No-Guetto”). Es como si las oligarquías o grupos dominantes echaran mano del repertorio y las ideaciones racistas cuando se trata de evitar un conflicto de clase, un mecanismo funcional irremediable, una perturbación mecánica del orden impuesto para la explotación a gusto del poderoso sobre la masa sometida. Ante una amenaza de conflicto de clase omnipresente o intuido semejante y sin vías de solución por otro camino, el fantasma de la remodelación y la cohesión raciales hacen su aparición en las estructuras psicosociales de los que ven amenazadas sus prerrogativas. No sólo basta con el concepto de patria o nación (grupos excluyentes), o de imperio y globalización (grupos incluyentes), es preciso entonces el concentrar los esfuerzos purificadores, cooptadores, que refuerzan la concertación y la convención, la lealtad fanática a un régimen de dominación, según el principio de radical cohesión racial. Con esta maniobra ideológica se categorizar y separan de manera radical y violenta aquellos que sirven y se someten para bien del régimen dominante, de los que verdaderamente avocados a la insurrección, se destinan a la quema. Si el nacional-socialismo es por un lado racialmente restrictivo y excluyente, es por el contrario, en su dual vertiente intergrupal, universalista por cuanto una vez definidas las “razas” que han de perecer (“salvajes comunistas soviéticos”, marxistas, judíos “internacionalistas” y socialistas, o propietarios excesivamente innovadores a los que expropiar o culpar, árabes después tras los hebreos, negros, gitanos, españoles republicanos, subnormales arios, etc.) se vuelca en la unificación imperial de las castas sometidas que obtemperan bajo el nuevo orden jerárquico planetario, a comenzar por los anglosajones, los mediterráneos convenientemente encuadrados en escalas de valía, los eslavos adecuados, dóciles y germanófilos o germanizados como los ucranianos, los arios orientales de las estepas euroasiáticas hasta la India, helenos, turcos, mogoles, nipones, etc.

La situación derivada de las políticas migratorias en España es explosiva. El Tercer Mundo y los países del Este reconvertidos al capitalismo constituyen la cantera que surte de una masa humana cuasi-infinita con la que hacer reventar los salarios y los derechos laborales (ver comentarios al estudio del Banco de España, infra), la resistencia de las clases sociales asalariadas y el estado social, así como los ahorros y progresos en el desarrollo humano arrancados al empresariado y al estado burgués tras décadas de luchas obreras heroicas incluso bajo la dictadura franquista. La política neoliberal salvaje del Gobierno español dirigido por el presidente Rodríguez Zapatero del PSOE, más agresiva e hipócrita que la del PP, se está imponiendo sin misericordia de una manera alevosa y disimulada, por fases bien planificadas, para reubicar el patrimonio básico y la aún restante fuerza política de los trabajadores en manos de los patrones. Se trata de un golpe neoliberal en paralelo con la ola reaccionaria mundial de librecambismo con el fin de homogeneizar el grado creciente de pauperización de la clase trabajadora en el mercado mundial, que resulta de la incapacidad de acumular capital en el libremercado de manera constructiva, y el deseo delirante de pacificar las relaciones de explotación sobre los asalariados, evitando la fragilización en el enfrentamiento interno de clase entre capitalistas. El Partido Socialista Obrero Español, en manos de la burguesía agresiva más monopolista, utiliza los votos y la confianza tradicional de los estratos más modestos y atrasados de España para encubrir su perfidia con la falsa ideología del “socialismo” y el “izquierdismo”, tergiversando con sus proyectos improvisados y con sus principios de “multiculturalidad” (forzosa) y “solidaridad universal” una situación real que sin embargo y tras alguna observación superficial y reflexión sólo puede resumirse en racismo, clasismo y capitalismo acérrimos.

Los necios y atemorizados neo -nacional-socialistas del “Proyecto No-Guetto” viven plenamente la aspiración globalista del neoliberalismo contemporáneo y asimismo precisan de la importación de inmigrantes en masa a toda costa ante la imposibilidad actual, por el momento, de reanudar en la “alta política” la tentación del colonialismo imperialista, repartiéndose el mundo como antaño y dar salida a un auge capitalista siempre al borde de la quiebra. Puesto que intuyen o imaginan las crecientes dificultades de la sociedad civil modesta por llenar sus estómagos de manera cotidiana, optan por fijar los capitales y la producción en sus municipios al precio de la importación del Tercer Mundo, la degradación de la productividad y la quiebra social del conjunto de la clase trabajadora: “al menos tendrán empleo” es el mensaje con que pretenden consolar los pregoneros del capital, olvidando que el desgaste del trabajo sin reposición de renta salarial sólo empeora la situación del empleado... La faceta astringente, restrictiva del nacionalismo (enmascarado en delirios cosmopolitas), o el objetivo de imponer un orden bajo un grupo social aún más selectivo es muy potente hoy en día, y no choca como se pudiera suponer a primera vista con la globalización y su irreal ideología liberal universalista. Si por una parte se pretende eliminar tal cual no sólo la cultura ciudadana española espontánea existente desde la administración pro-burguesa que detenta el poder en España y sustituirla por un producto cultural sincrético al gusto de las necesidades más arbitrarias de las clases dominantes del país, y además sustituir el “linaje” en su sentido más lato, los clados y las alianzas de parentesco hasta aquí existentes mediante un (nuevo) mestizaje biológico, cuya importancia verdadera reside en la destrucción del parentesco nacional español, con el importantísimo fin por otro lado, de pretender mantener con este sucedáneo una reafirmación de entidad nacional renovada, que prescinda de la caridad y conflictividad de una ciudadanía “excesivamente” ( a ojos de los que detentan el poder en esa nueva nación) implicada en el poder del estado con sus derechos laborales y sociales ciertamente alcanzados tras crueles experiencias revolucionarias obreras socialistas (realmente socialistas). En sí, el parentesco español no tiene nada de sagrado, racial o supremacista sobre los demás seres humanos y sus relaciones de parentesco alógenas, pero sí conlleva la transmisión generacional de un orden social de participación en el poder y participación en los recursos del sistema productivo por parte de las clases trabajadoras. Y la ruptura de estos vínculos de parentesco no se asocia a la configuración de un nuevo árbol genealógico o mestizaje que refuerce los parámetros de poder y prevalencia sobre el modo de producción por parte de la clase trabajadora asalariada, inmigrante, híbrida, extranjera o sincrética. Se trata de bloquear el cauce de regeneración de los derechos de los trabajadores como hasta ahora tienen lugar, de reconfigurar un nuevo orden de parentesco para marginar aún más a los asalariados del sistema y excluirlos de su peso actual en el estado y la producción.

El socialismo burgués del PSOE se ocupa en la actual fase de desmontar la nación actual y su mismo concepto para erradicar este canal de transmisión de derechos; sin embargo también impulsa otro tipo de lealtad al poder, la “patria”, el estado, las leyes, la propiedad privada, el ejército, el comunitarismo, regionalismo y federalismo, los nacionalismos periféricos, basados en el multiculturalismo y el mestizaje,... todo lo cual es la semilla misma de otra nación, un nacionalismo reconstituido como alternativa, cuyo centro sigue siendo la dotación para el grupo, por fragmentado que esté, de un estado; sin aludir al hecho de que también alienta la emergencia del ultranacionalismo tanto periférico como centralista (de izquierda y de extrema derecha). El PSOE socava el nacionalismo existente para derruir el entramado de derechos sociales de la clase obrera y por ello deslegitima la noción de nación, pero construye en rigor otra nación aún más genuinamente nacional, la nación liberal (cayendo otra vez “en la charca del nacionalismo” como señalaba Lenin, con sus policías, etc. pero esta vez siendo los curas de multitud de religiones) fundamentada en el poder del estado en tanto que órgano de represión de la burguesía y de defensa del capital sobre la fuerza de trabajo (“mestiza”). Aquellas nimias prerrogativas transferidas por el parentesco en la clase proletaria son observadas por la clase burguesa y las burocracias dominantes españolas neoliberales como un obstáculo para la cohesión social en sus expectativas por un orden de superexplotación y para la docilidad interclasista “nacional” a su favor, y puesto que se transmiten por la vía de parentesco deben ser desmontadas por esa misma vía, la reconstrucción “racial”, mediante la incorporación de contingentes altéricos a ese parentesco que hagan factible otro tipo de ciudadanía dispuesta entre otras cosas y como es tradición, al “sacrificio por la patria”, al sacrificio por otro tipo de nación, es decir estado burgués, dotada de un nuevo “contrato social” más favorable a la burguesía, aligerada del conflicto social de clases, preparada para el conflicto competitivo en la escena internacional (imperialismo), pero por un coste mucho inferior, una vez los costes por el estado de bienestar se hallen atenuados al máximo, el precio de una mano de obra superabundante por los suelos y educada en el servilismo y la baratura del ocio y las recompensas infantiles, una vez que la resistencia de la fuerza de trabajo neo-nacional esté definitivamente cuarteada, desheredada y disociada de los derechos y estatus que los padres legaban a sus hijos respecto del estado y la economía. Los ejemplos futbolísticos que integran jugadores mercenarios que acaban por comprender algunos extremos superficiales de estos mecanismos de poder y transición, al identificarse y comprometerse de lleno con las contendencias interregionales de los nacionalismos autonómicos y centralistas españoles son un buen ejemplo de recomposición del parentesco y renacionalización liberal a la obra. (Los mecanismos descritos muy probablemente son inteligibles y manipulados por los grupos políticos o sus expertos, pero sí sus factores casuísticos, sucedáneos o epifenoménicos que están determinados por los esquemas relatados.)

En este panorama, es crítico el esfuerzo que se hace por subrayar la verosimilitud de la “raza” por las minorías dominantes; no para utilizarla contra una vorágine de etnias a las que se quiere cohesionar y homogeneizar en la pobreza de un nacionalismo imperial cuyo dechado está quizá en el antiguo Imperio Romano de la época tardía, cuya ciudadanía está francamente devaluada y es masiva; sino al contrario, para atacar y debilitar a lo que ellos consideran una “raza” restringida y decadente, impura y viciada, excluyente incomunicada con la concurrencia internacional globalizante y “universalizadora”, privada de la riqueza que aporta lo exótico: riqueza que sólo lo es para la burguesía nacional dominante en la forma de opresión de una clase trabajadora indefensa y excluida hasta el extremo de lo posible del aparato productivo y del poder, que además y cínicamente pretende participar, integrarse plenamente de una “cultura” que es la de las oligarquías más racistas y elitistas del mundo filo-anglosajón, aristocrático, cristiano y “blanco” en detrimento de la propia nacional histórica a la que recriminan en sus adentros, de inferior y fracasada, la cual debe superarse fundiéndose (o identificándose neciamente) con la “blanca” anglosajona. Si los caciques promotores de la rebelión del mestizaje hubiesen abierto un libro de historia de España (que no sea el de neonazis como César Vidal y otros pseudo-historiadores, y aún también estos) alguna vez en su vida, se hubiesen dado cuenta que las Culturas de la Península Ibérica, de Hispania, Al Andalus y España, sus efectivos humanos a lo largo de milenios son una sutilísima mezcla de genes de la mayor parte del planeta, incluyendo Africa subsahariana (cuyas trazas son reconocidas por Coon ya en su obra de 1900, obra cuyo objetivismo descriptivo de los fenotipos es de gran interés por redactarse en una época de España alejada de la problemática social contemporánea), un mestizaje casi universal. Sin embargo, la recientemente reforzada actitud antihistórica y nacionalista pro-neocon del conservadurismo español, y también de forma tácita, de la burguesía neoliberal globalista e izquierdista española, en su obsesión por negar y borrar la componente física y cultural oriental, semita, árabe y africana de la historia de España (componente que tergiversan con la nominación de “exotismo”) para la construcción de una supuesta y vanidosa identidad “blanca”, “európida”, aria y cristiana occidental, está coadyuvando a la estrategia de la izquierda nacional-socialista más ramplona, que aprovecha este prejuicio para definirse a sí misma como “raza superior” genuinamente europea, y por tanto culpable de “superioridad” y supremacismo hacia los demás pueblos. Es decir, la izquierda española asocia a una pretendida “raza” española “exclusiva” y “pura”, equivalente a la aria germánica o incluso la nórdica escandinava, las culpas de hechos pasados de la historia ante los cuales la generación actual y la clase trabajadora española ninguna responsabilidad tienen, por si no fuera más que suficiente el no proceder de grupos genéticos tan sólo europeos y mucho menos “puros” y deber su herencia biológica a infinidad de componentes planetarios.

Las izquierdas españolas, incluidas las confusa e incoherentemente identificadas con el “socialismo marxista”, por lo general inyectan estos principios odiosos y racistas de manera grosera, o de modo pasivo y por defecto, para deslizar su consigna de “rebelión del mestizaje” frente a una población que nunca lo dejó de ser, utilizando el sentimiento de culpa, envuelto en una pátina pringosa de autoadulación racial, al conceder que los españoles son equiparables biológicamente a la mismísima cepa de las naciones racialmente más “singulares” de las naciones triunfantes y poderosas de la Europa desarrollada. En esta doctrina decadente y proterva, se espera que el ario o el caucásico “puro”, “español”, en su magnánima superioridad paternalista de tipo solidario izquierdista, conceda generosamente sus genes a los extranjeros inmigrantes del Tercer Mundo para salvarlos de la miseria, fundiéndose o diluyéndose (principalmente sus patrimonios sin que la burguesía se apremie de ninguna manera a costearlos para obtener provecho de la inmigración) en una “nueva raza universal” (la globalización es un principio neoliberal que entronca con el internacionalismo proletario y las necesidades económicas contemporáneas más acuciantes) de la cual obviamente sólo puede salir beneficiada culturalmente, al pertenecer a una “raza superior” que no precisa de más ayuda o contribución en su opulencia triunfante y racista. El tópico de la “generosidad racial” que dona su “blancura de piel” a los pueblos sojuzgados y amancebados sexualmente de la conquista imperial española y que por ello estos pueblos “deben estar agradecidos a la madre patria” es una resurgencia del racismo fascista español extendido en la ideología del régimen franquista (puede verse bien explicitada en Pemán o Albornoz [cuyo apellido es una palabra árabe]). Cabe presumir aquí que la “rebelión mestiza” que ahora propone la izquierda española (reformista y radical) implica un intercambio favorable a los que “donan” sus “genes eugenésicos” en forma de algo que encierra la “cultura” exótica.

Si los colonos españoles se rodearon de una casta criolla de confianza (al principio) fijada a la lealtad de sangre y a la supremacía intermedia basada en el mestizaje de esta última, para facilitar el dominio por adscripción cerrada con mayor consistencia frente a grandes masas de población indígena, análogamente pero con modificaciones sutiles, lo que está fácticamente proponiendo la izquierda española es la repetición de dicha lógica para generar otra nueva casta masiva y barata intermedia de “criollos” o de ciudadanía de segundo rango que, por nuevos vínculos parentales de fiel alianza y en jerarquía variable de alianza actúen para el afianzamiento del poder y los designios de la oligarquía “blanca” o “etnia primaria” española convenientemente reducida y distorsionada por su base proletaria y reforzada en su cúspide burguesa con un trazado genealógico mucho más definido, efectos válidos para sostener los equilibrios nacionalistas de explotación interna de las clases sociales subalternas y de concurrencia en el mundo exterior globalizado y violento. Por supuesto aquí emerge el objetivo profundo y las coordenadas ideológicas de unos intereses a medida de la burguesía para la que los lacayos políticos españoles izquierdistas (y conservadores) trabajan; pero el detalle de la recompensa cultural es claro: los trabajadores o gentes de extracción modesta, definidos como “arios”, de “cepa genuina” o “raza” “auténtica” española que “donen” graciosamente sus genes para crear una prole “neo-mestiza” o “criolla” recibirán a cambio reconocimientos honoríficos, legitimación y alguna influencia política menor en la manipulación de los materiales y valores culturales, a saber, morales, idelológicos, de marcado prestigio oficial y valor político sobre la nueva sociedad mestiza sometida o de segunda clase de hecho; recompensa que queda asegurada para los españoles “pobres” en función del vínculo “racial” que comparten con la clase poseedora de los medios de producción fundamentales del país, la alta burguesía y la burocracia bien compactada e identificada genealógicamente, los “európidos” españoles “de raza pura” que son beneficiados económicamente por la inmigración y el mestizaje, este último también un instrumento en el que diluir el malestar y la pobreza aguda de los guetos tercermundistas importados, a costa de rebajar más el nivel de vida de la población asalariada que habita el país desde antes y, destinada a servir de contraparte en el proceso de “neo-mestizaje” o reconfiguración del parentesco de la gran masa de españoles, a la par que transmiten una aportación en forma de peculio, e indirectamente de pérdida de derechos de ciudadanía en términos reales de su descendencia.

En este esquema de integración las pérdidas de derecho y estatus de la población española modesta y de la población extranjera son irremediables por la misma condición que las crea: la preexistencia de una burguesía inductora del “re-mestizaje” porque precisa desesperadamente la importación de mano de obra a bajo coste y revocación de la influencia y participación política actual para ella “excesiva” de la clase trabajadora en conjunto. Cualquier intento de mejora de las condiciones de vida de los asalariados, extranjeros o con ciudadanía, así como cualquier afán de integración interétnica serán inocuos, palabrería sin consecuencias relevantes, sin la interceptación del proceso que refuerza y fortifica a la gran burguesía y su estrategia política de afianzamiento del mercado libre laboral y de disolución de la cohesión de la clase trabajadora; y ese proceso es la inmigración a gran escala y ajena a cualquier planificación favorable a los asalariados ya presentes en la industria del país. Es la libertad de emplear de que goza el empresario a fuerza de trabajo que libremente importa a gran escala de áreas demográficas terceras, el elemento esencial que mientras esté activo hará fracasar cualquier reivindicación salarial, laboral, política favorable a los asalariados, cualquier intento de socavar el poder de la clase dominante y su deriva supremacista y racista, y la razón por la que el proceso de regularización masivo que sancionó el Gobierno de R. Zapatero acabó con la importación multiplicada de contingentes suplementarios de mano de obra extranjera precaria e ilegal que oponer a los demás trabajadores regularizados y con la que formar un nuevo estrato en competencia para la fragilización interna de los asalariados en conjunto. Cualquier intento de arremeter contra el capital será fallido si este se refuerza con la incorporación de “soldados” de refresco, de nuevos sirvientes, agentes competidores, sobornables baratos, esquiroles y sustitutos oportunistas con que reforzar las murallas humanas con las que se protege la burguesía.

Estos análisis y reflexiones intentan expresar las intenciones de las burocracias y las clases dominantes de España, como, en gran parte allende los Pirineos, y el trasunto de la gestión política de izquierdas (y, a consecuencia de la marginación o del enrarecimiento de la clase obrera de la política, la gestión de derechas) de la periferia asalariada de Madrid. Pero hay otros factores y motivos a la obra que impedirán muy seguramente tamañas infamias y abusos en una sociedad más viva de lo que suponen burócratas reformistas y demás reaccionarios. Los alcaldes del “Proyecto No-Guetto” tienen razón al ver las orejas al lobo, pues no podrán evitar con su reformismo torticero la pauperización rampante y el conflicto social que conlleva la importación del Tercer Mundo a un Estado de Bienestar en penoso vaivén de avance (y retroceso predominante) en España, a causa simplemente de que la inercia del capitalismo no se detiene ni ante políticas que debieran ser las más astutas y preventivas para el apuntalamiento del mismo capital. El capitalismo se alimenta de la violencia extorsionadora, y sus esfuerzos de planificación para procurar sostenibilidad sólo desencadenan más violencia acumulada, si no es compensada con el reconocimiento de la derrota del capital por el socialismo genuino a cualquier escala. Esta es la razón crítica por la cual el capitalismo no puede prescindir de incorporar remedios socialistas supeditándolos a la sostenibilidad del modo de producción capitalista, deformando y degradando la justicia intrínseca del socialismo hasta transformarlo en un instrumento más de corrupción y opresión totalitaria, el nacional-socialismo es la mejor ilustración, pero el umbral de este modelo social son el social-liberalismo y, el socialismo burgués de siempre.

En medio del soborno generalizado y la deformación capitalista, decir “socialista” es decir casi cualquier cosa en cualquier grado, esto es, su significado se ha ajado por la apropiación que la burguesía ha hecho de esa misma noción mediante el soborno, chantaje y manipulación de masas con fines clasistas. El “socialismo”, aparte del marxismo y del comunismo irreductible a costa de incontables esfuerzos de verificación y sofisticación por parte de sus tenaces defensores, y aparte de algunas corrientes social demócratas radicales y anarquistas colectivistas, no se ha significado necesariamente por su defensa coherente y leal de los derechos de los asalariados a lo largo de su historia, aún menos por la consigna de “socialización de los medios de producción”, habiéndose situado sus promotores en una ambigüedad fundamental respecto al capital, salvo en lo concerniente a una inclinación reconocida a la “caridad” hacia los numerosos “pobres”. En épocas de revolución industrial, los socialistas se encuadraron al servicio de los intereses de la aristocracia feudal contra la burguesía naciente; a lo largo del XIX se confundieron con la burguesía formulando la imagen más ideal y persuasiva de dicha clase social para minar la iniciativa de la clase obrera; durante la primera mitad el siglo XX, los socialistas configuraron el núcleo de la reacción junto al capital monopolista, dando como resultado el siniestro nazi-fascismo... Para destruir la fuerza del socialismo marxista y del movimiento comunista, tras la relativa derrota de la reacción nazi-fascista, se convirtieron, bajo la bandera de la “social-democracia” ultrarreformista en la purulenta infiltración preventiva del capital contra la socialización en el seno de las clases asalariadas. El capital parece haberse parapetado y sobrevivido en el seno del socialismo, sin abandonar nunca del todo la escena, esperando enquistado a erguirse sobre la infección terminal de su huésped.

Los asalariados contemporáneos no deben olvidar las lecciones de la historia, ni tampoco la torva reputación de un partido pseudo-obrero, el PSOE entre muchos más en Europa, que no ha hecho más que mantener el poder y la explotación de las elites aristocráticas (incluidos personajes como la duquesa de Alba, que mientras era condecorada por el presidente socialista de la Junta de Andalucía, se destacaban a las fuerzas del orden “público” por estos mismos socialistas a golpear a los jornaleros de los latifundios de la noble feudal, hace pocos meses) y burguesas de España bajo la mentirosa indumentaria del “progreso social” y el reformismo avaro, y que desde su renuncia al marxismo, y al legado del mismo Pablo Iglesias, está desprovisto de principios, enfermo de corrupción y sometimiento a los capitalistas supeditados a su vez a su ofuscación lucrativa por todos los medios incluidos los más disolutos o sanguinarios... No es de extrañar pues que se pueda hablar de cualquier aberración política en un partido de semejantes características, cuya más fundamental aspiración es la de basamentar sus objetivos de poder en concordancia a la dinámica reaccionaria dominante en la Europa contemporánea, obsesionada con la destrucción hasta los cimientos del estado social y la administración pública productiva, esto es, la esclavización de las fuerzas del trabajo en Europa y de cuantos desheredados conciben naturalmente, físicamente constituidos para su servicio y usufructo. La evidencia y el modo en que conciben la supremacía de unos seres humanos sobre otros como un hecho natural, normal e imperturbable por obra de la sociedad, y eterno, asumido como función “biosocial”, incluso conveniente a la condición humana del explotado cómo no, puede extraerse de las acciones políticas de los socialistas; aunque no tan explícitamente de sus declaraciones verbales o de su discurso ideológico, es observable en algunas declaraciones: Consuelo Rumí, Secretaria de Estado de Inmigración y Migración, ante las críticas y el malestar masivo de sus conciudadanos y votantes motivados por la avalancha inmigratoria descontrolada, no ha tenido empacho en espetar que España “necesitará inmigrantes durante al menos los próximos diez años”, y a causa de la elemental “razón” de que los empresarios lo necesitan. Esta “gran demócrata” miembro del gobierno socialista supedita la soberanía ciudadana española a los intereses de una categoría singular contra la voluntad e intereses de la mayoría abrumadora y las demás categorías sociales que no son patronales, empresariales o negreras. Unos privilegiados minoritarios sobre otros deshabilitados mayoritarios, dentro de la nación; unos inmigrantes injertados forzosamente en la sociedad española como categoría explotada por una minoría babeante de complacencia, una categoría explotada en competencia brutal con la mayoría asalariada; unos inmigrantes privilegiados a los que se admite en el fraudulento “El Dorado”, otros muchos más que se abandonan (o se “almacenan”) como despojos humanos en sus países subdesarrollados.

 

Objetivos inmediatos del socialismo burgués neoliberal. Infundios neoliberales hacia la clase trabajadora de España: “los inmigrantes trabajan en lo que los nacionales rechazan”. La primera razón por la que el gobierno socialista de R. Zapatero ha impuesto, en la más insolente oposición a la abrumadora mayoría de la opinión pública de sus conciudadanos, la importación directa de población extranjera (no se trata de “efecto llamada” sino de “importación directa”) con su política migratoria de “puertas abiertas”, no es otra que la de forzar al grueso de la población española regular o residente, a reducir sus salarios, producir en condiciones menos salubres y provocar menos costo social, aumentando el beneficio de los capitalistas cuya delocalización en el Tercer Mundo de salarios y protección laboral mucho más deficientes e interesantes, supondría sin embargo costes suplementarios que tan afamados “emprendedores” declinan asumir, en especial aquellos propietarios de los sectores de crecimiento en auge, construcción y turismo, que son más rentables con menos inversión y esfuerzo en gestión y conocimiento, competitividad e innovación. Puesto que la constante reducción de los salarios y beneficios sociales para las generaciones que se incorporaban al mercado de trabajo en España desde los años 80 condujo a un índice de fecundidad del 1.3 (siendo 2.5 el necesario para compensar el envejecimiento de la población), los administradores del capital, sean conservadores o socialistas, se han ocupado de mantener reducidas las tasas de productividad, las rentas del trabajo y altos sus beneficios mediante la sustitución de la fecundidad nacional o estatal por la importación de población extranjera, la cual a su vez, reduce progresivamente el índice natalicio a medida que experimentan la pauperización del mercado laboral español y las ayudas públicas se condonan (“políticas de equilibrio presupuestario y déficit público 0 ”), o se destinan a la instalación de otros contingentes inmigrantes adicionales. Este primer motivo también incluye la intención rigurosa de desplazar a la mano de obra bien asentada, residente y con arraigo, nacional u originaria de España, que gozaron de convenios laborales mucho más avanzados y favorables al trabajador en épocas precedentes a la corriente actual de neoliberalización sin freno que en España se desboca a mediados de los años 90 en medio del auge de las doctrinas librecambistas y la “revolución neoliberal” en, España, el “país del pelotazo” ya en los gobiernos del gran socialista Felipe González. Esos asalariados, marginados y desplazados por ser más productivos, reivindicativos y estar mejor protegidos han sido excluidos sin pudor cada vez más aceleradamente, con una indemnización empres