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Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo. |
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UNION SOVIETICA EUROPEA |
(U. S. E) |
Actualizado: 07.06.2008· Año VI | |
| POLITICOS DE USAR Y TIRAR |
El electorado europeo se burla de los poderosos |
Sólo cabe júbilo ante la noticia de que el electorado italiano, haciendo uso de su derecho al voto en un 80%, haya defenestrado sin paliativos a las organizaciones de la izquierda. Es comprensible que tanto estólido de la sociología política, entrenado en los estereotipos escolásticos de la llamada "ciencia" burguesa, se sorprenda de que los marxistas nos alegremos sinceramente de que toda esa purria de politicastros anticomunistas que se hacen llamar izquierdistas, y hasta “comunistas”, como es el caso de ese lupanar de eunucos al servicio de la burguesía que toma el rimbombante nombre de “Refundación Comunista”, vayan a la oposición o fuera del parlamento. No hay que esperar que esta opinión anti-izquierdista sea compartida por muchos autodenominados “marxistas”, puesto que la izquierda y la mayoría de los partidos oficialmente “comunistas” de Europa llevan colaborando con el neoliberalismo (y antes con la intriga estaliniana o trotskista) durante décadas para confundir, tergiversar y degradar el marxismo. Pero paulatinamente se está llegando a las consecuencias funestas para los pérfidos que han obtenido salarios, estatus y liderazgos, cada vez más miserables, al socaire del Estado burgués y sus maniobras de fraude anticomunista: el premio es su marginación política casi asegurada. El pueblo italiano, también por fin, va tomando conciencia pragmática de que la izquierda ultraliberal no converge con sus intereses vitales. De la misma manera que el pueblo británico también llega a la conclusión de que las aberraciones capitalistas del laborismo en el poder son abominables, simplemente insostenibles. Puesto que en la mayoría de los países europeos el capital ha barrido o pulverizado los partidos obreros genuinos, la venganza de las clases trabajadoras europeas, por engañadas y embrutecidas que hayan llegado a convertirse sin líderes, vanguardias ni organizaciones políticas propias, disueltas o engullidas por el capitalismo, no ha consistido en otra cosa que en aprovechar maquiavélicamente, con su voto masivo, las mínimas contradicciones de la clase burguesa para derivar ventajas. Lo más importante de esta manipulación estratégica contra los poderosos que ejercen cada vez más sistemáticamente los día tras día más excluidos de Europa, las clases asalariadas, la sociedad silenciosa, es que tal ciudadanía está enviando señales inequívocas para que nuevas elites revolucionarias tomen el relevo aprovechando la inmensa fuerza social que resurge en Europa contra el capitalismo. Y esto ocurre en medio de una ensordecedora orgía de fatuidad e ignorancia estrafalaria en los medios de comunicación, anegados exclusivamente por la ideología burguesa más hedionda. Lo importante no es que el neofascista Berlusconi haya recuperado el poder, sino que haya tenido que hacerlo cediendo, aunque sea mínimamente, a los intereses anticapitalistas de la clase trabajadora italiana, y que Berlusconi haya sido forzado a desplegar su programa neocón con la condición de engordar algunos fundamentales trazos socialistas y antiliberales, del mismo neofascismo que profesa. No se debe olvidar que el fascismo capitalista, históricamente, sólo triunfa ante el comunismo con la entrega de una mezcla de concesiones, sobornos, divisiones, a la clase trabajadora, en conjunción con la movilización de la pequeña burguesía y la invocación del terror y el belicismo y el saqueo internacional... un fascismo que después retira por la fuerza despótica esas ventajas. Pero todavía no se está en esos extremos, a pesar de las tendencias represivas y conatos (como la guerra de Iraq), por lo que las mayorías modestas y la clase trabajadora se pueden emplear en la burla y plante de sus políticos y amos capitalistas en las urnas. ¿Qué queda del socialismo?... Se preguntan los fascistas anticomunistas de Europa, ingenua y ciegamente, ante el espectáculo del fracaso de la izquierda en Italia. En realidad queda lo principal, la matriz del asunto, o lo esencial: la clase trabajadora manipulando con escasos medios democráticos a la derecha y la izquierda burguesas para resistirse al capital neoliberal. Berlusconi sólo es un títere impuesto por la burguesía en esta transacción casi diaria que no se solventa sólo ante las urnas, sino en cada uno de los innúmeros sondeos de opinión y, como ha ocurrido en doquiera que la derecha neocón ha gobernado, se trata de un político “basura”, de “usar y tirar”: el mismo Berlusconi fue un mal perdedor hace apenas dos años ante El Olivo, y volverá a serlo si no transige aún más contra el capitalismo en el futuro próximo. Puesto que no cabe esperar que Berlusconi se convierta en un “tribuno de la plebe” contra la propiedad privada y el beneficio capitalista en una época delicada para sus propios intereses por el evidente descarrilamiento del capitalismo, sea neocón, neofascista o izquierdo-liberal, probablemente tendremos el placer de ver a tal sujeto fuera del Gobierno en pocos años, presa de su propia estolidez y de la incapacidad de la clase dominante nepotista y corrompida que le rodea. Como le ocurrirá al despabilado, vanidoso e inepto Sarkozy, y como ya ha experimentado espectacularmente la prepotente derecha francesa en las elecciones locales; y como ya experimentaron los tories de Major tras el desgaste sufrido por largos años de penuria social thatcheriana hace una década, o como ocurrió con los estrafalarios ultracatólicos en Polonia, más recientemente. Ahora además, la izquierda degradada y sobornada, idólatra del liberalismo, también está siendo abandonada por la clase trabajadora y tratada como un felpudo útil para limpiarse la porquería de los zapatos; la izquierda liberal, la izquierda “social-liberal”, unos nuevos caricatos de la ópera política europea que hacer callar con los votos cuando han rendido sus mezquinos servicios, los cuales sólo tienen valor en el juego oportunista con que la clase asalariada les devuelve su inmundicia alevosa y también oportunista. ¿Qué queda del socialismo? Queda el pueblo trabajador europeo regateando como mejor puede al capital y a la marranalla burguesa, intentando bloquear el saqueo del neoliberalismo izquierdista o neocón del Estado social que construyó en 150 años. Hoy votan a la derecha y envían a la cuneta a la izquierda, si con eso obtienen un gramo más de ventajas sociales; mañana lo contrario, si perciben que sacan algo en claro, sin complejos, con mente calculadora y con absoluta deslealtad a una casta, actitudes y sistema que, en conjunto, apenas denotan más distinción que la que deriva de su condición de montón de envilecidos caciques sin escrúpulos enzarzados a puñetazos por el poder destructivo. Y, sin embargo, ¿qué queda de la derecha capitalista? Una minoritaria clase social y su burocracia, según pasa el tiempo más desacreditados y privados de estratos afines, con su inmensa propaganda vacía y el fracaso rotundo e innegable de su sistema productivo, que constantemente tiene que disfrazarse de “socialista” o “social-algo”: hasta Rajoy llegó a solicitar el voto de los electores “socialistas serios”. O se presenta como todo lo contrario del socialismo pero “al servicio de la clase trabajadora”, de la mayoría, de los humildes y marginados, prometiendo y jurando prosperidad y oportunidades a los menos favorecidos para conseguir, con muchos esfuerzos de camuflaje ideológico, legitimarse en el poder sin el uso de la fuerza y salvar sus negocios exclusivos. Un capitalismo frágil, una burguesía en bancarrota ideológica que se esconde tras valores socializantes y argumentos robados a los genuinos teóricos de la clase trabajadora, cuya razón es transformada en hez cuando es utilizada y deformada para la lógica espuria y fines de dominación de los burgueses. Sarko tergiversó la vieja consigna socialista de “liberar el trabajo”, hace poco “Berlusca” también prometió eximir del fisco al trabajo, y otros infinitos ejemplos envueltos en mendacidad por la propaganda burguesa desde hace más de un siglo, hoy más que nunca, según las clases trabajadoras desconfían de un capitalismo cuyo crédito se volatiliza al ritmo de sus estafas... Pero Silvio Berlusconi tiene razón en algo: el mundo sería mejor sin la izquierda, particularmente tal y como se configura actualmente, ese cáncer de la burguesía contra el proletariado. Lejos queda ya la izquierda que estaba orientada y tenía su límite en el comunismo. De hecho, es probable que, más que contradicciones entre la burguesía, la confrontación política del sistema se reduzca más bien a un plan bien ideado para conducir al electorado a la extrema derecha, por parte de las facciones derechistas, centristas y, sobre todo, operando desde las filas izquierdistas . Partidos izquierdistas mucho más revolucionarios que los actuales estuvieron involucrados, de lleno, en una estrategia de compromiso neto con el capital que se dio en llamar “social-fascismo” en los años 20, y todavía está por ver si los social-fascistas actuales no apoyan eufóricamente las guerras imperialistas por venir; de momento, el Laborismo de Blair y el PS de Mitterrand han liderado sin complejos guerras imperialistas en el Golfo Arábigo; el PSOE de Felipe llevó a los españoles a la OTAN, es abiertamente atlantista y otro de sus líderes destacados, Javier Solana, dirigió los intereses norteamericanos ufana y solícitamente desde la máxima responsabilidad de la organización bélica capitalista. Dicho sea de paso, el PSOE de Zapatero, coherente con la teoría politológica ultraliberal (Lipset, Macpherson, etc., aunque no los haya estudiado) de la higiene consensual y apática de las democracias-mercado, suspira por un partido de extrema derecha que le permita vencer suplantando al PP y prescindir de sus propias políticas más socializantes (bastante escasas, propagandísticas y fraudulentas, o populistas); y el magnate Polanco, el padrino capitalista del PSOE, clamó por una “derecha moderna” en España, la misma que intentó auspiciar cediendo, para escándalo de los propios votantes, Madrid al ultraliberalismo del conservador-progresista-liberal (del PP) Gallardón, o presentando como alternativa “socialista” al ultraliberal Sebastián, hoy ministro de industria, mientras que a líderes más meritorios y menos liberales les ha lanzado a la cuneta. Se trata, en estos casos, de un “social-fascismo” de tiempos de paz. Pero en la maniobra o contubernio derecha-izquierda hay algo claro, esto es, que las oligarquías y burocracias gobernantes han tenido que ceder en alguna medida a los intereses de la fuerza de trabajo (no a sus sindicatos o partidos nominales, sino a la clase trabajadora popular y real), para materializar sus fines. Y, en este deslizamiento inducido a la derecha, la clase trabajadora gana también con el debilitamiento y descomposición de esa carroña nauseabunda que la ha parasitado: la izquierda liberal y el socialismo burgués formal y explícito, así como el anticomunismo “comunista” (valga la antítesis “emic-etic”) de los eternos refundadores de utopías psicóticas propias de burgueses depravados que incursionan en las vanguardias obreras con la función de deformar gravemente el marxismo e impedir que la doctrina se desarrolle con autonomía de la burguesía. Alborozo es lo único que puede causar a los marxistas coherentes el fracaso de un engendro como el de “Izquierda-Arco Iris”, compuesto por “comunistas” y verdes. La bandera de los comunistas no es la del arco iris, la de la homosexualidad o del jipismo, del multiculturalismo liberal, ni verde como el mezquino jardín de la casa ideal del burgués. Nuestra bandera es simplemente roja , del color de la sangre vertida por la fuerza de trabajo de todos los tiempos en su redención, la misma que enarbolaron los populares de la antigua Roma en sus concilia plebis , idéntica a las de la Comuna de París, o del mismo color a la que se plantó en el Reichstag el día de la Victoria aplastante del Ejército Rojo sobre el nazismo en Berlín, etcétera. Su baile de máscaras rococó, pederastia y sadismo mercantil pequeño-burgués recibe, con las recientes elecciones, un notable pisotón simbólico por la sociedad italiana. Los anticomunistas de todo el mundo celebran dicho fracaso de la izquierda radical “comunista”, pero lo que en realidad aclaman es el debilitamiento de sus virus burgueses y reaccionrios en el cuerpo del comunismo europeo, y esa alegría de nuestros detractores únicamente es comprensible siendo consciente de la acusada y archisabida idiotez de los anticomunistas. La clase trabajadora se redime, en gran parte así, de felones como Walter Veltroni, ese ruin difamador del comunismo, del que se aprovechó sin pudicia para sus granjeos y transacciones de cobarde vendido al capital, y cuyo Partido Democrático se presentó en coalición con la formación “Italia de los Valores”, lo cual no deja de causar hilaridad cuando se piensa en la infamia de ese Iscariote (legendario personaje bíblico mucho más honesto que el político italiano) anticomunista; y asimismo, si se recuerdan los últimos años de “gestión” laissez faire , o marasmo neoliberal y proliferación de la hidra criminal mafiosa , con “Il Profesore”. O también se percibe que el partido surgido del PCI, tomó la denominación del Partido Democrático de la Izquierda, y ahora hasta oculta ese último epíteto bajo la coalición con la formación “La Margarita”, sugiriendo que pronto perderá el de “democrático” con alguna nueva coalición más a la derecha, eso sí, con muy floridos paramentos. Sin duda, el fascismo haría muy bien en exonerarnos de esta patulea de sicarios pro-burgueses cuanto antes. Los fascistas se acuchillan entre ellos, y los comunistas tenemos que aplicarnos en afilar sus cuchillos carniceros. Servirá para apoyar estos argumentos contra la izquierda el incidir en que Veltroni, como también D'Alema, usurpó la dirección del periódico fundado por Antonio Gramsci ( L'Unità ), cosa que muestra hasta qué grado las obras de los comunistas han sido expropiadas y destruidas por esta ralea infecciosa de burgueses pegajosos. El Sr. Veltroni llegó hasta la bufonada de distribuir los evangelios junto con el que fuera el conspicuo órgano de prensa comunista, aunque no es de extrañar cuando un conocido postfascista, el actor Buzzanca, hizo campaña a su favor, o cuando ese mismo espía del Vaticano que no duda en participar en peregrinaciones católicas mientras asegura ser ateo, Veltroni, fue uno de la camarilla de Achille Occhetto, involucrado en el exaltado acto de disolución el PCI en 1989. Esta banda de facinerosos anticomunistas es la que la burguesía tiene que ofrecer a la clase asalariada. Estos son los izquierdistas que la Vicepresidenta del Gobierno español, de la Vega, recomendará para intentar perpetuar el lucro negrero de la inmigración contra la voluntad democrática. Y es muy interesante que los medios de comunicación afines al PSOE hayan contrapuesto el problema de la mafia al de la inmigración, reprochando al pueblo italiano su interés por acabar con la inmigración antes que con la mafia. Estas estratagemas ideológicas y coactivas son las que precisamente los electores europeos comienzan a rechazar en su integralidad, para sorpresa y frustración de la izquierda y el progresismo liberal. Porque los de abajo cada vez tienen más claro que el racismo, el fascismo capitalista, así como la delincuencia mafiosa se nutren y se potencian como nunca antes, a través del tráfico de seres humanos que promueven las políticas neoliberales de inmigración salvaje, caótica y masiva. Si se pudiera luchar frontalmente contra la mafia, que es un sucedáneo del Estado y el capitalismo, hace mucho tiempo que dicha mafia y, además, el mismo Estado burgués, hubieran desaparecido arrastrados por una furia revolucionaria arrolladora. Pero como sólo es posible, por lo común, intentar refrenar aquellos fenómenos más asfixiantes y que más engordan la maldición del orden capitalista y sus variadas mafias, es preciso apuntar, hoy especialmente, a la inmigración. No es necesario recordar que la mafia italiana siempre ha mantenido un correlato constante con las migraciones y su explotación; la más fundamental, la de los italianos asentados en los EEUU. Y aquí es conveniente señalar que las mafias y neofascismos rumanos (y otros) medran más que nada con la trata de seres humanos y de la prostitución en particular, así como de cuadrillas especializadas en el robo: los mismos rumanos mayoritarios son los máximos responsables del racismo anti-gitano al culpabilizar y estigmatizar de sus delitos propios, en los que participa ante todo el grupo étnico mayoritario de Rumanía, a los gitanos. Es fácil derivar la culpa sobre los más débiles y alienados, pero los comunistas observamos con bastante interés las actitudes deleznables de esos bastante abundantes nazis rumanos con aspiraciones honorables y europeístas, que parecen los auténticos responsables de haber transformado lo poco decente que tenía la Rumanía de antes del 89, en una cueva de cleptómanos y negreros neoliberales donde campan perturbados del mundo entero para satisfacer sus perversiones inhumanas. Si los líderes al mando de la UE no hubieran sido tan ultraliberales y canallas al admitir un estado tan corrupto, sin duda además para sellar toda posibilidad de recomposición del bloque del Este, hubieran quizá denunciado en los tribunales internacionales a la rotería neofascista que se estaba adueñando del país, y que tantos contingentes de carne de cañón que perecer en los tajos peninsulares, enviaron al ex-ministro Caldera para enriquecer a los embrutecidos ladrilleros que han arruinado España. Berlusconi y sus estrafalarios neocones, han tenido que intervenir en una de las piedras maestras del neoliberalismo para alcanzar a imponer sus metas políticas, y así, han roto un tabú en Europa, el de la ilegalización de la inmigración libre y masiva. El capitalismo no se arredra ante nada para acumular influencia política con la que favorecer sus medios de producción sobre otros competidores, aun a costa de la automutilación y la oferta electoral al proletariado, al menos como promesa... A saber, han prometido al electorado la contención del problema de la libre circulación de personas y, en consecuencia, en parte, de capitales ; concretamente estos neofascistas se han tragado el sapo anticapitalista de la moderación de la inmigración, directamente asociada a la destrucción de los derechos de los trabajadores en el mercado laboral. Se trata de un golpe contra el liberalismo, contra el capital, contra el interés supremo del burgués y la tiranía mercantil. Pero la derecha neocón italiana pretende en contrapartida, muy probablemente, que los italianos sustituyan el flujo masivo y la explotación sin miramientos de la mano de obra extranjera aceptando bajos salarios y menos servicios sociales, así como más flexibilidad laboral y prerrogativas empresariales; pretenden que el italiano con derechos políticos renuncie a ellos, y se constituya ahora en carne de cañón exprimible en su sistema productivo. Es decir, aspirarán a destruir el Estado de bienestar social existente en Italia y aligerar el sistema de fiscalidad para los poseedores y afortunados, como pago a la contención de la inmigración y la competencia insufrible de la inmigración masiva, caótica y delincuente al estilo ultraliberal. Lo que quede de Estado de bienestar lo convertirán en una cinta transportadora de recompensas a los trabajadores sumisos y lo llamarán “protección social” y solidaridad nacional... Ni que decir tiene que los clanes capitalistas próximos al berlusconismo tienen en mente la utilización del Estado para mantener a flote sus negocios en los malos tiempos que corren y se vaticinan para el libremercado, y que, por tanto han cedido en el crucial asunto de la inmigración ante la ciudadanía porque el gran capital busca el refugio del Estado y la consiguiente socialización de sus pérdidas. Pero, por magnate capitalista, bufón, retrógrado, analfabeto, filisteo, acosador, delincuente y demás “cualidades” de las que “goce” ese patético producto de la burguesía oligárquica europea, y por mucho que los histéricos izquierdo-liberales chillen acongojados en su propio naufragio en las urnas contra la “democracia racista” invocando la prohibición de la elección democrática de programas de lucha contra la barbarie negrera neoliberal, la población oprimida estará al tanto para deshacerse también , en su momento, del nazifascismo al que neocones e izquierdistas, neofascistas y social-fascistas, nos han empujado... como lo hizo con otros en el pasado no tan lejano, al fin y tras muchas tribulaciones. De momento, el pueblo italiano más vivo deberá estar atento para que la derecha en el poder no convierta en una charada su plan electoral de bloqueo de la inmigración masiva y libre mercado laboral, para que cumpla con la expulsión de la inmigración excedente hasta donde la ciudadanía considere adecuado. También deberá prevenirse de las triquiñuelas de la derecha y sus chalaneos ultranacionalistas, que pudiera reemplazar la explotación de italianos e inmigrantes por la de sólo italianos en el sistema productivo interno, o alternativamente de propios y extraños en aventuras imperialistas (y lógicamente racistas) allende las fronteras, una tendencia esta última que se hace más probable en un mundo abandonado a los desmanes del liberalismo, sus ruinas competitivas, sus reacciones proteccionistas e imperialistas y, en resumen, sus crisis ya desbocadas. Los italianos, y los europeos que lentamente están tomando conciencia de las estratagemas expoliadoras del capitalismo internacional y la quinta columna de la burguesía europea, también deberán protegerse de sus dos tendencias partidistas, en esencia, derecha neocón e izquierda liberal. El sistema bipartidista en general dominante en Europa puede llegar a decidir su unificación real, si encuentra que le es más beneficioso que exponerse a la manipulación de sus divisiones que la ciudadanía europea está llevando a la práctica, burlando progresivamente más sistemática y descaradamente, hasta cierto punto, los intentos de las clases dominantes por perpetuar su legitimidad democrática. Con la difuminación de las fronteras entre izquierda y derecha, con sólo unos burgueses subastando concesiones políticas y económicas en un ámbito en el que el electorado no está involucrado genuinamente con ningún compromiso ideológico o desconfía de todos y se siente extraño a partidos ajenos, es el sistema capitalista quien más puede salir perjudicado. De ahí que las burocracias europeas y los sectores de la burguesía estén desarrollando ideologías cada vez más “compendiadoras” o dirigidas a persuadir y confundir, sobornar y controlar a todo tipo de minorías, pretendiendo reducir los conflictos entre sus facciones a la vez que aspiran a movilizar sumando más electores (las elecciones presidenciales francesas son un ejemplo fenomenal de movilización masiva, lo que desdice los análisis de los que describen el neoliberalismo como tendente a la inercia política participativa) e, inevitablemente, haciendo converger sus facciones y concesiones, u ofertas programáticas. Si bien y ante todo, lo que practican es la irradiación del entorno de las decisiones políticas de peso fuera de la órbita ciudadana, lo cual convierte en más notable la capacidad movilizadora de las oligarquías y la necesidad de participación de la sociedad civil y, fundamentalmente asalariada, por mucho que estos sectores estén crecientemente más marginados y supeditados a poderes despóticos. Sarkozy, en la práctica, intentó difuminar las líneas de demarcación entre izquierda y derecha con el nombramiento de los ministros de su gobierno, y teóricamente, dio por invalidada una clasificación de la política actual en esos términos antes trascendentes. Merkel aporta otra ilustración del asunto, pues dirige un gobierno de coalición bastante operativo y estable entre UDC y SPD. Y la lucha interna del Partido Popular español en estos momentos es por decidir si se concurre por la base electoral del PSOE, o se oficializa una oferta abiertamente neocón. En el Reino Unido el laborismo actual es concebido por muchos asiduos ex-votantes laboristas escandalizados con la política impositiva (“10p tax rate”) como más reaccionario y pro-capitalista que el partido conservador: no en vano el social-fascista y muy liberal de Brown ha socializado las pérdidas de la banca privada (Northern Rock) de modo insolente y chulesco, como cabría esperar de cualquier energúmeno del Gobierno de Mussolini en su tiempo. En este contexto es lógico que los tories se permitan presumir de mayor sensibilidad social que los feroces sabuesos del capitalismo laborista (de nuevo, admítase la antítesis). Un analista británico en The Guardian parecía admitir ya, sin más esperanza, que cualquier partido tras años en el poder perdía el contacto con la sociedad, y que ello justificaba un ineludible recambio, en un movimiento pendular de alternancia. (El problema es que las oscilaciones del péndulo paulatinamente pierden amplitud en la política de Europa y la vertical coincide con el régimen capitalista. De ahí que cuando se detenga la oscilación el descontento popular alcance cuotas dramáticas y haya que desplazar la vertical de modo abrupto, hacia la socialización de los medios de producción.) Por otro lado, las instituciones europeas están absorbiendo sin cesar las atribuciones políticas de los Estados nacionales y, si bien los políticos nacionales poseen autonomía suficiente para aplicar programas autónomos, simplemente prefieren, por lo común, seguir los dictados de las instituciones neoliberales de Bruselas o el Banco Central Europeo. En programas revisados contra la Europa social, como la Agenda de Lisboa (2000) en 2004, o en la aprobación de la Tratado simplificado, se ha suplantado la voluntad popular de la sociedad europea; en este último caso para reimponer escandalosamente lo que Francia y Holanda rechazaron en 2005 (el borrador de constitución europea) democráticamente. Pero, en todos los niveles, las instituciones, organismos y expertos de la UE y Gobiernos, osan, sin pudor y recompensados (Zapatero contrató los servicios de algunos de estos siniestros asesores), a desacreditar a los Gobiernos democráticamente elegidos por no imponer tiránicamente reformas antisociales y liberalizadoras. Felipe González (que cada vez parece seguir, de facto, principios más “fascistas”, pero sin el prefijo “social”), no contento con haber erradicado la industria nacionalizada de España en los años 80 como condición para acceder a las Comunidades Europeas, hoy difunde la necesidad de finiquitar las pensiones y el Estado de bienestar europeo, cuando su nombre es propuesto para nuevas responsabilidades políticas europeas y para presidente del “grupo de sabios” de la UE, aunque la diferencia es que desde la Unión las iniciativas políticas están muy al margen de la voluntad popular... Sin dejar de mencionar que cada vez son más influyentes las “fundaciones” y sociedades “discretas” para la liberalización y la defensa del capitalismo que aglutinan en sus filas a líderes y políticos electos que en la vida pública aparentan rivalidad, como es el caso de la “Fundación para la Modernización de España”, por citar sólo una que, al parecer, reúne entre sus miembros a R. Zapatero y a M. Rajoy. La democracia en Europa, en las intenciones de estas burocracias y clases capitalistas, se encamina a su final real y eficiente. Pero si este proyecto despótico se lleva demasiado al extremo, la democracia resurgirá lejos de la burguesía, por lo que sólo cabe esperar males mayores para las clases dominantes del continente.____[Portada.] |
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