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Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.

UNION SOVIETICA EUROPEA

 
(U. S. E)
Actualizado: 09.07.2007· Año VI

SANTA CRUZADA CONTRA LA EUROPA SOCIAL

El social-fascismo iberoamericano se une a la cruzada neoliberal

Morales primero, después Chávez, Castro, Caldera, han unido sus esfuerzos a las demás potencias y entidades empeñadas en la demolición del difícil curso de integración de la Unión Europea en su versión de progreso social, con ocasión de la Directiva de retorno de inmigrantes ilegales. Mientras los pueblos europeos bregan como mejor pueden contra las clases burguesas, el neoliberalismo, el neofascismo y su propia división y desconfianza para resistir la envestida del capital en su afán de aniquilar los avances del socialismo, obtenidos en el Viejo continente a costa de decenas de millones de mártires, las fuerzas más reaccionarias y retrógradas del mundo, EEUU a la cabeza, se vuelcan en la ofensiva para devolver a Europa a las tinieblas capitalistas más lúgubres –esta vez no sólo asistidos en sus agresiones por el Vaticano, el Reino Unido, Sarkozy o Berlusconi, sino, sorpresa, por los regímenes social-chovinistas o ultranacionalistas que han emergido en el subcontinente como estrategia de las oligarquías para remediar el fracaso de la liberalización. Estos sectores que detentan el poder y los bienes y medios de producción más valiosos, de hecho o de derecho, pretenden, quizá como última salida, arrogarse una identidad socialista y aún “revolucionaria” de la que, en verdad, carecen en su sentido proletario y anticapitalista. Una estrategia de socialismo al servicio de los oligarcas que han elaborado para enturbiar sus intereses reales minoritarios, acuciados al haber percibido que la necesidad de más socialismo es inextinguible para la supervivencia de millones de latinoamericanos, más aún ante el marasmo de dos décadas de tragedia mundializadora y políticas neoliberales. A pesar de la represión inmisericorde del movimiento general por la revolución socialista en Latinoamérica en el siglo XX, su inevitabilidad y su prestigio están incólumes en el continente americano, si bien, esta reafirmación está siendo manipulada por regímenes populistas a la vieja usanza, y ahora neopopulistas, para justificar y preservar los intereses de algunos sectores oligárquicos tradicionales e insaciables, a la vez que para concentrar voluntades democráticas con las que legitimar un nuevo reparto en la pugna incesante existente en el seno de las burguesías americanas. El recurso al socialismo por parte de los privilegiados y potentados de Ibero América es un artificio más, aunque desesperado, erigido para enmascarar la opresión de toda la vida y procurar desacreditar al marxismo y al socialismo revolucionario.

Tras el descarrilamiento del neoliberalismo en casi toda América, (incluidos los EEUU a su manera y por caminos adaptados, como lo atestigua el ascenso del izquierdismo de Obama), nos topamos con estos regímenes social-liberales de última hora, peternalistas, cristianizantes, ideológicamente lerdos, pringosamente populacheros y que no se privan de denunciar el liberalismo que profesan en la intimidad y ahora respaldan con la excusa de los Derechos Humanos y del desvergonzado deseo de imponer el librecambismo migratorio a los pueblos de Europa. Regímenes que resultan ser la solución táctica más viable que han ideado las estultas y postradas oligarquías suramericanas, muy probablemente patrocinadas, en el mayor de los secretos, por los expertos del amo anglosajón de más al norte, preocupado en contener el malestar creciente de la mercantilización despótica del mundo. Es la vieja táctica bien conocida en la madura Europa por los reaccionarios social-demócratas y social-cristianos: Para dislocar la revolución socialista en América, nada mejor que ponerse al timón de su singladura, con lo que el naufragio estará asegurado... En cuanto a Cuba, deriva en paralelo con esta nueva estafa socializante, en este caso para pasar directamente al social-liberalismo meditado de Raúl y, más adelante, al infierno libremercantil sin tapujos.

Si las oligarquías cubanas se han empleado, en el último medio siglo, en mutilar e imponer los principios del marxismo desligando a esta doctrina de sus fines y premisas originales, reduciéndolo a poco más que un rasgo de identidad y lealtad para con el sistema de dominación desarrollado por los “nuevos” amos de la situación para desembocar en aquello que supuestamente proclamaron combatir, esto es, el capitalismo y la dominación de clase social, ahora es otro estilo doctrinario el que enarbolan los social-populistas: de la escotomización, desactivación pragmática y tergiversación del marxismo, se ha pasado a la absoluta ignorancia y desdén real del contenido del marxismo, el cual sólo se utiliza como espantajo agonístico en las pendencias entre los Estados y sus dirigentes. Son los sátrapas neopopulistas con ribetes imperialistas e imperiales, reformistas de piel de cordero y píos ideales socialistas, una auténtica infiltración de estupidez teórica en el movimiento global por la justicia social, ajenos en su mayoría, por supuesto, al acervo marxista europeo que intentan utilizar sólo como reclamo y engañabobos de filomarxistas desinformados; aún más, para su deformación y control preventivo. Estos sátrapas son ahora una amenaza que salta las fronteras para amenazar a los que honestamente se reclaman del marxismo y no se han apartado de sus principios ni un ápice, o los han desarrollado aún más. Estos liderazgos que ahora se reclaman de un extraño “socialismo revolucionario y del siglo XXI”, en conjunción con las fuerzas más decrépitas y siniestras del capital planetario, están empeñados en iniciar, desde que han advertido que su negocio negrero está en peligro, un abordaje a las clases asalariadas y modestas de Europa, las cuales portan en su seno a lo más genuino del marxismo mundial. Esta alucinante y cínica agresión tiene como objetivo no sólo despojarles de cualquier recurso que hayan invertido con notables resultados en la construcción de su Estado de bienestar, cada vez más mermado, sino, sobre todo, socavar cualquier capacidad de recuperación del avance social europeo y su carácter profundamente vanguardista y revolucionario.

Las clases asalariadas de Europa aspiran a restablecer el orden social y democrático, lo que entraña no sólo descarrilar la libre circulación de bienes y personas que puedan causar la ruina de los trabajadores en el sistema productivo europeo, engordando el poder del capital; también, y muy particularmente, entraña confrontar a los regímenes explotadores del Tercer Mundo ante la responsabilidad vampírica de la explotación que toleran y promueven en sus países, que gestionan para sí y terceros, para enriquecerse a sí mismos como oligarquías, para nutrir al capital internacional y al imperialismo de los burgueses de las potencias mundiales, y para unirse a las migas del banquete imperialista si les es permitido. Los trabajadores europeos exigen así que las plutocracias antidemocráticas o populistas de los países menos desarrollados, se hagan cargo de sus poblaciones y no las vendan como mercancías baratas al mejor postor en el mercado libre globalizado para su explotación brutal. Los trabajadores europeos exigen hacer pagar a los patrones de Europa y el Tercer Mundo el trabajo inmigrante que contratan, y no de sus salarios, fuerza de trabajo, plusvalías y productividad, sino a cuenta del capital acumulado por las sanguijuelas capitalistas de uno y otro lado del mundo. Ni los empresarios europeos deberían enriquecerse a costa del atraco de la fuerza de trabajo internacional y europea –a la que se han abierto los mercados según un dechado ultraliberal–, ni las oligarquías del resto de países debieran obtener ganancia del tráfico de sus compatriotas, a los que han robado, con la ayuda del capital de las potencias imperialistas, sus medios de sustento y su soberanía, por no hablar de su conciencia, anegada en la mayor de las inquinas propagandísticas y odios racistas de las clases dominantes, que hacen recaer obcecadamente en las mayorías sociales y trabajadoras de Europa la consecuencias insufribles de sus trapicheos descarados y sus connivencias con los explotadores imperialistas de las potencias.

Estos déspotas de nuevo cuño que presumen de socialismo y de representar a los pobres, pretenden ejercer su agresión mediante el impacto propagandístico e ideológico (las baladronadas con que se amenaza de restricciones petrolíferas son parte de esto) sobre las clases trabajadoras europeas, en sus hondas actitudes socialistas, es decir, y esta parece la insolente novedad por lo que se refiere a los mandatarios y partidos en el poder en esos Estados –aunque es una conocida estrategia del neoliberalismo de izquierda en Europa–, a través de “falsos amigos” de las mayorías sociales europeas, de movimientos socializantes e izquierdistas; como se ha referido, hasta supuestamente “revolucionarios”. En esta táctica burda no se deja de incluir esa pátina lacrimógena de siempre –tan propia del pensamiento caritativo de la religión y los cuervos de las organizaciones de “cooperación internacional”– vinculada a la pertenencia del Tercer Mundo, y aquella otra condición dimanada del prestigio internacional que concede la confrontación desigual con potencias tan poderosas como EEUU. Pero hace tiempo que los supuestos “libertadores” se han desenmascarado, incluyendo los que han subsistido a costa de un gran capital revolucionario y de las luchas encarnizadas del movimiento comunista en toda América y otros movimientos contra el imperialismo y sus sátrapas locales: hoy hasta Cuba es incapaz de impedir que una burguesía voraz se perciba con cada vez mayor elocuencia entre las ruinas de ese legado dilapidado y herrumbroso. Las revoluciones y el socialismo, si no se mantienen y relanzan, también acaban desfalleciendo, en particular si la burguesía se infiltra con labor de zapa. Estos nuevos movimientos anti-imperialistas, una comedia en comparación con los de post-guerra mundial y la Guerra Fría en América, que no esconden más que grupos de poseedores y explotadores manejando sus expoliadas naciones con el pretexto del socialismo, no son apenas más que una escoria a sumar al rompecabezas de la concurrencia salvaje capitalista en el mercado mundial, concurrencia entre capitalistas . En este caos libremercantil sólo hay una cosa clara para la burguesía internacional , ya sea de EEUU o de Bolivia, se vistan sus representantes con corbata o poncho, o juren y perjuren en nombre del socialismo y la solidaridad: la repulsión hacia todo lo que sea un creciente y efectivo régimen de participación democrática, de soberanía popular y socialización del producto del trabajo... Se está, por consiguiente, ante una de las más vastas operaciones de propaganda y alienación (puede que la mayor, tras la sufrida por el comunismo a partir de la caída del Muro de Berlín) dirigida por las potencias imperialistas y el capitalismo internacional, incluyendo los mamarrachos de los Estados burgueses tercermundistas, contra la democracia y el socialismo aún vigentes en Europa.

En esta ocasión, se comienza a distinguir la colusión de intenciones de las burguesías más poderosas no sólo con aquéllas castas, elites y oligarquías regionales más carniceras del planeta, sino asimismo con las de los Estados que habrá que ir categorizando como social-fascistas de Ibero América, puesto que ya están precipitándose de lleno en la fase evolutiva de la manipulación de la población, y la contención de sus tendencias revolucionarias, mediante la proclamación del socialismo de nombre, pero tiranía liberal capitalista de hecho . Se trata de un neopopulismo de izquierda que tergiversa los principios y contenidos del socialismo y del marxismo sin escrúpulo alguno, que tiene sus precedentes en el peronismo de izquierda del cono sur americano, pero añade una notable dosis de proyección imperialista propia –real o ideal– y de adaptación y transigencia, en términos reales, con el libremercado, en corcordancia con los tiempos de la globalización. La causa, y recompensa a esta adhesión efectiva al libre mercado internacional de bienes y personas, y que se esconde bajo la preocupación por los “derechos humanos” de los emigrantes en Europa, es una ración miserable del expolio de los pueblos de Europa que aún resisten asentados en instituciones de derecho y economía social tambaleante. Los europeos, como resultado de sus décadas de estado de bienestar, aún cuentan con bienes que despojar, y para ello, los burgueses de todas partes se aglomeran como un enjambre de moscas ante un cadáver, comandados por las mismas fuerzas burguesas de Europa y EEUU contra sus poblaciones civiles asalariadas y menos afortunadas. Para este fin, se emplea una retórica increíble y tópica, huera, y un decorado socialista desleído, mezquino y delirante, montaje que no engaña en Europa más que a aquellos que ya están vendidos a las patrañas y astucias del social-liberalismo fabricado por y para los intereses de los estratos dominantes y sus numerosos lacayos, que sólo persuade a las capas más atrasadas de las masas trabajadoras europeas. Es apreciable en este asunto el tufo de unos estrategas ramplones que no comprenden la historia, las circunstancias, ni las ideologías de las sociedades europeas actuales, y aún menos parecen entender el socialismo o las alternativas colectivistas al capitalismo, es decir, no entienden los derroteros que tales alternativas han tomado en el área en la que con más encono y sofisticación se han desarrollado. Esta cortedad de luces respecto a los avances y causas del retroceso del socialismo en Europa es propia de quien tiene como meta emular el individualismo nacionalista de la filosofía neoliberal: propia de quien no está animado por la necesidad de acabar con el capital y su sistema, de quien es un enemigo de las clases trabajadoras, en este caso europeas y, por tanto, se descubre como un pérfido agente al servicio del sistema , del negocio privado, chovinista y capitalista. En el camino al descuartizamiento recíproco respecto a los demás imperialistas, los neocapitalistas con verborrea socializante de América han hecho un alto para intentar rapiñar en concierto a la ciudadanía europea y, de paso, acabar con un orden europeo, que (todavía) resiste y da un mal ejemplo con sus aún descollantes derechos sociales, y su anti-liberalismo visceral. Inclinaciones muy molestas para unos dirigentes y burguesías criollas que siempre han ido a rebufo de la civilización europea, y que presumen de socialismo a disgusto y ocultando su genuino resentimiento hacia sus sociedades, a las que no alcanzan a contentar con sus miserables reformas. Con Europa hundida en las tinieblas de la barbarie libremercantil, despojada de derechos sociales y democráticos ejemplares por fin, las demás oligarquías del mundo se verían desembarazadas del patrón que constantemente sirve de guía y demostración patente de la existencia de avances sociales reales y, hasta cierto grado, alternativos al capitalismo. Para acabar con este “mal ejemplo”, una nueva Santa Alianza, de las muchas que se han dejado los colmillos en Europa desde 1815, se ha fijado otra vez en el Viejo continente. Su lema: ¡Todos contra la Europa social!

Ante el malestar manifestado por líderes de Ibero América, el Gobierno español de Zapatero pretende “explicar” la Directiva de retorno de inmigrantes ilegales, recientemente aprobada por el Parlamente Europeo. Sin embargo, es dudoso que la reacción de esos mandatarios esté motivada (tan sólo) por motivos intelectuales; más bien, se trata de un reflejo natural de defensa grosera de los propios y exclusivos intereses de clase social que esos políticos y regímenes representan. Más que “explicar” las razones de la Directiva en cuestión, lo que cabe es desvelar la confusión en la que están sumidas las gentes del mundo que aspiran a la justicia social respecto del Socialismo del siglo XXI, y el menos moderno de Cuba, así como demás movimientos afines.

Lo primero que llama la atención de la cadena de reacciones encabezadas por los presidentes de muchos países latinoamericanos contra la Directiva de retorno, es su carácter insólito. Nunca como ahora se habían expresado con tanta altisonancia el desacuerdo en los años que llevan en el poder los mandatarios asimilables al “Socialismo del siglo XXI”. El esperpéntico Chávez lleva 10 años en el poder. La Cuba de Fidel, en su más de medio siglo de poder, más bien se ocupaba en todo lo contrario: obstaculizar la emigración. Pero en el mundo globalizado y neoliberal, la fuerza de trabajo se ha convertido en un preciado bien estrechamente relacionado con el flujo de capitales, también para la burguesía cubana que comienza a salir del cascarón de la regulación y la planificación estatales; y, además, las consecuencias del libre tránsito de humanos también sirven para deshacerse de poblaciones indeseadas...

 

Reacción inaudita

Por el contrario, con relación al fenómeno migratorio, jamás se ha escuchado campaña de protesta alguna y, ni mucho menos, de tanta amplitud y consenso como la que ha suscitado la Directiva de retorno, la cual está diseñada, teóricamente (ver apartado final), para dificultar la libre circulación de personas y proteger los mercados laborales que, con el exceso de demanda laboral, han evolucionado perversamente para perjudicar netamente a los trabajadores, incluyendo a los inmigrantes mismos, por referir uno tan sólo de los numerosos e importantes ámbitos que se han degradado en perjuicio de las clases trabajadoras europeas con la emigración salvaje de la última década neoliberal. Si para continuar con el flujo perjudicial para los niveles de bienestar europeos se ha orquestado esta campaña desde los círculos de poder de muchos Estados, nunca se ha elevado tanto la voz, en cambio, para exigir que la mano de obra emigrante no fuera explotada hasta extremos denigrantes por los empleadores europeos y las tramas multinacionales, legales o mafiosas, de export-import de “recursos humanos”. Ni las persecuciones masivas de inmigrantes en El Ejido o Cataluña merecieron una sola protesta oficial por los líderes que hoy se escandalizan agraviados en lo más profundo de su corazón y aparente “bonhomía”; tampoco el hacinamiento en “pisos pateras”, el chabolismo, los maltratos laborales contra el servicio doméstico en condiciones de esclavitud real en las casas de los ricachos, ni la siniestralidad laboral que, ante todo, ha matado inmigrantes en los tajos, ni los “salarios” impúdicos a jornaleros que se exprimían en los invernaderos del agro español, ni la reducción de cientos de miles de mujeres latinoamericanas a la condición de prostitutas baratas expuestas a cualquier agresión cotidiana de sus chulos y clientes depravados... Tampoco ha merecido una sola palabra de reproche, por parte de estos escandalizados bienpensantes, el que los guetos de Francia reventasen en 2005 exponiendo a la opinión pública mundial el destino inmundo que el sistema capitalista europeo ha reservado a los inmigrantes de Africa u otros continentes, sí, también de Latinoamérica. Como no les estimula su exquisita sensibilidad humanista el que las cárceles de Europa estén abarrotadas de latinoamericanos o que sus jóvenes reproduzcan en el viejo continente el hampa criminal, el bandidaje al estilo filoyanqui más nefasto de las “maras”, y el sicariato como medio de vida. Las condiciones de explotación y marginación de la población iberoamericana inmigrante en Europa no conmueve a ninguno de estos afamados “socialistas del siglo XXI”. Pero, por el contrario, sí atrae poderosamente su capacidad de indignación el hecho de que Europa gestione y restrinja el flujo de esa mano de obra exprimible, o que la población europea mayoritaria más modesta se resista a volver a la caverna y a condiciones de vida y explotación abyectas y marcadamente incívicas tras años de lucha sin tregua por el socialismo real y genuino, contra el capital, para alcanzar mejoras objetivas, sólidas, y no simples desideratas y promesas a las que los socialistas de boquilla y los neoliberales suelen destinar gran parte de sus esfuerzos de propaganda y coacción. Y, ante todo, ninguno de esos ultramodernos socialistas que tanto lloran los impedimentos de sus conciudadanos –aunque exclusivamente cuando se hallan a miles de Km de distancia– para colarse en sociedades soberanas que no pueden ni quieren acogerles, emplea el más mínimo esfuerzo en protestar por el inmenso número de esos mismos conciudadanos que están obligados a salir del país para alejarse de unas condiciones de subsistencia infames e injustas en origen las cuales no se desea intervenir (salvo, al menos de palabra, en el caso particular del presidente ecuatoriano Rafael Correa, que ha mostrado algún interés, por el retorno de sus conciudadanos en un nuevo orden de oportunidades).

Ciertamente, estos líderes y oligarcas oportunistas tampoco se cuestionarán por qué sus poblaciones emigradas a Europa, por el presunto y manido motivo de “encontrar trabajo”, son sustituidas en el mercado laboral local, casi inmediatamente, por otras poblaciones aún más depauperadas con origen en las zonas aún más deprimidas del propio país u otros de la región americana. Y por qué, por consiguiente, son los relativamente más afortunados , en ocasiones auténticos burgueses, lo que han podido dar el salto a Europa: Hay clases sociales hasta para emigrar... Independientemente de que los burgueses y pequeño-burgueses con posibilidades optan frecuentemente por reinstalarse en el “primer” mundo en tiempos de crisis, una inmensa mayoría de emigrantes se han desecho de sus propiedades agrarias, malvendidas a los caciques, o de sus ahorros, o se han endeudado al usurero local, para emigrar. Lo que supone un garrafal negocio para las oligarquías y comerciantes del país emisor, al igual que lo es la captación y el disfrute de las divisas repatriadas por la diáspora, las cuales acaban también en manos de las clases importadoras, financieras, mafiosas y burocráticas de esos mismos países emisores de emigrantes, además de servir para sufragar el envío de nuevos contingentes de proletarios a los países industriales en donde son empleados o enviados al ejército de reserva, también llamado desempleo, exclusión, pobreza, lumpen.

Verdaderamente, al final del ciclo “negrero” que supone esta trata de fuerza de trabajo del siglo XXI, el grueso del capital retorna a Europa, pero ni siquiera, de modo indirecto, para beneficio de los trabajadores europeos –entre los que se cuentan los emigrantes de otros continentes– que, en conjunto, han visto sus rentas salariales y sus ocupaciones cualificadas naufragar o empeorar... sino para amontonarse en los bolsillos de los patrones y banqueros europeos. Entre los usufructuarios de esas divisas o capital que, a duras penas deja unas migas en los países emisores de emigración (según el académico norteamericano Bradford DeLong, en general, “...el flujo de capital neto sencillamente nunca se materializó” a los países de la periferia económica mundial, cf. El País Negocios, 22.06.2008), están asimismo los capitalistas iberoamericanos afincados en Europa , que se encargan de gestionar directamente los flujos migratorios expatriados, emplear en régimen draconiano de explotación a sus conciudadanos, y exportar de vuelta manufacturas industriales “made in EU”, impidiendo de tal modo, el crecimiento de la industria productiva en sus países de origen: Es decir, son usufructuarios, junto con los burgueses europeos , del negocio de la emigración en el viejo continente.

No hay que extrañarse, pues, de que los Estados en manos de la burguesía latinoamericana pongan el grito en el cielo, con o sin retórica socialista, y ahora con suplemento de doctrina cristianizante y de los “derechos humanos” (esos que reconocen la propiedad privada) al más puro estilo anticomunista anglosajón, cuando ven peligrar su negocio globalista en esa extraña Europa que aún no comprende del todo que el amo del siglo XXI es el librecambismo, el capital.

 

Campos de concentración

Fidel Castro, al unísono con su caricato Chávez, ha afirmado, sin empacho ni vergüenza, que la Directiva de retorno aprobada por la UE, equivale a reabrir los “campos de concentración de la Alemania nazi”, esta vez dirigidos contra la emigración en Europa. Antes que otra consideración sobre esta charada comparativa, es preciso subrayar que una asimilación del proyecto aprobado por el Parlamento Europeo con el genocidio nazi que comenzó en los años 30 del siglo XX, sólo y únicamente puede redundar en la trivialización, distorsión y descrédito de los hechos que se perpetraron en esos infaustos momentos. Esta frivolización, que sólo beneficia al nazismo y al anticomunismo de entonces y de hoy , se denomina negacionismo, y pudiera ser motivo de persecución penal en algunos tribunales europeos.

¿Cómo es posible que Fidel Castro, un hombre culto y conocedor de la historia del siglo XX, a la cual él mismo ha contribuido en gran medida, sea capaz de cometer semejante despropósito? Puede explicarse por su estado provecto; pero también puede deberse a que, en su entorno de poder, el que ha consentido en amplificar sin matiz sus invectivas, ha comprendido desde hace algunos años que la explotación de la emigración es una fuente de ingresos bastante apetecible y abundante para el horizonte futuro que imaginan en la forma de una Cuba de lleno incorporada al jugoso negocio capitalista de la globalización neoliberal. El hermano de Castro, Raúl, recientemente se ha encargado de dar los primeros pasos hacia la liberalización mercantil discreta del país, es decir, se ha responsabilizado de llevar a la clase burguesa, apenas soterrada bajo el Estado socialista, a la plenitud de la cloaca librecambista. La diáspora cubana hace ya años que contribuye a la economía de Cuba, a pesar de los bloqueos; aunque la gran tajada está por llegar, en la forma de millones de candidatos que, con el levantamiento de las restricciones a la libre emigración, fluirían a la Europa más desarrollada, para que el capital europeo se ocupase en exprimir a esa fuerza de trabajo en su sistema industrial. La pauta se ha podido observar en la Europa del Este tras la caída del Muro, con poblaciones extensísimas desplazadas en masa a la Unión Europea (y otros lugares), que se convierten en la delicia del negocio del tráfico de mano de obra a saldo, venta de niños y prostitución: negocio acaparado, en su mayor parte, por los prebostes del anteayer régimen “socialista”. La emigración no sólo enriquece a las oligarquías de los países emisores según las pautas arriba señaladas, sino que, indirectamente, supone un descargo de las responsabilidades de buen gobierno y empeño activo en el desarrollo del propio país, lo que evita protestas, conflictos, etc. Con la salida de grandes sectores de la población, particularmente la más preparada y exigente, se acaba con muchos quebraderos de cabeza para unos políticos-empresarios incompetentes y deseosos de beneficiarse a su manera, sin trabas, de los recursos del país: véase Rumanía, o Polonia, que ha sustituido a sus conciudadanos con derechos emigrados a Occidente, por sumisos y despreciados chinos dispuestos a contentarse con mucho menos de lo que los ya de por sí pobres polacos y rumanos, percibían.

Menos grave que la referida frivolización, por parte de estos insólitos líderes del socialismo americano, del hecho de que millones de seres humanos perecieran en la carnicería organizada por el nazismo europeo en el siglo XX, es el grotesco cinismo y etnocentrismo con que denuncian el supuesto propósito de reabrir “campos de concentración como los nazis” por parte de la Unión Europea. De nuevo, parece inverosímil que Castro ignore que “campos de concentración” y exterminio a gran escala no son exclusivos de Europa. Es sabido por “todos” que Chile y Argentina, no hace muchas décadas, han aportado mucho a la historia de la barbarie humana en su continente americano, con la detención, secuestro, tortura y asesinato de cientos de miles de opositores (y presuntos opositores) al nazifascismo de América del sur. Tampoco es posible olvidar las prácticas genocidas que, en pleno siglo XX, se han ejercido contra las poblaciones indígenas, prisioneras en sus propias regiones, sometidas a todo tipo de exacciones por los escuadrones de la muerte organizados por los Estados y burguesías filonazis de Centroamérica y el subcontinente, con el pretexto de erradicar su apoyo a las guerrillas comunistas. Rigoberta Menchú tiene mucho que contar sobre estas prácticas etnocidas y genocidas de Estado, las cuales no se perpetraron en Europa; aún precisamente, fue galardonada con el premio Nóbel en ese continente europeo.

Los líderes del “socialismo del siglo XX” no parecen querer acordarse de los atropellos monstruosos y los genocidios racistas que son aluvión en la desgraciada historia independiente de América Latina. Si en Europa el pueblo judío estuvo cercano al exterminio, el pueblo paraguayo, entre 1864 y 1870 fue aniquilado en cuatro quintas partes de su ciudadanía por una Triple Alianza de los Estados de Brasil, Argentina y Uruguay, estos dos últimos Estados los mismos que convirtieron en exterminio activo y generalizado el declive demográfico de indígenas que, durante la emigración y colonización europeas ya bajo el Imperio de España no fue tan drástico, categórico ni exacerbado en el tiempo. Tras la independencia de Uruguay, por citar un ejemplo, tiene lugar la Matanza de Salsipuedes, o de los indios chárruas, por parte del General Fructuoso Rivera, que es una más entre una larga serie de masacres genocidas en ese país como en otros de la Ibero América liberal, burguesa e independiente .

De los 1.500.000 de habitantes de Paraguay, la mayoría indígena, más de un millón fue literalmente reducido a picadillo por los ejércitos nacionales de esos países que, para colmo, financiaron su perversión imperialista con préstamos del Reino Unido, interesado fervientemente en erradicar la experiencia industrializadora y modernizadora de Paraguay, lo que tanto contrasta con el dispendio petrolero chavista actual. La experiencia paraguaya, convertida en referente universal de progreso social, amenazaba la política imperialista británica enfocada en la conversión de las naciones de América del Sur en meras exportadoras de materias primas y compradoras de sus manufacturas. Puesto que le era inviable al Imperio Británico intervenir directamente, encontró en Argentina, Brasil y Uruguay a los Estados mercenarios capaces de llevar adelante el trabajo sucio y que, además, se endeudarían por años con la potencia británica. Esto último no debió importar demasiado, puesto que los bienes paraguayos (o del proletariado de los cuatro países) se emplearon en el servicio de la insaciable usura británica durante años por venir.

La Argentina y el Brasil “social-liberales” –“social” en sentido ideal, porpagandístico y utópico– que señalan a Europa como culpable de atavismos irredentos relativos a su intención de rehabilitar los campos de concentración para extranjeros, debieran tener muy presente que, entre sus reflejos “naturales”, también habría, de obrar en coherencia, hacer constar esa inclinación genocida demostrada durante la Guerra del Paraguay. Habría que recordad un paradigma: Piribebuy . La última capital de los paraguayos alzados en armas contra la Triple Alianza, constituida tras el saqueo y aniquilación de la población de la capital Asunción, defendida por 1600 paraguayos y 100 mujeres paraguayas, fue población a su vez aniquilada por 20000 efectivos militares brasileños y argentinos, que se dedicaron a la violación y degüello de la totalidad de los defensores y residentes. Como en los peores pasajes de la invasión nazi de la URSS, el hospital de la ciudad fue cerrado con 600 heridos y personal sanitario dentro e incendiado. De modo similar a como los hitlerianos saquearon las bibliotecas de la Universidad de Berlín y los prendieron fuego ante el frontispicio, la militarucha de la Triple Alianza arrambló con el Archivo Nacional de la República, prendiendo fogatas con los incunables documentos históricos... El pueblo de Acosta Ñu también fue saqueado, expoliado, sus iglesias y archivos abrasados, como lo fueron los adolescentes y niños, incinerados vivos en un bosque aledaño que fue su último refugio, en el que resistieron con palos y piedras al invasor puesto que sus progenitores habían sucumbido por los genocidas invasores. Sin embargo y, como comienza a ser más que frecuente en una época contemporánea dominada por la ideología revisionista neoliberal, los comentaristas argentinos y brasileños prefieren reducir al presidente paraguayo en 1864, Solano López, al papel de “Hitler” suramericano (ver el diario La Nación de Buenos Aires en diciembre de 2007), atribuyéndole un poder dictatorial y el inicio de las hostilidades contra Brasil, Argentina y Uruguay, sin aclarar que fue el Imperio de Brasil el que, en su política expansionista exigió cesiones territoriales imposibles, y terminó por derrocar al presidente legítimo de Uruguay, Anastasio Aguirre, invadiendo el país (Paysandú), con la consiguiente ruptura del equilibrio entre Estados hispanohablantes y el Imperio de Brasil, de la región. La Argentina del intrigante liberal Mitre, además, traicionaría el pacto de defensa mutua mantenido con Uruguay y Paraguay para, en contra de la opinión de su pueblo, al que forzó a la guerra, alinearse con el imperialismo no sólo británico, sino brasileño y propio: el Gobierno argentino violó los acuerdos al no permitir el paso al ejército de Paraguay para acudir en ayuda del Uruguay invadido, y no contento con esa perfidia, pretextó el paso de las tropas paraguayas como casus belli contra ese mismo Estado paraguayo que obró legal y cabalmente.

Pero verdaderamente hay que enfatizar que, aquello que empuja a los neoliberales en estos días a anatematizar a Solano es que la senda del estadista que se adelantó al consorcio imperialista brasileño, argentino y británico, era una senda de progreso efectivo y modernizador, industrial y tecnológico, en la vanguardia americana y mundial de lo socialmente equitativo para la época, una alternativa y una afrenta al liberalismo de entonces y al neoliberalismo de ahora, como lo demuestra el hecho de que sigue siendo motivo de polémica actual. Si Paraguay representó en el XIX industrialización y desarrollo, la agresión del liberalismo significó el arrasamiento de todo ese desarrollo para beneficio del Reino Unido. Solano se alió con el Partido Nacional de Uruguay contra los felones anglófilos del Partido Colorado afectos al liberalismo. El Partido Nacional en el siglo XIX era progresista (al triunfar el liberalismo, el Partido Colorado, en el siglo XX, se convierte en el partido progresista, asumiendo la cuestión social), aspiraba a redimirse del imperialismo, brasileño y, en último término, británico; congruentemente, defendía a los desheredados y a los agricultores que habían escapado del capitalismo europeo y pensaban en otra vía de progreso diferente al libre mercado debocado, una vía más próxima a Paraguay.

Es de esta manera cómo los aparentemente inocentes Estados y naciones de América Latina, las mismas que claman hoy contra la Directiva europea que denuncian como “nazi”, han acumulado lesiones brutales y masivas contra el sentido más elemental de humanidad y progreso, desde sus no muy lejanos tiempos fundacionales, sin pausa hasta los tiempos más actuales. Por lo tanto, si estos líderes del Nuevo Mundo acusan a Europa de planear la reapertura de “campos de concentración”, deberían recordar que también en América Latina hay una marcada tendencia a la opresión masiva en campos de internamiento, además de en la forma de genocidios. Esta tendencia es aún perceptible en muchos países de ese continente; sólo es necesario echar una mirada al sistema carcelario intolerable en términos la más mínima exigencia humanitaria, para darse cuenta de las aberraciones que comenten los Estados sobre sus poblaciones empobrecidas y degradadas. Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Cuba, y muchos otros, mantienen presidios infames y al margen de la administración pública, en algunos de los cuales se ha llegado a dar el canibalismo, en los que se encierra a las personas tanto por delitos comunes como políticos, o en los que las lamentables condiciones de sanidad, alimentación y seguridad constituyen la auténtica sentencia de muerte.

 

La “gesta bolivariana”: extraña al marxismo

De antes aún que los tiempos de las matanzas genocidas del Paraguay, en el mismo siglo XIX, proviene también el símbolo y leyenda elegidos por el presidente venezolano Hugo Chávez para su proyecto político continental. Se trata del noble criollo Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, en resumen conocido como Simón Bolivar o “El Libertador” que intentó unir en una sola nación, “Gran Colombia”, las gentes y territorios surgidos de la independencia del Imperio español. Pero el chavismo y el “Socialismo del siglo XXI” han prescindido de los aspectos más opuestos al socialismo del que fuera, en verdad, un licencioso déspota, cliente y valedor de los intereses del Imperio británico, empeñado en esta otra ocasión en desmembrar la nación intercontinental española. El Señor Chávez, tan opuesto al librecambismo y al imperialismo de la superpotencia anglosajona de más al norte, parece no haber elegido un referente simbólico muy apropiado si, lo que deseaba, era una aproximación ideológica al socialismo marxista que, aún y a duras penas, al menos de nombre, es la doctrina oficial del régimen cubano, el aliado próximo del régimen de Venezuela. Si lo que en realidad buscó, empero, fue la exaltación de un símbolo nacionalista, expansionista, burgués, racista, antidemocrático, autócrata, oportunista, traidor y opresor de las gentes modestas, lo habrá encontrado en ese “Libertador”. Ni siquiera se puede asegurar que el presidente de la Venezuela del siglo XXI haya podido valorar honestamente el factor nacionalista de Simón Bolívar, puesto que el vanidoso Libertador fue un agente del imperialismo británico que pudo llevar adelante su proyecto sólo con el dinero, las tropas británicas ( Legión británica ), irlandesas y otras mercenarias europeas, y el armamento moderno que la reina de Inglaterra le facilitó a crédito... además de con bastantes dosis de crueldad y felonía. El crápula de Bolívar llegó hasta ejecutar al general Píar, del propio bando patriótico, uno de los que amenazaron al “Napoleón de las retiradas”, como le llamaba, con llevarle ante un consejo de guerra por sus constantes deserciones. Bolívar, un cobarde crónico que no llegó a respetar la causa de los grupos afro-americanos y nativos, llegó a acusar falsamente a Píar –de piel oscura– de conspiración para someter a los “blancos”. Años antes también entregó a los españoles a un general patriota, Miranda (que pereció en Cádiz prisionero), con la coartada de que era un traidor por firmar una capitulación; sin embargo, Bolívar solicitó un pasaporte español a las autoridades realistas que le fue concedido como recompensa a su traición y, tiempo después, no dudaría en despilfarrar una enorme fortuna en España, una fortuna que, como casi todas las que acumuló, provenían de los saqueos y botines de guerra sobre poblaciones indefensas... Bolívar, desde siempre, alimentó el resentimiento contra España por el hecho de no haber podido su linaje y potentada familia demostrar limpieza de sangre, necesaria para acceder a un mayor título nobiliario, habiendo sido una antepasada, a la que el Libertador despreciaba, mulata.

Las tropelías y el carácter patético de Simón Bolívar son desvelados por un artículo de Carlos Marx que, sin duda, el chavismo no se atreve a desacreditar frontalmente, o de modo público y rotundo, para no causar roces con la doctrina oficial de sus aliados cubanos y, seguramente, para evitar aprensiones en su movimiento que se quiere socialista y filomarxista. O simplemente porque no puede hacerlo con seriedad documental. Chávez percibe la fuerza del marxismo en las sociedades de América Latina, y no desea espantar a los que más han contribuido a resistir el imperialismo y el orden neoliberal que él dice combatir. Es por estas razones que se encuentran algunas refutaciones livianas en Internet al respecto del escrito de Marx sobre Bolívar. Por ejemplo, el Sr. Ayala Corao achaca la percepción del fundador del comunismo moderno acerca de Bolívar a una “falta de información” propia del siglo XIX con relación a los asuntos de América, y también al prejuicio implícito en el método filosófico seguido por Marx, basado en el concepto hegeliano de los “pueblos sin historia”. Pero todos los detalles más rufianescos de la figura del “Libertador” expuestos por Marx en su escrito, pueden ser contrastados en los relatos históricos y biográficos relativos a Simón Bolívar por alejados que estén del marxismo. Ocurre irónicamente aquí que son los relatos laudatorios de los “historiadores” chavistas o del “socialismo del siglo XXI” los que más se alejan de la historia oficial burguesa o convencional , bastante más que la crónica de Marx, que no omite –como se menciona erróneamente por alguien en la red– ni tan siquiera la ayuda (interesada) con la que Bolívar contribuye a la causa de los esclavos en Haiti. El Sr. Ayala, para explicar por qué Marx, contemporáneo a Bolívar, hace más de un siglo desmitifica al símbolo de la Revolución bolivariana de Chávez, no ahorra el echar mano de la repulsión que a muchos comunistas les provocan los crímenes de Stalin, y consecuentemente, quiere introducir valoraciones ideológicas derivadas de la gran influencia de la crítica y condena del estalinismo que hicieran muchos marxistas en el siglo XX. Para ese comentarista del “opúsculo” en cuestión de Marx, fue el comunismo soviético de la época del totalitarismo doctrinal de Stalin, del que no olvida estigmatizar con el rasgo de marcada naturaleza dogmática, el que difundió los supuestos prejuicios e inexactitudes del filósofo alemán. Y claro, todo el mundo imagina que en el dogmatismo estaliniano hay que aceptar plenamente sin discusión cualquier prescripción escrita de los fundadores del marxismo... no obstante, es rara esta explicación, pues si esto fuera así, el dogmatismo estalinista nos hubiera ahorrado tantas miserias ideológicas y tergiversaciones del marxismo al aceptar, sin objeción posible, la instrucción doctrinal contundentemente expresada por Marx en el contenido de la Tesis VIII ( Ad Feuerbach ):

“All social life is essentially practical. All mysteries which lead theory to mysticism find their rational solution in human practice and in the comprehension of this practice.”

Esto es, el dogmático estalinismo se hubiera ocupado en deshacer el mito de Marx sobre Bolívar, porque se hubiera aplicado dogmáticamente en atajar todo misterio que conduce la teoría al misticismo. Stalin, de ser tan extremadamente dogmático, según se dice, se hubiera por tanto desecho de sus prejuicios. Es notorio que a Stalin no le preocupó demasiado el papel de desmitificador y, por casi todos es sabido, que se entregó con frenesí a la manipulación, tergiversación y calumnia ideológica. El Sr. Ayala culmina su aseveración con lo que parece ser una prueba de peso, a saber, que la URSS post-estalinista publicó, en 1959, una crítica profunda del opúsculo de Marx sobre el “Libertador”, señalando las graves insuficiencias teóricas e históricas del texto. Si, como acérrimos dogmáticos del marxismo que somos algunos marxistas, tenemos en cuenta de nuevo la Tesis VIII que llevó al propio autor a declarar no considerarse marxista, y nos libramos así del tipo de dogmatismo mistificador del estalinismo que parece denostar Ayala, podremos caer en la cuenta de que, en el año 1959, en plena Guerra Fría que condujo a las dos superpotencias a una lucha planetaria, fuera del tablero de Europa, la Revolución cubana se abría paso con un éxito arrollador, y que ello en realidad, no era más que la punta más visible de un movimiento anti-imperialista en toda América Latina, que, por supuesto, debía ser aprovechado por los estrategas soviéticos, lo que incluía glorificar los mitos nacionales formalmente “anti-imperialistas”, como es el caso de la figura de Bolívar. En la URSS de Stalin EEUU (país al que el déspota admiró al menos hasta la Guerra Fría) fue considerado como un aliado crucial para la derrota del nazismo, y sus intereses se centraban casi exclusivamente en Europa. Nada inducía a la apertura de un frente hostil contra EEUU en el continente americano, por lo que el descubrimiento del “opúsculo” sobre Bolívar no atrajo atención alguna por los estrategas ideológicos del Estado soviético, y su eco sólo podía reducirse a un trabajo de filología o bibliografía de interés para los estudiosos del marxismo como tal doctrina, es decir, sin implicaciones políticas. Paradójicamente, el contexto y circunstancias históricas de la URSS hacían que el escrito de Marx no fuera desacreditado ni desconsiderado como prejuicioso por ningún interés político inmediato y práctico. Paradójicamente sí es en los años de desestalinización, aunque de Guerra Fría , de Jruchev, cuando se opera, injusta y desdichadamente, la tergiversación y el ninguneo del trabajo de Marx sobre el indeseable Bolívar. En realidad, los soviéticos que desacreditaron –si es que lo hicieron según informa Ayala– el trabajo de Marx acerca del Libertador, podrían haber obrado en sentido inverso, de haberse dado las condiciones favorables, es decir, añadiendo en apoyo del análisis de Marx, el siguiente pasaje de Bolivar que el filósofo no cita:

“El Presidente de la República nombra al Vice-Presidente, para que administre el estado, y le suceda en el mando. Por esta providencia se evitan las elecciones, que producen el grande azote de las repúblicas, la anarquía, que es el lujo de la tiranía, y el peligro más inmediato y más terrible de los gobiernos populares. Ved de qué modo sucede como en los reinos legítimos, la tremenda crisis de las repúblicas.” ( Discurso al Congreso Constituyente de Bolivia, Lima, 25 de mayo de 1826 . )

O aún esta otra cita bolivariana:

“Los blancos [de Perú] tienen el carácter de los indios, y los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio de moral que los guíe” (1992: I, 259-60).

El complejo de inferioridad hacia los anglosajones de EEUU, junto con el racismo y la aversión a la democracia y al pueblo llano del liberal “Libertador” –de gentiles y burgueses–, se sintetiza en el siguiente extracto de la Carta de Jamaica de 1815:

"En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas enteramente, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina... Estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y envidia..."

¿Qué consecuencias tiene para el contenido de este artículo que el licencioso Bolívar haya ejercido de tirano explotador típicamente burgués y liberal confeso en la realidad histórica en contraste con el mito que promociona el Estado venezolano y su corte nauseabunda de pseudo-marxistas? Se adivina sin muchos esfuerzos: El presidente Chávez no tiene legitimidad alguna para acusar a los pueblos europeos por intentar regular y, si es necesario, punir, la entrada de inmigrantes en sus Estados soberanos; y mucho menos para acusarlos de racistas o xenófobos cuando es el símbolo mayor de su ideología o “valores” supremos políticos o morales, símbolo encarnado en Simón Bolívar, lo que supura racismo, odio nacional al extranjero, exceso en la falsa atribución de taras a otros pueblos y clasismo. Todo lo cual completa el “Libertador”, sin el más mínimo empacho, con una inclinación neta y enfermiza por la autocracia y el despotismo, por su animadversión íntima a la democracia, al poder y autonomía del pueblo. ¿Con qué derecho moral, racional e histórico el presidente Chávez acomete la denuncia de la Directiva europea de retorno asentándose en la demencia de un degenerado de tan inmenso calibre como el ultraliberal Simón Bolívar? La política internacional y las relaciones diplomáticas no habían caído en tanta mezquindad y ramplonería desde la elección del imbécil actor de Hollywood, Ronald Reagan, a la presidencia de los EEUU.

Llama la atención que Chávez, un presidente con respaldo democrático notable, se vea en el brete de tener que desacreditarse de modo tan gratuito. Se diría que la era neoliberal y neocon no ha podido generar otra cosa mejor para ocupar el papel de oposición que el indigente intelectual izquierdo-liberal que se empeña en ser. El universo caótico y anacrónico de los liberales, lógicamente, se ha quedado empantanado en el siglo XVIII, en la dialéctica de girondinos y jacobinos; sin embargo, en el siglo XXI, que las ideologías dominantes polemicen en dichos términos decrépitos causa inverecundia, por no decir asco. El Sr. Chávez, si cabe asociarle de acuerdo a la mentalidad de su líder espiritual Bolívar, basa su ideología en un mito deleznable de tiranía y arbitrariedad, mientras que se dedica a denunciar a los europeos porque sus pueblos se defienden del neoliberalismo, estando seriamente afectados por las cargas que para ellos supone la inmigración que, tan entusiastamente, imponen los capitalistas más agresivos de Europa y el mundo; pueblos europeos cada vez más marginados que, contra esa catástrofe anti-social, presionan a sus políticos, democráticamente para que detengan el marasmo.

Chávez, que colérico alza la voz contra la democracia europea, contra el “basta ya” de los europeos modestos –en cada nación e institución, de un modo u otro, por mucho que los capitalistas y gobernantes del continente acallen sus protestas, incluidos los liberales de izquierda–, parece no reparar en que ha cobijado y defendido oficialmente, hasta no hace muchas semanas, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que, independientemente de los motivos, justificaciones y cualesquiera otras tribulaciones circunstanciales de la mayor guerrilla de América, mantiene secuestradas sin juicio público o conocido y sin condena legal, a un contingente de más de 500 personas. Pero nunca hemos escuchado a Chávez acusar a las FARC de prácticas nazis o de pretender desarrollar un sistema de campos de concentración que, sin embargo, existe, probablemente en las bases de las FARC en su territorio.

Chávez, sin duda, si no fuera un político inspirado en la sofística ideológica de sanguijuela liberal del vil Libertador, debiera estar bastante más absorto en los problemas de su rico Estado petrolero, en asegurar un futuro próspero a los millones de pobres que, todavía 10 años después de acceder al poder, no han experimentado mejoras suficientes en un régimen que se proclama babeante “socialista” –como si no supiéramos que el socialismo ha sido una de las mayores excusas de la burguesía y el nazifascismo –. En uno de los países del mundo desde antaño con mayor brecha entre las clases sociales, diez largos años después, el Gobierno de Venezuela (con el eco de los progre-liberales caricatos de su régimen en todo el orbe), intenta colar el dato de la mejora del Coeficiente de Gini (mide la desigualdad social) desde el 48.0 en 1998, al 42.0 en 2007... cuando las agencias de la ONU y organismos internacionales independientes están señalando un repunte neto de la desigualdad en la distribución de la riqueza del país, hasta el 49.1 en 2007. Unos graves desfases entre las fuentes y los datos que hacen sospechar de manipulación y embuste, pero sobre todo delatan que las reformas bolivarianas no han sido más que un espejismo populista sin fundamento real, una ilusión difuminada por una inflación galopante provocada por la consolidación de la burguesía comercial consumista, una auténtica clase ociosa fisiócrata, entregada a la compra suntuaria sin refreno, a la importación de manufacturas de los países industriales con que reemplazar a los productores internos en el abastecimiento de la nación; una casta rentista exportadora de materias primas (hidrocarburos), cuyo poder financiero despilfarrador se nutre, primariamente, de la industria petrolera en alza. Tal sector oportunista de la burguesía venezolana, jeques sin turbante y con boina roja en los días de baño de masas, está plenamente incorporado a la especulación de la economía liberal globalizada, y ha arramblado con el horizonte posible de desarrollo industrial propio, consagrándose como el nuevo amo del país. El mismo Chávez, superado en ocasiones por la clase social privilegiada que le sustenta, se ha referido sarcásticamente al nuevo régimen como la “Revolución del Hummer”... Estas nuevas oligarquías, que se regodean de ver sumarse a la emigración a los demás burgueses, pequeños empresarios y propietarios desafectos con el régimen con la esperanza de mermar el voto opositor, cohonestan su legitimidad política mediante un socialismo cristiano que se quiere hacer pasar por revolucionario y “contrario a los ricos”, al estilo de los Evangelios; aunque bien es sabido que el cristianismo, a pesar de sus ironías sadomasoquistas contra el bienestar terreno y su manipulación del resentimiento contra los ricos, no ha redundado más que en la perpetuación de las clases privilegiadas, fueran nobles esclavistas, feudales o burgueses. Son movimientos social-cristianos populistas, los cuales ejemplifica el abusivo “Socialismo del siglo XXI”, los que están perjudicando la realidad de héroes revolucionarios comunistas como Ernesto Che Guevara, al amalgamarlos con la santidad mística e históricamente nula, supersticiosa y religiosa de Jesucristo, algo que a los marxistas nos repugna sobremanera. Pero a los marxistas no nos interesa la originalidad o la mayor o menor adhesión popular que conlleva el movimiento socialista latinoamericano del presente siglo, sino que es el comunismo lo que anteponemos a todo lo demás, a corto, medio y largo plazo. No cabe duda: en coherencia con la aseveración de C. Marx, la burguesía genera la moral para que sea observada por los explotados.

 

La lógica neo-imperialista de la Santa Alianza de países en desarrollo de Ibero América

De ninguna manera Chávez es el único que debería callar (y no porque lo diga ningún monarca exaltado, sino la razón ) de entre los líderes que han criticado la Directiva de la UE. De no guardar silencio, sumidos en tan abundantes perversiones y vicios propios, deberán afrontar sus contradicciones y los agudos reproches de los que no comulgamos con un cinismo sin recato. Evo Morales, presidente de Bolivia, del Movimiento de Avance al Socialismo (MAS), uno de los corifeos de esta nueva Santa Alianza contra lo que resta de Europa Social, a todas luces parece estar más cómodo defendiendo en un lejano continente, Europa, a los emigrantes que no ha acertado a dar de comer en suelo patrio, ni a los que ha dado expectativa futura alguna de retorno para rehacer una vida digna en el país del que se supone son dueños. Es decir, Morales y su pompa socializante están sin embargo más entregados a la defensa el negocio capitalista emigrante o del negrerismo contra los suyos, que intentado luchar contra, por ejemplo, las fuerzas internas que amenazan con escindir definitivamente su nación y su Estado. La razón es simple: mientras que protestar ante la Europa de los derechos sociales es más gratificante y refuerza la impresión de activismo anti-imperialista ante los propios votantes, deshaciéndose de paso, como se viene repitiendo, de los muchos pobres que “sobran” en su país a costa de las clases trabajadoras europeas, por el contrario, es bastante más ominoso y arriesgado provocar la ira de las burguesías, terratenientes, déspotas, feudales, iglesias católicas y evangélicas en su propia nación, los cuales poseen gran poder y capacidad de movilización sobre la población... El suficiente poder para que la mayoría y más ricas de las regiones de Bolivia, comenzando por Santa Cruz, con referéndum pro-autonomía aprobado con el 86% de los votos, estén en proceso de constitución de autogobiernos. También los departamentos de Beni (80%) y Pando (82%) han votado masivamente la autonomía. El departamento de Tarija, uno de los más atrasados y empobrecidos, pero con las mayores reservas de gas, aprobó en referéndum autonómico, con un aplastante 80%, que no ha sido enturbiado por el llamamiento a la abstención de Morales, abstención más bien moderada, del 35%, un 7% más de lo usual. Tarija ha conseguido reducir algo su aislamiento y su habitual precariedad de la población gracias a la movilización de sus gentes, desconfiadas de un centralismo históricamente antidemocrático que ha servido más para saquear Bolivia que para llevarla al progreso, y, en este embrollo, Morales ha sido incapaz de invertir ni siquiera un mínimo razonable esta herencia tiránica y la consecuente secesión. Es más, al contrario, los partidarios de Evo se han dedicado a cortar carreteras y quemar urnas en las regiones descontentas con el Gobierno de La Paz. Pero Evo Morales y su MAS prefieren fijarse en la denuncia de unas iniciativas a miles de kilómetros contra políticas neoliberales de inmigración que son insoportables para cada vez más europeos de clase trabajadora, mientras que su Estado se desarma y el grueso de los millones de conciudadanos no observan suficientes ventajas en su gestión ni observan partido alguno en la sustentación de la cohesión de toda la nación. Evo protesta por la situación en Europa, pero se inhibe de elaborar un proyecto de puesta en valor de las diferentes dimensiones, gentes y regiones en su Estado. Es ridículo, pero los gobernantes de Bolivia, Morales al frente, se preocupan por una minoría de bolivianos en un continente europeo bastante más desarrollado, por ahora –esto puede cambiar si se permite a los neoliberales una década más de poder–, y se desentiende de cohesionar a su “nación” con un proyecto viable de progreso. Morales se ocupa de la anécdota y se evade del drama de su país.

¿O es que, acaso, Morales está planeando que Europa se haga cargo de su ciudadanía exhausta y emigrada mientras su equipo de Gobierno legisla para las clases acomodadas conchabadas con las multinacionales que se adueñen al fin del conjunto del país? La conducta política de Morales está conduciendo a Bolivia a asemejarse a una prisión de pueblos a los que se quiere imponer el centralismo antidemocrático . Seguramente Morales y sus partidarios se enfadarían sobremanera si los europeos organizaran una campaña propagandística internacional para denunciar que Morales ha empujado a su pueblo a proyectos secesionistas y ha convertido su Estado en un “campo de concentración”, o si los marxistas argumentásemos sobre el “derecho de los pueblos a la autodeterminación” y exigiéramos la opción de las regiones de Bolivia a independizarse de La Paz. En igual pero inverso sentido, Morales acusa a la UE de convertir Europa en un “campo de concentración” porque la Directiva europea prevé el internamiento de losinmigrantes ilegales que se niegan a colaborar en su retorno al Estado que no se ocupa de sus derechos humanos y civiles. Es fácil imaginar qué horrores tendría que soportar un viajero europeo que intentase franquear las aduanas de Cuba, el aliado de Morales.

Porque, independientemente de los logros de la Revolución socialista cubana, esta misma que hoy se está quedando sin sustancia en manos de las oligarquías neoliberales que han socavado la Cuba social, y aparte de las sevicias causadas por los bloqueos de esa Revolución en el pasado –puesto que Cuba hoy, desgraciadamente, está cada vez más alejada de esa Revolución– ,Cuba lleva años convertida en una prisión para la mayoría de su pueblo, un auténtico “campo de concentración” del que cientos de miles, quizá millones, aspiran a escapar. El mismo día en que Castro filtraba a la prensa sus declaraciones condenando la Directiva europea de retorno, se detenían en Cuba siete disidentes; pero cómo no, para el provecto y muy nacionalista líder cubano se trataba de infames “traidores a la patria”... El Estado policial social-liberal de Cuba tiene prerrogativas que en Europa causan estupor: detenciones preventivas, encarcelamientos arbitrarios, advertencias oficiales, acoso policial, despido del trabajo, desalojo de la vivienda, intimidación, exilio forzoso, restricciones a la movilidad geográfica en el país... El Estado cubano persigue y castiga el derecho de expresión de las ideas contrarias al poder –contrariando su propia Constitución–, de las protestas de los trabajadores y los sindicatos independientes, el “insulto” a los símbolos patrióticos, y la circulación de información no autorizada, y decide quién obtiene un visado de salida del país o quién emigra . Se argüirá que en la mayoría de los Estados del mundo estas formas de represión y coacción se dan con mayor o menor grado, hasta en los países más desarrollados de Europa, ciertamente –aunque menos espectacularmente que en la isla caribeña– y que, en el caso de Cuba están justificados por una u otra razón. Pero, entonces, ¿por qué Castro levanta la voz contra algo en mayor o menor medida “normal” en todos los Estados y que justifica en su país? ¿Acaso los Europeos, particularmente los asalariados, no poseen igual capacidad humana para decidir sobre cuáles son sus necesidades e intereses? ¿Es que el proletariado de Europa no tiene derecho soberano a protegerse de los desmanes que, en todo el planeta, han perpetrado los capitalistas neoliberales, conduciendo a millones de emigrantes a agolparse en las fronteras de los únicos países con algunos derechos laborales? ¿Por qué tienen que pagar los asalariados europeos los experimentos socioeconómicos capitalistas y los platos rotos del FMI o de las políticas de “gobernanza” y desregulación? ¿Por qué Castro no se une a los que deseamos hacer pagar a los beneficiarios de la globalización capitalista y por el contrario se alía con ellos contra la clase trabajadora europea?

Ya se sabe (para el que tiene oídos o sabe leer) que, entre los mayores traidores al socialismo no están los europeos, ni siquiera los pueblos europeos de los países ex-socialistas del este, sino sus oligarquías dirigentes cripto-liberales durante el socialismo, y hoy abiertamente ultraliberales y beneficiarios de la expulsión de sus trabajadores en forma de emigración barata con la que hundir los mercados labores europeos a favor de sus colegas capitalistas de Bruselas. En el mismo sentido que los países del este en su momento, cabe esperar que la Cuba de Castro, o mejor, la de Raúl y sucesores de esa monarquía críptica, estén planeando y negociando con la UE una operación semejante que contribuya a estrangular la resistencia del proletariado europeo y, con sus contingentes de cubanos sedientos de farsa neoliberal, sumen sus fuerzas a la de los burócratas liquidacionistas del Estado de bienestar europeo, a cambio de recompensas en forma de créditos, subvenciones y derechos comerciales a Cuba. Como ya se ha dicho, los responsables del régimen cubano, en transición al capitalismo, deben haber sopesado hasta qué punto pueden medrar a costa del negocio emigrante en Europa y del despojo que se obtiene de imponer el reparto de la pobreza entre el proletariado mundial. En verdad, es muy probable que la transición pública a lo peor del capitalismo, en el régimen socialista cubano, haya tenido lugar aquel día en que el mayor anticomunista del siglo XX después de Hitler, Juan Pablo II, aterrizó en La Habana y fue recibido con los máximos honores de Estado, y con la movilización de millones de “ciudadanos” para sus oficios religiosos, felonía anticomunista a gran escala que incluyó la formación de un regimiento de oficiales ataviados con uniformes de aristocracia decimonónica para servir de escolta al tirano monarca Vicediós del Estado absolutista Vaticano. Aunque, no cabía esperar una actitud diferente de quien se sospecha fue el culpable indirecto de la muerte de Che Guevara en Bolivia.

El Sr. Castro (hace tiempo que ya no es camarada), más motivado por su fuerte vena chovinista que por la justicia social, se dirige a la opinión pública internacional días después para denunciar que Cuba está siendo despojada de sus “cerebros”, científicos y técnicos cualificados por las economías del mundo desarrollado; concretamente, habló de “robo descarado de capital humano” y de la “falta de ética despreciable por emigrar de forma ilegal a EEUU” entre sus conciudadanos (Diario Público, 02.07.2008). Pero, si Castro alega que sus disidentes encarcelados son unos traidores y antipatriotas, entonces, ¿por qué no se empeña en impedir con todo su aparato policial (que parece sólo afectar a los disidentes políticos ) la salida de los expertos que tanto esfuerzo le ha costado formar y que debieran remunerar el esfuerzo invertido en ellos? Castro reconoce explícitamente que los emigrantes de su país son “ilegales”, pero se niega a reconocer que los clandestinos que emigran a Europa sean ilegales... De nuevo, se entrevé en estas actitudes paradójicas una lógica interna perversa, una lógica por la cual los europeos se deberían hacer cargo de la formidable “chusma” sin cualificación de la que el Estado cubano (o venezolano, o boliviano, brasileño, argentino, etc.) se desentiende simple y llanamente, cual si fuera material inservible, una carga sin valor, mientras postula a los países de la América neo-populista como destino de valor añadido (científicos, pero también divisas provenientes de la energía, materias primas, emigrantes, etc.). En resumen, lo que el Sr. Castro está proponiendo es que los proletarios de Europa y parias de América se sacrifiquen, mortifiquen y exploten para mantener las burguesías de Europa y, sobre todo, las suyas propias, las que acaparan y gozan de los privilegios y recursos en América Latina, el continente con las mayores desigualdades sociales en el seno de sus sociedades.

Es en sintonía con esa actitud de Castro comprensible que el Sr. Chávez amenazara a Europa con aprobar por su parte y como respuesta, una “directiva de retorno” de las inversiones y multinacionales europeas en Venezuela –cosa que los proletarios europeos agradeceríamos–, y en cortar el suministro de petróleo a Europa, porque esta amenaza encaja con quien se dirige a una parte de Europa y menosprecia a la otra ; encaja con la preconcepción por la que se cree que a los únicos a los que se puede influir y merece la pena negociar son los burgueses , empresarios o capitalistas, ricos propietarios y sus burócratas... a la imagen y semejanza de él mismo, un magnate del petróleo caudillo de su país que domestica a su pueblo con sobornos mezquinos. Chávez, al dirigirse en esos términos a Europa, parece estar tratando con unos colegas agiotistas, del mismo selecto gremio de los que se reparten el mundo y comercian con él, tiranizando y manipulando a sus pueblos con clientelismos y democracias subdesarrolladas: “–Si yo (a través de mis aliados americanos) no obtengo tajada ni beneficio del pingüe negocio que me permitís mantener en Europa explotando a la emigración, no seré tan indulgente con vuestro saqueo ponderado y tolerado (porque me deja suculentas ganancias) de Venezuela...” Si es que Chávez no estuviera incurso en la trama de complicidad internacional entre capitalistas, que compinchados arrasan el planeta, no se entendería que el presidente venezolano amenazase de restricciones petroleras al conjunto de Europa en un mercado internacional con múltiples oferentes en concurrencia: por ciertos motivos, son los empresarios europeos los que tienen que perder, no los asalariados. Pero, hete aquí, que aún los capitalistas de Europa evitan las confrontaciones directas con sus masas proletarias y, consecuentemente, prefieren optar por aprobar emplastos como la Directiva de retorno, a pesar del malestar de los sátrapas de las Repúblicas neo-esclavistas de América Latina.

Así probablemente, según la actitud de Chávez, Europa debe transformarse en un territorio franco abierto a los negocios de cada cual en el que los intereses de sus trabajadores no cuentan, mientras que los Estados nacionales propios deben reforzar sus medios de bloqueo de fronteras, incluyendo flujos migratorios selectivos o cualificados y de capitales –además de, inversamente, presionar a la salida de los sectores indeseables con el fin de que los mantenga la clase trabajadora europea –, para acumular la riqueza, es decir, en los países propios el “campo de concentración” sí está permitido y exaltado, mientras que en los países de acogida de la miseria y que alivian la carga de los Estados y oligarquías a expensas de asalariados en la distancia, no . Este planteamiento es el trasunto exacto del liberalismo neocon que, en la práctica , aplican los fanáticos defensores de la globalización neoliberal: eliminación de aranceles y fronteras para los productos y negocios propios en otros países y naciones, proteccionismo en el propio país frente a la concurrencia de los productos e intereses de los demás. Quien mantiene este argumento como fundamento está demostrando su adhesión al capitalismo imperialista dominante, al menos como anhelo realizable en cuanto se pueda; capitalismo cuyos epítomes son los EEUU y demás potencias. Estos caciques fascistoides de América Latina no acaban de comprender, al fin y al cabo de tantas peripecias históricas, que el librecambismo continúa siendo una cárcel para los asalariados, al menos en lo concerniente a los europeos en su etapa actual de desarrollo. Y que, en ese librecambismo, la libre circulación capitalista de personas, concretamente de fuerza de trabajo, es uno de los mayores problemas para el bienestar social, no sólo de Europa, sino de Cuba , como el mismo Castro acaba reconociendo ante la evidencia de la absorción por los mercados laborales de su mejor y más costosa fuerza de trabajo, claro que sin relacionar el conjunto de factores. Si la solución al atraso de los países del mundo fuera el empobrecimiento de las clases trabajadoras de Europa, tarde o temprano esos europeos eventualmente empobrecidos estarían llamando a las puertas de los países en desarrollo para empobrecerlos a su vez.

Si Castro y Chávez no estuvieran hoy en la lógica del fracaso neoliberal y la manía farsante tan propia de la mayoría de los partidos socialistas, que han predicado ideales socialistas pero no han dejado de encubrir el objetivo, más bien inconfesable, de impedir la redención de las clases asalariadas, esos líderes no hubieran precisado ahondar y glorificar el nacionalismo , el cual, si no se concibe como elemento subalterno al internacionalismo y al socialismo, puede fácilmente convertirse en el fin supremo sustitutivo, y entonces en su forma más característica de enemigo del proletariado, la charca de la burguesía, los curas y la policía. Cierto que Castro cuenta con muchos méritos internacionalistas, pero tampoco pasa desapercibido que, desde la caída de la URSS y el auge del neoliberalismo, sus actitudes e iniciativas se han inclinado del lado fácil y exclusivista del nacionalismo. Si Castro, y particularmente Chávez y otros, fueran auténticos heraldos del socialismo revolucionario en lucha contra la burguesía y los privilegiados, no hubieran escogido la veneración obscena que han hecho de José Martí y de Simón Bolívar, figuras ultranacionalistas burguesas y xenófobas, sino que se hubieran fijado en ese otro héroe de la clase obrera y del socialismo revolucionario que fue Salvador Allende. Este prócer del socialismo proletario que murió para demostrar que su proyecto no era una charada, no fue un carnicero más de los que se reparten el mundo en naciones, ni un patriotero fanfarrón, sino alguien que afirmó que “desde río Bravo” para abajo, todos los pueblos del continente aspiraban a sacudirse el yugo capitalista de EEUU. Allende es el referente y el futuro del socialismo honesto en América, fue un modelo inspirador para la Europa de los años setenta en países como Francia o Italia, lejos de esos fantasmas nacionalistas e imitadores arrivistas y primitivos del imperialismo, que sólo se agitan por las nuevas oligarquías socializantes y neopopulistas para confundir al proletariado mundial y obtener una recompensa por hacerles el juego a las superpotencias globalizadoras. En el imperialismo como fase superior del capitalismo también hay clases entre los expoliadores.

De nuevo, la lógica neoliberal de acaparar en provecho propio y a costa del prójimo aquello –la tasa media de beneficio– que ha llevado a dos guerras mundiales y a otras innumerables guerras en países que llegaron antes a fases de desarrollo capitalista y feroz librecambismo, se reproduce en el reformista y moderado ex-comunista (i.e.: anticomunista) a la cabeza de ese régimen de corrupción, clasismo y racismo que impera en Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva. Este dirigente de Brasil alza su voz contra la Europa “xenófoba”, cuando en su propio país se aniquilan etnias enteras en el Amazonas, las gentes de origen africano y color de piel oscura ocupan los estratos más oprimidos y misérrimos de la sociedad, enormes poblaciones malviven amontonadas entre el detritus de las favelas, sus fuerzas de seguridad corrupta se dedican al asesinato y extorsión sistemáticos, los garimpeiros dejan sus vidas en un intento desesperado y mortal por abandonar la miseria negra, sus terratenientes aniquilan a los campesinos y el Estado de Lula comienza a reprimir a los miembros del Movimiento Sin Tierra recordando tiempos no lejanos de dictadura; se dan casos de esclavitud en todos los grados, y los burgueses y potentados se dedican a despilfarrar lo que atracan a su pueblo hasta haberse convertido en el país con más adquisiciones de jets privados, unas clases privilegiadas que viven en la estratosfera del derroche y el lujo en comparación con la sufriente masa de parias que conforma la mayoría hiperexplotada, cuando la desigualdad social medida por el Coeficiente de Gini está en casi 60, y las diferencias de rentas del 20% de la población más rica y el 20% más pobre, más de 20 veces, están entre los valores más altos del planeta.

Como es frecuente en estos prebostes reformistas, cuyo destino es volver a imponer el capitalismo más feroz en cuanto desarticulan la organización social, fue en una reunión con empresarios en la que arguyó:

“Contra los tambores del miedo y la intolerancia, es preciso convocar al siglo XXI a defender el articulo 13 de la Declaración (Universal de los Derechos Humanos) de 1948 que nos dice: 'todo ser humano tiene derecho a circular libremente y a elegir libremente su residencia en el interior de un Estado'.” (AFP, 24.06.2008)

El burguesote Lula enarbola un derecho ultraliberal, (además de absurdo, como casi toda la teoría liberal, puesto que se puede interpretar en clave socialista para expropiar a los poseedores de sus bienes inmuebles) con el fin de hacer frente a una situación en Europa, inconveniente y amedrentadora para los de su clase social, que describe de la siguiente manera:

“(...) miedo de perder el statu quo, a perder el empleo, a tener a alguien ocupando su espacio (...) eso hoy es un problema extremadamente serio en toda Europa, y sólo hay una solución: no es prohibiendo a los pobres que vayan a Europa, sino ayudando a desarrollar los países pobres" ( Ibídem .)

Es decir, no hay solución posible prohibiendo la emigración que tanto le conviene, pero sí hay solución imponiendo el artículo 13 citado sobre las voluntades, los miedos y los intereses de los trabajadores de Europa. Puesto que los atemorizados trabajadores europeos no parecen poder ser movilizados por Lula, es lógico que convoque a un actor tan abstracto y deshumanizado como un siglo, el “siglo XXI”, una genuina entelequia que sirve para difuminar la Santa Alianza de poderosos y sátrapas del planeta, conjurados contra el rincón del mundo más relevante donde aún quedan rescoldos de Estado social, democrático y de derecho.

Supóngase que, casi milagrosamente, los Estados de Europa ayudan a desarrollar los países pobres hasta igualarlos a los europeos. Esto, ni más ni menos, supondría que el capitalismo ha muerto. Puesto que el capital en un mercado libre fluye, asociado con la libre circulación de las personas, a los lugares donde la mano de obra es más asequible para el patrón, habría que expropiar a los capitalistas para políticamente exportar capital a los países pretendidamente “pobres”, al Brasil de Lula; porque la otra alternativa , la librecambista, sería que los capitalistas decidieran instalarse en esos países pobres ante la abundancia de fuerza de trabajo bien formada y de menor coste que en Europa que les permitiera optimizar sus ganancias.

Para esta última alternativa habría que oprimir más , por ejemplo a los trabajadores brasileños en su país Brasil, ya de por sí esa clase trabajadora una de las más explotadas y laboriosas del planeta, es decir, habría que bajar sus salarios hasta hacerlos atractivos para el capital internacional, y para poder además sufragar su formación intensificada. Los capitalistas no estarían dispuestos a invertir en la formación de la fuerza de trabajo de los países pobres, puesto que la encuentran ya formada en Europa o Norteamérica con recursos públicos (dicho sea de paso, de los propios trabajadores a través de Estados socializadores organizados), y si se les obligase, en un sistema regido por el derecho a la libre circulación de bienes y personas, escaparían con su capital a los países desarrollados donde abunda la cualificación que no pagan (salvo, muy relativamente, en EEUU). Y, suponiendo que el descontento no acabara en motín e inestabilidad una vez que se decidiera exprimir más a la fuerza de trabajo para atraer la inversión desarrollista de Europa, la misma fuerza de trabajo exprimida, con menos participación en el producto de su trabajo, escaparía a los mercados laborales europeos en busca de una mayor retribución. En realidad esto ya ocurre, y la emigración es una válvula de escape del exceso de desempleo y miseria que contribuye a morigerar el malestar y la agresividad del proletariado brasileño (o de los países pobres) contra sus burgueses y terratenientes; por eso Lula y la burocracia carioca prefieren incorporarse a los movimientos neoliberales que intentan imponer a los trabajadores europeos la libre circulación de sus emigrantes. Sin embargo, el modelo ideal en la mente de los capitalistas no es que la emigración sirva de válvula de escape al conflicto social, sino erradicar la posibilidad misma de conflicto social en un sistema de máxima explotación de los asalariados... Cosa que se puede lograr únicamente si antes se vencen en Europa toda resistencia organizada del proletariado –y no sólo por motivo del factor ejemplar del modelo europeo... esto es, si los salarios tienden a minimizarse tanto en el mercado laboral europeo y las condiciones de vida del trabajador se hacen tan detestables, que los trabajadores de los países en desarrollo comiencen a percibir positivamente que estarán en una condición de privilegiados si permanecen en sus mercados laborales locales y se someten a la sobre-explotación de sus patrones. Por supuesto, el excedente abrumador de mano de obra desempleada o mal remunerada implica incremento de conflicto social; no obstante, las clases dominantes saben bien que un aumento del excedente de la población activa abarata los costes salariales que atrae inversión para la explotación de esas plusvalías del trabajo barato, lo que también sirve de fuente para sufragar un Estado fuerte capaz de reprimir el conflicto social. Un mayor flujo de capital genera también una clase pequeño-burguesa (la célebre “clase media”) que sirve de puntal al sistema de despojo burgués, que junto al soborno y la coacción, contribuye a compensar la superpoblación y la precariedad. Un caso ilustrativo es China, que ha heredado del Estado socialista toda una infinita red de capilares administrativos que hoy se aplican en el control, el soborno y la represión de masas ingentes de asalariados en pos del mantenimiento de un régimen de superexplotación capitalista.

Brasil y otros países en desarrollo, no consiguen crear esa superabundancia de mano de obra que explotar sin piedad y, por el momento, la existencia de la opción migratoria a Europa no contribuye a sus propósitos, salvo si consiguen, con su exportación de fuerza de trabajo excedente, derrumbar y homologar a las clases trabajadoras europeas con las del Tercer Mundo. Aún menos contribuye el que los trabajadores europeos consigan colocar una Directiva que desacelere el libre flujo migratorio, por mucho que lo consiga aprovechando el oportunismo y la ambición de poder de los burgueses de partidos políticos de izquierda o derecha (afortunadamente hoy, los asalariados son cada vez más ajenos a este binomio burgués). Si el mercado laboral europeo fuera impermeable a los flujos migratorios que hasta la fecha han dislocado los salarios y el nivel de vida de la población asalariada europea (también y aún más, los mismos inmigrantes asalariados establecidos en Europa), el capital no huiría tan fácilmente a Brasil u otro país en emergente, sino que se especializaría mucho más en industria altamente productiva y de calidad coherente con el mayor poder adquisitivo de los trabajadores europeos y la gran capacidad pública de financiación de la producción competitiva. Por tanto, el capital no fluiría masivamente al Tercer Mundo para equilibrar la balanza a favor del burgués y su proyecto opresor y de sobrepoblación del mercado laboral, tan perjudicial para las clases asalariadas. Por el contrario, la creciente población sin alternativa en la emigración a un paraíso europeos que se diluye, se transformaría en una creciente amenaza para el orden capitalista de los países emergentes como Brasil y, en unos lustros, plantearían reformas profundas que conducirían a mayor bienestar social.

Una elevación del salario medio real entre las clases trabajadoras europeas supondría, casi inmediatamente, una mejora de los salarios entre los estratos asalariados de los países en desarrollo. Sin embargo Lula se cuida mucho de plantear esa exigencia, ni siquiera pensando que beneficiaría en primer término a sus compatriotas emigrados y engordaría el monto de las divisas que repatrían a Brasil. El capital competiría más en los países desarrollados por la mano de obra si el coste laboral en el viejo continente fuera mayor. Está claro que el plan de sujetos como Lula es la degradación al máximo de los costes salariales en Brasil, por tanto en Europa. Es más, plantea que la única “solución” a la migración es que Europa ayude al desarrollo de los países pobres en un contexto que él mismo señala como de “serio” temor e “intolerancia” de los asalariados europeos ante la competencia migratoria. Pero en realidad, el líder brasileño no está dando una solución, sino formulando una coacción... a las clases trabajadoras de Europa. Puesto que a nadie se le escapa que el capital privado sólo se desplaza por incentivos, y que únicamente bajo coerción fiscal se le puede obligar a invertir en proyectos que voluntariamente desdeña, por ejemplo, en Brasil. Pero el capital o su detentador, subyugado por una contribución fiscal que voluntariamente no desea, tenderá a escapar, pero no al Tercer Mundo que desdeña, sino a EEUU o paraísos fiscales e inversores, países que no sean precisamente aquellos en los que se le quiere obligar a invertir. Si el capital europeo no va, motu propio , a Brasil para contribuir a su desarrollo, está claro que sólo quedan como financiadores del plan de Lula los Estados. Pero los Estados europeos actuales tienen dos fuentes de ingresos: el capital privado y las rentas del trabajo. Ya se ha descartado el capital privado, quedan las rentas del trabajo. Por tanto, Lula no pretende una solución al malestar de los trabajadores europeos, sino que propone un dilema: migración salvaje o reparto entre pobres, o pago de un diezmo equivalente a los perjuicios de la emigración que exporta. El resultado es el mismo, siempre negativo para las clases asalariadas europeas.

(Quizá Lula interprete que el Estado en los países europeos debería procurarse sus fuentes propias de ingreso, es decir, que existiera una industria pública competitiva, pero eso equivale a socialismo revolucionario. En el momento en que fuera posible que las clases trabajadoras europeas se deshicieran de su propia estulticia y confrontación, socializarían los medios de producción. Pero quizá Lula no ha meditado que, entonces, estarían igualmente capacitados para planificar absolutamente todo flujo migratorio distorsionador a Europa, así como a supeditar cualquier ayuda a Brasil sólo a cambio de que la industria del vasto país americano prescindiera del capital privado, que se deshiciera de la acumulación de fortunas inauditas y vergonzosas como la de uno de los mayores opulentos del mundo que es Carlos Slim; en resumen, de la aneja superexplotación que hace emigrar despavoridos a los trabajadores a Europa: los clientes burgueses de Lula no lo consentirían.)

 

“Filántropos” de Europa contra la Directiva de retorno

Organizaciones civiles de Derechos Humanos, como Comisión Española para la Ayuda al Refugiado (CEAR), o Amnistía Internacional, han apoyado la campaña de los líderes latinoamericanos con la súbita intensificación de sus permanentes campañas pro-inmigración para tratar de influir en la ciudadanía europea y, sobre todo, en los políticos. CEAR, para ello, filtró a la prensa un análisis del mercado laboral que incluía el aserto de que los españoles se habían beneficiado de la inmigración ascendiendo de categoría, y concluía con el estrambótico “dato” de la elevación de los salarios de los inmigrantes en España, un extremo desmentido por la OCDE, el Banco de España, la CEOE, Eurostat, y agencias de estudio independientes. En realidad, los españoles han sido muy perjudicados en sus carreras profesionales puesto que la entrada de inmigrantes ha significado auspiciar sectores improductivos y poco cualificados de la producción. Más de un millón de trabajadores cualificados en España se han empleado en ocupaciones para las que estaban “sobre-educados”, en terminología de expertos. Por otra parte, los salarios de los inmigrantes sólo han aumentado en consultoría, aunque relativamente a la media salarial de todos los inmigrantes. Es más, en los últimos años se han hecho más frecuentes los casos de semi-esclavitud laboral, o de empleados durante 12 horas pernoctando en el lugar de trabajo por cantidades tan espectaculares como 10 € al día. Esta elevación se ha hecho a costa del desplazamiento de personal nacional con mejores convenios, lo que apunta a que ni siquiera los trabajadores cualificados españoles se han exonerado de la concurrencia migratoria que tiene como objetivo principal reventar los salarios. La estrategia de CEAR ha consistido simplemente en el fraude informativo y en la propaganda reaccionaria al servicio del capital. Un fraude indecente principalmente para los derechos laborales de los propios inmigrantes, a los que, con su libelo supuestamente anti-xenófobo, ha desacreditado en sus legítimos intereses, introduciendo dudas serias acerca de su precariedad en medio de una crisis internacional brutal que les golpea de lleno. Inmigrantes a los que por tanto, falsamente, alegó defender. Estas viles estrategias son coherentes con una dirección del organismo gestionado por empleados ultraliberales o nepotes de la burguesía que poca relación guardan con la realidad de los asalariados, sean españoles o inmigrantes. Para instituciones como CEAR, la inmigración es, además de un motivo que licita sus salarios y currículos vía erario público, un instrumento para socavar el Estado de bienestar europeo y, desgraciadamente, de los inmigrantes y de las sociedades del Tercer Mundo.

Al menos en España, el motivo de la campaña de AI se ha centrado en denunciar las acciones policiales de Mauritania para impedir a los emigrantes ilegales concentrados en sus puertos embarcarse con destino a Europa o Canarias. Como es habitual, la campaña de AI ha resaltado la vulneración de la Carta de los DDHH al presuntamente impedir el Estado mauritano a los emigrantes la libre circulación y residencia; análogamente ha señalado la obligación del Gobierno de España de impedir la retención “ilegal” de los clandestinos por la policía Mauritania, arguyendo que los gobiernos de los Estados europeos son los responsables de los convenios con los países fronterizos con la UE para limitar la emigración. AI incluso señaló que el dispositivo de ayuda humanitaria acordado con Mauritania para atender a los emigrantes potenciales que llegan a la zona era deficiente, lo que el día 6 de julio, en la Cadena SER, fue desmentido categóricamente por una oficial de la también ONG Cruz Roja Internacional.

Sin embargo Amnistía Internacional, que no suele elevar su todo de reivindicación cuando se trata de la conculcación masiva de los derechos sindicales, la persecución y muerte de activistas políticos obreros y campesinos, por ejemplo en Colombia o Nigeria, nunca reaccionó de manera tan enfática contra el Gobierno español y la policía mauritana como recientemente, intensificando su campaña en los medios de comunicación en los últimos meses de 2005, cuando fue la Guardia Civil la que informó de que, con arreglo a sus cálculos, eran hasta 1700 los inmigrantes procedentes de Mauritania los que habían perdido la vida en naufragios intentando ganar las costas de Canarias. Para agravar el asunto, resultó que el Gobierno había sido consciente de la sangría y esperó tres meses para tomar medidas, sólo después de que la noticia se hiciera pública , provocando una inquietud social en la que AI brillaba por su ausencia: en ese momento había que colaborar con el Gobierno para intentar aplacar la alarma social que las políticas homicidas, pero ultraliberales, de Zapatero y Caldera provocaban en la ciudadanía española, cuya primera preocupación llegó a ser durante meses, según el barómetro del CIS, la inmigración “descontrolada”. En aquella ocasión, que el Gobierno español practicase una política migratoria sin puertas que llevase aparejada la muerte de miles de emigrantes no pareció incumbir a la organización humanitaria, que, cuando menos, se inhibió llamativamente en comparación con su respuesta furibunda de los últimos días secundando el llamamiento hecho por el boliviano Morales. ¿Qué variables hacen que AI se tape los ojos ante políticas migratorios criminales y los abra histéricamente cuando un Estado soberano pretende impedir una emigración temeraria y letal? Es una sola variable: neoliberalismo.

Amnistía Internacional está gestionada por un equipo dirigente fanáticamente neoliberal, sus cuadros están detentados por los vástagos de la burguesía izquierdo-liberal y hasta neocon del continente, y su filosofía y objetivos se basan en una interpretación ultraliberal de los, ya de por sí liberales, Derechos Humanos reconocidos por la ONU. Por esta razón marcadamente ideológica y clasista, que la libre circulación de personas esté al servicio del mercado libre y la explotación capitalista más desvergonzada y brutal, con miles de muertes como consecuencia casi directa, ni les provoca un parpadeo de inquietud. En contraste, identifican celosos y detallistas un crimen de lesa humanidad cuando se erosiona superficialmente ese derecho libremercantil de circulación caótica y asesina, aunque esa limitación tenga por consecuencia la salvación de miles de personas manipuladas y desinformadas por la propaganda neoliberal irresponsable de organizaciones institucionales y sádico-filantrópicas que sólo buscan colaborar en el negocio internacional del tráfico de seres humanos. Esto es, para AI, una política opresiva y abominable inducida por un Estado no se tiene por tal mientras contribuya a llenar las panzas de los ricachos capitalistas de Europa y a vaciar las de los trabajadores europeos y los recursos laborales de Africa. Aunque su coste sea la muerte y la tortura, la exacción más bestial de los Estados y sus patrones sobre los seres humanos explotados, lo principal para AI es asegurar el derecho de “libre” circulación de personas y capitales. Muy al contrario ocurrirá si las ciudadanías, teóricamente soberanas, votan democráticamente y presionan a sus Estados para asegurarse la libre circulación de sus plusvalías expoliadas, cada día que pasa más, por los capitalistas con ayuda de los mercenarios esquiroles que importan en masa desde los países que devastan y expropian, además de con la ayuda de ONG en las que esos capitalistas emplean a los más ociosos y acérrimos neoliberales de las clases privilegiadas.

Aministía Internacional nunca ha denunciado, al menos sistemática y rimbombantemente, los procesos de expropiación de tierras y de apropiación de recursos por especuladores y multinacionales, por magnates y negociantes, que impiden que los bienes y personas circulen por sus países respectivos y disfruten de sus riquezas producidas por ellos mismos, particularmente sobre los recursos naturales e inmobiliarios de países como Brasil, Colombia, Argentina, y el Tercer Mundo en general. A la ONG no le interesa ni le preocupa que los capitalistas atesoren enormes propiedades privando a las inmensas mayorías de suelo, bienes esenciales, medios de producción, liquidez, oportunidades; no le interesa que, en los barrios modestos y obreros de las grandes capitales europeas se haga difícil circular físicamente, que se apiñen en “pisos patera” y en calles diseñadas para muchos menos habitantes enormes excedentes de población desocupada o superexplotada, o que los especularores chinos o los trapicheros y chulos de todos los rincones del planeta se apropien de facto de los espacios públicos para sus transacciones especulativas, convirtiendo vecindarios populares en guetos peligrosos y aislados, rompiendo la convivencia civil de la comunidad e imponiendo la degradación del espacio. Cuando los vecinos decentes, incluidos muchos inmigrantes, protestan por estos atentados a los DDHH, a la circulación de personas y bienes, AI no aparece más que para estigmatizar y calumniar como racistas a la población ahogada por los mangoneos de la burguesía y de los que se enriquecen a costa de la conversión de las poblaciones trabajadoras en campos de concentración siempre al borde de la explosión. Mientras, en los barrios altos, atestados de vigilancia privada, la única “libre” circulación espacial se reserva al servicio doméstico que se exprime en las mansiones de los ricachos. Ni que decir tiene que, el único “libre” derecho a la residencia para un trabajador de Europa es el de hipotecarse de por vida para que su acreedor disfrute de los espacios e inmuebles que jamás pisará en su vida, salvo en la forma de albañil o servicio doméstico. Unos 200 propietarios aglutinan el equivalente al valor acumulado de una serie de naciones con el 41% de la población mundial. Naciones Unidas calcula que con sólo el 1% de fiscalidad aplicada sobre estos grandes opulentos bastaría para asegurar la educación (un derecho de la Carta) de toda la infancia mundial, pero este valor está al margen de toda circulación y utilidad para los trabajadores que realmente lo crearon. Los potentados del mundo atesoran tecnología, suelo en grandes cantidades, las tierras con mejor medio ambiente y salubridad, los mayores y mejores recursos, bienes fundamentales para la mejora de la vida de miles de millones de seres humanos: ¿Por qué AI calla ante esta conculcación del derecho de “libre” circulación de personas y elección de residencia? Sencillamente porque en la Declaración de los Derechos Humanos también existe el “derecho a la propiedad privada”, que es la clave de su interpretación de los DDHH, en particular de la libre circulación y residencia: para AI el “libre” derecho a circular y residir significa que las personas sin propiedad, y la riqueza que producen, se muevan para aumentar las ganancias de los hacendados y magnates del mundo.

 

Una Directiva insuficiente y alevosa

Aunque muchos políticos y, en concreto, eurodiputados socialistas, refrendaron la Directiva de retorno, la iniciativa y el grueso de votos en las instituciones europeas han provenido de los gobiernos neoconservadores, llegados al poder tras una década de gobiernos izquierdistas que han puesto en práctica una cada vez más insoportable política económica neoliberal, en la que la inmigración a gran escala ha servido como ariete para flexibilizar el mercado laboral en beneficio de los patrones sin necesidad de debate público previo, ni convenio con los sindicatos y trabajadores, ni decretos impopulares, es decir, con la intención de ocultar el proceso neoliberal y no desgastar electoralmente a los partidos social-liberales. Puesto que la ciudadanía europea cada vez es más consciente de que todas las fuerzas políticas, de derecha y de izquierda, albergan los mismos fines, y sólo relativamente les diferencian los medios coyunturales mientras están en la oposición, ahora esa ciudadanía se inclina a votar en función de las ventajas a corto plazo. La Directiva de retorno aprobada en el Parlamento Europeo es la consecuencia del voto mayoritario de las clases trabajadoras que comprenden la necesidad de restringir la inmigración. Sin embargo, los ultraliberales que han elaborado la Directiva también son conscientes de que la población europea mayoritaria trabajadora y desfavorecida por la inmigración salvaje pretende, con su voto, obstruir el proyecto neoliberal de vuelta a los años precedentes al intervencionismo estatal y al Estado de bienestar. Por esta razón la táctica de los neoconservadores europeos ha sido la de hacer una “concesión” rimbombante, pero limitada, malintencionada y engañosa, a las expectativas de las clases trabajadoras europeas sin hacer peligrar su plan de retorno al capitalismo librecambista del primer tercio del siglo XX (si no de antes, a juzgar por la admiración que muestran por A. Smith o Malthus).

La Directiva de retorno de los inmigrantes está diseñada para contener la inmigración clandestina e ilegal, pero se tiene la experiencia de que cuando el Ejecutivo socialista español años atrás anunció la restricción de la inmigración espontánea y masiva, propuso al mismo tiempo el aumento notable de la contratación en origen, además de eliminar la cláusula en los servicios públicos de empleo por la cual sólo se ofertaba un empleo en el exterior si un trabajador ya inscrito y desempleado en el mercado laboral interno no demandaba ese empleo. Los gobiernos de la UE podrán aumentar sus cupos de inmigrantes legales si así lo desean, como ya lo ha hecho Sarkozy. Sin embargo, esto no es lo esencial del fraude que encierra la Directiva, sólo destinada a convencer a la opinión pública de que los gobiernos conservadores cumplen con las esperanzas puestas sobre ellos. El embaucamiento principal está en que es una ley que reprime esencialmente tan sólo uno de los factores: la inmigración . La Directiva se aplica sobre los flujos de personas a Europa, es decir, lo superficial del problema... porque el fundamento del problema no son los demandantes extranjeros de empleo en Europa. El verdadero trasfondo del problema está en la empresa privada europea, en sus patrones y empleadores. Son éstos los que, con su demanda insaciable de trabajadores foráneos y su predilección por ellos frente a los oriundos, es decir, por su demanda ilimitada de fuerza de trabajo que contratar cada vez a más bajo coste para sectores improductivos, generan directamente el flujo creciente de inmigrantes y el excedente de demandantes de empleo, y todas las aberraciones humanas y sociales que conlleva. La Directiva, pues, se dirige básicamente a la represión de los inmigrantes. La arquitectura de la Directiva es paradójica, pero no hay que reflexionar demasiado para excogitar que se trata de la consagración, en la dimensión europea, de la filosofía migratoria ultraliberal de la derecha (que es tan insidiosa y lamentable como la de la izquierda, basada la financiación de la inmigración masiva a costa de los asalariados...), y que se rige por la noción de “efecto llamada”.

Brevemente, el efecto llamada es una estrategia destinada a explicar el exceso de inmigración por las ventajas u oportunidades que ofrece un país para el extranjero que potencialmente desea emigrar de un país con menos oportunidades. Los que manejan la noción de “efecto llamada” subrayan la función de la difusión o publicidad e impacto informativo, intencionados o no, de las ventajas de emigrar a un país la causa de la fuerte presión migratoria a ese país, ventajas que ante todo definen como administrativas, políticas, nunca “económicas”. La demanda de inmigrantes se excluye siempre de esta lógica del “efecto llamada”, es decir, no se atribuye al patrón responsabilidad alguna en el efecto llamada aunque importe directamente trabajadores inmigrantes contratando sobre el terreno mismo... Esto cuadra muy bien en la mentalidad ideal y propósito del burgués, que tiende a suponer que la fuerza de trabajo inmigrante , si no es persuadida o engañada mediante la propaganda o la manipulación informativa o la concesión de derechos y subvenciones, estará sujeta a tal régimen de opresión laboral y a una retribución tan escasa que no se generará atracción de masas o “efecto llamada” posible: el inmigrante es aceptado por el patrón como sustituto del empleado nacional con resistencia a trabajar y a producir el beneficio apetecido por el patrón. El empleado nacional no sirve para el burgués porque los derechos anejos a su ciudadanía y su experiencia laboral y cultural le confieren apoyos que dificultan su explotación.

Evidentemente, esta noción de la inmigración se basa en la teoría liberal y mercantil migratoria conocida como “pull-push”. La noción de “efecto llamada” es una derivación adaptada al interés por reducir las ventajas que hacen a un país apetecible para el emigrante. Así, puesto que Europa ofrece al emigrante ventajas convincentes para que se decida a dar el paso, la solución para que el emigrante no dé este paso es, sencillamente, restar políticamente ventajas a la inmigración, mediante la represalia legal, policial, administrativa, económica, etc. que se amplificarán por medios espontáneos (el boca a boca) o por la propaganda de los medios oficiales e “independientes”. Por ello la derecha neocon predica la represión de los inmigrantes como fórmula para reducirla. Sin embargo, al no reprimir prioritariamente al empresario que contrata inmigrantes –en nombre de la “libertad” y otras barrabasadas neoliberales que, no obstante, no implican verbigracia, el derecho de los ciudadanos europeos a no ser castigados por hacer uso “libre” de los contenidos de Internet– de modo preferente a trabajadores legales, la derecha demuestra que sus intenciones son otras muy distintas. Estas intenciones son precisamente las de tolerar esas ventajas sustanciales y suficientes como para inducir al inmigrante a asumir el riesgo o el hecho de la represión, y permitir así un flujo suficiente de mano de obra foránea atemorizada, esto es, constantemente atenta a no entrar en conflicto con el patrón (que les puede delatar o despedir), mano de obra mal retribuida que satisfaga los deseos del patrón por explotar a voluntad a los inmigrantes y debilitar la resistencia y salarios de los trabajadores locales en el mercado laboral general. Esta circunstancia implica entonces algo que hay que recalcar, muy importante, que muta a favor de los patrones: con un régimen reforzado de opresión a la inmigración ilegal, idealmente destinado a disuadir una inmigración masiva, se consigue ante todo que la población inmigrada que de todas formas será masiva –porque así lo procuran los empresarios sin refreno alguno por las autoridades–, esté sometida a un sistema de represión y terror laboral y civil que les dificultará enormemente la reivindicación de sus derechos laborales y del incremento de sus salarios, con lo que el mercado laboral, en conjunto, sufre las consecuencias de una precarización generalizada, pues los salarios a la baja de un sector laboral obran para que tiendan a la baja los salarios de los demás trabajadores, los legales, inmigrantes o europeos.

La Directiva de retorno sería eficaz para el bloqueo de la importación masiva de inmigrantes si fuera aplicada en concordancia con la represión y persecución de los empresarios que contratan inmigrantes clandestinos. Pero aplicada en solitario, sin sanción rigurosa y específica a los empresarios, se trata de un instrumento apenas encubierto de chantaje y coerción solapados por parte del patrón, del capital contra el conjunto de los asalariados de Europa . De este modo, la Directiva se revela como insuficiente y fraudulenta, un ardite para impresionar a los votantes escandalizados por el abuso y perjuicios que los poderosos ejercen sobre ellos a través de la inmigración en un mercado liberalizado por socialistas y conservadores. Los neoliberales creen así haberse salido con la suya y haber engañado a la clase trabajadora europea. Esta autosatisfacción sólo puede sustentarse sobre la equivocada idea por la cual más liberalismo –y represión para imponer este liberalismo–, solucionarán las crisis presentes y las que amenazan al sistema capitalista. De esta manera sin embargo, por su ciega codicia o por su equivocada obcecación ideológica, la burguesía europea no sólo se está acercando al librecambismo de antes de la II Guerra Mundial, sino que está aproximando el día en que la Revolución Europea iniciada en 1917 alcance su cenit.____[Portada.]


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