1
 
use@useuropea.org
50
Publicación electrónica para la integración y defensa de la Unión Europea, promoción de la antropología materialista y el comunismo en Europa y el mundo.

UNION SOVIETICA EUROPEA

 
(U. S. E)
Actualizado: 06.10.2008· Año VI

SOBORNO DE CLASES MEDIAS Y FRAGMENTACION CAPITALISTA DE ESTADO EN LA UE

Atraco consumado

Nueva vuelta de tuerca neoliberal. Una vez más la izquierda social-liberal, en esta ocasión la reaccionaria izquierda estadounidense del Partido Demócrata, es la que asegura la cobertura política parlamentaria al nuevo intento por salvar el capitalismo. La clave del golpe de estado institucional votado por el Congreso norteamericano es que el plan ahora cuesta unos 150 mil millones suplementarios, lo cual constituye exactamente la mordida con que se ha sobornado al “electorado” republicano -patrones, clase media-alta y lobbies -, en forma de regalos fiscales, esto es, que los magnates y pequeño-burgueses de esa plutocracia llamada EEUU han negociado cargar el coste impositivo del salvamento financiero sobre los más pobres de ese país.

Lo significativo del proceso de aprobación del plan Paulson reformado está bien resumido en los casos descritos por New York Times (R. Pear et al ., 04.10.08): el diputado republicano H. Coble decide cambiar su voto y abandonar sus sacrosantos principios librecambistas bajo presión de sus influyentes votantes y otros líderes del partido, pues el plan incluye esta vez subir el seguro de depósitos bancarios de 100 a 250 mil dólares, y exonerar fiscalmente a un gran segmento de población acomodada modificando el alcance del “Alternative Minimum Tax” (AMT). En el campo demócrata, el congresista J. Cooper recibe una avalancha de mensajes de sus votantes, más modestos que los republicanos, advirtiendo de lo injusto de votar un plan que específicamente hacían notar lo ultrajante de esas exenciones fiscales y otras concesiones a cuenta del erario público; los argumentos del legislador para pretextar su voto –desempleo por las empresas al borde del colapso o la unidad de acción de partido– no calmaron la indignación de su electorado, hastiado de comprobar cómo desaparece el control sobre el presupuesto público. El congresista republicano M. C. Burguess, decidió ratificarse en el “no”, aludiendo a las concesiones basura hacia algunos negocios (“like a tax exemption for wooden practice arrows used by children”) o al perjuicio que resultaría para las arcas de Texas, un estado casi desprovisto de impuesto de beneficios, a la concentración de excesivo poder federal o al fuerte rechazo de su electorado, que planteaba otras soluciones en el ámbito privado. El representante se preguntaba qué costes tendría los aspectos positivos como el recorte de impuestos (AMT), y pedía un plan más “juicioso”. El congresista demócrata J. E. Serrano afirmó que, a pesar de sentirse como un republicano, debía considerar como “irresponsable” un plan de déficit fiscal que perjudicaría el gasto en servicios sociales básicos, y así se lo confirmaron sus votantes en uno de los distritos más pobres de Nueva York. Votó no al plan.

El balance final es que los representantes que han cambiado su voto lo han hecho, en el campo republicano, recompensados con más protección del Estado a sus ahorros, más exención fiscal sobre sus patrimonios y actividades empresariales (incentivos fiscales al comercio, la inversión, la ampliación de negocio, etc.). El AMT, un impuesto de los años 60 para gravar las grandes fortunas, fue desmontado parcialmente por R. Reagan en los tramos más altos. Se convirtió en un impuesto de clase media, pero aún así tasaba a los sectores más favorecidos: la previsión hasta 2010 era que las rentas bajas prácticamente no contribuyeran por ese concepto, las rentas entre 50 y 100 mil dólares lo hicieran en dos tercios, y por encima de 500 mil, cotiza el 30% ( Congressional Budget Office No. 4, April 15, 2004). Lógicamente, en el rango de $100 mil y más está lo esencial de la contribución que, de esta forma, beneficia a una minoría de ciudadanos americanos, por mucho que la tasa afecte a 20 millones de hogares. La teoría de los liberales es que la rebaja de impuestos se ve compensada por más empresas cotizantes. Pero la creación de más empresas (menos) contribuyentes está descompensada a su vez por el aumento en el volumen de servicios e infraestructuras que el estado debe sufragar por su creación y funcionamiento. Si el capital es tasado a la baja ¿qué se tasa al alza para detraer fondos públicos que precisa el país? La fuerza de trabajo y la ciudadanía general en impuestos horizontales. Esto equivale a un recorte de salarios. El plan Paulson se ha aprobado sobre un recorte de salarios. No importa que la demanda de trabajo aumente coyunturalmente y en consecuencia los salarios: los inversores exigirán más recortes impositivos, y cuando no contribuyan en nada (lo que no está muy lejano), chantajearán a la sociedad con no crear más empleo si no se reducen aún más los salarios o mecanizarán más la industria, si es que no la han deslocalizado aún más para entonces o han importado mano de obra más barata. Ello sin entrar en las consecuencias de la caída de la demanda por parte de los asalariados y el estado, que merma la creación de empresas; ciertamente, parte de la crisis se debe a un capital insuficiente en los circuitos del crédito pero que, sin embargo, existe y no se destina a la inversión por temor a la estafa que corroe al mismo sistema mercantil, que a su vez es la consecuencia de una sobreproducción inmobiliaria que nadie compra.

Así, el plan aprobado no tiene ningún rasgo común con el New Deal de Roosevelt o el keynesianismo. Se trata muy al contrario, de un proyecto de liberalización adicional, de echar más leña al fuego de la crisis mundial generada por la liberalización. El capitalismo de Bush o el “nuevo capitalismo” que propone el neofascista Sarkozy, son una etapa más del plan neoliberal que la burguesía de las potencias más poderosas y algunas secundarias (ej.: China) avaladas por las anteriores están imponiendo al mundo. Este plan debe contar con el aval del social-liberalismo para hacerlo pasar por una iniciativa intervencionista y reguladora para los sectores más renuentes a la deriva saqueadora del capitalismo de rapiña virulenta de comienzos del siglo XXI. Los demócratas se han encargado de aportar su más o menos afianzada reputación como defensores “de toda la vida” del déficit público en gasto social, para encubrir oficialmente que el plan es un fiasco con propósitos ultraliberales. Hay que presumir constantemente que la política es conspiración en sí misma: es una lección básica de la antropología política. El mismo monto asignado al plan de salvamento del capital financiero fue decidido arbitrariamente con el fin de impresionar a los mercados y a la ciudadanía según filtraciones del Tesoro a la revista Forbes ("We just wanted to choose a really large number." Cf. The Guardian , 04.10.08). El plan aprobado abunda en partidas basura, pero hay una que es significativa: la que se destina a la industria de Hollywood para comprar su entusiasmo por continuar apoyando propagandísticamente el funesto orden estadounidense y capitalista internacional. El izquierdismo burgués de EEUU, y pronto el de Europa, se unirán a esta pamema intervencionista propia del neoliberalismo, cuya fórmula es intervenir para liberalizar lo que se pueda. Otras soluciones alternativas y menos traumáticas, mucho más justas, fueron ensayadas por países como Suecia en la crisis financiera de los noventa, con excelente resultado (ver El País Negocios , 30.09.2008), pero no se ha hecho el más mínimo esfuerzo por buscar alternativas al plan Paulson que no fueran liberalizar netamente , debilitar el Estado social ya de por sí exiguo en EEUU, y perjudicar a las clases asalariadas, por si fuera poco en un marco institucional deslizado alarmantemente al autoritarismo. Las burguesías izquierdo-liberales, lejos de imponer un ultimátum al plan y airear en la sociedad un debate sobre alternativas viables más justas, se han conchabado sin resistencia con el liberalismo neocon para legitimar moralmente el atraco y confundir a las clases asalariadas con la consigna por la que no son los usureros de Wall St. lo que se salva con la dictadura de Paulson, sino sus propios empleos y futuro. Es una proposición calcada del lenguaje condicional y contundente de los forajidos y asaltantes de caminos: si no obedeces y entregas la bolsa inmediatamente sufrirás un daño irreparable... Así, a los pistoleros de Bush se han unido los demócratas. Y si no bastaba con la confusión propagandística que abarrota las terminales de los medios burgueses, incluso en la lejana Europa, la casta política de EEUU ha sobornado a la pervertida (por la ludopatía de casino capitalista) clase media, involucrándola en el despojo del resto de la ciudadanía más modesta, con lo que han dividido aún más a las clases subalternas. A la vista del panorama, se podría llegar a la conclusión de que, a la decadente potencia imperialista, ya no le basta aplacar su avaricia y sed por aumentar las tasas de beneficio expoliando países terceros, sino que ha decidido saquear al máximo también a su propia ciudadanía.

En Europa se han aprobado unas directrices generales por las cuatro potencias dominantes. Brown ha anunciado que en los próximos años el Banco Europeo de Desarrollo invertirá créditos para las pequeñas y medianas empresas por valor de más de 30 mil millones de euros. De nuevo están sobornando a la clase media para sostener electoralmente el sistema capitalista y ringar a la clase asalariada. ¿De dónde sale ese crédito a interés preferencial que fortalecerá los negocios de la pequeña burguesía? De un sistema fiscal al que contribuyen básicamente los asalariados europeos, a los cuales les es esencialmente imposible burlar los controles impositivos. Si las burocracias europeas se proponen apuntalar la pequeña y mediana empresa, en contraste no han hecho el más mínimo comentario sobre ayudas a la clase trabajadora. Sus ideologías se sustentan en la premisa de que la pequeña y mediana empresa crea empleo y que, con el empleo, la ciudadanía asalariada europea se debe dar por satisfecha. Sin embargo, la ciudadanía asalariada o desempleada de Europa no ha hecho más que perder poder adquisitivo desde los años 90 (ver informes de la OCDE) en plena expansión de la economía capitalista en los últimos años, particularmente en las pequeñas y medianas empresas, centradas en el sector servicios y, por tanto, las menos productivas, y las que cuentan con las plantillas más desprotegidas ante el patrón. ¡Qué no será entonces de los salarios en estas empresas improductivas en tiempos de crisis! Por otra parte, los efectos de una renta salarial saneada se está marginando de las soluciones a la crisis con un descaro vergonzoso. Desde hace siglos se sabe que los pobres hacen circular más la moneda que los ricos ahítos de bienes, y por tanto son una fuente de estímulo de la industria. Aún así se continúa cerrilmente en el proyecto neoliberal de privilegiar la economía de la oferta. La economía de la oferta es lo que ha conducido a este caos de exceso de producción incapaz de ser absorbida por una población que sólo compró con deuda usurera, con préstamos que dependía de una burbuja en expansión. Si se da crédito a los pequeños burgueses, se estará dando más fuste a la economía especulativa que funciona según el mismo patrón librecambista para las grandes entidades que para las pequeñas. Nuestra clase media se verá alimentada con dinero fácil que invertirá irresponsablemente, demostrando una vez más lo que Marx subrayaba: el capitalismo no se construye con el mérito del esfuerzo ahorrativo por parte del burgués, sino con el uso fiduciario del dinero ajeno, en este caso del dinero acumulado por los estados europeos (y americanos) recolectado coactivamente entre los asalariados vía fiscal. Los burócratas europeos se disponen a entregar regalos fiscales y créditos especiales a los que ya son pequeños y medianos poseedores, burgueses, asentando así en ese estrato social escasamente productivo y antisocialista, completamente hostil a contribuir a las arcas públicas, el régimen neoliberal... Como lo hizo el régimen nazi de Hitler recabando el favor de la clase media temerosa del socialismo propugnado por los asalariados. Pero no será más que un parche. Sin una demanda revitalizada, la clase media no podrá hacer con esa liquidez más que invertir en una competencia mercantil más brutal y acelerar, subsiguientemente, la acumulación de capital y empresas, además de fomentar el acaparamiento que no genera demanda. El economista P.A. Samuelson afirma que fue una de las lecciones que sacó de la crisis del 29 ( El País Negocios , 21.09.2008).

Hay otra decisión de las potencias europeas aún más delicada. Afirman que los responsables empresariales de la crisis financiera deben afrontar sanciones y reducción de ganancias. Pero también acucian a las instituciones de la UE a que "teniendo en cuenta el carácter excepcional de las circunstancias económicas y financieras", aplique las reglas que limitan las ayudas públicas a las empresas "de manera flexible" y decida con rapidez su aprobación. ¿No parece un poco contradictorio sancionar a los accionistas y, a la vez, recapitalizar sus empresas para que sigan obteniendo dividendos? Estas componendas apenas esconden su ambigüedad: será mucho más el dinero público que se invierta en sostener el caos empresarial que el dinero privado que se obtenga de las multas, seguro: los dirigentes del “G-4” no son precisamente radicales socialistas. Y sería estúpido pedir confianza –la palabra de moda del neoliberalismo– a los inversores de compañías al borde de la ruina, pretendiendo al mismo tiempo que carguen con el peso de la intervención pública salvadora, a no ser que obtengan del estado más de lo que el mismo les quita. En un mercado libre eso es difícil. Cuando el Gobierno sueco intervino para salvar el sistema financiero en los noventa (ver supra ) exigió una contraprestación en acciones, en propiedad de la empresa, como aval, lo cual es muy distinto que la tramoya de gravar e incentivar simultáneamente la inversión. Lo peor de todo, sin embargo, es que flexibilizar la ayuda de los estados (en mera “coordinación” con los demás miembros de la UE) conducirá a lo que será la resultante más temible de la crisis actual: al capitalismo de estado, el modelo internacional que condujo a la concurrencia entre los estados-nación desde finales del XIX, y a las dos matanzas mundiales posteriores.

Los europeos que creen que esto les exime de pagar el capitalismo americano no deben llamarse a engaño. EEUU hará lo posible por desplazar el coste fuera de sus fronteras, quizá forzando la máquina monetarista e induciendo inflación, quizá deteniendo el crecimiento económico mundial con la emisión de deuda pública masiva, o quizá bloqueando los mercados del mundo a los productos europeos, contaminando más o llevando al viejo continente a otra guerra de expolio en su suelo (¿Rusia?) o en algún otro continente. Finalmente, hay motivo para la esperanza de que estos atracadores no se saldrán con la suya: ya sabemos acerca de las catástrofes de que son capaces sólo con dejarles gestionar según su voluntad. Dejar a la burguesía moderna tripular la economía mundial es análogo a permitir a una mascota doméstica ponerse al mando de un Boeing 747. El bolsillo de los asalariados, de los muchos millones que perciben rentas del trabajo inferiores a $50.000 ó su equivalente en euros, tiene fondo. Si los capitalistas no se pueden hacer cargo de sus esclavos modernos, no podrán evitar manumitirlos. No les servirá la treta de sobornar a la clase media con bonos accionariales o participaciones a cuenta del robo que se ha consumado, aún si con suerte recobran los dividendos en las futuras empresas reflotadas. Implicar a grandes sectores de población en la especulación financiera, el llamado “capitalismo popular”, es otra de las causas de la crisis actual y de la ineptitud de los mercados para gestionar la economía. No obstante, y a pesar de la obvia ineptitud de los mercados y los emprendedores para gestionar la economía, no hay que descuidar el hecho de que, en medio de este caos, hay un grupo de neoliberales con bastante influencia y poder que está aprovechando la crisis no sólo para acumular capital (como en cualquier drama capitalista clásico), sino para reinstaurar algo así como un régimen nazifascista. Pero, al final, la mucha gente apática y sumisa, los que callan ante toda vejación y explotación –el “culito blando” del sistema–, tendrán que pegar un alarido ensordecedor cuando sientan la lanceta que les penetra cuando el capital se decida a empalarlos. Los comunistas, entretanto, sólo tenemos que esperar placidamente para retomar, con toda la fuerza y decisión, nuestro proyecto histórico imparable.____[Portada]


¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!